Reflexiones de un Millonario después de facturar mas de $80M en Ecommerce

Mauro Stendel, a 30‑year‑old entrepreneur who has generated tens of millions of dollars in e‑commerce sales, delivers a raw, unfiltered monologue about the hidden struggles behind his success. He opens by admitting his reluctance to make such videos, then delves into the "dark" aspects of his journey: chronic impostor syndrome, internal battles, guilt toward family and friends from his modest upbringing, the pressure to constantly please others, and the danger of normalising excess once wealth is achieved. He recounts personal anecdotes—his mother’s illness, early jobs delivering ice cream, borrowing money from friends, and the emotional toll of feeling indebted to those who helped him. Stendel explains how he learned to set boundaries, stop prioritising others over his own well‑being, and reject the romanticised narrative of “never forget where you come from.” He warns that money does not cure depression and can amplify emptiness if excesses become routine. The video concludes with concrete advice: start before you feel ready, surround yourself with people who are already where you want to be, tolerate discomfort, and avoid turning goals into obligations. Throughout, he intersperses coarse language, personal reflections, and brief promotional plugs for a cigar brand and his online academy.
Chapters
La realidad es que me da muchísima paja hacer este tipo de videos. Mi equipo me lo pide, me dijo que sería una buena idea. Yo insisto en que la verdad, con la vorágine del día a día y todo lo que sucede en las redes sociales, honestamente no muchos merecen este video porque me costó muchísimos años aprenderlo, me costó muchísimo esfuerzo, sacrificio, y son cosas de las que no suelo hablar porque siento que no todo el mundo está listo. Hoy te voy a contar la parte más oscura de mi vida. Te voy a contar las cosas que no se hablan en redes sociales, o si se hablan lo hacen para romantizar ciertas cosas. Hoy te voy a contar un poco sobre mis guerras internas y un par de cosas que, te soy franco, no lo quería hacer, pero si lo hago lo voy a hacer de corazón y para poder ayudarte de la mejor manera. Las guerras que yo tuve para llegar a donde estoy son un poco más extensas y un poco más complicadas de lo que pensás. Es algo que muy pocas personas se animan a hablar porque muy poca gente cree en mostrar debilidades o teme verse vulnerable. Y yo creo que ahí está mi fortaleza, en mostrar de verdad un proceso de puro sudor, sangre, lágrimas, soledad para poder llegar a la cima. Y un montón de errores que cometí en el proceso Pero llegué igual. Y un montón de errores que cometí en la cima que me han hecho salirme de esa cima, o me han hecho descubrir quién merece estar en esa cima o no. El propósito de este video es poder contarte ciertas oscuridades. Sí, yo creo que no existe la oscuridad sin luz, así que no quiero entrar en falopeadas, pero te voy a contar cosas que de verdad son bastante duras de afrontar, que tenés que escuchar de una persona que de verdad Tengo que remarcar de verdad porque la realidad es que hoy en día o no hay o carecen personas que de verdad tienen la vida que muestran. Mi nombre es Mauro Stendel, tengo 30 años, casi 31. Logré facturar decenas de millones de dólares. No voy a decir el monto porque entra en lo burdo y entra en la estupidez de vasivo, bro, o esas estupideces. Pero me parece crucial poder transmitirte este mensaje. Uno de mis mayores enemigos fue lo que, no sé si es exacto, pero lo vi como síndrome del impostor. El síndrome del impostor es algo que muchas personas lo tienen, que han logrado sus metas, y es quizás no creerse merecedores, no asumir que lo han logrado. Y como no asumen que la han logrado, lo que se propusieron, lo que tanto veían imposible y tan lejano, después de tanto esfuerzo y sacrificio, se autosabotean. Al no verlo posible, se tiran para atrás, no se creen merecedores, no se defienden, se dejan pisotear porque no toman conciencia de dónde han llegado. El síndrome del impostor es muy peligroso porque no hay manera de combatirlo y no tiene cura. El síndrome del impostor es algo que uno tiene que tener presente todos los días y tratar de mantener la fe y