#24 Mariale Requena: ¿El duelo se supera o solo se aprende a vivir con él?
25 Sept 2024 · 69 min
In this episode of the "Yo Pude, Tú Puedes" podcast, hosts Margarita Pasos and Sophie Pasos interview Venezuelan journalist and former CNN anchor Mariale Requena. Mariale recounts the night her husband Ismael suffered a massive stroke while she was reporting live in Lima, Peru, and the frantic minutes when her teenage children, Miranda (18) and Andrés (21), tried to save him. She describes the 12‑hour flight back to Miami, the shock, denial, anger, and deep depression that followed, and how she eventually forced herself to work, pay bills, and care for her children despite feeling lifeless. The conversation moves through the classic stages of grief, the concept of post‑traumatic growth, and Mariale’s personal framework of three types of learners: those who learn from information, those who learn from painful experience, and those who never learn. She shares concrete advice on what NOT to say to someone grieving, the importance of saying "I love you" even when feelings are conflicted, and the role of faith and spiritual questioning. Mariale explains how she turned her pain into a therapeutic process: she sought therapy for herself and her children, wrote the book "Elijo Ser Feliz" and an audiobook "Aprender a vivir a pesar del duelo", and launched the podcast "El Hijo Ser Feliz" to help others navigate loss. Throughout, she emphasizes that grief never fully disappears; instead, one learns to live with it, grow from it, and choose happiness despite the lingering pain. Additional themes in this second half include organ donation as a purposeful legacy, converting grief into advocacy, a retreat in Mexico where she confronted her husband’s death, practiced forgiveness, and visualized cutting a symbolic cord, and her ongoing spiritual gratitude and openness to new love. She stresses that choosing happiness is a daily decision, that self‑compassion and purposeful action are essential for healing, and that sharing one’s story can help countless others.
Chapters
En este nuevo episodio de Yo Pude, Tú Puedes, Mariale Requena nos cuenta cuando siendo presentadora de CNN recibió la llamada que cambiaría su vida.
Estaba teniendo un derrame cerebral y empezó Miranda a pegar gritos y a decirme: mamá, no puedo, no puedo. Yo le decía: sí, sí puedes, vamos a seguir rezando. Fue muy duro, lo recuerdo, y es inevitable que no se le remueva todo. Resulta que ellos tuvieron que enfrentar eso solos, tratar de salvarle la vida a su papá.
Mi compañero de casi 26 años de vida nos hablará de cómo ella ha elegido ser feliz, y es posible.
Crecer alrededor del dolor. Oblígate a hacer el trabajo, obligarte a pararte aquí, obligarte a hacer lo que tengas que hacer para tratar de mejorar la situación.
Claro, la angustia, la impotencia, el dolor.
De hecho, en tu libro vos hablás sobre cómo sanar y las actitudes que podemos tener ante desafíos y duelos.
Hice un trabajo muy fuerte porque se te quitan las ganas de vivir. En algún momento dije, pero estoy viva, entonces, ¿cómo quiero vivir mi vida? Dios mío, yo quiero volver a sentir paz, quiero volver a sonreír desde el corazón.
Que decirle a una persona que está en un duelo? Dinos, Mariale. Elijo ser feliz con Mariale Requena en este episodio de Yo Pude, Tú Puedes. ¿Quieres empezar un negocio? ¿Quieres crecer tu negocio o vender tu negocio? Te invito a que visites nuestra página www.pasosalexito.com. Ahí vas a encontrar muchos recursos y te vamos a llevar de la mano para que logres tus metas. www.pasosalexito.com. Bueno, mi gente, hoy tengo como siempre una persona hiper mega especial que nos va a tocar el corazón. Prepárense para llorar, traigan los kleenex. Pero ella es una mega periodista venezolana, ganadora de 2 premios Emmy, trabajó en CNN, hoy en día está encargada de las noticias de Canela Streaming, y además mamá y una persona con un corazón enorme. Mariale Raquena, bienvenida Mariale, ¿cómo estás?
Gracias, gracias Margarita, Sophie, encantada de estar acá con ustedes. Además me encanta eso, les cuento, los que Pues quieren saber quizás un poquito detrás cámara. De verdad que es muy lindo cuando le dices, mamá, ¿qué tal cosa? Mamá, recuerda el micrófono. Mamá, ay, Dios mío, qué belleza. Porque tengo una hija además, Miranda, ya tiene 18 años, Andrés tiene 21, y somos muy como muy pegadas también. Pero no me imagino haciendo en algún momento un podcast así. Debe ser lindo. Y además, ¿ustedes trabajar mamá e hija como es? Yo aprovecho para preguntarles de una vez porque ahí me sale mi vena periodística.
Tiene sus cosas muy buenas, que pasamos un montón de tiempo juntas, o sea, no solo como mamá e hija, sino como colaboradoras.
Claro.
Tiene obviamente sus challenges.
¿Cuáles son? Yo quiero oír, yo quiero oír cuáles son los challenges.
Bueno, a ver, o sea, cuando tu mamá también es tu jefa, sabes, hay como blur lines, o sea, tal vez como que con un jefe hay más, no quiero decir que no hay respeto entre nosotras, pero hay más confianza.
Quizás cuando es tu jefe, en cambio acá no.
Exacto, hay más confianza como para que sea un—
Que a veces le tengo que decir Sophie, no. Me voy a ir temprano. No, no, no, no, no.
Pero sí vi que vos entrevistaste a tu hijo en tu podcast.
Sí, entrevisté a los dos, a Miranda y Andrés, porque claro, y de hecho fue el primer episodio de mi podcast El Hijo Ser Feliz, porque nosotros pasamos por mucho, pasamos por un, ellos en especial, por un trauma terrible cuando perdimos a su papá, a mi esposo. Y de hecho ese episodio se llama Sanar en Familia, que es algo muy difícil de hacer individualmente, sanar después de un duelo. Hay varios tipos de duelo, yo siempre hablo, y me di cuenta fue después que viví el peor de todos, que es la pérdida de un ser querido. Y eso fue muy duro para los tres. En aquel momento yo estaba trabajando con CNN en Café CNN en las mañanas, el programa de la mañana, luego pasé a la noche, pero en ese momento era muy tempranito, estábamos ya listos para ir al aire, eran las 5 de la mañana.
Estabas en Lima, Perú.
En Lima, Perú, trabajando con, haciendo la Cumbre de las Américas con CNN, y ellos estaban en casa con papá. Papá era piloto en Miami, sí, aquí en Miami. Entonces pues bueno, Andrés tenía en ese momento, recién acaba de cumplir los 15 años, tenía una semana apenas de cumplir 15 años. Miranda tenía 12, súper chiquitos. Sí, sí, estaban además en una etapa cuando están comenzando, también están pequeños pero están comenzando la adolescencia, y Andrés estaba en la adolescencia. Ya de por sí una época complicada, sí. Y yo estaba así, en frente de los micrófonos, ya con, bueno, en frente de los micrófonos no, tenía, estaba conectada con el micrófono porque es distinto, por supuesto, en televisión. Tenía el chícharo, el IFB, como le decimos acá, pues el apuntador, el apuntador, y maquillada, revisando las notas en la computadora. Recuerdo que eran las 4:37 minutos de la mañana de Lima, 5:37 de Miami. Y se ilumina la pantalla de mi teléfono a esa hora, cosa que no era extraño porque la productora del programa estaba en Atlanta, la sede principal de CNN estaba en Atlanta, y podía comunicarse conmigo en cualquier momento a través del teléfono o un chat que teníamos de producción. Pero era mi hija. Y cuando veo que se ilumina la pantalla y dice Miranda, enseguida pensé, dije, es muy temprano para que ella vaya a la escuela, ¿qué hace despierta? Y claro, cuando agarro el teléfono decía, era, pa, se cayó. Se cayó y no se puede levantar. Tratamos de ayudarlo y ya después el siguiente texto era: ya no le entendemos. Estaba teniendo un derrame cerebral y yo estaba miles de kilómetros de distancia de mis hijos. Una de las cosas, y tú lo sabes, Margarita, cuando uno es mamá uno trata de proteger a sus hijos lo más que pueda, sobre todo de un dolor. Pues cuando se trata de un dolor tan grande mucho más todavía. Y resulta que ellos tuvieron que enfrentar eso solos, tratar de salvarle la vida a su papá. Sí, todavía de verdad lo recuerdo, y es inevitable que no se le remueva todo, claro, la angustia, la impotencia, el dolor. Es que, a ver, cuando yo tuve, porque pues bueno, yo volé inmediatamente de regreso a Miami, fueron las 12 horas más largas de mi vida. Ese estar en el aeropuerto esperar a ver si conseguía un pasaje primero, luego poderme montar en el avión, vuelo larguísimo hasta Miami.
Pero retrocedamos un poquito. Cuando tu hija te dice esto, ¿tú te das cuenta que es grave? O sea, ¿ya han llamado al 911?
Sabes que cuando ella me dice esto, yo inmediatamente, por supuesto, me levanto de la silla. Yo tenía el productor enfrente y yo me levanto de la silla, rodo la silla inmediatamente y la llamo, la llamo. Llamo primero a mi hijo. Mentira, yo llamo primero a mi hijo porque era el mayor. Sí, lo llamo, no me contesta el teléfono. La llamo a ella y yo le digo, le pregunté inmediatamente, ¿tu hermano? Y me dice, está con el 911 al teléfono. Ellos reaccionaron dentro de todo muy, muy rápido. Le digo, ¿y tú dónde estás? Y me dice, estoy aquí con papi, tengo a papi entre los brazos. Me dice, trataba de tenerlo de medio lado para evitar que le pudiera dar como un tipo de convulsión. Y le digo que voy a trancar un minutito nada más, ya te llamo. Que dice tranquilo, yo estoy pendiente, yo regreso a Miami. Qué bueno que tu hermano ya está con 911, están haciendo todo lo que tienen que hacer para ayudar a Pa. Yo le decía Pa, le decimos todavía porque no importa el tiempo que pase, igual él sigue siendo parte de nuestras vidas. Pero tenía que llamar a mi hermano que vivía, gracias a Dios, relativamente cerca de la casa. Llamo a mi hermano, no me contesta. Claro, eran las 5:30 de la mañana en Miami.
