
En este monólogo en primera persona, el autor narra su trayectoria solitaria hacia el éxito y su intento de llevar a sus amigos y familia al mismo nivel, contratando a conocidos del barrio y a su familia en su negocio. Relata una profunda traición: un amigo de la infancia, con quien compartió su primer tatuaje y que consideraba como un hermano, se convirtió en su empleado pero, siendo adicto, le robó dinero, lo que le causó un gran golpe emocional. A raíz de esta experiencia, el narrador decide que nunca más priorizará la felicidad de los demás sobre la suya, adoptando una postura de auto‑cuidado y determinación. El discurso es emotivo, reflexivo y concluye con una firme resolución de no volver a permitir que otros perjudiquen su bienestar.










