¡Derribando todas las excusas! con Juan José Florián 'Mochoman'.
2 May 2022 · 38 min
In this episode of the "Yo Pude, Tú Puedes" podcast, host Margarita interviews Juan José Florián, known as "Mochoman," a Colombian Paralympic athlete and motivational speaker. The conversation begins with a vivid recounting of the 2011 explosive device attack by the FARC that left Juan José without both arms, one leg, and an eye, leading to a 12‑day coma and severe burns. He describes a year‑long period of intense grief, anger, and even suicidal thoughts, including a moment when he asked his brother to kill him. Over time, he moves through a personal three‑step mental operation—evaluate the loss, accept the new reality, and act with what remains. He shares concrete rehabilitation milestones such as learning to use a tiny keypad phone, drinking coffee independently, and dressing himself. Sport becomes his therapy: swimming helped him process pain, and cycling propelled him to national C1 road and time‑trial championships, multiple Pan‑American medals, and a spot on the Movistar Team Colombia, with a goal of competing at the Paris 2024 Paralympics. Juan José also discusses his work as a motivational speaker, emphasizing purpose, the danger of victimhood, and the importance of asking empowering questions. The hosts explore the origin of his nickname "Mochoman," the role of bullying, and how he turned it into a positive identity. Throughout, he stresses practical advice for listeners: do not give up, leverage the abilities you still have, shift perspective, and use personal discipline and purpose to achieve any goal. The episode ends with a heartfelt message encouraging anyone feeling defeated to keep fighting.
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Bienvenido al podcast Yo Pude, Tú Puedes, el podcast número 1 para personas que buscan orientación e inspiración para lograr lo que se propongan en la vida y los negocios. Empecemos, amigos. Hoy les tengo una sorpresa que ustedes ya saben que aquí toda la gente que viene nos revuelca el alma y nos levanta. Miren, en el año 2011 fue víctima de un artefacto explosivo del grupo las FARC, ¿verdad? Que lo dejó sin los dos brazos, una pierna y un ojo, además de que tuvo quemaduras muy graves. Él nos va a contar un poco esta parte triste. Pero miren, encontrar historias fuertes donde hay un conflicto armado de pronto es fácil, lamentablemente y tristemente, pero encontrar historias de superación como la de él, eso es como encontrar una aguja en un pajar. Y por eso yo lo he invitado hoy, porque Desde que lo conocí en las redes sociales dije wow, esa es la actitud. Y hoy nos acompaña aquí Juan José Florian, que muchos lo conocen con cariño como Mocho Man. Bienvenido, Juan José, ¿cómo estás?
Margarita, muchas gracias. No, yo súper feliz de poder compartir contigo y con todas las personas que tengan esa oportunidad de escuchar o de vernos. Yo soy muy feliz, la verdad. Qué bueno poder dejar una huella de inspiración y motivación, que es lo que me encanta hacer día a día. Bueno, es mi trabajo realmente.
De verdad que no sabes cómo te agradezco. Yo el día que te vi, yo te descubrí, creo que fue en Instagram o en TikTok, y tú ibas en la bicicleta y vas hablando como que, man, póngale actitud. Yo decía, no puede ser, y uno a veces se queja de unas bobadas, ¿verdad? O se ahoga en un vaso de agua. Bueno, ya vamos a llegar a esa parte, pero vámonos un poquito para atrás. Ya yo conté, pasó la explosión, que fue un artefacto que pusieron en la puerta de tu mamá, súper doloroso. Estuviste 12 días en coma. ¿En qué momento empiezas tú a realizar esta es mi vida, ya esto es lo que me tocó.
Bueno, la verdad yo lloré mucho por esto, le reclamé mucho a la vida, y yo creo que es normal, ese es el duelo que todas las personas vivimos, o sea, y no solamente los que nos sucede algo duro o difícil, sino todos los seres humanos yo creo que vivimos ese duelo, el duelo que se pierde una materia en la escuela, en el colegio, en la universidad, un trabajo. Bueno, por X o Y razón, pero todos los seres humanos vivimos un duelo. Algunos se lo toman más a pecho, otros menos. Otros, a las personas que le hacen, como que bueno, listo, me pasó y ya, como que tienen más esa capacidad de superarlo rápidamente. Y yo no, yo estuve de cerca de un año llorando y reclamándole a la vida por qué me había sucedido esto, y como odiando. Yo creo que el error más grande que un ser humano comete es quedarse nadando en medio del odio, del rencor, y a toda hora estar odiando a las personas porque sí, porque no, a las instituciones. Entonces yo fui uno de esos que yo odié muchísimo.
¿Es verdad que en un momento le pediste a tu hermano que te quitara la vida?