Está dormido.
Está. Llamo a mi cuñada y qué bueno que sí me contesta. Y claro, ella me contesta de lo más: hola, cuñis, ¿cómo estáis? Así se estaba levantando. Le digo: necesito que se vayan ya para la casa. A Ismael le está dando algo y están solos Andrés y Miranda. Le digo, en realidad muy venezolano, digo: los chamos están con él solo, por favor vayan ya. Me dice: no te preocupes, tranquila, ya yo le digo a Carlos y vamos para allá. Entonces, claro, yo vuelvo a llamar a Miranda, le pregunto: ¿tu hermano? Y me dice: sigue con rescue al teléfono. Aparentemente, más sobre todo cuando son menores de edad, los mantienen en el teléfono hasta que llega, para mantenerlos calmados. Sí, yo creo que de alguna forma, porque es que es muy difícil estar en una situación así, y no solamente para unos jovencitos, para unos niños, es para cualquier persona, para un adulto tiene que ser una situación muy dura.
Puedes entrar en pánico.
Es que pueden pasar tantas cosas, y qué bonito que de verdad ellos dentro de todo mantuvieron la calma. No sé ni cómo, pero yo recuerdo que yo llamo a Miranda, me dice que está todavía con el rescue, y yo le digo que bueno, vamos a rezar, vamos a orar. Y me dice: no, mami, no puedo. Yo: sí, mi vida, sí puedes, porque además papá Dios nos va a escuchar. Vamos a rezar para que papi esté bien, para que se mejore. Yo a este punto, y cuando ellos me dijeron que ya no le entendían lo que decía, que había sido un derrame. Es un derrame lo que está pasando. Y mirándome dice: no, no, mamá, es que no puedo rezar porque lo tengo entre mis brazos, tengo papá agarrado. Y le dije: mejor. Claro, hasta ese momento yo tenía 12 añitos y ella todavía rezaba con las manitos juntas porque así le había enseñado desde pequeña. Y comenzamos a orar. Y yo recuerdo que yo veía aquel cielo de Lima todavía oscuro, pero estaba enfrente de la plaza de la municipalidad, desde donde transmitíamos para CNN. Habíamos hecho eso durante durante todos esos días que habíamos estado allí. Y se veía tan hermosa la plaza de la municipalidad, bellísima, con las flores, los faroles. Me recuerdo hasta un perro deambulando, porque era, era pues 4:30 y tanto de la mañana, 4:40 y tanto ya, mejor dicho, para ese momento. Y no había gente en la calle, no había, había muy, muy poca gente por allí, un cielo estrellado. Y yo recuerdo comenzar a orar con Miranda Y por supuesto se me llenan los ojos de lágrimas, como están a punto de hacerlo ahorita, porque me traslado ese momento y le pedía tanto a Dios, claro, tanto a Dios. Y Miranda rezaba conmigo, pero de repente empecé a escuchar como unos ronquidos, un tipo de ronquido muy fuerte, y empezó Miranda a pegar gritos y a decirme: mamá, no puedo, no puedo. Yo le decía: sí, sí puedes, vamos a seguir rezando. Diosito nos va a ayudar. Y gritaba y gritaba más fuerte. Lo que me decía era entre inglés y español, porque habla los dos idiomas. Me decía: me está pateando, me está pateando, mamá, no puedo, no puedo, me está pateando. Tenía otra convulsión, estaba teniendo otra convulsión. Entonces te podrás imaginar, estando yo en Lima y mis hijos solos viviendo y viendo lo que estaba pasando con su papá. Fue muy duro. Quería no solamente estar allí por él, por mi esposo, mi compañero de casi 26 años de vida. ¿Cuántos años tienes tú?
27.
Bueno, imagínate, es como toda tu vida haber estado con una persona toda una vida y que mis hijos estuvieran viviendo eso. Estaba trabajando y ojo, yo nunca me sentí culpable por no haber estado allí, así lo decidió Dios, pero eso fue algo que yo le cuestioné mucho. No solamente yo tuve un conflicto con la fe, no solamente porque él se haya ido. Muchas personas dicen, bueno, mira, era su tiempo, le tocaba, porque te dicen muchas cosas cuando pasa algo así.
Y además que él estaba saludable, pues fue completamente saludable.
Sí, fue tan irónico todo lo que sucedió que él— esto sucedió un jueves. El lunes él se había hecho un chequeo completo con el médico, había hecho un chequeo general porque además era piloto y se había tenido como unos dolores de cabeza un par de semanas, un par de semanas antes se había sentido un poco mal. Pero ese lunes que fue al médico estaba perfecto, la tensión perfecta, todo estaba bien, se hizo exámenes de sangre. Recuerdo que el martes él me deja un mensaje diciéndome que ya le habían llegado los exámenes, que lo llamado el médico, que todo estaba perfecto, que se podía hacer era el scan como parte del chequeo que enviaban, pero le hicieron el electrocardiograma, todo, y estaba perfecto.
Esto es 48 horas antes, y él era piloto comercial, piloto comercial, pero en realidad todo lo daba privado.
Él estuvo mucho tiempo con DHL, pero ya para ese tiempo, que es de carga, pero ya para ese tiempo estuvo volando un buen rato para una compañía privada. Pero estaba él, era un hombre que se cuidaba, no era un hombre que fumaba, era un hombre que tomaba bebidas alcohólicas social, ya en un tiempo que está en la adolescencia o un poco más grandecito tomaba un poco más, pero ya no, ya estábamos hablando de un hombre de 50 años, jovencísimo, joven, joven.
Yo tengo 51 y me siento de 30, o sea, estás empezando la vida.
Claro, yo voy a cumplir 50 ya también, y pensar que esto sucedió cerca de la edad que tengo Dije: no puede ser. Y todavía yo ahora lo pienso y es muy extraño, pero todo había estado perfecto, o él se sentía bien. Yo hablé con él el miércoles en la noche, recuerdo como hasta las 11:30 de Lima, aproximadamente 11:00, 11:30, donde le dije: mira, ya acá son las 11:30. Mentira, eran 11:30 de Miami, 10:30 de Lima. Le digo: ya acá son las 10:30, sé que en Miami todavía son las 11:30, pero yo me tengo que despertar a las 2 de la mañana, así que me toca dormir. Pero hablamos, estábamos, estaba perfecto. No tenía dolor de cabeza, no tenía nada que pudiera indicar lo que sucedió después.
Mirando para atrás, ¿no te dijo algo? Te pregunto porque cuando mi hermana— mi hermana murió en un accidente y ella no era de palabras cariñosas. Y la última vez que hablé con ella me dijo dos veces: te quiero mucho, te quiero mucho. Mirando para atrás, ¿no hubo nada en esa conversación que tú digas no?
Fíjate que no. Me habló de su mamá, de una discusión que había tenido con su mamá. ¿Sabes qué es lo que pasa, Margarita? Que tú lo acabas de comentar, que tu hermana no era especialmente cariñosa. Sí, pero nosotros, aunque no éramos el tipo de pareja que estábamos como que todo el tiempo juntos y agarrándonos y tocándonos, y ese melao que a muchos les gusta, a mí realmente no es que me encanta, pero no éramos ese tipo de pareja, pero sí éramos los que nos decíamos te quiero, te amo.
Qué bien, siempre, qué bien, siempre, muy importante, muy importante. Uno nunca sabe cuál es la última oportunidad que tienes. Asimismo, pero no irse a dormir enojado, siempre decir te quiero, verdad, importantísimo mensaje.
Siempre le digo love you a mis papás antes de colgar. Solo por si acaso.
