
En este relato en primera persona, Mauro Stendel recuerda cómo, a los 15 años, tuvo que asumir responsabilidades familiares debido a la grave enfermedad de su madre. Su padre destinaba todo su tiempo y recursos al cuidado de ella, lo que obligó a Mauro a buscar ingresos propios. Comenzó a trabajar en la Heladería El Faro, ubicada en la esquina de López de Vega y Juan B. Justo en Villa Luro, tomando el colectivo 181 desde Plaza Irlanda para llegar al puesto. Con el dinero que ganaba, compraba al por mayor manoplas y navajas en una tienda china cercana al colegio y las revendía a sus compañeros, obteniendo una pequeña ganancia que le permitía “moverla”. Además, para alimentarse, aprovechaba la proximidad de instituciones judías que ofrecían comida a quienes asistían a sus servicios religiosos; Mauro asistía diariamente a escuchar la palabra de Dios, lo que también le proporcionó sustento. El relato muestra la combinación de dificultades familiares, iniciativa emprendedora temprana y la búsqueda de apoyo comunitario.