Sí, sí, Margarita. En el momento que yo estaba en el piso, pues yo la verdad no sentía dolor, pero sí sentía muchas vibraciones en mi cuerpo, se sentían muchos corrientazos, y yo sentía que las personas no estaban haciendo nada por mí. Entonces yo en un momento traté de verme Y lo que vi fue pues unos brazos cortos, los huesos estaban salidos, salía humo de mi piel, estaba negra, mis manos ya no estaban. Yo intenté verme mis piernas y no me las vi, así que yo creí que iba a quedar sin piernas totalmente por el resto de mi vida. Entonces como que ya dije, ¿para qué vivir así? Yo no quiero estar así. Entonces yo recordé que mi mamá toda la vida tuvo una escopetica en la casa. En la finca y toda la vida, y la mantenía escondida porque no, el niño es muy inquieto. Entonces, cuando yo salía de vacaciones, yo hacía parte del Ejército Nacional, y cuando salía de vacaciones yo era quien le hacía el aseo a esa escopeta, y me gustaba limpiar, revolvía y la guardaba por dentro de las colchones. Entonces yo me acordé que hacía poco le había hecho aseo, y yo le dije a mi hermano que la sacara y que me pegara un tiro en la cabeza, que era muy fácil. Yo le decía: hermano, sáquela y pégame un tiro en la cabeza, yo no quiero sufrir así, yo no quiero vivir así. Y mi hermano él me cogió en sus piernas y me decía: No, hermano, no me pida eso. Tranquilo, me dice, tranquilo, que viene la ayuda. Yo le decía: yo no quiero ayuda, yo quiero morirme y máteme acá, matarme. Y lo insulté, le dije todas las palabras que pueden existir en esta vida con el fin de que él se ofendiera e hiciera eso. Pero afortunadamente no lo hizo, afortunadamente no llevó a cabo eso que él estaba pidiendo. Yo recuerdo que me acariciaba la cabeza y lloraba ahí. Y ya después de unos minutos pues llega la policía, porque pues nunca llegó una ambulancia, sino llegó fue nuestra Policía Nacional, y fueron los que me recogieron. Y cuando digo me recogieron, era porque habían pedazos, no había nada más de un ser humano, sino pedazos quemaduras. Y los pedazos que había los subieron a un carro sin dudarlo, sin pensar en qué iba a pasar más adelante conmigo, sino en hacer lo que ellos saben hacer, prestar un servicio a la comunidad, a nosotros los colombianos. Me llevaron al hospital y allí también los médicos hicieron su trabajo y entré en coma. Alcancé a tener shock hipovolémico y tuve reanimación, tuvieron que reanimarme y no supe nada más la verdad. Recuerdo solo hasta que estaba llegando al hospital. Lo otro lo digo porque lo he leído en mi historia clínica. A veces me pongo a leerla para ver por cuáles cosas de las que yo pasé Sí, cuando siento que hay cosas que se ponen demasiado duras, entonces me gusta ir a mi historia clínica para acordarte el guerrero que hay en ti, verdad.
Es decir, no, hombre, sí, yo ya superé todo esto, cualquier cosa es bobada, verdad. Y en qué momento que pasa todo esto horrible, les quiero leer textualmente lo que dijo una agencia alemana sobre la noticia. Dijo: el colombiano se quemó vivo, perdió los dos brazos, una pierna y un ojo. Verdad, sea muy fuerte. Tú pasas 12 meses llorando, reclamándole a la vida, porque a mí, ¿en qué momento o qué te hace clic para convertirte en esta persona llena de vida, de esperanza, de motivación que eres hoy?
Bueno, en el momento que encuentro un propósito para vivir, el momento que empiezo a dejar como de alguna manera el odio a un lado, el rencor, como las limitaciones que tenemos, porque no solamente las tengo yo, sino Todas las personas se nos presentan limitaciones, a unos más exigentes que a otros, pero yo considero que todas las personas se nos presentan limitaciones. Entonces, el momento que encuentro un propósito para vivir, la vida empieza como a dar ese giro, pero eso no es como cuando uno está con el control y quiere cambiar de canal, ay no, eso no me gustó, no, eso fue algo muy lento, eso es algo así muy progresivo, que yo salgo de ese cuarto Salía muy rara vez y cada vez que veía llorar a mi mamá y a mis hermanos pues me daba más duro, pero yo creía que era por mi condición. Y salgo una vez y mi mamá como que ese día no lloró, sino ella le dio como que sonrió de verme nuevamente fuera de la habitación. Pues yo quedé viendo a mi mamá y mi mamá estaba muy demacrada, se había acabado totalmente. Mis hermanos también. Y yo decía, entonces como que eso me impactó mucho. Y mi mamá me abrazó y como siempre me consigue Y me regresé otra vez para ese cuarto unos minutos después a llorar, pero no era por cómo yo había quedado, sino por cómo estaba acabando mi familia. Entonces yo como que entendí, yo lloré mucho, yo dije: venga, es cierto que acabaron con parte de mi cuerpo, ya estoy destrozado, vuelto nada, voy a quedar cicatrizado para el resto de mi vida, pero yo no puedo acabar con mi familia. Estos terroristas no acabaron con mi familia y yo sí los estoy acabando. Y es hora como de salir, y qué puedo hacer con lo poco que me quedó. Entonces hice algo que a mí me gusta, es como algo que siempre digo a las personas en mis conferencias, es un trabajo de matemáticas, una operación muy sencilla que a veces no hacemos.
¿Y cuál es la operación? En serio.
Lo primero que hice es evaluar.
Sí.
Entonces yo lloré y evalué. ¿Qué es lo que ha pasado con mi vida? Entonces evalué que había perdido mis brazos, los perdí. Perdí uno de mis ojos y volví a llorar por ellos. No podía escuchar bien y lloré aún más y grité. Y mi pierna, la volteé a ver y sabía que no había una de mis piernas. Y lloré no sé cuánto tiempo, pero hice el segundo paso en esa operación, es que acepté. Y es algo que nos cuesta demasiado a los seres humanos, aceptar. Entonces acepté en mi vida que jamás iba a volver a tener manos. Que jamás voy a volver a ver por mi ojo derecho, y que siempre las personas, algunos se van a sorprender cuando me vean y otros no. Unos van a ver con cara de lástima y otros con cara de admiración. Entonces todas las cosas las evalué y paré de llorar un poquito. Entonces ahí vamos a la segunda parte de evaluación, ¿no? Y la tercera es que dije, ¿qué puedo hacer con lo que me quedó? Yo creo que ya iba llegando la madrugada.
