13 Lecciones de una vida de EMPRENDIMIENTO (Pt 1)
16 Dec 2025 · 27 min
Oso Trava shares 15 years of entrepreneurship lessons, including his Shark Tank experience and how childhood shaped his career. He explores the mental models and values that drive business success.
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Les voy a contar. Yo llevo 15 años emprendiendo y esta foto se tomó apenas en marzo de este año en el set de Shark Tank. Este año, la octava temporada de Shark Tank, me invitaron a mí a ser uno de los nueve tiburones que están ahí invirtiendo en empresas. Y si bien esta foto puede ser como la epítome del éxito, estás en Shark Tank, entonces ya la reventaste, ya la armaste. De entrada, todo el mundo cree que eres ultramillonario y. Y que eres todopoderoso y todo, ¿Sabes? Y no es cierto. Pero sí es algo que nunca creí que iba a pasar en mi vida. Para mí sí significaba algo como de ensueño. Si bien no tiene un significado real, no cambia nada de quién soy ni de lo que puedo lograr. Estar ahí sí me hace voltear a ver qué es lo que he hecho en mi vida para llegar. Y me recordó un poco ese momento a la frase de Steve Jobs. No se puede conectar la vida viendo hacia adelante. No puedes conectar los puntos. Solo los puedes conectar hacia atrás. Y a veces, cuando estás parado en cierto punto, no tienes ni idea de por qué estás ahí. A veces te sientes totalmente perdido. A veces no sabes ni cómo hacerle sentido a esto que estás viviendo, a esta decisión que acabas de tomar o a la gente de la que estás rodeado. Así que, bueno, si se pueden conectar los puntos hacia atrás. Voy a voltear y estoy aquí sin saber cómo llegué. Voy a voltear y voy a tratar de entender qué es lo que pasó en mi vida. Yo divido mi vida en cuatro olas. Son más o menos en décadas. No por ninguna razón en particular, sino porque así me ha pasado. Y quiero contarles estas olas. ¿Quién de aquí surfea? Hay varios surfers, entonces no me dejarán mentir. Yo no surfeo. Nunca lo he hecho. Bueno, lo hice una vez, pero no soy muy bueno. Pero me cuentan que la ola tiene tres o cuatro momentos muy particulares. El primero es esperar. Muchos de mis amigos surfistas dicen que lo que más disfrutan es esperar. No puedes acelerar una ola. Hay que tener paciencia y esperar a que el momento correcto llegue. Es en este momento en el que toda tu vida está llena de sueños. Dicen que es mucho más fácil levantar dinero con un sueño y un PowerPoint que con métricas. Porque cuando estás esperando todo, Todo es posible. Todo se trata de inspirar y de contar el futuro que te puedes imaginar. Después llega el momento en el que tienes que hacerlo realidad. Y es un poquito lo que les decía, si se lo llevan aquí como un sueño y no lo llevan a la brazada, a la acción, a la pataleada, entonces no van a pasar nada. Y es entonces cuando nos ponemos a prueba y nos cansamos. A veces se nos van las olas, pero como dicen, echarle ganas es necesario. A veces no es suficiente, pero tenemos que hacerlo. Y es entonces que llegamos al momento clave, subirnos, montarnos en la ola y es donde todo es felicidad y terror al mismo tiempo. Es éxtasis y caos. Podemos sentir que estamos en control, pero la verdad es que simplemente estamos siguiendo un camino a la mejor capacidad que podemos. Y entonces inevitablemente, a veces voluntaria, pero mayormente involuntariamente, nos damos un revolcón. Y es aquí donde vienen las lecciones. Las lecciones no vienen de montarte en un tubo. Las lecciones no vienen de cómo agarraste o cómo se te fue una ola. Las lecciones vienen de cuando te revolcaron, de cuando te dieron un madrazo. Así que con este contexto me puse a analizar mi vida. Y entonces, Bueno, sí, van cuatro olas. La primera de los 0 a los 20 años y la primera ola creo que todo mundo la vivimos relativamente igual. Si estamos aquí, creo que somos muy afortunados. Somos niños y en la niñez, algunos tenemos una