Es que sabes qué, es que es importantísimo. Yo también, yo con mis hijos todo el tiempo es I love you, Dios te bendiga, I love you, Dios te bendiga. De hecho, mi hija el otro día me dice, mamá, yo cada vez que te veo, así que acabo de colgar contigo, te vuelvo a llamar a los 5 minutos y te tengo que decir más bendición. Y yo, sí. Y te tengo que decir I love you. Sí. Entonces claro, ya es como una costumbre entre nosotros. Y te voy a decir una cosa, es impresionante, uno puede aprender con los golpes de la vida. Yo digo que hay 3 tipos de personas, y esto es parte de lo que hablo también en mi podcast El Hijo Ser Feliz, en la conferencia, 3 tipos de personas. Está el que aprende por información, por libros, por podcast, porque las escucha ustedes y busca aprender y quedarse con algo porque los ayuda a reflexionar un poco sobre sus propias vidas y decir, oh, mira, sabes qué, quizás puedo cambiar algunas cosas para estar mejor. Está el segundo tipo de personas, que lamentablemente yo estuve allí, que son los que aprenden por lección, por los golpes que te da la vida. Y está el tercer grupo de personas, que es el que yo digo que no aprende nada nunca, ni que pase lo que pase. Cabeza dura, que cree que siempre tiene la razón, que no son capaces de reflexionar. Pero fíjate, yo comencé a no irme de casa sin dar un beso o sin decir el I love you cuando empezaron las manifestaciones en Venezuela, hace muchos años, hace mucho tiempo. Eso fue antes de que se muriera Ismael. Nosotros vivimos en Venezuela y las manifestaciones, yo recuerdo fue de las primeras. Inclusive yo llegué a ir a una embarazada de Andrés, que ya tiene 21 años, así que pues pueden sacar las cuentas más o menos de hace cuánto está Venezuela manifestando. Quizás antes era menos y luego fue empeorando la situación, pero yo recuerdo una vez, esto fue 2007, yo me vine a vivir a Miami, nos vinimos a vivir a Miami en 2010, pero en 2007 con el cierre de Radio Caracas Televisión, el primer canal de televisión de Venezuela, Hugo Chávez decidió retirarle la concesión, cerrar el canal, y hubo protestas. Yo recuerdo que durante una de esas protestas, o eso sí, ya habíamos acordado, porque ya habían comenzado a ver la represión. Yo estuve con el 11 de abril en una protesta que lamentablemente hubo muertos o heridos. Y ya después de ese momento habíamos acordado que no marchábamos juntos, mi esposo y yo. O marchaba él o marchaba yo, pero los dos juntos no, porque si pasaba algo, alguien tenía que quedarse con los niños. Y desde ese momento, yo cada vez que salía a una manifestación, por ejemplo esta de 2007 cuando el cierre de Radio Caracas, que casi siempre salía yo y él se quedaba, o se quedaban con mi mamá si él estaba trabajando, yo siempre decía el I love you y les daba un beso. De hecho, a veces cuando salía corriendo porque tenía que ir, mire qué tal, me vinieron a buscar, ya chau, adiós, y me montaba en el carro y decía no, ya va, un momento, me regresaba les daba un beso a mis hijos y les decía "I love you" y ese "Dios te bendiga". Entonces yo creo que uno tiene que aprender y tiene que reflexionar. En mi caso, hasta aquel momento no era porque nos había pasado nada a nosotros, sino porque vi cómo lamentablemente fallecían personas que a lo mejor habían salido de su casa sin ese abrazo, sin ese beso, y era algo que podía quedar después. Sin ese perdón o perdóname, por ejemplo, el tratar de arreglar las cosas y no quedarse con lo que toca decir y irse a la cama a dormir, que ojo, reconocemos que se dice fácil, no es fácil.
Y porque creemos que todo el mundo que tú quieres es eterno. Pero aquí hay una lección súper grande, Mariale, de tantas que tú nos das, y es que, digamos, en un enfrentamiento político que uno piensa puede pasar algo y no pasó nada, y a veces cuando estás en tu casa sentado tranquilo te puede pasar algo. Entonces sí, todo momento es importante.
La verdad es que Lo acabas de comentar, Margarita. Uno piensa siempre haber tiempo para, creemos que estamos en control y es mentira, es mentira. Tú puedes tener ciertas cosas en control de tu vida, por ejemplo, puedes controlar cómo reaccionas a algo que sucede. Por eso mi libro se llama Elijo Ser Feliz, porque tanto mis hijos como yo pasamos por una oscuridad muy grande y te puedes ir a personas que han perdido seres queridos, y me dicen: no, bueno, pero qué bien que tú tienes a tus hijos, tenías a tus hijos, y eso ayuda. Sí ayuda para obligarte a pensar, y yo me obligaba mucho, yo me obligaba a pararme de la cama, me obligaba a tener que ir a trabajar, tenía que pagar cuentas, tenía una cantidad de cosas por hacer, estar allí por mis hijos. Pero la realidad es que hasta las ganas de vivir se te quitan.
Ojo, es que un ser querido no reemplaza a otro.
No, jamás.
Yo he visto gente en salas de velación diciendo: ay, pero tienes otros 3 hijos. Pérame, se vale sufrir por el que se fue y nadie reemplaza a otro.
Y te voy a decir, inclusive ya después que ha pasado un tiempo, en mi caso, para los que no lo saben, yo pasé pues esto que fue terrible, hice un trabajo muy fuerte para tratar de sanar, porque me di cuenta en algún punto, de verdad, porque se te quitan las ganas de vivir. En algún momento dije, pero estoy viva, entonces, ¿cómo quiero vivir mi vida? Quiero vivirla de verdad o vivir desde la tristeza y desde este dolor, ir como muerto en vida. Entonces comencé un proceso muy fuerte de sanar para tratar de estar mejor y recuperar la paz, porque yo había perdido la paz por completo. Y eso es lo peor que te puede pasar, lo peor que le puede pasar a cualquier ser humano, perder la paz. Eso es espantoso, perder la paz y la tranquilidad. Y decía: Dios mío, yo quiero volver a sentir paz, quiero volver a sonreír desde el corazón. Porque todo lo que yo hacía en ese momento, y trabajaba en televisión, y aunque eran noticias, volver a las noticias fue muy duro, pero todo lo que yo sonreía era de mentira. Eras una actriz, era una actriz, y era la mejor actriz. Yo decía, Dios mío, no. Y lo hablé con otras personas que han perdido a seres queridos, a sus esposos, esposas, hijos, hijos. Y yo recuerdo que en un momento hablando con una de estas mamás que había perdido un hijo Porque decía, no, bueno, en algún momento me dijeron, bueno, pero tienen otro porque lo perdió, él tenía 3 añitos cuando falleció su hijo. Y le dijeron, pero tengo otro y ya tú vas a ver. No se reemplaza a nadie, a nadie. Y no se reemplaza a mi primer esposo Ismael porque me volví a casar. No, esa persona siempre va a ser amada. Siempre importa los años que pasen y siempre va a doler. De hecho, el otro día me pasó, Ismael se cumplía otro año que había fallecido y estuve en un programa. Y ese día, pues bueno, uno está como revuelto cuando se cumplen un nuevo año de su partida y estaba como bastante emocional. Y sí, se me salieron las lágrimas durante la entrevista. Y cuando recuerdo y hablo de mis hijos, como ahora acaba de pasar, pues es normal porque uno conecta con ese dolor. El dolor no se va. Y se lo expliqué a él el otro día, porque cuando estamos viendo este programa, ya después me dice: y pero todavía te pega y te pega duro. Y le dije: mi vida, el dolor nunca se va, el dolor está allí. Uno aprende a vivir con el dolor y es posible crecer alrededor del dolor. Eso es lo que cuando te hablan, sé que se comenta mucho y se habla mucho de la resiliencia, pero el crecimiento postraumático me parece que es todavía aún mayor. Es lo que te demuestra qué puedes hacer como persona, porque normalmente la resiliencia es la capacidad de volver a ti después de un evento traumático, después de algo que pasó. Pero cuando logras tener ese crecimiento postraumático, que ser una mejor versión de ti después que pasa algo tan terrible que amenaza de verdad con destruir todo lo que eres, tú dices, mira, en mi caso yo digo, gracias a Dios que lo pude lograr. Me reconcilié con Dios, por supuesto, en todo ese proceso comencé a agradecer. Y yo creo que eso es parte fundamental de sanar, es agradecer los años que tuve con él.
De hecho, en tu libro vos hablás sobre cómo sanar, ¿no? Sí, sí. Me parece súper lindo que lo transformaste como en algo para ayudar a otras personas con el duelo.
Porque, ¿sabes qué? Cuando yo, a ver, yo no hice el libro, yo no comencé a escribir con la finalidad de hacer un libro. Yo comencé a escribir porque entre tanto que busqué en aquel momento para sanar, yo recuerdo una muy amiga compañera de trabajo de CNN, la doctora Marisa Zaret, ella es psicóloga infantil pediátrico, pero claro, además no puedo tratar ni a mis hijos ni a mí porque podía haber un conflicto de intereses porque hay una amistad de por medio además. Pero recuerdo que un día teníamos como un lugar donde uno iba a tomar café o calentabas algo de comida, te sentabas a comer, ella estaba allí tomándose un café Y yo entro, mientras que estaba de guardia en CNN, me sirvo también algo de un té, me siento con ella y me dice: ¿Cómo vas? Y pues por supuesto, cuando es con una amiga, y hay personas que logran hacer ese detonante, sueltas, te sueltas, y empecé a llorar. Y le digo, ya había pasado como un año y medio, cerca de un año y medio de la muerte de Ismael. Y llorándome, le quedo mirando, le digo: Doctora, ¿hasta cuándo? Le digo todavía doctora, ella es mi gran amiga, pero le digo: Doctora, digo, doctora, ¿hasta cuándo voy a llorar? Yo estoy cansada de llorar todos los días, ya. Y me dijo: María, eso no es un switch, eso no es un on-off, ya está, desiste de dejar de llorar.
Y no, dice: hay un proceso. Porque hay gente que seguro te lo pregunta a ti también, ¿no? Mira, los 48 meses y medio, no, cada proceso es distinto, todo el mundo es diferente.
¿Sabes que el otro día le pregunté eso en el podcast a un psicólogo, y me dice, cualquier proceso para sanar y comenzar, por ejemplo, una nueva relación, estamos hablando también de la infidelidad y del perdón y todo esto, de seguir adelante. Él dice, son 2 años en cualquier tipo de duelo. Y yo me le quedo mirando y le digo, no es tan fácil, porque hay personas que pasan toda su vida viviendo desde ese dolor, desde ese duelo. Lo más difícil, fíjate que a mí cuando me preguntan, yo digo, no es que el tiempo ayuda, es lo que haces en ese tiempo para sanar. Es el trabajo que haces para sanar. Porque yo conozco, he tenido la oportunidad de ahora con todo esto hablar con muchas personas, y hay quienes han pasado años, 20 años. El otro día también estaba hablando con una, por cierto, que si no me equivoco fue, mi esposo falleció hace 27 años y yo lo vivo como si hubiese sido ayer.