Sí.
Y dije, ¿qué puedo hacer con lo que me quedó? Y entonces me llegaban pensamientos que decían: oiga, Juan José, usted no puede hacer nada. Ese, como ese, ellos, alguien que está negativa, que se nos cola aquí.
Yo le digo la loca de la casa.
Sí, eso es, que no puede hacer nada. Y además que yo sufrí alucinaciones, yo, yo, mejor dicho, sufría de las alucinaciones, yo tenía delirios de persecución, yo sufrí de muchas cosas, de ansiedad. Entonces todas las cosas se revolvían y yo escuchaba ahí que me decía: usted no puede hacer nada, usted no sirve para nada en la vida, usted mire cómo quedó, usted qué va a poder hacer algo en la vida. Pero algo me decía, ya usted sí puede hacer grandes cosas. Entonces yo dije, ¿qué puedo hacer? Yo empecé a escuchar esa, esa que me da como cosas positivas. ¿Qué puedo hacer con lo que me quedó?
No, aquí tienes unos mensajes tan, tan grandes que me gustaría que paremos un segundo para masticar esto que nos estás dando. Mira, primero, la aceptación. Cuando nos enfocamos en lo que no podemos controlar, nos victimizamos. Verdad, y yo no estoy diciendo que Juan José no tenía todas las razones para sentirse víctima, pero él ahora es una persona victoriosa. No se quedó en el papel de víctima porque dijo: esto es lo que hay, no hay brazos, no hay piernas, no hay ojo, esto es lo que hay, y qué puedo hacer con lo que sí hay, verdad. Hay mente, hay alma, hay espíritu, y echó para adelante. Y ese es un mensaje poderoso para todos nosotros. Tal vez se te murió un ser querido, tal vez perdiste un trabajo, tantas cosas difíciles que nos pone la vida, enfoquémonos en lo que sí podemos controlar. Y entonces él dijo: ¿Qué puedo hacer con lo que sí tengo? Óyeme, qué belleza. Entonces, después de que tú dejaste de oírle a la loca de la casa, que es esa vocecita negra que yo le digo que todos por ahí nos persigue a veces, y hay que decirle: ¡Cállese! ¡Haz algo! Que hay que amarrarla. Y empezaste a oír a esa voz, a ese coach interno, ese entrenador interno que había en ti, ¿verdad? Esa voz de fuerza. Decidiste empezar con el deporte. Ahora les voy a contar los logros de Juan José, son muy grandes en el deporte y es un orgullo para Colombia. Pero quiero que nos cuentes entonces cuál fue el siguiente paso, y esto que, que sí tengo, y qué pasó ahí.
Entonces bueno, yo ya comencé a aceptar, yo aceptaba eso, y que lo que tengo, entonces empieza ese cambio en mi vida. Y lo primero, bueno, yo quiero hacer cosas, ¿qué puedo hacer? Empecé a hacer cosas pequeñas, o sea, yo quiero volver a manipular un teléfono, por ejemplo. Y entonces yo tenía un teléfono, nosotros llamamos una flechita. Entonces es una flechita como un teléfono chiquito, esos teléfonos que los antiguos que eran así de teclitas, sí, sí, sí, creo que eran esas marcas, los T08. Entonces eran esos teléfonos como análogos grandecitos. Entonces uno lo que hacía era decirle Hundía las teclas y entraba la numeración así, solo servía como para escribir mensajes de texto, para llamar. Entonces yo empecé con un teléfono de esos a hundir teclas, hundir teclas, y quise y dije, me propuse a marcar el teléfono del número de mi mamá y no podía hacerlo. Entonces me daba mal genio y empezaba a llorar y yo pues tiraba ese teléfono por allá, pero volvía y como que se me pasaban las ganas, yo decía, venga, ¿por qué me voy a rendir? Entonces yo traía a mi vida muchas cosas de momentos de soldado, yo decía, pero venga, así. Me enfrenté a disparos, a tiros, a otros. Y esos entrenamientos tan duros, yo salí adelante porque me hacía grande esto. Entonces iba, me bajaba de mi cama y con el pie recogía el teléfono, lo subía a la cama y duré muchas horas hasta que logré marcar el teléfono a mi mamá. Y eso me llenó de mucha felicidad.
Y ella te contestó.
Sí, ella me contestó y dijo: ¿Quién le marcó, hijo? Y yo dije: yo. Y ella: todos corrieron para mi cuarto sorprendidos. ¿Quién le marcó?
Sí, qué felicidad.
Entonces yo, bueno, entonces yo voy a hacer, eso me llenó de emoción, y bueno, y ahí empecé a hacer más cosas, ya quitarme la camiseta yo solo, a quitarme los pantalones, y eso para mí era un logro grandísimo, lo sigue siendo. Yo cada vez que puedo hacer eso me llena de mucha felicidad poderlo hacer. Y yo, bueno, yo qué más puedo hacer. Yo soy, Margarita, yo soy fanático del tinto.
Sí, el tinto para los que no son colombianos no es vino, el tinto para nosotros es café negro.
