#349. Pedro Friedeberg - Platicar con Dalí, Burlarte del Mundo, Ser Diferente y Vivir Sin Preocupación
15 Sept 2025 · 51 min
Oso Trava talks with artist Pedro Friedeberg about his life and work, including conversations with Salvador Dalí and the creation of his famous hand chair. Friedeberg discusses surrealism, his artistic influences, and his approach to being different and living without worry.
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Porque así me despreocupo yo estoy muy preocupador por eso. Mejor no leo el periódico, ni veo la televisión ni nada porque el estado en que está el mundo generalmente me causa una sensación nerviosísima. Y Oscar Wilde tenía esta sangre irlandesa. Creo que es. Que es muy tranquilizante. El destino lo dice. Todos nosotros no podemos hacer casi nada.
Casi nada. Dice usted También que ha tenido mucha suerte, que el destino está escrito casi en su totalidad, que usted Pudo cambiar el suyo un poquito, pero que lo tocó uno.
Bueno, para la gente que tiene creencias o religión, el destino es muy importante, ¿No? Yo soy. Yo soy casi completamente ateo, pero cuando veo la naturaleza alrededor de mí, quisiera creer un poco en Dios, pero no sé qué es Dios. No entiendo el concepto de Dios, No me cae muy bien.
Para mucha gente podría interpretar su arte como una conexión, incluso con algún dios. Usa geometría sagrada, Mucha geometría de muchos tipos. ¿Hay alguna conexión?
Todo lo que no se explica, se puede explicar a través de un ser divino, sagrado, que tiene todo en sus manos, pero que ni tiene manos o tiene 100 millones de manos, no sabemos.
Tiene manos para sentarse, pero lo que.
Ha hecho el ser humano es increíble, ¿No? Especialmente en los últimos 200 años, con o sin la ayuda de Dios. Ir a otros planetas o destruir ciudades enteras apretando un botoncito.
Maestro, a lo largo de sus casi nueve décadas de vida, y muchas de ellas ya como artista, ha podido compartir con algunos de los grandes, grandes maestros a nivel global y tiene unas anécdotas que comparten su libro, que me parecen dignas de compartir. Cuénteme sobre aquellas noches en el St. Regis de Nueva York, hablando con esta persona quien usted describe como un charlatán que los tenía hipnotizados. Salvador Dalí. ¿De qué platicaban?
Pues nos ridiculizábamos todo. Todo nos parecía muy chistoso y muy curioso, muy absurdo. Nos encantaba lo absurdo. Y el absurdo es una de las bases del surrealismo, de contraponer cosas que no tienen que ver una con otra, de imaginarse cosas que uno nunca ha visto, nunca ha intuido. Pero este es un don dado a muy poca gente. La mayoría de la gente lleva unas vidas muy cuadradas y muy tristes, creo yo, limitadas al fútbol y a lo convencional.
Maestro, usted y su familia huyeron de Alemania, y cuenta en sus anécdotas que en esta salida de Europa se vio cara a cara en un tren con la Gestapo. ¿Qué recuerda de esos momentos?
No, yo tenía tres años, no me acuerdo de mucho. Pues había siempre unos. Unos militares muy elegantes que daban admiración y al mismo tiempo un miedo terrible, un terror.
Llegó a México rodeado de una vida de inmigrantes. Su padrastro, el edificio en el que vivían. ¿Cuándo se dio cuenta de que el mundo para usted era diferente, que no, que usted tenía este don?
No, no me di cuenta. Yo quería encajar en el mundo como todos los niños, como todos los jóvenes. Quieren ser muy convencionales, no quieren nada diferente. En realidad quieren sobresalir, pero no ser demasiado diferentes para no causar demasiadas dificultades.
¿Y cuándo fue que usted decidió atreverse a ser diferente?
Pues en principio de la década de los 40.
¿Qué fue lo que lo movió hacia allá?
Pues que yo hablaba dos o tres idiomas y los que vivían aquí nomás hablaban un idioma, por ejemplo. Pero no me consideraba yo especial, contrario. Quería Yo soy un conformista. No sois un conformista. Un personaje que quiere ser igual a todos, que quiere encajar.