Ay, no, sí, es una vida también.
Y tú dices, Dios mío, no, vivir de esa tristeza, de ese dolor, desde esa oscuridad, porque es una oscuridad.
Bueno, porque hay que soltar. Si ella no ha soltado a su marido en 27 años, sí, tienes que tomar pasos difíciles para get over it, let them go, o sea, dejarlos ir.
Tú sabes que es muy difícil hacerlo. Y yo recuerdo que le decía, por ejemplo, a la mamá de Ismael, le decía mucho, le decía: tienes que dejarlo ir, tienes que dejarlo ir. Pero saben qué, yo misma no estaba haciendo ese trabajo. Yo decía que sí, pero mentira, yo estaba aferrada a él. Todos los días de mi vida estaba aferrada a él durante mucho, y lo hice por mucho tiempo. Hasta que hay una palabra que yo repito también en mi conferencia y lo digo mucho, y sé que tiene una connotación negativa porque cuando uno habla de obligar generalmente tiene una connotación negativa, pero en mi caso, cuando ese obligar te lleva es algo positivo, te obligas a hacer el trabajo así no quieras. Qué quiero decir con esto, les voy a poner un ejemplo muy sencillo que yo lo comento, por ejemplo, en mi libro. Yo recuerdo que a mí me decía mi hermano, me dijo en algún momento, Mari, pero ven a la casa y pasamos un rato y pues hacemos un barbecue, un asado, una parrilla como le decimos nosotros, y compartimos un ratito y sales de la casa. Y yo salía solo para trabajar o al supermercado.
No te provoca, ¿verdad?
Y decía, no quiero, no quiero. Y en ese momento recuerdo que pensé y dije, voy a ir. Me tengo que obligar, así no quiera, me tengo que obligar a ir. Y qué pasó al ir allá, bueno, pues por supuesto uno trata de poner su mejor cara aunque tiene sus ojos así hinchados. Yo recuerdo cuando yo critiqué siempre a la gente que estaba, por ejemplo, en supermercados o en algún lugar con lentes oscuros, con gafas oscuras, y decía: ya está ridículo o está ridícula, se quita, se ve así, se ve mejor sin las gafas. Mentira, a veces no sabes lo que está pasando esa persona.
Cara de emocorazones, no sabemos.
Yo tuve que ocultar muchas veces detrás de gafas oscuras mis ojos hinchados de tanto llorar, o las lágrimas, porque en ese momento pues sencillamente algún recuerdo, algo, ver a una pareja caminando de manos o ver una familia de 4 me hacía llorar. Entonces trataba de esconder mis lágrimas siempre, y en aquel momento trataba de esconder más o menos cómo me sentía, compartiendo un poco con la familia. Y recuerdo que pasó algo increíble, que eran mis hijos jugando con mis sobrinos, riendo en ese barbecue, riendo a carcajadas. Estaban jugando algo.
¿Había pasado mucho tiempo de Desmael?
No, no, había pasado poco tiempo. Por eso te digo que toca obligarse. Fue como la primera vez, como unos 15 días, quizás poco tiempo. Y esa fue la primera vez que cuando Al escucharlos reír, yo sonreí. No te puedo decir que estaba riendo desde el corazón, pero sonreí porque me pareció algo bonito. Era lo primero que estaba escuchando que me daba un poquito de luz, que decía que no todo es tan negro, tan oscuro, todo está perdido, todo está perdido. O sea, mira, escucha qué bonito. El problema es que cuando, y esto lo dice, lo dice también la doctora Sarett, cuando uno está en un proceso, ojo, no tiene que ser solamente de la muerte de un ser querido. Cuando estás en un proceso que perdiste tu trabajo, que te despidieron, Yo lo pasé, a mí me despidieron dos veces. Eso es un duelo, es un duelo terrible. Cuando te tienes que ir de tu país, a mí me tocó también, y para mí fue un duelo. Lamentablemente uno tiende, o una ruptura de una relación, te dejan o te engañaron, una decepción, uno se enfoca como cual binoculares en lo malo.
Estás en visión de túnel, exactamente, solo ves la oscuridad, solo ves la oscuridad.
Si uno logra abrir un poquito eso, pero para abrir un poquito de eso es que te tienes que obligar a abrir lo, porque no siempre quieres, te estás enfocado solamente en lo malo que está pasando en tu vida. Entonces yo, al obligarme a ir a casa de mi hermano, me recordó esas sonrisas, ese reír de mis hijos y de mis sobrinos, y decía, es algo, un momento bonito. Y trataba de hacer eso que le llaman mental pictures, sabes, de captar ese momento y quedarlo, que se quedara conmigo para esos momentos terribles de mucha oscuridad. Salir a caminar Porque mi hija comenzó a dormir conmigo y yo no quería llorar con ella allí. Entonces yo me encerraba, mis momentos para llorar eran en el carro, en mi baño, y cuando salía a caminar a veces antes de amanecer. Y recuerdo este día, fue también, había pasado cerca de un mes quizás, y salgo a caminar desesperada como para tratar de drenar, y lloraba y lloraba y trataba de drenar. Y uno escucha música además, porque uno así escucha música, que sea peor para ti, que es peor la música que te recuerda.
A él, no, grave.
Claro, grave. Yo recuerdo que mi hija en un momento me dijo, y eso más adelante, con un buen tiempo después, me decía: mamá, cambia la música, cambia la música. Y es verdad, sí, hay que escuchar también a los demás y lo que te puedan decir. Hay quienes te dicen, te dan consejos que no, no. De hecho, yo hablo un poco en mi libro, y luego hice un audiolibro que dice lo que no debes decir en momentos como este.
Esa joven linda te vas a conseguir otro.
No, es que no se trata de reemplazar a No, señor.
O no, mira, es que fueron tantas cosas, recuerdo. Pero ojo, a este en el momento me molestó mucho.
A ver, exacto, ¿qué no decirle a una persona que está en un duelo, Dino, Mariana?
Bueno, eso, por ejemplo, bueno, le voy a decir una cosa. Hay algo que yo sé que es normal que puedan decir, pero en ese momento uno no se siente de esa manera, y es: tú eres fuerte, ya tú vas a ver que dentro de nada vas a estar bien. En ese momento tú no te sientes fuerte. Tú estás sacando fuerzas de donde no tienes, porque de verdad no tienes para nada más levantarte de tu cama, porque no quieres levantarte de tu cama, no tienes fuerza para nada. Eso, el tú eres bella, eres joven, te vas a conseguir a alguien, ya tú vas a ver, eso sí, nada que ver, nada que ver, no, no, eso no se hace. O yo sé, y esto es algo que tendemos a hacer, es un error común, yo sé lo que estás viviendo, yo sé lo que estás pasando, Si tú no has pasado por algo así, no sabes, y te arriesgas a ver. Yo trataba de ser dentro de todo lo más amable posible porque entendía por qué lo hacía, con una buena intención, pero por dentro pensaba: no sabes, no sabes un carajo, cállate. Es lo que provoca decirle, sabes. Recuerdo una amiga que me dijo, y eso me lo dijeron varias personas, pero esta amiga, y como tenemos la confianza Creo que fue peor, pobre. Me dice: Mariale, yo sé lo que tú estás pasando, yo lo sé, porque cuando yo me divorcié me sentí así. Yo no, a ella se le dice no, tus hijos tienen a su papá, tus hijos no vivieron un trauma espantoso de ver morir a su papá y tratar de salvarle la vida. Entonces no, pero en aquel momento yo estaba, no era, no era para, a ver, no era ni el tiempo ni el momento para decir algo así, aunque que ya mucho después, y cuando comencé a escribir por drenar, para tratar de drenar un poco todo eso que tenía dentro, porque esta amiga me decía: tienes mucho adentro, tienes que sacarlo.
Ah, por eso empezaste a escribir, como terapeuta.
Por eso empecé a escribir, y luego las personas me empezaron a ver de una manera diferente después de yo haber hecho un trabajo bien grande. Me decían: Marielle, ¿cómo lo hiciste? ¿Cómo comenzaste a recuperar el bio en la mirada? Pero cuando comienzo ya después a escribir el libro, Y digo que yo voy a transformar esto en un libro porque creo que puede ayudar. Si ayuda a una persona, pues maravilloso. Y por eso comienzo a escribir. Y yo recuerdo que en este proceso me di cuenta que yo he vivido muchos duelos, pero no sabía en aquel momento, no sabía que era un duelo, no tenía la palabra para describir lo que es.
Explicarle a la gente qué es un duelo.
Un duelo es pues, por supuesto, esa sensación que tienes, es ese dolor, es esa emoción de te llena de miedo e incertidumbre. Es lamentablemente darte cuenta que todo lo que conocías hasta ese momento ya no está, y ese futuro que te habías imaginado, pues lamentablemente, o que habías planificado, no está tampoco de la forma que tú lo habías planificado.
Sí.
Y cuando comienzas a sanar, te das cuenta que todo esto que te pasó, y dependiendo cómo tú lo enfrentes, como afrontes sobre todo esto que estás sintiendo. Tienes que tener paciencia contigo, eso sí, tienes que ser empático contigo, tienes que quererte un poquito y permitirte esos momentos de conectar con el dolor, porque no hay atajos para sanar. La única manera de sanar es atravesando el dolor.
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Entonces tienes que permitirte eso para luego comenzar este proceso de sanar, de transformarte.