niñez más emocionante que otros, más apoyada que otros, más viajada que otros. Pero todos en algún momento somos víctimas de nuestro entorno. Y digo víctimas con pleno uso consciente de esta palabra. Odio la palabra ser víctima. Pero cuando eres un niño no tienes mucho más que hacer. No sabes ni tienes conciencia de todo lo que está entrando en tu cuerpo y en tu mente. Hubo un día que estaba yo jugando en mi casa con un muñequito como este, como Spiderman, y le ponía yo un clip y mi mamá tejía. ¿Quién tenía mamás que tejían varios? Y entonces había un chorro de estambre en mi casa y yo lo amarraba por toda mi casa y entonces le colgaba el Spiderman en el clip y lo aventaba y entonces iba de bajada y un día llegó mi mamá y me oso, tú vas a ser ingeniero. ¿OK? Y me volví ingeniero, literal. Esto pasó cuando tenía menos de siete u ocho años. Y hoy soy un ingeniero industrial. Y entonces me pongo a pensar, así como un comentario inocente o no, de mi mamá ¿Cuántos más nos hacen en nuestras vidas que definen en quién nos convertimos? David Foster Wallace, un famoso escritor que después murió por suicidio, tiene un discurso de graduación de una universidad, no sé si es una universidad, un high school en Estados Unidos que se llama This is Water y lo pueden buscar desde Spotify y en YouTube. Y es un discurso, la verdad, bastante sensato. Y empieza contando la historia de dos pececitos que vienen nadando y estos pececitos vienen platicando muy tranquilos y se cruzan con un pez un poco más viejo. Y este pez viejo les hey chicos, ¿Qué tal está el agua? Y se sigue. Entonces se voltean a ver este viejo ¿Qué es agua? Y entonces nos ponemos a así como los peces no ven el agua, nosotros ¿Qué otras cosas de nuestro entorno no vemos? Como dice esta no sabemos quién descubrió el agua, pero seguro no fueron los peces. Porque lo que más presente tenemos, lo que más nos rodea, lo que más estamos acostumbrados, lo que menos cuestionamos, es lo último que entendemos que existe. Así que viene mi primera lección en esta temprana edad, tu entorno te influencia o influencia mucho más de lo que crees. Y entonces tenemos que empezar a entender qué son los modelos mentales. Los modelos mentales son estos gogles a través de los cuales vemos la vida. Muchos de ellos ni siquiera sabemos que tenemos puestos. Pueden ser causados por el adoctrinamiento de nuestra sociedad, de nuestra cultura, de nuestra religión, de nuestro mismo país o de nuestro género. Pero son estas reglas, este software que tenemos en la mente que ni siquiera sabemos que existe y son el fundamento de todas nuestras decisiones. Nosotros tenemos creencias tan arraigadas que no sabemos que están, sobre las cuales tomamos decisiones de forma inconsciente, que después nuestro consciente trata de justificar contándose historias que hacen que lo que decidimos haga sentido. Si queremos verdaderamente estar creciendo, si queremos verdaderamente tener control sobre lo que nosotros construimos, como nuestras vidas, como nuestros negocios, como nuestras familias y como nuestras personas, es importante que sepamos de la existencia de estos modelos mentales y que constantemente estemos revisándolos, cuestionando qué es lo que es. Acabo de terminar de leer el libro de Walter Isaacson de Elon Musk. ¿Ya lo leyeron? ¿Ya lo leyó? Must. Es un must. Este tipo es un fenómeno. Y todo lo que saben de Elon Musk se queda súper corto de él. Pero hay algo que me encanta y que si reciben viernes de cracks, se los mandé hace unos días. Es el algoritmo. Y él tiene cinco reglas que aplica para todo y dos de ellas cuestiona la autoridad y elimina todo lo que no sea necesario. Y pregúntate de dónde vienen todas estas reglas, estas suposiciones. Pero tienes que saber el nombre de la persona que originó la regla. No es lo dijo el departamento de Legal. Esta condición, esta regla, esta normativa, ¿De quién es responsabilidad? Y