En este monólogo motivacional, el locutor aborda el miedo al fracaso y al qué dirán, argumentando que el fracaso no es más que un resultado no deseado y que la clave está en probar distintas estrategias hasta lograr el objetivo. Cita y reflexiona sobre el famoso pasaje de Theodore Roosevelt “El hombre en la arena”, resaltando que el crédito corresponde a quien se atreve a actuar, a pesar de los errores y críticas. Propone la máxima “hazlo con miedo”, explicando que la valentía no implica ausencia de miedo sino la acción pese a él. Comparte una anécdota personal conocida como la “ley 18‑40‑60”, que muestra la evolución de la preocupación por la opinión ajena a lo largo de la vida. Concluye afirmando que el único que puede detenernos somos nosotros mismos, invitando al oyente a lanzarse a la acción.
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Mucha gente me dice que le da miedo empezar un negocio, aprender otro idioma, lanzarse al agua porque les da miedo el qué dirán. Sino normalmente las personas cuando no se atreven tienen miedo al rechazo o miedo al fracaso. Como yo les he dicho, el fracaso no existe, lo que existe son resultados, y si no obtienes el resultado que quieres, pues pruebas de otra y de otra manera hasta que lo logran. Pero hoy te quiero hablar del miedo al fracaso. Hoy quiero compartir, yo no tiendo a leer poemas ni mucho menos pues no es a lo que me he dedicado, pero sí hay poesías que me llegan al alma. Y una de mis favoritas fue escrita por Theodore Roosevelt, quien fue presidente de los Estados Unidos, y quiero compartírtela hoy. Porque yo digo: mucho más triste que fallar es no haberlo intentado y llegar al final de la vida y decir: ¿qué hubiera pasado si yo lo hubiera intentado? ¿Verdad? ¿Cuándo has visto una estatua de un crítico? Siempre, toda la gente que ha logrado algo grande en su vida, criticado, pero no es al crítico al que le hacen la estatua. Como digo yo, el crédito le pertenece a la persona que está en la arena. Y esa frase la uso mucho de esta poesía, que es una de mis poesías favoritas. Si me permiten, la tengo aquí en pantalla y te la voy a leer, verdad, es de un teleprompter. Aquí va, dice Theodore Roosevelt, o dijo: no es el crítico el que cuenta, ni el hombre que critica al fuerte que tropieza o comenta como el que hizo algo. Pudo haberlo hecho mejor. El crédito le pertenece al hombre que está realmente en la arena, cuya cara se mancha de polvo, sudor y sangre, que lucha valientemente, que se equivoca, que falla una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error y defecto, pero que de igual forma se esfuerza por hacer, que conoce el gran entusiasmo y las grandes devociones, que se entrega a sí mismo en una causa justa, quien a lo mejor conocerá al final el triunfo de los grandes logros. Y quien a lo peor sí falla, por lo menos fallará atreviéndose, para que su lugar nunca sea con esas almas frías y tímidas que nunca conocieron ni victoria ni derrota. Así que mi invitación hoy es: hazlo con miedo. No importa, ser valiente no significa no tener miedo. Ser valiente significa que a pesar del miedo lo hiciste. ¡Lánzate! El peor arrepentimiento que uno puede tener en la vida es de no haberlo intentado. Y recuerda siempre la ley 18-40-60: a los 18 años pensaba que me importaba lo que todo el mundo pensaba de mí, a los 40 me importaba un pepino lo que todos pensaban de mí, y a los 60 me di cuenta que nadie estaba pensando en mí. El único que te puede detener eres tú mismo.