El café, el coffee. Entonces yo soy fanático del café. Entonces un día mi mamá siempre me mandaba tinto con mi hermano y te cuento aquí esa anécdota. Entonces mi hermano me daba tinto, pero él me lo daba muy rápido, a veces me quemaba, y a mí me daba mal genio que me quemara. Pero yo trataba de no emprenderla contra alguien, de insultar a mi hermano por lo que hacía. Decía, antes me está ayudando, y yo tratarlo mal, eso no puede pasar. Entonces yo me llegó un pensamiento y dije, si yo cojo el pocillo así y lo subo a mi boca, ¿qué pasa? Entonces empecé con esta vaina, hacer todo el tiempo ese movimiento. Entonces mandaba mis brazos así y los subía acá, mandaba los brazos y los subía acá. Como yo venía a un tratamiento psicólogo y psiquiátrico, pues la psicóloga, ellos le contaron que yo en el cuarto me la pasaba haciendo eso, y casi me internan en una clínica de psiquiatría.
Pero se chifló, se chifló, ¿verdad?
Sí, claro. Y entonces a mí me preguntó la psicóloga: ¿Y por qué te vives moviendo los brazos? Y yo no le quise decir. Yo: entre mí, dije mis hermanos tenían que echarme en el agua con el médico. Sí, pero ya en mi mente estaba ensayando cómo podía hacer las cosas. Y yo original, no sé, es que me gusta olermelos y a veces para tocarme así.
¿Estás seguro?
Entonces ella, bueno, llegué a los días a mi casa, entre ellos, mi hermano, tráigame un tinto o tráigame el café, pero no me llene el pocillo, el pocillo grande. Dijo, ¿para qué? Yo le, hágame caso, y me llevó el vaso. Entonces yo me quedé viendo ese vaso y ese miedo de atreverme a hacer las cosas. Y es otra cosa que a los seres humanos nos pasa, el miedo nos detiene cuando son para hacer. Tenemos que dejar que el miedo gane cuando es para hacer cosas indebidas, pero cuando es para hacer cosas grandes, productivas, hay que arriesgar, ver qué es lo que va a pasar. Entonces yo veía ese vaso ahí con el café y yo decía, ¿será que lo cojo? ¿Será que me quemo? ¿Será que se cae? Y si se cae, entonces yo empecé a ponerle todos los pero de la vida. Al último dije: voy a intentarlo. Llegué y mandé mis brazos. ¿Y qué crees que pasó? Pues que me tomé un poco de café. Mi esposa ya sabe que no me lo debe llenar tanto. Y así aprendí a tomar el café.
Yo también estoy tomando tinto, como buenos colombianos. Ya saben que el tinto es café para nosotros, ¿cierto? No es que estamos tomando vino, porque en otros países el tinto es el vino. Y quiero contarles, Juan José alias Mochomana, ahorita vamos a hablar de ese alias, es el actual campeón de ruta y contrarreloj C1 y el lunes vas para Bélgica, ¿verdad? A competir. O sea, cuando ustedes, en el momento que ustedes están oyendo este podcast, Juan José está viajando hacia Bélgica a competir. Cuéntanos un poco de tus logros deportivos.
Bueno, yo me inspiro, mi primer acercamiento al deporte fue en la natación. Yo empecé a ahogar todas mis tristezas y mis dolores en la natación. Para mí la natación es como en mi vida, como cuando tienes las manos sucias y abres la llave del lavamanos y metes tus manos ahí y todo el mugre empieza a caer y empiezan a caer tus manos limpiecitas. Así fueron las piscinas para mí. Yo en la piscina ahogué todas mis tristezas y las cosas que no había podido superarlas, ahí nadándolas ahogué y lloraba en la piscina porque me había pasado nuevamente esto, pero tenías que superarlo. Y mira, yo dejé el tratamiento psiquiátrico que traía todos los medicamentos que me tocaba tomar. Yo los ahogué, me despedí de ellos, les dije adiós hasta nunca. Y llegué a tener, alcancé a tener las segundas mejores marcas acá a nivel nacional en mi categoría, yo era de la categoría S5. Y entonces eso me llenó de emoción y me metí en el objetivo que yo quería llegar a unos Juegos Olímpicos o un Mundial. Yo quiero representar a mi país, a mi departamento. Sino yo quiero algo más allá. Y yo soy de los hombres que siempre quiere ir un poquito más allá, que quiere dar más y quiere alcanzar muchas cosas. Y alcancé a estar en unos Juegos Nacionales, tuve la oportunidad de estar en Estados Unidos, en Minnesota, en la Universidad de Minnesota, en un campeonato estuve en Estados Unidos también, en Venezuela, y empecé a estudiar, empecé una carrera universitaria, pero es que algo me hacía falta. Y no es con el ánimo de ofender, pero yo creo, considero que ser profesional es muy fácil. Es cumplir, es cumplir, es leer, es hacer tus trabajos, es repasar, es investigar un poco, es pasar los parciales. Y si te fue mal en el parcial, muy seguramente el profesor le da la oportunidad de repetirlo o le va a poner un trabajo. Pero si te esfuerzas mucho así, vas a lograr ser profesional, sacar una carrera profesional. Pero no es fácil ser deportista No es fácil llegar a unos Juegos Olímpicos o un mundial, es demasiado difícil. Además que la vida no es como uno puede— yo he visto personas en las noticias, por los medios de comunicación, que a los 90, 100 años han sacado su carrera profesional, pero es muy difícil a los 90 años ser un campeón paralímpico, ser un campeón mundial, es muy difícil. Entonces yo dije: "Vale, la universidad me puede esperar, pero el deporte no, y yo quiero lograr primero esto." Y yo empecé a estudiar psicología y yo quiero después poderle dar mejor aporte a mis pacientes, a las personas que tenga la oportunidad de atender. Y me enloquecí por la bicicleta, y ahí arranca el sueño por la bicicleta. Ya 4 años, y como tú decías, soy el actual campeón nacional. En el mes de febrero estuve en Brasil en un campeonato panamericano y fui subcampeón panamericano en 4 pruebas, qué belleza, y quedé tercero en 2 pruebas. En total fueron 6 medallas que gané en ese panamericano. Y ahorita, como tú mencionabas, voy para Bélgica, hago parte del Movistar Team Colombia, selección Colombia, quiero entrar a ser parte de la selección Colombia. Entonces la verdad es un logro bonito, grandísimo. Estoy trabajando y creyendo que voy a poder llegar a los Juegos Paralímpicos de París. No alcanzamos a llegar a Tokio, pero estamos enfocados en un bonito proceso para llegar a París porque quiero llegar.