cuestionar la autoridad en todo momento. Hace un par de semanas tuve en el podcast a Ana Lorena Fábrega que construyó una universidad que se derivó de la escuela, Sí, no es una escuela para niños derivada de la escuela que fundó Elon Musk. Se llama Ad Astra. Todo se hace a través de proyectos y todo se hace enseñándole a los niños a cuestionar y a retar la autoridad en todo momento. Y así tenemos que pensar sobre nosotros, nuestra mentalidad y nuestros modelos mentales, explorar nuestra curiosidad y buscar siempre ponernos en situaciones que nos abran la mente y nos generen esta sensación de asombro. Después vino mi segunda ola, que creo que la segunda ola todos la compartimos de una forma muy similar. Y es esta ola que yo viví de los 20 a los 30. Y yo la considero como una ola de capacitación, de estudio, de crecimiento profesional. Ahí había una meta conseguir un trabajo. Yo quería trabajar en Nueva York en banca en una de las instituciones financieras más importantes del mundo, que era Goldman Sachs. ¿Por qué quería hacer esto? Porque así como mi mamá me dijo que tenía que ser ingeniero, también me dijo que yo tenía que tener mucha lana. Y que para tener mucha lana tenía que tener un trabajo en el que escalara la escalera corporativa. Un trabajo reputable del que ella y sus amigas o mis tías se sintieran orgullosos. Yo lo que quería era jugar y ganar el juego del dinero. Y a eso me dediqué. Toda mi vida, de los 20 a los 30, estuvo 100% enfocada en lograr esto. ¿Cómo se vio esto eligiendo qué carrera? Bueno, me sé ingeniero. Me hizo mucho sentido. Estudié ingeniería industrial, pero yo sabía que estudiar ingeniería industrial no era suficiente. Tenía que hacer una maestría. Tenía que ser una maestría en una de las mejores universidades del mundo para entrar a esa maestría tenía que ser presidente de la sociedad de alumnos de mi carrera para tener extracurric. Entonces fui yo creo que el peor presidente de mi carrera, pero lo fui nada más. María Arisa había sido presidenta antes de mí y ella es la mujer perfecta después qué me fui de maestría. Y en la maestría yo tenía totalmente cerrada la cabeza a irme a Nueva York a trabajar en finanzas. Y así diseñé toda mi experiencia. Aun cuando yo me fui a Stanford en 2006 a 2008, acababa de salir Facebook. Yo abrí mi cuenta de Facebook allá. Todos mis amigos que sabían que tenían un poco más de inteligencia, de qué se trataba el mundo, en vez de estar volteando a ver a Nueva York o volteando a ver a las consultoras, estaban volteando a ver a Silicon valley. Estábamos a tres cuadras, tomaron las chambas de empleado número 30 y 60 en Uber, en Airbnb, en Facebook. Hoy varios de mis amigos están en el top del top del top de Facebook a nivel global, ganando millones, pero ahí estaban, creo que se me fue la señal. Y yo estaba volteando a ver Nueva York, mis amigos programando apps que después le vendieron a Facebook para irse a trabajar con ellos en cientos de miles de dólares estando estudiando ahí, y yo volteando a ver a Nueva York. ¿Está fallando esta? ¿Me ayudan, por favor? Y entonces viene la siguiente lección y que es que mucho o demasiado foco puede ser contraproducente muchas veces. Y yo soy de estas personas que todo el tiempo te dicen y ya no Sirve el clicker. ¿Me pueden dar a que sigue, por favor? Mucho foco puede ser contraproducente. Yo todo el tiempo te enfócate, enfócate, enfócate. Sí, pero cuando lo hacemos sin razón, cuando tenemos la cabeza metida en el agua y no la sacamos, nos podemos perder de muchas oportunidades. Todos aquí acabamos de salir de alguno de los tres años más difíciles probablemente de nuestras vidas, pero también de la historia. Estoy seguro y lamento mucho si perdieron amigos, si perdieron familiares, si perdieron trabajo, si perdieron clientes, si perdieron negocios, pero todos aquí estoy seguro de que ganamos algo. Cuando llevábamos como tres meses y medio de