María, mucha gente lo evita con pastillas, con alcohol, comiendo mucho.
Les voy a decir una cosa, como tratan de anestesiar el dolor Yo lo hice con el alcohol, y yo recuerdo que yo decía: esto no está bien. Yo tomaba todos los días como una manera de anestesiar el dolor, claro. Pero sabes qué, es mentira.
Claro, no sanas.
No, no solamente que no sanas, sino que cuando estás en ese peor punto del alcohol es cuando más te derrumbas. Es cuando lloras y te puedes caer en esta depresión, y en realidad no te está ayudando nada, porque cuando abres los ojos al día siguiente, o a la hora después de dormir un poquito, porque yo por supuesto dejé de dormir también, el dolor está allí, no se ha ido. Que es lo mismo que pasa con las drogas, el dolor está allí, no se ha ido, el problema está allí, no se ha ido. Entonces yo sí recuerdo que dentro de aquello, de todos esos días Yo llegué a un momento donde decía, porque confieso que podían ser las 10 de la mañana y yo quería agarrar y sacar la botella y comenzar a tomar. Porque yo no quiero sentir esto, porque no quiero sentir esto, porque esto tiene que ser una pesadilla espantosa y me quiero desaparecer del mundo.
Yo tuve, no, no lo mismo que tú, pero tuve depresión, ataques de pánico, y eso es lo que uno quiere, desaparecerse. Por eso cuando dijiste perdí la paz, para mí lo peor que le puede pasa a un ser humano es perder la paz.
Es horrible, es horrible, es espantoso. Y por eso es tan importante obligarte a hacer el trabajo para sanar. Y yo recuerdo que yo veía cuando, por ejemplo, estaba tomando, y decía: yo no puedo seguir así. Yo sabía, yo estaba convencida que no podía seguir así, pero también dijo que ya va, que vamos poco a poco. Entonces recordé que decía: ok, lunes, lunes no voy a tomar, no voy a tomar. Lo que pasó el lunes, martes no voy a tomar,.
Un día a la vez, un día a la vez.
Eso era otra cosa que me decían: un día a la vez, ya tú vas a ver que vas a estar mejor. Y yo recuerdo que yo pensaba y decía: es un minuto a la vez. Sí, no es un día a la vez, es tan duro que es un minuto. Así es que no me puedo ni imaginar, porque no puedes, no puedes con esa oscuridad. Es como yo trato de explicarle a la gente, es como si hay una oscuridad gigantesca y algo que te está halando, es como un yuke. Un yunque que te hala lo más profundo y tú tratas de alguna manera, porque es que hasta respirar cuesta.
¿Y alguna vez probaste terapia?
Sabes que yo estuve, yo mandé a mis hijos inmediatamente a terapia, a los dos. Mi hija ya estaba un poco acostumbrada a la terapia porque ella sufrió de bullying en la escuela y la llevamos a terapia.
¿Y a tu hijo lo mandaste obligado?
Obligado, y me odió. Sí, me odió. Yo recuerdo esa conversación, él con lágrimas en los ojos. Él llora muy poco, Pero con lágrimas en los ojos y con mucho odio en sus ojos, porque él se llenó mucho de rabia. Esa es una de las etapas del duelo que normalmente es la segunda, porque la primera es ese shock, esa negación.
¿Qué son las etapas?
Las etapas es la negación, ese momento de shock que tú dices, no, esto no puede ser, que esperas que llegue la llegada. Yo comía, por ejemplo, con mi teléfono, porque él era piloto y pues volaba muchísimo, y yo comía siempre con mi teléfono al lado, nada más esperar que cuando cualquier mensaje WhatsApp Era él, que llegó a algún lugar. Claro, es la puerta, todo, todo, todo. Entonces estás en esa etapa de denial, de negación, de shock, y luego viene la etapa de la ira, de pelear con la vida. Esa es la 2, esa es la 2, esa es la segunda etapa. Pero mi hijo, fíjate, en el caso de él, por eso no hay forma correcta de vivir el duelo, y todos lo vivimos de una manera distinta, todos. No hay tiempo tampoco para el duelo. Cada quien es diferente. Mi hijo tenía la etapa de la negación con esa ira, con esa rabia con la vida. Él y yo vivimos el conflicto con la fe. Mi hija no, fíjate, fue distinto. El enfoque fue diferente.
Hay gente que se pelea con Dios, eso es súper superior.
Y ojo, yo recuerdo que mi papá, cuando yo me molesté mucho y lo dije con Dios, se me quedó mirando, es muy religioso, muy católico, me dice, Mary, pero yo, no, no, ya va. Yo no te estoy diciendo que yo voy a dejar de creer en Dios, que yo no voy a querer nunca más a Dios, que me voy a convertir en atea. Yo no te estoy diciendo eso. Es como cuando yo discuto contigo, papá. En ese momento hay algo en inglés que dice: I love you, but I don't like you right now.
Te quiero, pero no quiero ahorita.
No me gustas mucho. Bueno, con Dios está pasando lo mismo. Estoy molesta, no puedo entender esto que pasó si tratamos de ser siempre personas de bien. ¿Por qué? A mí pasa esto. Le dije, además, si Cristo en la cruz dijo, Padre, ¿por qué me has abandonado? Si él se sintió abandonado, ¿cómo yo no me puedo sentir abandonada también? Entonces, claro, fue un proceso para Andrés y para mí. Dios se encargó de demostrarnos con señales, parece mentira, señales que yo al principio no quería ver, pero estaban allí. Mi hija sí fue distinta porque ella no pasó por esa etapa de la rabia. Fíjate que es parte del duelo, 12 años, y ese estaba con la negación.
Ella cayó luego en que llaman tocar fondo.
Ay, por cierto, todos tocamos fondo de una manera distinta, pero claro, yo tenía a Miranda muy, muy, muy, muy triste, exageradamente triste, pero como era lógico. Y tenía un Andrés lleno de ira, de rabia. Y vos, ¿cómo vas por un proceso también de duelo? Claro, de pérdida. Fue muy, muy, muy difícil.
Tienes que estar para ellos cuando no pueden ni contigo.
Exactamente. Exactamente. Y luego viene esa etapa de negociación.
¿Cómo es esa etapa?
Es darte cuenta y comenzar a entender realmente que mi presente, y sobre todo mi futuro, nunca más va a ser lo que yo pensaba que era.
Y que no hay nada que puedas hacer para cambiar.
Nada que pueda hacer. No hay nada que yo pueda hacer para que este presente cambie y traerlo de regreso para poder tener el futuro que yo quería. Entonces, cuando uno comienza esa etapa de negociación con Dios mío, tengo que aceptar que este es mi presente, que esta es mi vida, que esta es nuestra vida. Yo recuerdo, por ejemplo, un momento tuve, Andrés, en ese mismo proceso de sanar o de buscar cómo sanar y de esa ira, cometió muchos errores, hizo muchas cosas que no debía. Y me tocó afrontarlo sola. Ojo, como muchas mamás que están divorciadas o que el papá abandonó. Pero yo en este caso, cuando pasaba eso, recuerdo uno en específico, estaba en el canal y trataba de concentrarme en trabajar y trabajar, y decía, no podía. Y me fui al baño a llorar, a llorar. Recuerdo me senté en el piso a llorar y llorar y decía, no puedo sola, no puedo. Que lo tenías que disciplinar, tenía que, claro, él estaba con esa rabia con la vida, sí, y se hizo cosas que no debía, y a quién pagaba esas consecuencias era yo, sí, y estaba sola para enfrentar esto. No es como cuando tienes el policía bueno, el policía malo, o entre dos tratamos de solucionar lo que está pasando con tu hijo adolescente. Estaba sola, pero además yo no tenía esa rabia que puedes tener contra tu marido o el exmarido o el padre del hijo que te abandonó, decir este desgraciado, no, yo no tenía eso. No podía echarle la culpa a Ismael de no estar, y al mismo tiempo me tocaba vivir esto. Entonces recuerdo que en ese momento, y eso fue parte de esa negociación y de aceptar lo que de mi nueva realidad, yo me senté sentada en ese piso del baño llorando. Yo dije, ok, momento, yo quise ser mamá, a mí nadie me obligó, me tocó esto, me tocó hacer esto sola. Pues vamos para adelante, esto es lo que hay, esto es lo que hay. Así que oblígate a hacer el trabajo, oblígate a pararte aquí, oblígate a hacer lo que tengas que hacer para tratar de mejorar la situación.
Me gusta esa mentalidad.
Ay, es que hay que hacerlo, porque si no te hundes cada vez más.
Y que tomaste como responsabilidad, como diciendo yo quería ser mamá. Exactamente, o sea, nadie me obligó.
Entonces, pues yo quería ser mamá.
Y es en las buenas y en las malas.
Y no es como yo le comenté, lo comenté en estos días también, a ver, tú te puedes separar de una pareja que te hace daño, pero de tus hijos no te divorcias nunca. Y tiene que haber, entonces allí es cuando en realidad se demuestra ese amor de madre que es increíble, que solamente lo sentimos los que somos madres de verdad. Nos damos cuenta que es un amor que, que lo condicional, incondicional. Y fue tratar de ayudar lo mejor posible, pero que me desvíe más del tema. Yo los obligué a ellos a ir a terapia, iban a terapia. Andrés dejó terapia, Julio Al año y medio, mis dos hijos se sientan y me dicen: mamá, ¿podemos hablar contigo? Y yo: sí. ¿Por qué tú no has ido a terapia? ¿Por qué tú no has ido a terapia si nos obligaste a nosotros a ir? Yo entiendo que eres fuerte, que nos tienes a nosotros, a la familia, a las amigas, que de verdad la terapia de amigas, el apoyo de los amigos y amigas es impresionante, sobre todo los que quedan, porque al principio todos están, ya después se olvida. Ahí es donde conoces realmente en las buenas y en las malas. Con la gente querida, con la gente cercana. Y yo me quedé mirando y le digo, bueno, pero porque yo estoy ya mejor. Pero mamá, tú tienes todavía mucho aquí adentro, hay mucho aquí, y quizás una persona, una terapeuta, te puede ayudar a ver las cosas diferentes, alguien que no te conozca. ¿Por qué no lo intentas?