Y en esta década de los 40 años, al empezar a salir de ese caparazón, ¿Fue difícil no encajar en la sociedad?
Pues un niño lo toma todo como muy natural. Así es, así es el mundo. Yo creo que uno no se hace preguntas. Cuando uno tiene cuatro, cinco o siete años, uno va a la escuela. Cada niño es distinto, también como cada adulto.
Cuenta usted que sus padres le dijeron que no creyera en nada más que creyera en el dinero y en un poquito de higiene.
No, en el dinero no, qué horror. Un poquito y en la higiene. Eran socialistas. Mi padre casi casi estuvo en el Partido Comunista. Digo mi padrastro porque gracias a él él nos trajo a México, porque él tenía. Él tenía amistad con el presidente Lázaro Cárdenas, que era totalmente de izquierda.
Trotskistas.
Trotskista.
Y después decide estudiar arquitectura en la Ibero, brevemente, y conoce a uno de sus grandes mentores. ¿Cuál fue la gran lección de vida que le dio Matías Goretz?
Era todo lo contrario de lo mío. Por un lado era lo de lo que dijo Oscar Wilde, que nada tiene importancia de lo que actualmente sucede, y por otro lado era profundamente religioso. Hizo varios trabajos en varias capillas, también auspiciado por Luis Barragán, su gran amigo, Que lo trajo a México. Él y mi amiga, la crítica de arte Ida Rodríguez Prampolini.
Cuénteme sobre sus primeras obras, su primera exposición.
Mi primera exposición la tuve en la galería, una galería que era de una señora, Rosita Baligay, que la esposa de un crítico de música, creo. En ese tiempo había muchos emigrados españoles, inmigrantes españoles. Entonces ya tenía este local en la esquina donde ahora estará la fuente, la que sigue, de la Diana, entrando a Chapultepec, porque la Diana no estaba ahí, la Diana la movieron. Yo dibujaba todos los días, me encantaba dibujar, sobre todo dibujos arquitectónicos, y alguien me decía que por qué no los mostraba yo, que eran muy interesantes. Pues a mí me pareció una idea muy buena.
Entiendo que fue también con ayuda o colaboración de Remedios Varo.
Bueno, ella me presentó con la señora Rostava Ligay, porque Remedios Varo era la mujer de Walter Grün, que era muy amigo de mis padres también, que era otro inmigrante, creo que austriaco o alemán.
¿Y tuvo una relación más profunda o más cercana con Remedios Bar?
No la vi muy poco. Era muy más bien con Leonora Carrington. Remedios era muy Remedios tardaba como seis meses en pintar un cuadro, siempre estaba encerrada en su estudio. Y por cierto, en las vacaciones yo trabajaba con el señor Walter Grün, que era socio de esta tienda Margolin, donde vendían llantas y discos de LPs. ¿Y yo me preguntaba por qué estas dos cosas tan disímbolas? ¿Luego llegué a la conclusión de que por qué? Porque las dos fueran negras y redondas.
En esa primera exposición comenta haber vendido tres cuadros de los 40 que expuso o tres dibujos. ¿Qué sintió ustedes al vender su pasatiempo, su pasión?
Pues ya había vendido, no cuadros, pero había yo hecho portadas para libros, ya me habían pedido pósters, decoraciones de menús, ya estaba yo muy metido en el arte gráfico.
Y ese arte gráfico evolucionó. ¿Hay algún momento en el que usted entendió o descubrió su estilo? Sé que ha cambiado mucho a lo largo de los años, pero creo que una de sus obras es muy distintiva. ¿Cuando encontró su estilo?
Yo creo que por este tiempo también conocí al pintor Roberto Montenegro, que era. Que ya estaba muy grande, bastante grande, y él era adicto al Art Nouveau. Y este arte me fascinó, porque como en mi casa todo era tan cuadrado y tan lógico y tan. Tan útil, no me gustaba eso. Roberto Montenegro también me sugirió de visitar la Casa Requena, que es una casa que estaba atrás de la Alameda, que era toda Art Nouveau, que era de un señor Requena que había ido a Francia como por 1900 y se había enamorado de ese Art Nouveau, y hizo toda su casa en estilo Art Nouveau. Ahora creo que es parte de un museo en Chihuahua, es un museo precioso.
