
En este monólogo en español, el autor reflexiona sobre su experiencia de haber sido demasiado agradable y haber otorgado poder y recursos a amigos de la infancia. Cita a Jordan Peterson para ilustrar la idea de que la excesiva amabilidad puede ser explotada. Relata cómo contrató a varios amigos sin que estuvieran calificados, les brindó apoyo económico y, en un caso, fue víctima de robo por parte de uno de ellos. A pesar de haber perdonado al amigo, reconoce el daño emocional y financiero que le causó, y concluye que no se puede obligar a alguien a levantarse o cambiar; intentar hacerlo solo arrastra a quien ayuda hacia abajo. El mensaje central es una advertencia sobre los límites de la generosidad y la necesidad de reconocer cuándo una relación es tóxica.