la seguridad de que si estás donde estás, algo bueno hiciste. Si tenés la plata que tenés, algo bien habrás hecho, siempre y cuando vayas por el lado de la vereda que da el sol. Sin vender drogas, sin lastimar a otros, sin afectar a terceros. Si lograste hacer ese dinero, algo bien hiciste. Querete, respetate y cuidalo. No todos pasaron por lo que pasaste para llegar a donde estás. Y es algo que me carcome por dentro y es algo muy difícil de combatir. Es algo que constantemente tengo que estar remarcándome de lo mucho que me costó llegar a donde estoy y de no tener que dejarme pisotear o pasar por arriba simplemente porque hay personas muy negativas que de verdad te hacen creer que sos un impostor. Tuve batallas internas muy fuertes en las redes sociales también, al punto de que cuando vos tenés un propósito y tenés ganas de hacer lo que considerás el bien o lo que considerás apropiado, va a haber personas que te van a intentar sabotear. Y si vos le creés a esas personas, de verdad vas a poder incluso empezar a hacer cambios que no de verdad necesitabas hacer. Simplemente porque les estás creyendo a esas personas, o simplemente porque no te crees merecedor de donde estás. Uno ve los aviones, millones de dólares, Ferrari, Lamborghini, McLaren, millones de seguidores en las redes sociales, pero el camino que hay detrás de conseguir todo eso no lo ven. Y al no ver, lo desmerecen. Y al desmerecértelo, porque no ven lo que pasaste. Vos te empezás a desmerecer y empezás a creer. El síndrome del impostor sin duda es algo muy difícil de combatir, pero para poder de verdad mantenerte en donde estás, tenés que enfocarte 100% en no creer en esas voces malas o negativas y reforzar lo bien que le has hecho al mundo. Ese mensaje de ese tipo que me dijo: che, loco, me iba a suicidar hasta que leí tu libro. Che, loco, escucharte me reayudó. No importa si son 10, si son 5, si son 20 o si son un millón. Importa el impacto que causás. Y eso me lo llevo a la tumba. No me llevo los millones de dólares. Me llevo sus mensajes. Me llevo sus resultados. Me llevo los aplausos de un Luna Park lleno. Me llevo saber que lo di todo para llegar a donde estoy. Entender ese síndrome es algo que me llevó 2 años. Es algo que me llevó mucho tiempo y que me cuesta muchísimo hablar. Pero creo sin duda en que compartirlo con ustedes les va a ayudar, quizás a gran escala, a menor escala. Quizás no han logrado lo que logré, quizás lo van a lograr, quizás van a lograr mucho más. Pero lo importante es transmitirles lo que yo pasé para que ustedes no lo pasen. Esto se me apaga porque es un puro, y no es un puro común y corriente, señor. Que es Ramón Ramírez. Los hacemos en Tucumán con mucho amor y cariño. Se los recomiendo de corazón. Otra cosa muy importante que yo creo muy apropiado charlarles hoy a raíz de este video, que me cuesta muchísimo hablar también, es cómo manejar esto de crecer viniendo de lugares donde gente no está creciendo, o viniendo de lugares donde gente no espera crecimiento, y al verte crecer espera su crecimiento a raíz tuya, o espera que les tires un salvavidas o una soga. ¿Y sabes qué pasa? Yo vengo de abajo, en serio. No vengo a competir quién es más villero, no vengo a competir quién tiene más barrio, no vengo a competir quién tiene más aguante. Pero la pasé mal, sí. No me faltó nada en casa, pero hubo muchas guerras. Mi mamá estuvo muy enferma, mi viejo la pasó muy mal económicamente, y hubo muchos momentos en donde Había tanto dolor en casa que lo único que hacía era escaparme. Encontré cierta mimetización o encontré cierta empatía y ciertas cosas en común con personas que tenían ciertas carencias o tenían ciertos sufrimientos en sus casas y terminé callejeando, haciendo cosas de un pibe de barrio, ¿sí? No voy a decir maldades, aunque más de uno se la merecía, pero es la realidad. Pero no voy a entrar en mi infancia, sino en mi cambio, en mi proceso. Yo soñé con esta vida, yo soñé con tener autos, mansiones, lujos, cenas. Y cuando llegué a esa cima, sentí cierta culpa. Cuando llegué a esa cima, empecé a contratar a mis amigos de la infancia Empecé a ayudar a personas que quizás no acompañaron todo mi proceso, sino que acompañaron mi en donde empecé, y no supe entender que la persona