Y a través de él encontró este.
Estilo que oí, No, eso fue parte. Me pareció que pues todos los pintores que yo conocieron, no conocía personalmente o casi nada, eran como Diego Rivera o Siqueiro, todos los muralistas me parecían. Es que eran unos tiempos muy difíciles. Todo. Todo el mundo nomás habla de política y de izquierda y de derecha y de fascismo y de todas estas cosas tan difíciles que a mí me caían tan gordas. Yo quería un mundo mucho más frívolo como el de Roberto Montenegro. Y a través de Roberto Montenegro también conocí a un ilustrador inglés, Aubrey Beardsley. Aubrey Beardsley, que todavía se usan sus carteles, que publicó también varios libros con textos muy de esa época de la. Es la decadencia. Se cree que es la decadencia, pero en realidad fue una revalorización después de los pre Rafaelitas. Pero nadie se había fijado en eso en esos tiempos. Por eso me pareció muy. Yo buscaba lo original. Es lo que más me interesaba, lo original.
¿De qué década estamos hablando?
De los 50. 50, principio de los 60.
¿Y este amor por la geometría aparece desde entonces?
Sí, claro.
Algo que con mucha gente que yo platico, seguidores de su trabajo, lo que admiran y de hecho Hace poco una gran amiga me regaló una de sus obras que traigo aquí conmigo, a ver si me hace el honor de firmarla. Me dijo lo que me encanta de Pedro es su mezcla entre lo lógico y matemático de la geometría con lo psicodélico de la fantasía y el surrealismo, estos toques de psicodelia que parecen que sus cuadros te meten una realidad de fractales, de geometrías sagradas. ¿Tiene alguna influencia con alguna sustancia psicodélica, como las que se usaban en los sesentas?
Muy poquito, muy poquito. Porque también conocía, conocí íntimamente al Sr. Edward James, el que construyó Gilitla, porque yo era una de las pocas personas que lo admiraban realmente. La mayoría de gente creía que estaba loco. Construía esta cosa tan rara, pero parecía como de la raza de Gaudí, del factor cheval, de esos arquitectos. Yo quería crear una arquitectura loca, y lo que más se acercaba a eso era la de estos arquitectos originales y el Art Nouveau, y en Alemania el Jugentil, en Italia el Stihl Libertad, todas estas artes que se crearon a principios del siglo XX.
Y maestro, cuénteme, la gran mayoría de su obra gráfica tiene este toque, este marco o este patrón dorado o plateado con negro, ¿De dónde nace ese marco?
Yo creo que del arte egipcio. En lo egipcio hay mucho de esto como de cebra, como que no sé si le añade o le quita el cuadro, pero es original, porque en general los marcos era no más así de lo más aburrido.
¿Y hoy lo considera parte de la obra?
Mucha gente insiste en esto y mucha gente no le gusta porque dice que distrae de la obra. Yo creo que en algunos casos luego le ayuda a la obra, quizá en otros casos distrae de la obra, o a lo mejor nomás lo compran por el marquito.
Es el sello. ¿En qué momento empieza a experimentar con otras formas de arte, la escultura, estas estructuras imposibles?
Mi profesor, Matías Göritz, tuvo que ir a Europa por un tiempo, y él tenía un maestro tallador, carpintero, muy idóneo, muy bueno, y me pidió que yo le diera trabajo por un tiempo para tenerlo, para que no se fuera con otra onda. Y entonces así empezó. Creo que lo primero fue la silla mano, que nació más bien de. Me trajeron una como raíz de árbol que tenía una forma así medio. Pues como lo que es, ¿No? Entonces decidimos y de ahí surgió. Hicimos miles de cosas. Luego también empezamos con maquetas arquitectónicas, la CIA. Se popularizó mucho. Luego llegó un coleccionista suizo muy importante. Yo es que leer porque en Suiza hay unos coleccionistas increíbles. Y él vio esta cosa y dijo es una silla surrealista, Me llevo dos, se la llevó a Suiza. Cuando estuvo en Suiza como 15 días, le pidieron otras dos, entonces vimos si, ahí había una entrada muy buena económicamente también.
