La magia de insistir cuando te digan: ‘NO se puede’, con la reconocida actriz Natalia Ramírez.
18 Apr 2022 · 44 min
En este episodio del podcast “Yo Pude, Tú Puedes”, la conductora Margarita entrevista a la actriz y empresaria colombiana Natalia Ramírez, conocida por su papel de Marcela Valencia en Betty la Fea. La conversación recorre la vida de Natalia desde una infancia marcada por comparaciones familiares y expulsiones de varios colegios, hasta su rebeldía temprana que la llevó a buscar independencia económica vendiendo alimentos y trabajando como jinglera. Relata cómo, a los 11 años, ingresó a un programa musical infantil que lanzó su carrera televisiva, y cómo, a los 17, alcanzó la fama con Quieta Margarita y Betty la Fea, describiendo las jornadas extenuantes de producción y la presión de la industria, incluido el abuso de un director tiránico. Natalia explica su decisión de alejarse de la televisión para estudiar publicidad, su paso por MasterChef y su visión de la necesidad de un “plan B”. Comparte una impactante experiencia de secuestro exprés en Venezuela, detallando el robo, la amenaza y la fuga al aeropuerto. A lo largo del diálogo, enfatiza la importancia del amor propio, la autocompasión, la resiliencia y la insistencia: después de 15 años logró montar Betty la Fea en teatro, demostrando que la perseverancia supera los “no se puede”. Concluye ofreciendo consejos a padres y artistas sobre evitar comparaciones, cuidar la salud mental y mantenerse fiel a la pasión, mientras invita a la audiencia a seguir su gira “Diván Rojo” y a sus redes sociales.
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Bienvenidos al podcast Yo Pude, Tú Puedes, el podcast número 1 para personas que buscan orientación e inspiración para lograr lo que se propongan en la vida y los negocios. Empecemos, amigos. Lo que les tengo hoy, mejor dicho, ustedes se mueren. Además, amiga muy querida, una persona que admiro, una persona que quiero y que todos ustedes conocen, la antagonista más querida de Latinoamérica, se los puedo garantizar. La conocíamos como Marcela Valencia, la que le hacía la vida imposible a Betty la Fea, ¿verdad? Pero además que ha estado en muchas otras telenovelas, es cantante, muy talentosa, empresaria, Natalia Ramírez. Naty, ¿cómo estás?
Hola, Margarita, ¿cómo estás? ¿Cómo te va? Qué rico estar aquí con todos ustedes.
Igual, igual, feliz de verdad de entrevistarte y que toda la gente pueda oír tu linda historia. Vamos a empezar. A mí me llamó mucho la atención ver una entrevista tuya donde tú decías que te botaron de 5 colegios, y yo te veía, Naty, a ti siempre te he visto como la niña bien portada. Cuenta a ver qué fue eso.
Pues es que para mí mi infancia, aunque fue una infancia muy feliz, Margarita, porque yo siempre recalco eso, no tuve ningún inconveniente. Toda mi familia siempre tan bellos, mi mamá, mi papá, mi hermana, mi madrina y yo, siempre como muy felices, pero digamos que mi hermana era la de mostrar. Sí, sí, mi hermana era la que tenía la más bonita, la que tenía las mejores notas, la que siempre izaba bandera, y siempre era como el comparativo. Que yo lo que siento es que, como esto de tener hijos no viene con manual de instrucción, pues la comparación de los hijos es un desastre, porque termina siendo en la mente de uno como infante ante y como creador de una mente que está en evolución, pues mucho daño muchas veces, y sin culpa, por supuesto. Pero la verdad es que si yo hubiera podido estrangular a mi hermana, lo hubiera estrangulado.
Usted, ¿por qué no puede ser como, cómo se llama tu hermana?
Adriana.
Usted, ¿por qué no puede ser como Adriana, muchachito?
Claro, ¿por qué usted sí tiene las mismas oportunidades? ¿Por qué usted sí, sí sabe lo mismo? Si tiene la misma cabeza, si tiene los mismos nos las mismas cosas porque a ella le va bien y a usted mal.
Sí, ahora nos da risa, Nati, ahorita, pero en una mente de una niña eso te afecta la autoestima, pero un montón, pero un montón.
