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En este breve monólogo, el narrador relata una experiencia en la que su amigo Gianni lo “rescató” invitándolo a comer un guiso de lentejas, mientras él había llevado un tequila de 700 dólares. Gianni no mostró interés por el regalo costoso, sino por la compañía del narrador, lo que le hizo comprender que la verdadera valoración no está en los objetos materiales sino en la relación humana. El relato también menciona a Ani, quien ayudó a “bajar al suelo” al narrador, reforzando la idea de que la amistad y la humildad son más valiosas que la riqueza material.