Dice usted que ha vendido más de.
5.000 sillas, no las he contado con las falsificadas probablemente Sí.
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Pues precisamente eso, que es un chiste. Como escultura es bastante fea. Como si ya es más o menos cómoda, a veces de madera muy fina, súper fina y siempre llama la atención. Después de visitar la Casa Requena, donde había un comedor hecho a base de flores, o sea que el respaldo era una flor, una flor Art Nouveau y el asiento era otra flor Art Nouveau y las patas eran como tallos con hojas. También se me ocurrió la idea de hacer sillas con formas animales y por así ser la silla mariposa, pero que nunca tuvo tanto éxito como la silla mano. Porque además la mariposa era muy trabajosa, porque había que pintarla, pues se prestaba más. Pero yo creo que tiene más mérito artístico la sillamar hiposa, si es que tiene alguno, que la silla mano.
Otra de sus frases es que le fascina la tontería humana. ¿Qué quiere decir con eso?
Si pueden leer un clásico de Renacimiento de Erasmo de Rotterdam que se llama Elogio de la locura. Ya describe mucho las locuras que hacen los humanos. Esto fue en el siglo XVI. Es uno de los tres libros que más me impresionaron por esos tiempos. El elogio de la locura de Erasmo. La anatomía de la melancolía de Burton. Es un libro fabuloso, como de psiquiatra del siglo XVI, psicólogo. Es un libro increíble para sus tiempos y para todavía. Es divertido de leer, se puede leer en cualquier lado. Dice una de cosas muy sabias y otras harta de tonterías. Luego hay otro libro que quiero mucho, que se llama El viaje de Porifilio, que es también un libro del Renacimiento escrito en Florencia, que es un viaje, se supone que erótico, de sueños, así es el título. ¿Cómo es el título? Hípner o hipnóto mágico, no sé qué es. Como él en sus sueños encuentra diosas griegas y vagan por bosques y prados. Y es un libro encantador.
¿Hay alguna otra de sus obras que tal vez podría caer en este cuento del chiste a la sociedad de la tontería humana?
Ah, pues muchísimos. Sobre todo en la literatura inglesa y en la suya aquí en México. Yo admiraba mucho a Carlos Monziváis, que era muy de este estilo, ¿No? Como de verlo el lado chusco de todo, el lado chistoso, el lado increíblemente absurdo. Todo es tan absurdo.
Maestro, ¿Cómo se ve un día de trabajo para usted? ¿Cómo se prepara para trabajar?
Pues como mi cama está pegada a la pared derecha, tengo que levantarme con el pie izquierdo. En Alemania decían que es hora de mala suerte, pero ni modo, ya llevo. Ya llevo 20 años levantándome de este lado. Y luego me visto generalmente tengo muchas cosas empezadas, entonces nunca falta algo por hacer. Hay cuadros empezados, hay cartas que contestar, porque yo no tengo computadora. No sé usar la computadora. Estoy amolado, vivo. Es que vivo en el siglo XIX. No sé cómo llegar hasta. Hasta este año de 2025 sin computadora. Todo el mundo que veo, hasta los que caminan por la calle, casi los atropellan porque siempre van viendo su tabletita. Me dan un poco de envidia. Yo que sé, hacer unas pocas cosas.
¿Qué cosas le gustaría hacer?
Pues, por ejemplo, leer los menús de los restaurantes que están a 20 kilómetros de aquí, o pedir un taxi o hacer una reservación de viaje, No, sí, es muy útil, seguramente, pero yo creo que se les ha pasado la mano.
¿Tiene en la preparación para trabajar, tiene alguna manía, algo que no puede dejar de pasar antes de que usted ponga el lápiz en el papel?
Tomarme un café, tener los lápices muy afilados, que ya me los tiene afilados. Me gusta esta calle porque es muy tranquila.