que estuvo donde vos empezaste no significa que por haber estado donde vos empezaste merece estar hacia donde vos llegaste o merece estar en tu cima. Incluso las personas que te alentaron y te han ayudado por el simple hecho de verte bien No tenés que cargarte mentalmente que porque alguien te ayudó, ahora vos lo tenés que traer a la cima. No funciona así. Quien te ayudó, te ayudó por verte bien. No le debés nada. Ese de: pero yo te ayudé, wey. Entonces, ¿me ayudaste porque me querías ver bien? ¿O me ayudaste porque si lo logro entonces yo te iba a deber algo? Te lo dice una persona que le prestó cientos de miles de dólares a gente que lo ayudó en su proceso. Y ahora no los puedo recriminar. pero yo te ayudé cuando no tenía nada. Ah, era así la cosa. ¿Por qué no me avisabas entonces? Que como me ayudaste, yo te tenía que ayudar y que no me ibas a devolver. Así era la cosa. ¿Por qué no ibas de frente? Y yo tenía el derecho de elegir porque yo estoy más agradecido de lo que hiciste por mí en mi proceso. Por eso no quita que yo ahora tenga que desvivirme para darte todo. Si no, ¿para qué me ayudás? Si me ayudaste, me ayudaste, hermano. Ahora, ¿cómo le explicás eso a alguien que te ayudó y te vio crecer? ¿Cómo le explicás a alguien que te prestó $100 cuando no tenías para comer y ahora sos millonario? ¿Cómo se lo explicás? Algunos lo entienden. Muchas personas que hoy en día siguen siendo mis amigos. Morito, yo te ayudé, cariño. Me alegra que estés en crisis. No me debés nada. Pero hay resentidos, hay gente de mierda. Que lo que te va a decir es: y pero yo te ayudé cuando vos no tenías nada. Ah, entonces ahora te debo la vida. Estoy más que agradecido por lo que hiciste por mí, más que agradecido. Y sea lo que te pueda ayudar, pero no me podés vivir porque vos me ayudaste cuando vos, ¿entendés? Y hay personas que incluso caen eso con familiares. Si vos decidiste traer un hijo al mundo, es tu deber hasta los 18 años alimentarlo. Si el pibe fue más allá de lo que vos le pudiste dar, si el pibe creció, se hizo un jugador de fútbol multimillonario, el hecho de que vos lo alimentaste hasta los 18 años fue tu deber. No lo podés echar en cara. Pero yo te crié. Es tu deber, pedazo de pelotudo, es tu deber. ¿Cómo le vas a echar en cara al pibe que lo alimentaste 18 años y vos lo quisiste traer al mundo? El hecho de que le haya ido bien es su mérito, no porque le hayas puesto un plato de comida en la mesa. Ahora, hay padres, sí, que se lo echan en cara a los hijos y los hijos viven con la culpa, les compran de todo, y así no funciona. Ahora, no digo que no tengas el gesto, que no quieras comprarle algo a tu papá, que no quieras compartirle algo, pero no significa que vos le debas algo. Y ese sentimiento de deber le pasa mucho a personas que vienen de abajo. Le debo al que estuvo conmigo, le debo al que me ayudó en el proceso, yo le debo. Y ese sentimiento de deber es una culpa, es algo que es imposible de saciar, porque ahí viene otro complejo que yo tuve, que es tratar de complacer al resto más que lo que yo estaba pasándola bien. Yo estaba multimillonario, obeso, pelado, con los dientes rotos, pero le pagaba los dientes a mis amigos de la infancia. Vos venías a Miami, yo te recibía, te iba a buscar al aeropuerto, te llevaba de vacaciones, te íbamos en avión privado a Bahamas, te llevaba a comer, todo lo que vos quieras. Y no podía decir: che, loco, gracias por venir a visitarme, pero tengo un montón de reuniones, queremos comer algo. No puedo despriorizar mi negocio, no puedo despriorizar lo que a mí me hizo llegar hacia donde yo quiero y hacia donde yo quiero llegar por el hecho de que vos vengas a visitar. Y qué raro que me vengan a visitar ahora que estoy ganado. Como estaba viendo, me tiran de nada. ¿Cómo funciona la cosa? ¿Me explico? El sentimiento de querer complacer a otros fue algo que llegó al extremo y que me llevó a mí a un extremo. Yo tengo tatuado acá: Never again, never again, never again. Esto fue un tatuaje que me lo hice por mucho dolor, mucho dolor. Nunca más. Fui al tatuador y le dije: poneme nunca más. No me dolió, hacémelo otra vez. No me dolió, hacémelo otra vez. No me dolió, hacémelo otra vez. No me dolió, hacémelo otra vez. Hasta estuve así 3 horas. Me