la pandemia, hice una encuesta en Instagram, no sé, habrán sido como 10.000 personas, y les si hoy pudieras cancelar la pandemia. Y con eso se va todo lo malo que has vivido hasta ahora y todo lo que has perdido, pero también todo lo bueno que has ganado, ¿La cancelarías? ¿Sí o no? Acuérdense que viendo hacia atrás y ya con el tiempo todo mundo le encontramos lo bueno a lo malo, el silver lining. Pero cuando estás metido en el ajo, es difícil. Bueno, 86% de la gente me dijo que no eliminaría la pandemia. ¿Por qué? Porque nos obligó a hacer algo que no hacemos frecuentemente, que es frenar, que es sacar la cabeza del agua. Es voltear a ver nuestras opciones. ¿Quién de aquí cambió de ciudad? ¿Quién de aquÍ cambió de trabajo? ¿Quién aquí cambió de pareja? ¿SÍ? ¿Quién de AQUÍ está viviendo una misión de vida completamente diferente? Porque no hay nada como enfrentarte a la muerte y a la fragilidad de tu vida como para verdaderamente hacerte pensar en qué estás invirtiendo tu tiempo. Ponen la que sigue, por favor. Y después me fui a Nueva York. No vi nada de esto. Y llegué al lugar donde era mi sueño. Yo estaba jugando el juego del dinero, vivir en Nueva York. Llegué a trabajar en UBS y casualmente llego justo para ver el mundo financiero desmoronarse en mi cara. Crisis de 2008 Todo mundo corriendo por sus vidas, yo trabajando bajo de un jefe que odiaba. Me pagaban muy bien, me lo gastaba todo en renta y en salidas al antro. Y la realidad es que me di cuenta de que ese lugar idílico por el que yo había trabajado 10 años, que ese cofre del tesoro al que finalmente tenía yo la llave y podía abrir, estaba totalmente vacío. Vacío. Me corrieron y regresé a México. La que Sigue, por favor. ¿Podemos arreglar el clicker o no se puede arreglar? Entonces la vida te da señales. A veces no las estás escuchando. A veces estás tan enfocado en tu misión, en tu proyecto, que hay muchos red flags. Y esto pasa como emprendedores, como inversionistas. Estás ya contándote esta idea porque la quieres hacer realidad. Te quieres probar que no estás mal, que se te olvida ponerle atención a toda la data contradictoria que tienes. Si, la vida te habla, escúchala. Escúchala. Muchas veces te habla a través de la gente que más te quiere. A veces te habla a través de las cosas que más te calan. Pero hay que poner atención. La que sigue, por favor. Y entonces regresé a México. Me había ido yo de mi casa como a los 25 años, regresé a los 32. Sin casa, sin coche, sin chamba, sin lana, sin novia y sin una idea de qué iba a ser. Ah, pero con mi maestría, puta, odiaba tener jefe. Y un día un amigo mío en el antro me si no te gusta tener jefe, ¿Por qué no eres el tuyo? Sé tu propio jefe. Claro. Emprendedor. Y entonces entré a esta nueva ola. La que sigue, por favor. Y me volví emprendedor. ¿Por qué? Por casualidad. Porque nadie me dio chamba. Me junté con un amigo de primaria que era el tipo con el que me peleaba yo en todos los recreos, y nos hicimos socios y empezamos una empresa en 2009 que compraba y vendía electrónica seminueva. Teníamos 22 tiendas, casi 200 empleados, millones de dólares en inventario que se depreciaba y nos robaban por segundo, pero ahí estábamos. Y fue un negocio que llamó mucho la atención. Este era el juego, ya no del dinero. Sí, pero ahora el más de la reputación. ¿Por qué ser emprendedor es cool? ¿No somos súper cool los que estamos aquí? No ganamos un varo, pero qué tal nos echan porras. Y entonces sí, Emprendedores Endeavor en 2011. 