Y cuénteme un poco sobre su. No sé si llamarle odio o aversión al color verde.
No es ni odio ni animadversiones, es una disciplina. Todos estos cuadros ya tienen demasiados colores. Yo sí podría. Yo nomás pintaría en blanco y negro, pero ya tuve que meter amarillo y rojo y azul, pero ya verde ya basta. Y como no pinto cosas muy vegetales, entonces no importa. En realidad no lo echo de menos. Pero entre menos colores tiene un cuadro, mejor me parece como ese de la Las 18 sonrisas de la Mona Lisa. Nomás es color carne y blanco y negro.
¿Por qué 18 sonrisas?
Bueno, creo. A lo mejor son 19, no las he contado últimamente. Más o menos 18. 18 es un número mágico, 17, no.
¿En qué otras cosas, si el no uso del verde es por disciplina, porque hay que limitarse en ciertas cosas, como usted lo ha dicho? ¿En qué otras cosas se limita?
Pues no puede uno pintar todo o hay todo un mundo en un objeto o una cosa, como lo. Como Picasso, que a base de la de una mujer la distorsionó tantas veces que logró pintar 10.000 cuadros de 10.000 colores. Es genial, absolutamente genial. Casi ninguno es. Los primeros creo que fueron académicos, los de la época azul o roja, pero después del cubismo ya fueron puros retratos distorsionados de una manera genial.
Me contaron hoy que además usted creó un alfabeto propio.
Varios, varios. Hay una obra gráfica que se llama alfabetos secretos.
¿Cómo surge un alfabeto secreto?
Pues uno piensa que la A podría ser distinta o representada por otro símbolo.
Pero tiene una conexión al alfabeto tradicional.
Esto es lo que yo hice. Sí, pero luego hay alfabetos como. Creo que el sánscrito, que tiene como 52 letras.
¿Se considera usted excéntrico?
Excéntrico. Excéntrico, pero no lo bastante.
¿Qué le falta para ser suficientemente excéntrico?
Es una cosa natural que surge de uno o por llevar la contraria siempre, o por ser muy, muy crédulo. Como gente que piensa que. Que si se abrochan mal ya van a tener un día fatal, o que si se levantan de la pata izquierda, fatal. Hay gente, sobre todo en Inglaterra, que insiste cuyo fin en la vida es la excentricidad. Como una amiga de Leonora Carrington, que insistió en que la enterrarán de cabeza, porque todo el mundo estaba de cabeza. Y así está enterrada en un cementerio de Londres.
¿Tiene algo planeado así para cuando le toque partir usted?
Yo no tengo planeado nada para el día en que me vaya al otro mundo. No sé, ya tengo bastantes problemas a mi edad, bastantes malestares de los que no me quiero acordar de ellos.
Maestro, a lo largo de su vida ha luchado contra la normalidad, el aburrimiento, el conformismo. ¿En qué momento se ha sentido verdaderamente fuera de lugar y lo ha disfrutado?
No sé, Hice tantas cosas convencionales en mí. En mi juventud fui hasta boy scout. Iba yo a la guay a nadar. Todo me parecía de lo más. Y como eran los tiempos de la Segunda Guerra, para mi mamá sobre todo, no cesaba de repetirme qué suerte teníamos estar en un país más o menos tranquilo.
Y en su edad más adulta, ¿Cuándo es el momento que más dijo? Voy a probar qué tanto me aguanta este mundo.
¿No creo que nunca experimente demasiado, no? Soy medio cobarde.
¿Por qué lo dice?
Porque así soy. Cada quien es como es y debe de aceptarlo. Yo no quisiera ser soldado y meterle una bayoneta a alguien. Me parece lo peor. Me salvé de eso.
¿Pero no podría uno argumentar que lo que usted ha hecho en términos artísticos es valiente? Es ir en contra de lo que tal vez todo mundo decía que estaba bien.