Quiero rescatar de lo que estás diciendo, acá hay un mensaje muy poderoso. El ser humano que no tiene metas se muere o se autodestruye. Para los que nos están escuchando, si ustedes ven un adolescente que no tiene metas de entrar a una universidad, de estar en un equipo de fútbol, lo que hace el fin de semana es autodestruirse, ¿verdad? Consumir drogas, alcohol, autodestruirse. O un señor mayor que se retira, ¿verdad? De su trabajo, y cuando se retira no se pone una meta nueva, empiezan a morir lentamente. O sea, aquí en Estados Unidos Juan Carlos Sanchez Balza, la edad promedio de muerte no tiene nada que ver con la edad, es 5 años después de retirarse. Porque el ser humano que no tiene metas, que no tiene un propósito, se autodestruye o se muere. Y tú encontraste un propósito muy grande, no solo en el deporte, porque quiero decirles que Juan Carlos Sanchez Balza también es conferencista motivador, es mi colega, ¿verdad? O sea, eso es un propósito enorme también, ir a levantarle el ánimo a otras personas, decirles: si yo pude, tú puedes. Cuéntanos un poquito de esa faceta de conferencista y de motivador.
Es bonita, la verdad. Yo creo que es un trabajo maravilloso, me encanta hacerlo, me apasiona muchísimo el poderle dejar una inspiración, el poder ver cambiar los rostros de las personas que llegan a un auditorio con una cara como de los problemas, como el mundo de la limitación, y después de unos minutos que lo conocen a uno y lo escuchan hablar, cómo empiezan a cambiar esos rostros. Yo creo que lo más bonito, y tú también lo has vivido, sabes que es lo mejor que le puede pasar a uno. No hay cosa más linda que esa, que al final lo abracen y le digan gracias por lo que hizo, gracias por darme esa lección de vida. Yo he tenido la oportunidad de estar en muchas empresas aquí a nivel nacional, también he estado en algunas pero ya virtual, y he podido dejarles ese mensaje positivo de que venga, cambiemos. Hay que ver la vida diferente, y como tú decías ahorita, hay que tener propósito. Hay que tener un propósito para vivir, hay que tener esa meta grande donde uno quiere llegar, pero también hay que tener unos objetivos pequeñitos y empezar a alcanzar uno por uno para llegar a donde uno quiere.
Así tú debes de gatear y después caminar.
No es fácil, es difícil. Si están pensando que en la vida las cosas son fáciles, pues déjame decirles que están equivocados. Hay que trabajar duro, hay que exigirse, hay que tener mucha pasión, y eso tiene que venir desde adentro. O sea, esto no está en la piel, ni vas por la calle y lo encuentras y uy, no, sí, no, Eso lo tenemos todos adentro. Yo considero que todos los seres humanos tenemos esa pasión, solo que hay algunos que la tienen ahí guardadita. ¿Para qué? No sé, pero la tienen ahí guardadita y como que están en una zona de confort, o se van a un mundo que se llama victimilandia. No sé si lo has escuchado.
Bueno, sí, yo conozco uno parecido. Yo digo excusitis aguda, una inflamación de la glándula de las excusas que causa la muerte del éxito. Eso, claro que la conocemos.
Sí, exacto. Entonces no tiene que ser hoy día, tiene que ir un poco más allá, es un poco más allá y dejar de ver lo que nos hace falta o dejar de ver lo que tenemos, sino querer hacer crecer. ¿Qué puedo hacer con todo esto que tengo?
Sí, oigan, qué belleza. ¿Qué puedo hacer con esto? Porque la calidad de tu vida depende de la calidad de tus preguntas. Juan Carlos podría estar hoy diciendo: ¿Por qué a mí? ¿Por qué esto? ¿Por qué? Pero no, él se empezó a hacer preguntas distintas. ¿Qué puedo hacer con lo que tengo? ¿Cómo puedo llegar a los Juegos Olímpicos? Entonces acuérdense, la persona con la que tú más hablas es contigo mismo, ¿verdad? ¿Estás sintonizado en radio miseria o en radio yo puedo? O sea, ¿cómo te estás hablando? ¿Están escuchando una persona que tendría todas las excusas en el mundo para victimizarse y quedarse, verdad, en victimilandia, como él le dice, y empezó a hacerse preguntas de mejor calidad que le dieron respuestas de mejor calidad, verdad? Esta pregunta sé que se la están haciendo en el corazón las personas que nos están escuchando. ¿Tienes rencor? Tengo qué, discúlpame, rencor con las personas que te hicieron, pues, con las FARC, con las personas que te hicieron esto.