O sea, que a ellos les gustó terapia.
A mi hija, mi hija sigue en terapia. Mi hijo todavía le está como que lo deja, lo quita, nada, para qué la terapia. Él todavía como que no mucho con la terapia, pero sí lo ayudó en su momento. Pero él dice en este podcast que hicimos los Él dice que en realidad él iba más por complacerme a mí.
Ok.
Y hay algo muy importante acá también, y yo le decía, pero sabes qué, Andrés, ahí está el punto. Tú puedes ir, o yo puedes ir por complacerme a mí, o cualquier persona puede pagar el mejor terapeuta del mundo y puede gastar, no sé, muchísimo dinero en terapia, pero si no hace el trabajo, no estás haciendo nada.
Tienes que poner tu parte, calentar la silla.
Exacto. Y fíjate que en mi caso yo busqué inmediatamente una terapeuta, empecé a averiguar Y con esa primera terapeuta que yo fui, no me gustó, no hice click. Yo sé que yo, pero bueno, qué, déjame escuchar y déjame ver y déjame plantear. Y yo me llevaba la tarea a la casa. ¿Qué quiere decir eso? Fuera de la oficina, eso fue prepandemia, fuera de la oficina, de la, de la, del consultorio de la doctora, yo trataba de reflexionar lo mejor de esa terapia y comenzaba a hacer los cambios necesarios en mi vida. Comencé a reflexionar, por ejemplo, qué no me gustaba de la Mariala anterior, qué podía cambiar para sentirme mejor, para ser diferente. Y ojo, es como una niña cuando hace una pataleta porque está acostumbrada a hacer algo toda la vida de la misma manera, 40 y tantos años. Y dije, pues no, ya va. Entonces concientizaba ese cambio que quería. Yo era como muy mandona y muy perfeccionista y todo tenía que ser como yo decía.
Y dijo que queriendo controlar todo, todo te mostró que no estás en control de nada. Vendrá de tu actitud.
Exactamente. Entonces ahí es cuando yo digo, con ese tercer tipo de persona que no aprenden y se la pasan es porque Dios me castiga, porque Dios me castiga, mire todo lo que me ha pasado. Y si reflexionamos un poquito y decimos qué puedo cambiar yo, qué puedo aprender de esto que pasó, en realidad lo único que puedo controlar, qué es lo que puedo controlar, y fue lo que hice. Entonces claro, yo con esa terapeuta la dejé al tiempo, pero luego busqué otra. Y cuando haces clic con tu terapeuta.
Yo amo a mi terapeuta.
Yo también, yo amo a mi terapeuta, sabes. Yo digo qué bueno poder sentarse a hablar con alguien que le puedes contar absolutamente todo sin sentirte quizás hasta juzgado, porque muchas personas no dicen en realidad todo lo que sienten y las inseguridades que pueden tener todavía.
Nosotros somos proterapia, en mi casa todos hacemos terapia.
Pues me parece maravilloso.
La salud mental es lo más importante.
Y ayuda, claro, y ayuda. Yo conocí a alguien que dice, mira, yo antes era un bruto. Porque yo decía que yo no necesitaba terapia, que eso era para la gente tonta, eso era para la gente débil. Mentira. Ahora ya me doy cuenta, soy un ser inteligente que busca crecer y mejorar, y hay herramientas que te pueden ayudar a eso. Así que la terapia es una de ellas. Y cómo no hacerlo, lo tienes allí. Yo todavía estoy tratando de convencer a mi esposo, por ejemplo, y eso que yo trabajo de verdad y me va muy bien con esto de la terapia, mi hija también, mi hijo. Entonces yo le dije, ok, No le llames terapia, vamos a buscar un coach, un mentor, llámalo como quieras, pero alguien que te pueda ayudar.
Los mejores deportistas del mundo tienen coach, los mejores empresarios tienen mentores, los millonarios.
Tú ves toda esta gente que son millonarios, que son exacto empresarios, tienen mentores. Sí, entonces, ¿por qué no hacerlo? Ahí concuerdo con este amigo, hay que ser inteligente.
Me encanta, me encanta la terapia, todo el mundo se pone feliz. Y la necesito. Y la gente a veces lo ve a uno, a ti, a mí, que hemos escrito libros, a Sophie, que tiene el podcast, que postea cosas tan lindas en las redes. Ay, pero usted no debería necesitarte. Al contrario, claro, ¿verdad? Somos de pronto, para uno dar tiene que tener, el solo concepto de dar viene de que tienes para dar. Entonces yo me pongo el oxígeno, como dicen en los aviones, ajá, ponte el oxígeno tú primero para poder ayudar a otra persona. Y además nadie es perfecto, o sea, no importa lo que enseñes ni santo ni perfecto. Yo tengo, no me gusta la palabra defectos de carácter, áreas de oportunidad. Porque mis hijos, Sophie, te puede contar, cuando yo me nombro dicen: ay, ve a la, ve a la que enseña inteligencia emocional, ¿verdad? Y me sacan.
Pues es que te recuerdo.
Me recuerda, y tienen razón, tienen razón. Pero yo les digo: progreso, no perfección, ¿verdad?
Perfecta nunca seré. Pero sabes que yo digo que además es tan importante poder escuchar, porque ellos quizás son tu alerta.
A tierra, tu pueblo a tierra.
El otro día yo, entre tanto trabajo, porque de verdad que estoy haciendo muchas cosas ahora que volví a las noticias, estoy entre las noticias, hago mi podcast, estoy con las conferencias, el libro ahora lo saco en inglés también, hice otro audiolibro que es aprender a sanar después de un duelo. En Amazon lo encuentran, en Amazon está el libro. Está Elijo Ser Feliz en Beek, que es una plataforma de audiolibros, la más grande en español, es mexicana. Está tanto Elijo Ser Feliz en audiolibro como Aprender a Vivir a Pesar del Duelo. Y fue una experiencia de verdad bien distinta porque la grabé, era la primera vez que grababa mi voz. Y cuando uno está grabando, no solamente no es con mi voz, es mi historia. Sí, era complicado. De hecho, por supuesto, tener la cajita de Kleenex mientras que lo iba grabando, pero Pero lo que iba con esto es que soy el tipo de persona que me gusta ayudar mucho a otros, que de verdad creo, y más con el libro me di cuenta que definitivamente es mi propósito de vida, a todas estas personas que están pasando por un duelo terrible, que me han contado historias impresionantes, y no solamente de pérdidas de seres queridos, sino por ejemplo de violencia doméstica, de tener que luchar contra un duelo por expectativa de lo que podían ser tus hijos y no lo son, lo que tú creías que podían ser. Hay muchos tipos de duelo.
Hasta una mascota es un duelo para mucha gente.
100%.
Un dolor, es un miembro de la familia.
100% es un dolor. Y recuerdo que, por ejemplo, en aquel momento, cuando comencé a escribir y cuando me di cuenta de los tipos de duelo, te hablaba de cuando te vas del país, cuando te despiden, un divorcio, que fue lo que pasó con mi amiga y con otra persona también que me lo dijo. La pérdida de una mascota, recuerdo en aquel momento me dice: yo sé cómo te sientes porque yo perdí a mi mascota, tenía 15 años conmigo. Y yo por dentro decía: no es lo mismo. O mi abuelita de 96 años se murió. Y yo: no es lo mismo. Mentira, sabes qué, yo no soy quién para juzgar el dolor del otro, porque a lo mejor esa abuelita era toda su vida, era su guía. Esa mascota era lo único que tenía cuando llegaba a casa todos los días, era esa alegría. Entonces yo no soy quién para juzgar o decir el duelo de— lo que sí creo y considero, y todavía hoy en día, es que el peor de todos los duelos tiene que ser la pérdida de un hijo. Debe ser, porque eso es contra natura.
Yo vi algo que dice: cuando pierdes a tus padres eres huérfano, cuando pierdes a tu pareja eres viudo, cuando pierdes a un hijo no tiene nombre.
No tiene nombre, no tiene nombre, no tiene nombre.
Es que eso es, eso debe ser, o lo peor, no lo pone a pensar.
Yo digo que tiene que ser una herida casi mortal porque se tiene que vivir así.
Mi hermana murió hace 27 años y mi mamá me dice No, tú tienes 27, hace 26, Sophie tenía un año. Mi mamá me dice que todos los días llora. Obviamente el llanto es diferente porque no es un llanto con desesperación como los primeros años, pero eso tiene que ser tremendo.