Bueno, por ejemplo, yo lo más que dibujaba yo eran arquitecturas conformistas, pero académicas, de tiempos de don Porfirio Díaz. Me fascinaban porque todo el mundo las odiaba y las despreciaba. Y a mí me parecían muy bonitas estas casas antiguas, muy bonitas. Me parecía que había que aprovechar estas artes desaprovechadas, menospreciadas, y había que volver un poco a la normalidad en el arte. ¿Es cuando empezó la pintura abstracta? No, La pintura abstracta ya lleva bastante tiempo, pero todo el mundo pintaba cuadros abstractos, que me parecían muy. Una idea muy pobre.
Bueno, incluso crearon un grupo, ¿No?
Pues me parecía que no tenía ni idea de que. De que una superficie puede decir más cosas que solamente unas formas y unos colores. Puede también hablar de un hecho o una vista panorámica, aunque suene cursi, pero había que sacarle más provecho a la pintura. Ellos lo estaban tratando de reducir, reducir, reducir, hasta que se hizo el arte minimalista. Me parece horrible. Bueno, no es artes, no es nada.
Y ahora hay gente que pega un plátano en la pared.
Ni eso, un puntito. Pero creo que ya pasó de moda eso. Afortunadamente, ahora hay tanta variedad de estilos, propuestas, que ya no sabe uno para dónde ver.
¿A qué atribuye usted, maestro, el enorme éxito de su obra?
Yo creo que porque tiene algo muy lúdico, algo muy infantil, con lo que todo el mundo se. Por eso mucha gente llegó con una obra mía y le han puesto más cositas, porque como que los inspira. Sí, que. Lo cual me da mucho gusto, pero a veces pasa la mano y cosas muy ridículas. El mercado se inunda demasiado de cosas que no van al caso, o también el arte del ornamento, que ha estado muy, muy, muy menospreciado. Las grecas. Las grecas. El arte neoclásico. Mira, aquí hay un personaje, pero está copiado. Yo no sé nada de anatomía. Yo no podría dibujar esto sin tener una. Una muestra o esta estatua griega. Tengo los animales, me fascina la cebra. Este libro se llama Ogorotak, que quiere decir catálogo al revés. Catálogo, catálogo, libreta. Lo hice durante varios años, hacía yo una página cada semana y de repente tenía yo así de obras. Entonces decidí. Decidí publicarlo. Es como un pariente de. Hay un libro también inglés de Lewis Carroll que se llama Alicia en el país de las maravillas, que es como una Biblia para mí parece un libro absolutamente increíble.
¿Por qué lo llama una Biblia?
¿Qué extrae de un libro de cabecera? No una Biblia, un libro de cabecera. Tantas ideas, relativamente pocas páginas.
Hablaba hace rato de Leonora Carrington, y entiendo que conoció el tarot o el tarot llegó a su obra a través de ella.
Posible, ¿No? Un poco antes yo ya había viajado a San Francisco, porque cuando era yo muy joven, esa era la moda de los beatniks. De los beatniks. Conocía yo una poeta, Gogo Nesbit, que vivía aquí, y su marido, el pintor André Vandenbrock. Y ellos. Ellos dijeron que San Francisco era la psicóloga capital del mundo en esos tiempos. Y un día me llevaron y estuve ahí como, no sé, tres o cuatro meses muy interesantes.
¿Y es ahí donde tuvo contacto con el tarot?
Esta poeta le las cartas del tarot. Y pues me empezó a fascinar desde entonces. Por aquí había un tarot.
Están ahí atrás.
Una carta del Tarot.
Hay tres. Las que hizo sobre cristal de Murano.
21 arcanos mayores, y cada uno tiene su significado. Es muy cómodo tener eso como una muleta, cuando uno ya no sabe qué hacer o qué pensar. De repente uno una carta increíble. Y si uno lee todo lo que se ha escrito por culpa de una tarjeta, y esto 21 veces.
¿Usted dice que nunca hay que estar satisfecho con lo que uno hace?
A veces sí. Hay cuadros que me parecen casi perfectos, casi.
Aquí hay alguno de esos, pero no.
Voy a decir cuáles son. Y otros me parecen horribles, que tampoco.
Vamos a decir cuáles son esos.
Pero a veces uno se equivoca y hay que terminar sus equivocaciones.