No, la verdad yo me he enfocado más en mis sueños, en mi familia, mi esposa, mis hijos, en las cosas que yo puedo lograr, y eso lo dejé a un lado. De nada sirve vivir en el odio, de nada sirve vivir en el rencor maldiciendo, de nada sirve estar pensando en lo que se perdió. Y aquí hay otra parte que es muy importante y que también se la sumo a esa operación que les decía hace unos instantes: hay que desprendernos de las cosas que no nos dejan ser felices, hay que desprendernos de esos recuerdos que no nos dejan salir adelante. Entonces, uno de esos recuerdos, entre muchos que yo tenía, era eso, el vivir, el estar insultando a estos señores que hoy en día son honorables senadores, congresistas, Y se ganan una millonada, andan en muy buenos carros, escoltados, comen muy bien, y yo sufriendo en mi casa, encerrado, odiando, tomando café de vez en cuando y llorando. De nada me servía. Entonces, como que le hice ese cambio a mi vida, dije: hagamos este cambio. O sea, si ellos son senadores o no son, a mí me tienen sin cuidado si ganan bien o no, sin cuidado. Yo voy a vivir mi vida, Juan Carlos Sanchez Balza. Yo voy a vivir la vida mía, like Juan José Florian. Y quiero hacer cosas y quiero ser feliz. Entonces yo dije, la vida me dejó, yo estoy aquí, la vida, ¿para qué estoy vivo?
No te lo dejaste robar, no te dejaste robar tu vida. Porque cuando uno resiente, digo, la persona te entierra el cuchillo una vez y tú te puedes quedar toda la vida dándote con el mismo cuchillo y el otro por allá bailando, ¿sí o no? Mira, hay una frase de Mandela, dime, dime, quería contar una frase de Nelson Mandela que decía que resentir es como tomarse un vaso de veneno esperando que el otro se muera, el que se envenena es uno, ¿verdad?
Qué buena, es verdad. Mira, yo entre todas las preguntas que me hacía, como que un año y medio, para qué quedo vivo. Y la conclusión que yo he llegado, y seguramente algunos van a tener esa pregunta cuando estén en su casa, para qué quedo vivo este hombre, y pues déjame decirles que yo quedo vivo para ser feliz. ¿Y qué me hace feliz a mí? Todo, absolutamente todo. El poder compartir contigo este espacio, el poder dejar una inspiración en personas el poder tener a mi esposa, tener a mi mamá viva, tener mis hermanos, mis amigos. El que se me presente un obstáculo, me da risa, después que lo supero. En momentos yo no sé el qué, me enojo y echo el madrazo, ¿no? Eso lo he hecho porque yo soy un ser humano, yo no soy perfecto. Yo soy un poco que me pusieron una programación nueva y ya, no. Pero yo después me la gozo. Yo, mira, que te voy a contar aquí una anécdota. En uno de mis entrenamientos salí volando en mi bicicleta. Yo no volaba. Desde aquel bombazo y volví a volar en bicicleta, solo que no he aprendido a aterrizar y caí sobre mi hombro derecho. Y pues de una fractura de clavícula salí dando vueltas, caí fuera de la vía, me pegué un poco, un poco de golpes en mi cuerpo, raspaduras, lo que pasan los ciclistas, ¿no? Y entre las cosas buenas de esto es que venía una patrulla de la policía Y ellos corrieron a ayudarme. Entonces hubieron varios ciclistas que caímos, entonces todos eran preocupados por el Mocho y todos: ¡Ayuden al Mocho! ¡Ayuden al Mocho! Entonces todos corrieron a ayudar al Mocho. Cuando llegó, yo ya había intentado levantarme, pero el dolor del hombro no me dejó y me quedé quieto. Dije: me fracturé la clavícula. Cuando el policía llegó y las otras personas llegaron a ayudarme, decía: ¿Qué necesita? ¿Qué le ayudo? ¿Qué le ayudo? ¿Qué necesita? Y yo: ayúdeme a ver, porque es que no me veo las manos. ¿Qué pasó? Que no me veo las manos. Entonces el policía: ¡Amado! El policía, imagina el susto del policía, que le digo, ay no, no, no, no vuelva a decirme que me necesita yo, que qué necesito, míreme si en la carretera me coge el pie derecho porque tampoco me lo veo. Y todo el mundo empezó a reírse y el policía entonces soltó la risa y me decía, oiga hermano, usted no se puede ni mover del dolor. Y haciendo broma, pero yo qué más puedo hacer.
Qué lindo, qué lindo. Mira, cuando uno se aprende a reír de uno mismo Tantas cosas a las que le sacamos de proporción empiezan a volverse chiquitas. Y hablando de eso, te quería hablar de tu apodo. Nos escucha mucha gente que no es colombiana y que puede no entender qué es un mocho. Para nosotros en Colombia, un mocho es una persona, es un dicho popular que se le dice a alguien que le falta un miembro. Entonces uno dice, ah, pues si le falta un dedo es mocho, si le falta. Y no solo se dice mocho, sino mocho man. O sea, ¿quién te puso mocho man? ¿O te lo pusiste tú mismo?