30 Promesas de Expansión 2010. Finalistas de EY 2012. Y vendí mi empresa en 2013. Guau. Esto de aquí soy, o sea, esto no está tan difícil. Y lo volví a hacer. Y en 2013 empecé otra empresa, ahora en digital, queriendo arreglar todo lo que no me había gustado de mi negocio anterior. Y empecé InstaFit y otra expansión. Promesas de los negocios de Forbes. Finalistas de Ey. Levantas fondeo, bla, bla, bla. Revistas, bla, bla, bla. Y a punto de cumplir 40 años, un día llego a mi casa y Lucila, que está aquí, no me dejará mentir. Después de uno de estos días miserables en los que era la persona más odiosa del mundo, me Oso. ¿Por qué odias tu vida? ¿Por qué odIAS tu vida? La que sigue, por favor. Bueno, me di cuenta que emprender es difícil. Me di cuenta de que emprender, por más cool que sea, no es un paseo por las nubes. No es un paseo en el parque que noches largas, días solitarios, poco dinero, poco flujo, muchos problemas. No eres el jefe, eres el chalán de todo mundo. Y se trata mucho también si no lo haces con la mentalidad correcta. Se trata de tratar de complacer a todo el mundo, a tus inversionistas, a tus clientes, a tus empleados, a tus proveedores para que te dejen vender por allá tus canales de distribución. La que sigue. Sí me pueden ayudar a arreglar clickers, por favor. Esto está siendo muy molesto y la verdad es que me hizo entender. Me hizo entender que emprender no es para todos, a pesar de que todo mundo trata de decir que sabe lo que es emprender. Franklin Delano Roosevelt en 1910 hizo un discurso en París y este es un discurso famosísimo que se llama The Man in the Arena. Si no lo han leído, léanlo, está en Internet. Y él habla de cómo la gente en la arena es la única que tiene el derecho de verdaderamente opinar, de verdaderamente hablar. La gente en la arena es la gente que se está remangando y haciendo porque todos somos muy buenos coaches de fin de semana el domingo. Ay, hubieras metido al Chucky Lozano, Es que el checo es un imbécil. La realidad es que nadie tenemos derecho de hacerlo más que los que estamos ahí. Y eso me hizo entender qué tipo de emprendedor, qué tipo de asesor y qué tipo de inversionista quiero ser. También me hizo entender, como dice el proverbio africano, que si quieres ir lejos, ve acompañado, si quieres ir rápido, ve solo. Entonces entendí que no podía hacerlo solo. Y si bien llevaba durante mi época de emprendimiento 9 aceleradoras de negocio desde Startup Chile, Parallel 18, Stanford, Startex, Adventure City, aquí en México, había estado por todo el mundo, sí acompañado de emprendedores, sí acompañado a veces de mentores, no estaba yo abierto a su mentoría. ¿Por qué? Por ser alguien inseguro, engreído, creer que ya me las sabía todas y por creer que estaba jugando un juego de suma cero es en el que para que yo gane, alguien más tiene que perder y que si alguien más gana, eso significa que yo voy perdiendo. Y empecé por casualidad, por simple curiosidad, por no tener nada que hacer para tal vez agarrarme de una rama y salvarme de ahogarme. Un podcast que ya todos conocen menos tres. Esos tres los estoy viendo. Escaneen este código, suscríbanse. Y este podcast me acercó a algunas de las mentes más brillantes con las que yo he podido compartir, desarrollar relaciones, pero sobre todo aprender. Uno de ellos es Gastón Parisiera, un emprendedor argentino también, emprendedor Endeavor, y me dio un. ¿Un framework para algo que creo que todos nosotros sufrimos, quién de aquí tiene socios, quién de aquí encontró su socio? Tipo en un hackatón o en un startup weekend, o sea es como fui a un speed dating y de ahí salí y me casé, o sea, tener un socio es de las cosas más importantes, más redituables si es un buen socio y más difíciles de tener. Y él me dio el formato de las tres C, tienes que tener habilidades complementarias. Muchas veces nos asociamos con nuestros amigos y es que pensamos igual, nos acabamos las oraciones juntos, sabemos perfecto qué es lo que queremos hacer, hombre, estamos hechos el uno para el otro, nadie nos puede decir que no, porque nosotros estamos totalmente alineados, estás duplicándote y desperdiciándote, necesitas alguien que sepa hacer lo que tú no haces, que disfrute hacer lo que tú no haces y que sea bueno para ello. Segundo, hazte amigo de tus socios, no te hagas socio de tus