¿Se considera alguien curioso?
Sí, sí. Cuando oigo una palabra nueva, luego la busco en el diccionario o en enciclopedia, porque en la computadora no la. Es muy interesante la semántica.
¿Y ha leído infinidad, miles de libros?
Yo Creo que sí.
¿Qué está leyendo ahora?
Ahora estoy releyendo. Releyendo el viaje de Goethe por Italia en el siglo XVIII. Me gustan mucho los libros de viajes.
¿Es un gran viajero usted?
No, ya no me gustan los aviones con jet lag y no sé qué. Antes sí aguantaba yo viajar 18 horas hasta una noche de aquí a París o a Roma o algún lugar mágico de esos. Ya también ya no son tan mágicos, porque ya todo el mundo ya fue.
Si pudiera hoy regresar a un bar en Nueva York, en París, en Italia, y sentarse a tomar una copa con uno o varios de sus amigos de aquellas épocas, ¿Con quién se gustaría sentarse?
Pues, amigos, si les digo sus nombres no sabría de quién. Un amigo muy bueno, Nueva York, era el dibujante Saúl Steinberg. Era un genio que dibujaba solo en blanco y negro, y con él iba yo mucho a un bar que está en. Creo que estaba en Manhattan. Un bar muy divertido.
¿Cuál era su bebida de cabecera?
Pues vino, vino blanco, francés. Todo el mundo vivía. Es la época de los martinis. Los martinis que son casi puro ginebra con apenas una gotita de sinsano.
Sé que nos queda Pedro Friedeberg para rato, pero ¿Cómo le gustaría que lo recordaran, maestro?
Prefiero que no me recuerden. No me importa. En realidad no me importa, pero que no sea malo. No, no creo que me recordarán mucho. Recordarán mi obra en varios museos. Eso me halaga mucho.
¿Hay algún museo en el que esté particularmente orgulloso de estar expuesto?
Pues aquí en México, en Museo de Arte Moderno, hay unos cuadros míos pequeños, pero no tan malos. Y también en muchas otras ciudades en Estados Unidos En la Biblioteca del Congreso, en Washington, hay varias cartas mías, porque yo escribo cartas. Escribía cartas ilustradas. Cuando todo mundo se carteaba, todavía iban a sacar un libro de todas las cartas. No de todas, de muchas. Y ha habido exposiciones de estas cartas. Son como cartas ilustradas o decoradas.
Maestro, para cerrar y agradecerle su tiempo, si pudiera escribir un mensaje en el cielo para que millones de personas lo vieran, ¿Qué diría ese mensaje?
¿Qué diría? No le pongan tanta sal a la comida, sean más amables, Traten de bajar los decibeles de sus motocicletas. Es lo que más me irrita cuando salgo a la calle. Las motos. No, digo, yo considero que es un artefacto muy útil, pero es muy molesto también este ruido. Creo que por eso me ha dañado mi. Ya no oigo tan bien como antes. Y antes íbamos a conciertos, escuchamos sinfonías de Beethoven, de Brahms, de. Bueno, de miles de compositores, y eso era algo. Era un gran regalo eso. Ahora yo. Casi no hay conciertos más que de rock, que también es medio molesto para los oídos. Hemos llegado como a un súper. A un súper ultra barroco del ruido y del sinsentido, de la violencia y de la. No me puedo imaginar cómo va a parar este mundo.
Pues yo creo que lo que usted ha hecho con su arte nos deja un mundo alterno al cual retirarnos.
Qué bueno, porque así maté dos pájaros de un tiro. Me divertí yo durante muchas décadas y además le di gusto a mucha gente.
Me considero afortunado de ser uno de ellos. Maestro, es un crack. Muchas gracias por recibirme en su casa. Bueno, vamos a poner todas las redes donde seguir la página del maestro, donde comprar su obra. Gracias a CAM Galería por ayudar a concretar esta entrevista y a usted, Maestro, por lo que ha hecho por nueve décadas y por permitirnos hoy pasar un ratito con usted. Muchas gracias.
El honor es mío que todavía a mi edad, a mi avanzada edad, todavía se ocupen de mí.