No, eso llega, mira Margarita, hay muchas personas que se ven afectadas por el bullying, demasiado, y ese tema ha llevado personas al suicidio, a que se termine una relación, a que el niño abandone la universidad, el colegio, incluso que se crecen con ese, como marcados con eso, y más adelante van a su escuela y hacen y cometen algo atroz allá porque es que llevan ese recuerdo triste de la infancia. Entonces, cuando llegué a mi batallón, habíamos esa cantidad de muchos, y nosotros éramos más de 300 soldados amputados, muchísimos soldados amputados por las minas antipersonas acá en nuestro país. Y entonces yo llego y mis compañeros no me conocían, y apenas me ven de una vez me dijeron cuarto de pollo. Entonces mi primer bautizo que me hicieron a mí, mis compañeros me decían era cuarto de pollo. Que no, que cuarto de pollo, y tenían la razón, porque yo quedé una pierna nomás, realmente pareces un cuarto de pollo. Perdón que me ría, bro. En el momento me chocó, pero todos, uy, otro cuarto de pollo. Yo después lo tomé como por el lado, bueno, sí, parezco un cuarto de pollo. Y ya empezó el tema del ciclismo, y el señor que me hizo la primera modificación para mi bicicleta en el soccer, donde yo pongo mi pierna en unión, ahorita yo pedaleo con prótesis, antes yo pedaleaba solo con una pierna. Entonces una adaptación que hicieron, donde yo ponía el muñoz de mi pierna, eso era polipropileno, y el señor le puso la imagen de un Iron Man. Entonces nos quedamos viendo eso así, yo dije: uy, mira, pues es mejor mucho más. Y mis compañeros empezaron a reírse y dijeron: uy, sí, es mejor mucho más, porque imagínense cuando usted esté corriendo el Tour de Francia y se lo esté ganando, o ataque y digan: atacó Cuarto de Pollo, atacó Cuarto de Pollo.
No, eso queda muy feo.
Otro más atacó, otro más atacó. Y empezamos a reírnos. Entonces yo le dije: oiga, tiene toda la razón, mejor el Mochomán. Es más que Colombia ya tiene a Iron Man, a Superman, al Chico Maravilla, al Toro del Rauw. Mejor dicho, ya tenemos y tenemos muchos muchos, pero no hay el Mochomán. Entonces no, sí, y ahí viene el Mochomán. Entonces en el batallón ya me gritaban: cuarto de pollo! Y todos los otros: ¡uy, no, no, respétenlo!
Ese es el Mochomán, nada de cuarto de pollo.
Y de ahí quedé el Mochoman, y así me conocen en las redes sociales como Mochoman, me conocen en el mundo como el Mochoman. Pero siempre Margarita es mandando ese mensaje positivo: no se dejen afectar por un sobrenombre, porque te hagan bullying, no abandones sus cosas porque le hagan bullying. Qué chévere si a uno lo comparan con algo, que no, que usted es el gordo, el oso panda, que porque es gordo, entonces chévere, rico de abrazar. Claro, soy grande, qué chévere, me tienen referenciado por algo. Que lo referencien a uno por algo, por algo positivo, por algo bueno, porque sea el mejor de la clase, porque sea el que usa gafas, porque sea el más bajito, no porque sea el que lo tengan de referencia porque es el que hace más maldades a los demás, el que golpea a los otros. Esas referencias no son buenas.
Y tú sabes que hay un mensaje poderosísimo en lo que tú estás diciendo, y es que el bullying siempre va a existir, pero uno decide si uno es bullyable o no. Cuando te hacen bullying, tú lo puedes tomar personal, aislarte, llorar, verdad, o decir, o reírte con la gente. Y cuando el bully ve que no tiene fuerza, a lo mejor hasta se termina riendo contigo, verdad. Entonces te lo digo porque un día yo iba hablando con mi hijo, a mí me hicieron bullying, no grave, pero en el colegio. Entonces yo le, como mamá, tú sabes, uno, oye, ¿y a ti nunca te ha hecho bullying? Y se me voltea él con toda la seguridad del mundo, me dice Mamá, me dice, yo no soy bullyable. Y yo dije, ve, sí o no, qué interesante. Y es lo mismo que tú nos estás demostrando, tú no eres bullyable. Los bullies existen, pero tú no eres bullyable porque tu fuerza viene de adentro, no de afuera. Qué lindo mensaje. Bueno, yo me pudiera quedar hablando contigo todo el día, pero quiero contarles que mucho más. Juan Carlos Sanchez Balza también tiene una preciosa esposa que le ayuda muchísimo en su carrera y nos va a dar una saludadita. Angie, yo sé que ya está por ahí.
¡Angie!
Vente a darnos una saludadita aquí. ¿Se corrió? No, no se me corrió Angie.
No, ella no se ha corrido, es una de raquita igual a la esposa.
Eso, así me gusta. Angie, ¿cómo se conocieron? Mientras ella viene, cuéntame cómo se conocieron.
Con Angie nos conocimos, ella, bueno, hace muchos años nos conocemos porque ella es hija de, de, no sé, mi suegra es amiga de mi mamá. Entonces ella tenía una finca cerca, la finca de mi mamá, y bueno, cuando ella estaba pequeñita nos veíamos y todo el tema. Yo ya después alguna vez la vi, que ella fue, ya está en el ejército, y alguna vez ella fue a visitar, a saludar a mi mamá, llevarle unos plátanos. Y yo la vi, pero pues así como que, bueno, esa niña quién es, y así de miradita y chao, nomás. Y bueno, después del tiempo alguna vez ella me escribía por Facebook, me saludaba. Yo, la vida ya me había cambiado, yo estaba en mi proceso de rehabilitación. Y ella me saludaba, pero yo no, yo como que hola. Y además que es menor que yo, entonces yo decía no, esa señora es menor de edad. Yo le paraba bola, la verdad.
En Nicaragua dicen te estabas haciendo el diapeso, pues, ¿verdad? El duro.