amigos. Yo creo que sí, tal vez ser como muégano con tu socio es difícil, pero sí creo que tiene que haber habilidades complementarias, digo, personalidades compatibles. Yo con Diego, mi primer socio, creo que me fui de fiesta cuatro o cinco veces en cuatro años, claro, nuestras familias son amigas y hablo con él todavía aún diez años después, pero si no tienes este respeto y esta mínima comodidad para estar con ellos, entonces probablemente la sociedad no vaya a funcionar. Y por último, tiene que haber comunión de valores, puede ser, tu cuatazo puede ser buenísimo en todo lo que tú no haces, él es un estupendo comercial y tú eres un estupendo administrador, pero este tipo se despierta a las 4 de la tarde y todo lo quiere arreglar con mordidas. Si tú no eres igual, entonces probablemente vaya a haber muchísima fricción. Cuando tienes estas tres C claras, entonces creo que puedes empezar a construir una sociedad productiva. Y algo también que descubrí es cómo, y me contó Carlos García En el episodio 100, el fundador de Kavak, cómo tienes que pensar sin límites, pensar en grande, y esto es una historia que me contó él, y que después probablemente si vieron la serie de We Crashed, también se lo dijo. Este tipo, este japonesillo es Masayoshi Son, es el fundador de Softbank, uno de los fondos de venture capital más grandes del mundo, que está detrás de todos estos unicornios globales. Y estuvo detrás de WeWork y le decía ¿Qué harías si el dinero no fuera una limitante? ¿Qué harías Si el dinero no fuera un limitante? Muchas veces usamos el dinero como es que no tengo lana y no lo puedo hacer. Pero cuando te dicen que el dinero es infinito, ¿Qué se te ocurre hacer? Muchas veces no sabemos. Y si no sabemos, es imposible que lo podamos construir. Y esto me lo enseñó Evaristo Babé, otro de los grandes emprendedores que tiene Latinoamérica. Él es español, pero ya más mexicano. Y que me contó en un día que estaba yo tratando de levantar dinero para mi startup y le yo no estoy pudiendo. Me ¿Sabes qué te falta, Oso? Te falta visión. ¿De qué hablas? Me sí, tienes que tener una visión gigante, porque aunque no sepas cómo vas a completar esa visión, cómo la vas a construir y parezca que hay un gap gigantesco entre dónde estás hoy y a dónde quieres llegar. No puedes atraer empleados con talento, inversionistas que te apoyen, si no puedes comunicar una visión en la que eres dueño absoluto, amo y señor y. Y Dios del universo en el que tu empresa gana todo hoy. No sé qué hacen sus empresas, pero tal vez eres como Queen Victoria, que hace zapatos de diseño y al rato tal vez estás haciendo, no sé, hoteles, hoteles y eres dueña de una isla en Grecia a la que haces los retiros y las bodas más espectaculares del mundo. Si no puedes comunicar esa visión gigantesca, va a ser difícil que crean que la puedes construir. Y si vas a comunicar una visión gigantesca, regresamos a la tercera comunión de valores. Eberto Taracena fue mi primer inversionista en mi segunda empresa fue mi asesor y ha sido un gran amigo desde hace mucho tiempo. Y cuando lo invité al episodio del primer aniversario de Cracks Podcast, él me habló de la importancia de los valores. Hay un libro que se llama Bury My Heart in Conference Room B. Bury My Heart in Conference Room B. Y en este libro hay un ejercicio en el que empiezas con 50 valores y te hacen ir tachando. Primero escoges 20, después esos 20 los reduces a 10. Después esos 10 los reduces a 5 y terminas con 3 y vas tachándolos. ¿Por qué? Y me lo que te choca, te checa. Y cómo haces una cosa, haces todas las cosas, no puedes respetar tus valores 98% de las veces, porque entonces siempre va a quedar la duda de si esta vez es una de las que te estás fallando. Y cuando hay duda, cuando no hay compromiso, entonces no hay acción de impacto. Y cuando no hay acción de impacto, no hay resultados.
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