Porque cuando ya aceptas, y yo creo que en este caso cuando tú consigues un propósito, y eso es lo que han hecho muchas personas, por ejemplo esta mamá que de verdad es espectacular, perdió su hijo por una operación de— yo la tuve en el podcast, también conversamos de eso, de adenoides, en este caso como ustedes, es una cirugía súper sencilla, cual la de las amígdalas, de las amígdalas, una operación súper sencilla. Mi hija tiene la operación de las amígdalas y su hijo falleció, y su hijito se convirtió en, en aquel momento fue donante de órganos, y para ella fue muy duro. Ismael también donó los órganos, Ismael donó órganos también, y yo me sentí orgullosísima de eso. Eso no quiere decir que sea fácil para uno. Y recuerdo mi hija en ese proceso, en el hospital todavía, mientras que estábamos, me dice: mamá, yo sé que papá, porque lo habíamos hablado, y yo hablo en el libro de la importancia de hablar con nuestros hijos y nuestros familiares de qué queremos, porque él decidió por mí lo del tema de la donación de órganos. Él decidió por mí qué quería que hiciera, si quería ser enterrado, si quería las cenizas. Él lo decidió por mí, no me dejó eso a mí. Como, porque personas dicen: no, no, no, no, no, este, yo prefiero que los demás decidan. No, no dejes esa carga. Sí, diles de una vez que lo que quieren que pase cuando de verdad no. Y él, recuerdo, mi hija me dice: mamá, pero, pero, pa, que no done los ojos, que no done los ojos, por favor. Y yo recuerdo esa conversación con ella estando en el hospital todavía. Le dije: mi vida, papá quería ser donante de órganos, todo. Imagínate que con la córnea de papá él puede ayudar a una persona que vea, que pueda ver, que pueda ver. Imagínate eso, qué bonito también que tu papá pueda ayudarlo. Entonces, Clare se quedó pensando, lloraba por supuesto. Ese momento fue— y me abrazó y me dijo: está bien, porque sé que papá quiere ayudar a muchas personas.
Y ayudó y salvó la vida de 3 personas, y ayudó a muchos más. Más.
Entonces, por eso yo soy pro. Cuando ellos, donantes de órganos, cuando sacaron su licencia aquí en Estados Unidos, te dicen si quieres ser donante de órganos. Y yo recuerdo Andrés y Miranda, cuando lo hicieron, se voltearon y me vieron. Ma, es su decisión. No te puedo decir qué es lo que tienes que hacer, pero es su decisión. Y los dos son donantes de órganos también, porque esta es la manera de dar vida después de la vida, cuando ya no hay nada que hacer contigo. Entonces creo que es importantísimo darse cuenta de eso, es importantísimo en esta última etapa del que aceptar.
Tú tienes acceso o no tienes acceso a la gente que recibe los órganos, ¿no?
Porque, a ver, sí se puede hacer, se puede hacer. ¿De qué manera? Si uno, hay como una empresa, por llamarlo de alguna manera, es una organización, esa es la palabra, una organización que se encarga de ser mediadores en este proceso de donación de órganos. Entonces ellos lo que hacen sí es que una vez que se efectúa, se hace todo lo de la donación de órganos y llega a las personas, te envían te dan no los nombres, pero sí el género y la edad y el órgano que salvó la vida de esa persona.
Ah, qué nice.
Es muy bonito.
O sea, ahí sabes como que la condición que tenía.
Y en qué lugar está, en qué estado está. En este caso eran 2 en la Florida y 1 en Georgia, en el caso de Ismael. No pudo donar el corazón porque lamentablemente él tuvo toxoplasmosis. No nos enteramos sino hasta que hicieron pues todo este proceso, porque te puede dar como sencillamente un resfriado Sí, no te das cuenta. Y pues bueno, a él le dio no por vivir con gatos, sino porque le gustaba mucho comer carnes casi crudas. Lamentablemente pudo haber estado una de esas carnes infectadas, pero donó otros órganos que salvaron la vida.
¿Y te acordás quiénes eran?
De esas 3 personas era una de 36 años, imagínate, muy joven, era una mujer de 36 años, un hombre de 42 y otro señor de 62 años. Sí, sí, que era un, sabes, un papá, un abuelo, el otro era un hermano, una mamá quizás. Entonces cuando tú ves eso dices qué bonito. Bueno, esta mamá que te comentaba que perdió su hijito de 3 años y que donó los órganos, ella su propósito, entonces lo que hizo, que es lo que hacen muchas personas cuando han perdido un hijo, es creó una fundación que ayuda a conseguir órganos a las personas que lo necesitan.
Ay, qué bonito.
Imagínate qué lindo, qué bonita labor.
Convertir tu dolor en un propósito.
Exactamente, eso ayuda cuando te das cuenta que puedes ayudar a otros, te ayuda a sanar. Cuando ves esos momentos y esa esperanza dentro de la desesperanza que le puedes dar a otras personas, ayuda. Hay personas que creen, y yo lo hablé en estos días con un amigo que tuvo cáncer, no se lo dijo a nadie, nos enteramos fue después que ya gracias a Dios lo había superado. Y le pregunté por qué, además que es una figura pública, dije, ¿por qué no lo hablaste? ¿Cómo es posible que yo me esté enterando ahora? Y además, aunque sea un mensaje, no tienes que hacerlo público, pero dices, mira, bueno, estoy pasando por este mal momento, momento, me dijo: no, no quería, no quería que nadie me sintiera lástima o que me viera diferente. Entonces yo no quise que nadie se enterara de esto. Y le digo: ¿tú sabes la cantidad de personas que pudieras estar ayudando tú en una posición pública, por ejemplo, de personaje público, de decirle a la gente: mira, aquí estoy, yo también estoy pasando por una enfermedad que están pasando millones de personas en el mundo, lamentablemente, y no estamos todos luchando para salir adelante? Porque la actitud influye un montón en cualquier, en cualquier cosa que vayas a hacer en la vida. Y si estás pasando por una enfermedad algo que te golpea. Eso es un cambio de vida, porque la pérdida de la salud es un duelo. Darte cuenta que ahora tienes que enfrentar las cosas, que tu vida como la estabas haciendo, como la llevabas, como una agenda, y toca hacer esto de trabajo. Lo que dicen es muy cierto, sé que, a ver, hay que hacer tiempo para la salud, porque si no, lamentablemente, cuando te llegue la enfermedad, vas a tener que hacerle tiempo para tratar de sanarla. Sí, le decía, ¿por qué no hablarlo? Entonces, claro, al irlo conversando con él, y luego se unió alguien que escribió un un libro maravilloso. Él es un escritor de televisión, Univisión, se llama Sergio Yablón. Él también vivió, pasó un cáncer, de hecho 3, está enfrentando el cuarto ahora. Su libro se llama Un tipo con cáncer entra a un bar. Es él, es la fotografía de él sentado en la bata de hospital con el suero y todo, y una cerveza en la barra. De verdad que es muy divertido. Claro, él fue humorista, escribía para un programa de humor americano. A ver, exactamente, y él lo hizo de alguna manera así. Y tú lees el libro y es una mezcla de, de hecho mi esposo me decía qué pasó, y yo estaba muerta de la risa con cosas que escribía, y él mismo, y al rato estaba llorando porque te conecta. Pero también, y de alguna manera lo hablé con él, es la actitud que tengas ante cualquier golpe que te lance la vida. Está bien, te lanzó, te quedas en el piso, lloras, pero cuando estabas pequeño, ¿qué hacías? Te levantabas, ya estabas todo raspado, todo golpeado, pero te levantabas y seguías. Y si no podías levantarte, pedías ayuda.
Sí, sí, sí. Yo quiero hablar después de la negociación, ¿cuáles son las otras etapas del duelo? Para que vamos ya.
Eso tenemos, a ver, la negación, tenemos la ira, sí, que es esa misma rabia, tenemos tocar fondo, sí, tenemos la negociación y la aceptación. Una vez que tú resignificas el proceso, porque es un proceso que toma tiempo. ¿Cuánto tiempo? Ya recuerden que es diferente para cada quien. Y qué tanto te obligues a hacer el trabajo para sanar.
A un retiro donde hice un retiro, otro duelo, otro funeral, digamos.
Que sí, porque me daba cuenta que todavía, a pesar de todo esto que había hecho y que había avanzado un montón, todavía yo no terminaba de soltar. Y yo en ese retiro que fue, me obligué, ahí me obligué. Y yo recuerdo que yo llegué allí y quería ya esa misma noche cambiar el boleto para regresarme. Yo decía, ¿qué hago yo aquí sola? Soy una loca, ¿cómo se me ocurre? No tengo mi support system, que es mi equipo de apoyo, que son mis hijos, mis amigas, mi familia.
¿Qué hago yo aquí?
Soy una horrible.
O sea, viajaste a otro lugar.
Yo viajé a otro lugar porque era la única, a México. A un lugar en México que recuerdo me ayudó a buscar mi cuñada. Pero ojo, puedes viajar a donde tú quieras, si quieres, al Tíbet, exacto, a donde tú quieras. Si no haces el trabajo, es un simple viaje. Sí, tú tienes que ir, estar dispuesto realmente a hacer el trabajo, poner de tu parte, a poner de tu parte y abrirte por completo. Yo recuerdo que en eso, en el obligarme, recuerdo, dije: no, me quedo, me quedo, voy a esperar y voy a tratar, al menos voy a intentarlo.
¿Qué fue lo más importante que pasó ahí?
Allí pasó que confronté, atravesé por completo el dolor, confronté todos mis miedos e inclusive a él lo confronté, porque me di cuenta en ese momento que además del dolor y todo, aunque yo sabía que no tenía la culpa de lo que había pasado, yo estuve viviendo una sensación de abandono.
¿Y qué le dijiste a él ahí?