Entonces un día vuelve y después pasó el tiempo y me escribió nuevamente, me saludó, que cómo estaba, y que era mi vida, como ella siempre. Pues resulta, Margarita, que yo tengo una sobrina y en ese entonces mi sobrinita pues estaba allá, tiene 12 años, entonces mi sobrina tenía 5 añitos, 4 añitos. Entonces mi sobrina, cuando ella llegaba, que ella se bajaba con mi mamá, y mi sobrina llegaba y me decía: tío, una muchacha muy bonita te mandó saludos. Pero después me enteré que era ella. Y yo: sí, ah bueno, mi amor, muchas gracias. Después ella me escribe y cuando yo la vi la foto, digo: uy, esa mujer ya creció, cómo está. No, sí, yo: hey, pues vamos a hablar. Y yo: oye, ¿cuántos años tienes? No, 18. Y yo, uy, ya somos hiperhíbridos acá en el país.
Qué bonito. ¿Cuánto tiempo llevan casados?
Ya llevamos 5 años viviendo aquí en Estados Unidos.
Angie, ven pues. Mírela, ahí está. ¿Cómo está mi Angie?
Hola, muy bien, gracias.
Me estaban chismoseando que tú aprendiste mecánica para poderle ayudar a Juan Carlos Sanchez Balza.
Sí, estaba todavía con la barriguita, tenía como 5 meses de embarazo. Y él empezó a enseñarme como todas esas técnicas para despinchar, como era que todo, a lavar la cadenilla, pues apenas estaba empezando y no la llevábamos al taller, sino lo hacíamos en casa y ahí fue aprendiendo poco a poco y ya ahorita no, olviden, experta, pues no así, uish, pero ya al menos nos entendemos las dos.
Ya me acompañó un mundial también, fui mi mecánica en el mundial.
¿Fuiste la mecánica de él en un mundial? ¡Qué belleza! Me encanta esta historia, de verdad. Dime, Angie, ¿qué es lo que tú más admiras de Juan José?
Como esa perseverancia de levantarse todos los días a lograr sus sueños. Digamos, los que dicen: uy, está lloviendo, no, qué pereza, está haciendo frío. No, él todo el día está mirando a ver a qué hora se escapa para irse. Entrenar y no quiere perder ningún día porque él sabe que tiene una meta y para eso debe tener, ser estricto con sus entrenamientos y no debe perder ningún día.
Qué bonito, la perseverancia, la disciplina. Todo se puede si uno no se da por vencido, si uno cree en uno y es disciplinado, ¿verdad? Me encanta, me encanta. Bueno, vamos a pedirle entonces gracias, Angie, un beso y gracias por acompañarnos. Juan Carlos Sanchez Balza, y para terminar contigo, hay gente que se está queriendo dar por vencida en este momento de un negocio, de un sueño, de una meta, de un deporte, a veces hasta de la vida. Lamentablemente hay gente que está diciendo ya no quiero estar aquí. Ok, ¿cuál es tu mensaje? Yo pude, tú puedes, para todas estas personas que ahorita se sienten que quieren tirar la toalla.
Bueno, pues lo primero que tienen que hacer es no tirar la toalla, y lo segundo Realmente la vida es difícil, y yo creo que durante todos estos minutos lo hemos recalcado. No es difícil, no es fácil, pero uno puede. Yo pude quedarme en medio de la oscuridad llorando, o yo podría vivir en ella. Yo podría estar en una esquina pidiendo limosna, o en medio del odio, diciendo yo soy el pobrecito, deme, deme, porque yo no puedo hacer nada. Pero yo lo que hice fue que transformar mi vida para hacer cosas grandes. Entonces, eso es lo que ustedes pueden hacer. Ustedes pueden hacer todo lo que se propongan, pero ¿qué necesitan hacer? Salir de ese pensamiento negativo que los tiene amarrados y agarrados ahí. Vean la vida diferente, con otros ojos. Ustedes tienen dos ojos, algunos los podrán ver bien, algunos no. Yo veo solamente por uno de mis ojos, pero aprovechen que tienen sus ojos para ver esas metas donde quieren llegar. Y aprovechen que tienen sus piernas completas para que soporten el peso en la vida, porque como he dicho, la vida no es fácil, para que soporten ese peso, porque la vida es dura. Entonces soporten con sus dos piernas. Yo lo soporto con una sola y tengo amigos que no tienen piernas y soportan el peso y las cosas duras de la vida con su cola. Todo el tiempo están sentados y todo el día están luchando por cosas. Y seguramente han visto muchos. Aprovechen que tienen sus manos, que seguramente las tienen buenas, y que, o al menos las tienen ahí, aprovechenlas para que trabajen en equipo, para que luchen por sus cosas y soporten y alcancen las cosas. Yo puedo, Juan José puede hacer todo lo que se ha propuesto: montar una bicicleta, ser nadador, ser conferencista, estar en Copas del Mundo, estar en mundiales, estar en campeonatos nacionales, estudiar, tener una hermosa esposa, tener dos maravillosos hijos. Cuando podría estar en medio del dolor. Entonces ustedes lo tienen todo, aprovéchenlo para que alcancen cada uno de sus sueños.
¡Qué belleza! Ahí lo tienen, Juan José Florian, Mojo Man. Si él pudo, tú también puedes. Juan José, muchas gracias, Dios te bendiga, y espero pronto poderte dar un abrazo en persona.
Claro que sí, Margarita, muchas gracias. Mis abrazos son corticos, pero con la mejor energía.
Ay, gracias, gracias, un beso. Gracias por unirte a un episodio más del podcast Yo Pude, Tú Puedes. Espero que lo hayas disfrutado. Me aseguro de leer todas las reseñas de mis podcast, así que si tienes alguna pregunta para mí, déjame una reseña en Apple Podcast y me aseguraré de responderla en un próximo episodio. Hasta la próxima.
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