Somos unos privilegiados.
Y imagínate lo vanidoso que soy de que acepté no, ya, que flojera, me van a ver 17 mil millones de gentes. Y no sé, la vanidad también es una cosa muy, muy sutil, muy extraña. Muy excéntrica.
Muy excéntrica.
La vanidad es una excentricidad de la cual todos tenemos un poquito. Todos somos un poco vanidosos. Yo creo que sí, o pretendemos serlo. A veces ocultamos solo haya tres, cuatro, cuatro matrimonios.
Igual y es mucho amor el que necesitamos, ¿No?
Tres matrimonios son tres.
Ya le ando colgando un muertito más.
Pero eso fue un gran adelanto de la humanidad, digo, de la sociedad, el poder divorciarse, que uno podía casarse por chiste.
¿Se casó alguna vez por chiste?
Sí, por conveniencia. Porque yo sabía que esto iba a durar un año o dos, pero mientras iba a conocer muchas cosas nuevas, verlas desde un ángulo nuevo.
En fin, mucho que aprenderle, maestro.
Muchas gracias a ustedes, muchas gracias por su paciencia.
Gracias de verdad, maestro, por su generosidad. La pasé muy bien. Gracias de verdad. Muchas gracias por escuchar este episodio. Y antes de irme, no olvides que si quieres recibir un correo muy corto pero cargado de valor de mi parte, todos los días de lunes a viernes puedes registrarte para recibir Oso Traba Daily. Todos los días estaré compartiendo alguna noticia, alguna lección, alguna herramienta que pueden ayudarte a ti a mejorar tu negocio, a crecer tu empresa, a ser más productivo y a tener una vida más plena en general. Así que si no te quieres perder de esta información cargada de valor para ti, simplemente ve a Cracks, la diagonal correo, déjame tu mail y muy pronto voy a estar en tu inbox. Eso es todo por hoy. Yo soy Osotrava y espero que tengas una semana de Cracks. Este episodio es presentado por Hospital Ángeles Health System. Son muchos de mis invitados los que quieren vivir más de 100 años y para lograrlo debemos priorizar nuestra salud física y ciertamente nuestra salud mental. El Centro de Neurociencias de Hospital Ángeles Pedregal es el primer y único centro donde se brinda tratamiento al 100% de las enfermedades y padecimientos neurológicos. Es un centro de excelencia médica, parte de Hospital Ángeles Health System, enfocado en la atención, prevención y protección de la Salud. Cuenta con 71 especialistas médicos, así como con tecnología única en México para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades neurológicas como lo pueden el accidente cerebrovascular o ictus, la encefalopatía neonatal, la migraña, el Alzheimer y muchas otras. Si quieres conocer más sobre el Centro de Neurociencias de Hospital Ángeles Health System, visita Cracks La Ángeles. Este episodio es presentado por Legalario, la legal tech líder en México. En la era digital, la gestión de contratos no tiene por qué ser complicada. Con Legalario puedes transformar la manera en que manejas los acuerdos legales de tu empresa. Desde la creación y gestión de contratos electrónicos hasta la recolección de firmas digitales y la validación de identidades, Legalario es una solución integral que cumple rigurosamente con la legislación mexicana y las normativas internacionales. Con más de 7 años de experiencia en el mercado, Legalario ha ayudado a empresas de todos los tamaños y sectores a reducir costos y tiempos de gestión hasta en un 80 %. Y lo más importante es que garantiza la validez legal de cada proceso y la seguridad de tu información respaldada por certificaciones ISO 27001. Con su avanzada tecnología de inteligencia artificial, Legalario te permite convertir todos tus documentos en poderosas herramientas de datos. Solo imagínate poder extraer información precisa de actas constitutivas, contratos, IDS o estados de cuenta y así automatizar procesos complejos. Si tu empresa necesita recabar firmas electrónicas, validar identidades para procesos de KYC, realizar background checks o gestionar contratos de manera eficiente, Legalario es tu mejor aliado. Para ti que escuchas Cracks, legalario ofrece un 20 % de descuento visitando Cracks.
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