dijo: ya está, ya está, me dolió, ya está, ahora sí me duele, no quiero más. ¿No querés más qué? Nunca más qué. Nunca más voy a priorizar la felicidad de otro antes que la mía, porque te terminás desviviendo complaciendo al resto mientras vos Te despriorizás y dejás de cumplir lo que a vos te corresponde, o lo que a vos te hace bien, o lo que a vos te hace llegar a donde estás, para ayudar al resto. ¿Quién de ellos que estás ayudando se hizo millonario y te dio laburo? Ninguno. Entonces, ¿por qué vos lo tenés que hacer por ellos? No, porque si ellos hubieran llegado, lo hubieran hecho por mí. Bueno, que lo hagan entonces, y que lo hagan por vos. Mientras tanto, que te avisen. Bueno, que lo hagan, dale, hacete millonario y luego dame laburo, dale. Dale, a ver, dale, hacete millonario y dame laburo. Yo te espero. No, pero yo tampoco tuve nada, amigo. Yo también tuve en bolas. Yo también me tomé 3 colectivos en el mismo día. Yo también careteé para no pagar el bondi, me metí por atrás. Yo también le preguntaba, amigo, ¿qué onda? ¿Me dejás en tal lado? Sí, no, bueno, escuchá, no sé qué, para no pagar, viste, las 4 paradas. Ah, listo, está bien, no me sirve este bondi, me tomo el 181, qué sé yo, y te bajás. Para no pagar. Yo también he hecho esas cosas por necesidad. Yo he ido a restaurantes y tener que elegir según lo que me alcanza. Yo he ido a reuniones y decir que no tengo hambre, para no, no me alcanzaba y me daba vergüenza pedir. Yo estaba en el secundario trabajando hasta las 2 de la mañana repartiendo helado en bicicleta para poder pagarme el viaje egresado, a no pedir la beca liberada porque me sentía culpable. Yo la pasé mal, amigo. Ninguno de ustedes se ocupó de mejorar su vida y ayudarme a mí. Porque yo les debo a ustedes. Ahora, tener mucho cuidado con querer complacer al resto. Hay un mensaje súper estúpido en las redes sociales de no olvidarse de dónde viene. Sí, no olvidarse de dónde viene no significa ahora volver y estancarse porque ayudaste a todos y ahora estás en el mismo lugar. Tené cuidado, porque no olvidarse de dónde uno viene no significa volver a donde uno viene. No olvidarse de donde uno viene no significa volver a donde uno viene porque se siente culpable por el resto. El problema es que la gente romantiza eso por envidia, porque no te quiere ver bien. Fíjate, un tipo como Adriano, que más allá de los problemas psicológicos que tuvo por la muerte del padre, borracho en la favela, y lo romantizan. ¡Qué grande! No se olvida de donde uno viene. Eso es de país grande. Un tipo que tocó el cielo con las manos. Y ahora estoy borracho en la favela. Es un desperdicio. Soy una persona que, centrado y enfocado, con todo el dinero que pudo hacer, le puedo haber comprado casas a toda la favela. Yo estaba borracho, igual recaigo. Mira cómo automáticamente recaigo. ¿Por qué le tiene que comprar casa a toda la favela? Pero es un tipo que le pudo haber hecho muy bien al mundo. Es un tipo que él pudo haber crecido un montón, que pudo haber logrado un montón de cosas. Y no te olvides de dónde venís. No me olvido de dónde vengo, y por eso no quiero volver, porque no me olvido de dónde vengo. Por eso no quiero volver hacia donde estaba, porque por algo salí, amigo, por algo salí. No me olvido de dónde vengo, por eso no quiero volver. No te confundas, no olvidar de dónde venís no significa tener que volver. No significa tener que volver. Si por algo salí, ¿qué te pensás, que no me acuerdo lo que pasé, lo que viví, lo que tuve que pasar para llegar a donde estoy? ¿Te pensás que no me acuerdo? Otra cosa que quiero hablarles es que si estás roto o te sentís mal o deprimido o triste o sentís que algo te falta, créeme que el dinero no lo va a solucionar. El dinero lo va a hacer peor porque lo vas a ocultar y lo vas a tapar. Hoy me doy en cuenta, me doy cuenta de eso teniendo lo que siempre tuve tener, lo que siempre quise tener, lo que siempre tenía ganas de hacer. Yo hoy en día puedo ir al restaurante todas las noches y comer postre, entrada, invitar a 10 personas, me puedo ir de viaje. Y cuando lo empezás a normalizar, empezás a hacer cosas que ya son excesos. Comer en un restaurante no es un exceso. Ahora, comer todas las noches en un restaurante está mal ya. Y no porque