Le dije todo. Yo me lo imaginé sentado al lado. De hecho, a lo mejor van a decir que estoy loca, puede ser, cada quien emplea lo que le funciona. Yo recuerdo, yo me llevé una camiseta que fue por recomendación de una amiga de él también, que me dijo: llévate algo que sea de él, que tú lo veas y te recuerde inmediatamente a él. Y yo me llevé una camiseta que él se ponía mucho. Hoy en día la tiene mi hija, esa camiseta. Y recuerdo que la puse allí y empecé yo. Por supuesto no lo veía en un principio, yo estoy loca, o sea, ¿qué estoy haciendo? Pero bueno, no importa, vamos. Y empecé yo como a tratar de recordar muchos momentos y y conectar con todo esto que había pasado en los últimos meses, año y medio, de dolor, de rabia, de todo lo que había evitado sentir porque causaba mucho dolor. Y le dije de todo, lo insulté, se le dije desgraciado, y al mismo tiempo fue muy loco porque al mismo tiempo decía: ay, perdón, yo sé que tú no tienes la culpa, pero para nada. Yo estaba, me di la oportunidad de sentir toda esa rabia, de reclamarle todo lo que le tenía que reclamar, de perdonar no solo a él, sino a mí. Pero en este caso, y yo, a ver, yo le pedía mucho, le pedí mucho perdón después en ese, porque fueron como varias etapas de esto que hice durante ese par de días en el retiro. Le pedí perdón no por cosas que hubiesen pasado cuando estábamos juntos, cuando estaba en vida, le pedí perdón por haberme aferrado tanto a él y no dejarlo ir, exacto, y no dejarlo descansar.
Y siento yo que empieza ahí, empieza, y esa es la sanación.
Ahí empieza la sanación, cuando agradece con Dios, literalmente ve con Dios, con Dios. Yo sigo mi camino porque yo recuerdo que cuando estamos en el hospital yo le dije, estaba todavía conectado, cuando yo recién llegué y los médicos me explicaron todo lo que había pasado y que habían podido operar, habían sacado de verdad que casi toda la sangre había drenado del cerebro. Y yo recuerdo, claro, él llegó con un, es que era increíble, un 1% de probabilidades de sobrevivir. Con todo eso lo operaron, pero pues no hubo nada que hacer. Y esa noche todavía él pues estuvo y con todas las cosas. Y esa madrugada recuerdo que yo me le acerqué, yo ponía su música y le hablaba y me reía recordando muchas cosas bonitas de nuestra historia. Y recuerdo que me acerqué y le dije: tranquilo, si te tienes que ir, vete tranquilo, que yo me voy a ocupar de Andrés, de Miranda, voy a estar pendiente de tu mamá, vete tranquilo. Y lo poquito que él estaba respirando por sí solo, porque era asistido con la máquina, lo dejó de hacer. Pero la verdad es que yo no lo estaba diciendo de corazón 100%, y por eso me aferré por tanto tiempo a él. Y en ese momento que yo hice toda esta terapia conmigo y me permití sentirme, me permití de verdad tener esa rabia, insultarlo y pedirle perdón y decirle mucho que lo amaba, y todo aquello, cuando me permití también dejarlo ir, lo estaba haciendo de verdad. E inclusive imaginé, yo lo cuento en el libro, yo imaginé como si fuese un cordón que estaba cortando. Y recuerdo que ese momento en el que yo fui a cortar ese como un hilo de plata, dicen, que es como conectas con personas inclusive en otros países, en otras culturas, culturas. Cuando yo corté eso, que me lo imaginaba saliendo de mí, a él, uy, fue muy duro, fue muy duro, pero también era necesario. Y por eso le pedí perdón por haber estado aferrada a él y tenerlo amarrado de alguna manera tanto tiempo a mí. Yo sé que Ismael va a estar toda la vida con nosotros, uno, porque estará en nuestro corazón, porque lo vamos a amar siempre, siempre, no importa el tiempo que pase, porque lo vamos a extrañar, así sigamos adelante. Pero creo que también la mejor manera de honrar a quien no está es justamente seguir adelante y ser tu mejor versión. A mí me lo dijeron mis hijos en un momento, y sobre todo cuando después conseguía a Luciano, que yo digo que una vez que yo le sonreí a la vida, Luciano es tu esposo, ¿no? Exacto, el esposo. Cuando una vez que yo le sonreí a la vida y conseguí recuperé esa paz, esa tranquilidad, porque soy de las que de verdad piensa que tú no vas a estar bien con nadie si no estás bien contigo. Y es un trabajo muy fuerte para tratar de estar bien conmigo, para recuperar esa paz, para recuperar esa tranquilidad y para volver a sonreír desde el corazón. Y yo recuerdo que yo, cuando volví a sonreír desde el corazón, con lágrimas en los ojos, le di las gracias a Dios en un atardecer espectacular. Los amaneceres y los atardeceres para mí tienen mucho significado a partir de todo esto. Siempre uno normalmente los ve y dice, ay, qué bonito, pero lo que te hacen sentir, esa luz o ese agradecimiento, es increíble, es maravilloso. Y una vez que estuve bien, y como yo digo, yo una vez que le sonreí a la vida y manifesté, fíjate que yo después de ese viaje, yo recuerdo, yo escribí, si Diosito me daba la oportunidad de enamorarme otra vez, pues, y pues es un hombre bueno que me quiere, que no sé, entonces empecé a escribir a ese hombre que yo no pensé nunca que podía volver a mi vida, porque en realidad, y mi hija me lo preguntó una vez, mamá, pero te vas, ¿tú crees que te vas a volver a enamorar? Tú eres una mujer joven. Y yo le recuerdo que le dije que no enfáticamente, y cada vez que me lo preguntan era no y no y no, porque nunca pensé que podía haber alguien de quien yo pudiera enamorarme.
Eso llega cuando tú estás bien. Listo, si tanto lo buscas, no se te va.
Entonces mejor trabaja que puede ser la persona que más te sabotea eres tú.
El primer amor es uno.
El primer amor es uno. Y luego entonces, en mi caso, conseguí este amor tan bonito que yo digo, no, Dios le sonríe a la vida. Diosito decidió y me sonrió de vuelta con un amor muy lindo.
Además, un hombre que entiende, que hay fotos de Ismael en la casa, que es el papá de sus hijos, que hablamos de él.
Mirando el otro día, estaba viendo de estas imágenes, no, vídeos que hacemos caseros muchas veces y que las damos como por centavos. Y antes se hacían con una videocámara. Entonces tengo los mini DVD, los Y por casualidad de la vida todavía tengo un DVD player, un DVD player, y ella se puso, lo conectamos al televisor y estaba Luciano en casa, por supuesto, y estábamos viendo y nos reíamos y veíamos a ella tan chiquita y estaba con su papá. Son recuerdos bonitos. Entonces cuando tú comienzas ya después, primero sonríes, a ver, primero son lágrimas, luego comienzas a sonreír con lágrimas y luego comienzas a sonreír por lo bonito y agradecer esos momentos vividos. Y cuando llega Luciano a mi vida y todo esto, porque yo empiezo con el tema, la culpa, así, no, pero ¿por qué? Sí, bueno, yo no me merezco ser feliz también, quizás ahora acompañada, en pareja, ¿será que no? Y mis hijos tan bellos fueron los que primero me recordaron, me dijeron: Ma, pa siempre te quiso feliz.
Lindo.
Él te quiere feliz.
Sí.
Entonces, claro, cuando son tus propios hijos y además cuando tú lo reflexionas, dices: es verdad, cuando tú amas a alguien lo quieres feliz.
Él no quisiera que pasaras llorando toda tu vida.
Sí, para nada. Yo hiciera muy mal. Muy mal si me hubiese quedado en esa etapa de llorar todos los días de mi vida. Y es normal, por ejemplo, con lo que dice tu mamá, porque tengo, conozco a muchas que también que han perdido hijos, y es normal que eso pase porque está el extrañar. Y aunque hayas aceptado, es difícil, es difícil no tenerlo, es difícil no estar ahí, es difícil no poder hablar con ellos. Pero yo hoy en día, y por eso mi libro se llama El Hijo Ser Feliz, es porque yo decidí y luego mi siguiente elección fue cómo vivir mi vida, desde la tristeza y el dolor, o desde tratar, al menos intentar ser feliz. Y es mentira que vas a ser feliz todos los días de tu vida, pero en general soy feliz porque no solamente ahora tengo las herramientas. El otro día pasó algo con mi hijo, yo decía: Dios mío, este niño me va a sacar canas verdes, me quiere volver loca, yo no me dejo, pero él insiste.
Está casi me saca canas verdes a mí, ¿cierto? En la aborrecencia, como le digo yo, la aborrecencia. Exactamente.
Pero sabes que yo ahora digo, sabes, ya va, tengo las herramientas, podemos seguir adelante, esto también va a pasar, esto vamos a hablarlo, esto va a ser una experiencia.
Y vos elegís ser feliz.
Y yo elijo ser feliz una y otra vez. Para mí, ser feliz es una elección que podemos hacer a diario.
Mariale, muchas gracias por esas palabras tan lindas. A ustedes, mi gente, el libro Elijo Ser Feliz en Amazon, en Vic puede encontrar el audiolibro para sanar. Sí señor, sí señor. Redes. Y bueno, de verdad, gracias por traer tanta luz.
Gracias a ustedes, gracias a ustedes. Ahora también estoy en noticias y con todo eso, y sabemos las noticias lo que pasa, y lo que son en su mayoría, también decido mantener la esperanza dentro de la desesperanza, y sobre todo obligarme a seguir haciendo el trabajo para aprender todos los días. Por eso, gracias a ustedes que hacen un trabajo maravilloso también para enseñarnos, para enseñarnos también a que es posible ser feliz.
Gracias, María Laisy. Ella pudo Yo puedo, tú también puedes.
Bye.
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