esté mal de por sí ir a un restaurante, sino porque una persona común no va todos los días, sería comer afuera, no está bien. Sería ideal que puedas disfrutar de algo simple, de estar en tu casa. Sería ideal que puedas relajar, que puedas confiar en quizás un plan más tranquilo de poder comer algo en tu casa, de que alguien te cocine o cocinarte vos. Eso es lo común, eso es lo cotidiano. Y cuando te salís de eso y lo normalizás, es muy peligroso. Te doy un ejemplo, mira, aunque tenga hasta caripela, me hablan bastante mujeres, y yo he tenido una época en donde le mensajeaba, le mensajeaba, te ignora, te ignora, te ignora. Ahora, vos te podés volver loco y empezar a hablarle a todas y empezar a querer cogerte a todas. Y cuando normalizás salir un día con cada mina, cuando normalizás ese tipo de exceso y no pasa a ser un exceso sino una rutina, perdiste. Perdiste porque ya no valorás esa mina que viene y que te quiere y que te mima y que te quiere por quién sos, porque total podés echarte a 30.000. Dejás de valorar las cosas porque empezaste a normalizar excesos. Y eso es un problema, y eso es un vacío que trae muchísimo la sensación temporal de superioridad, que eso hablo en mi tercer libro. Normalizar excesos hace de que dejes de valorar lo digno, lo limpio, lo pulcro y lo que era buenísimo para una persona cuando eras normal, por así decir. Mucho cuidado con eso. Así que voy a ir cerrando con un par de cosas que sí me funcionaron, que sí aprendí a los golpes, para que vos no tengas que golpearte. Uno: Empezá antes de estar listo. Nunca lo vas a estar. No existe estar listo. Roma no se construyó en un día. Tenés que empezar. Aunque te critiquen, aunque se rían, empezá. Vos empezá, que todo se va a ir acomodando, pero empezá. 2: Rodéate de personas que ya están donde querés estar. Compartí tiempo con ellos. Ellos nunca te van a echar en cara de dónde venís, sino hacia dónde vas. Ellos nunca te van a hacer negativo y tira, pero acordate que vos venís de ahí. Sí, sí, yo me acuerdo. Nunca te van a decir eso. Te van a decir, ¿a dónde vas? ¿Ir para allá? Vamos, dale. Nadie te va a preguntar. Las personas que van para adelante no te van a preguntar dónde venís. Si estoy mirando para allá, ¿qué me importa? Rodeate de personas que están donde querés estar o que van hacia donde querés ir. Esas personas nunca te van a preguntar, che, ¿de dónde venís? A una vez, ¿de dónde venís? Listo, ¿va para allá? Vamos, dale. O uno que te reciba. ¿Querés llegar? Dale, vení, vamos. Nunca te rodees de personas que no van hacia dónde vas solamente por haber venido de donde vos venís, o solamente por estar de donde saliste. Siempre al frente, siempre, ¿está bien? Aprende a tolerar la incomodidad, aprende a tolerar la incomodidad. No te duermas en los laureles porque te van a comer crudo. lo hice, lo hice. Está bien, listo, dale, vamos, arriba, adelante, sigue, que sigue. Pero ojo, porque ponerte tus metas como obligaciones después hace que no disfrutes tus metas porque las convertiste en obligaciones. Pero siempre más, más, más. Nunca te achanches. Estas son cosas que yo Mírate, así te lo voy a decir. Ojalá yo hubiera visto este video cuando era más pibe. Ojalá yo hubiera visto este video cuando yo estaba en mi proceso. Ojalá yo hubiera visto este video cuando me sentí mal y nadie me entendió. Así que bueno, espero que te haya servido o que te sirva a futuro. Estas son cosas que un multimillonario no te va a decir, y yo te las dije. Y como siempre, valorándome mi proceso, mi experiencia. No voy a hacer gratis nada. El que quiere que lo pague, el que no, que me chupe la pija. Tengo Ramón Ramírez, te lo recomiendo de corazón, están buenos. Y además, si quieres aprender de mí, si quieres aprender a hacer negocios digitales, si quieres aprender a abrir una tienda online, empezar a generar ingresos, te espero en mi academia. Te dejo el link de Ramón Ramírez, no, de Ramón Ramírez no, porque me van a banear, pero ramonramirez.com.ar. Y te dejo la Academia NUM, que es un espacio donde tenemos miles de casos de éxito, donde tenemos alumnos que han llegado a facturar un montón de plata abriendo una tienda online, emprendiendo sin mirar atrás. Te espero.
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