Entonces mi manera rebelde, digamos, de decir así, o sea, ustedes quieren que yo sea como es ella, no como soy yo, sino como es ella. Entonces pues no, pues no, no lo voy a hacer. Y ahí entra una indisciplina absoluta. Fíjate, era muy simpático porque a mí en las notas yo siempre me retaba, y el reto era tirarme todas las materias y sacarlas todas al final. Wow, y a propósito, sí, era a propósito. Sí, era como yo dormía, o sea, llegaba al colegio y me encerraba en unos clósetes a dormir. Entonces siempre salía y decía: el que le diga al profesor que yo estoy ahí durmiendo, entonces me hace el favor y se quedan calladitos, yo duermo y luego salgo. Y yo hacía eso, yo dormía casi hasta las 11 de la mañana y luego sí entraba a clases. Muy loco todo, muy loco. Entonces claro, luego se daban cuenta, entonces matrícula condicional. Entonces luego primero un colegio, el Colegio Andino, Alemán, estudiando alemán. Dios, qué idioma tan complicado, es muy complicado. Pero pues era la excusa perfecta: no, es que el idioma no puedo, es que todas las clases en ese idioma que yo no entiendo. Hasta ahí llegué, hasta tercero elemental. Y luego entonces me pasan al Santa Francisca Romana. No, pero si es que yo antes estaba estudiando inglés y alemán, y ahora cómo hacer todas las clases en inglés. Ay, no, no, no, no, no, yo no puedo. No, no, no, no, no. O sea, la víctima, la víctima. Después entonces me pasan al gimnasio Irawa Opus Dei.
¡Ah, súper estricto!
Claro, súper estricto y religioso, son unas rezaderas todo el bendito día, pero pues inglés era una hora, ya no tenía excusas, mis papás me pasaban y ya las excusas se me iban acabando. Ahí estuve hasta lo que en mi tiempo era tercero de bachillerato, que ahora es como ¿Qué es esto? Como octavo o noveno. Entonces ahí ya es que no me aguantaron más. Estaba todos los años con matrícula condicional y, como te decía, la pasaba y la pasaba al final.
Pero muy interesante, esa rebeldía era también como un llanto de esa niña por: yo también soy importante, yo también valgo, yo también quiero atención.
Mi atención era al revés, mi atención en vez del elogio era el regaño. Entonces bueno, por lo menos me paran bolas para regañarme.
Sí, claro, claro. Pero eso pasa en la mente de un niño, eso pasa en la mente.
Claro, por supuesto. Entonces de ahí ya arranco y me meten en otro colegio de monjas que se llama el Sagrado Corazón. Entonces ahí entro al Sagrado Corazón y yo como extremista soy, entonces le dije a mi papá: yo no me voy a meter con nadie. Porque claro, tú terminas metiéndote con los que no debes. Que es un peligro salvaje.
Sí, las malas amistades, hasta en la vida adulta hay que tener cuidado uno de quién se rodea.
Claro, entonces por supuesto siempre con las indisciplinadas, con las que no funcionan, con sí. Entonces uno hace grupos como igualmente haces grupos con la gente que te va bien y que son disciplinados cuando lo eres. Sí, igualmente haces amistades con los que no lo son porque son afines. Y de ahí en adelante entonces yo le digo a mi papá: está bien, no hablo con nadie, yo solo estudio. ¿Eso es lo que usted quiere? Sí. Ah, bueno, eso hago. Y las monjas me sacaron del colegio y me echaron por asocial, porque realmente no hablaba. A mí me saludaban: hola Natalia, ¿cómo estás?
Sí, la más antipática del colegio.
Ay, no, qué horror.
Pero todo esto es una niña tratando como de encajar, ¿verdad? Y de en su casa. Mira, es muy lindo. Creo que lo que Nati nos dice aquí es muy valioso, porque nuestros papás y nosotros como padres no vinimos con manual. Y escuchar estas cosas, para todos los que nos están oyendo que tienen varios hijos, el no comparar es tan importante, porque uno puede que lo haga como por motivar al otro, pero en realidad Cada persona es un individuo, no somos fotocopias, somos originales, ¿verdad?
Correcto, y cada quien tiene sus momentos importantes. Y ahí es cuando, cuando yo estaba en el Sagrado Corazón, como no hablaba con nadie, entonces salió un programa de televisión, unas audiciones para un programa musical, y yo había estado en el Conservatorio Nacional, cantaba en el coro de la iglesia, en el del colegio, en las murgas, en todos lados. Y yo dije, bueno, voy a ir y le dije a mi papá, voy a ir a una audición, papi, de un programa musical infantil. Mi papá me dijo, pues vaya. Yo, claro, porque yo no, no, realmente por problemas académicos y disciplinarios ninguno. Mi papá estaba feliz, o sea, mi papá y mi mamá estaban dichosos, por fin esta niña agarró camino. Entonces yo no perdía ninguna materia, yo no tenía ninguna nota de indisciplina. Nada. Entonces me dijeron vaya, vaya, y yo entré a una audición y ahí es cuando arranca mi carrera porque entro a un programa que se llamaba El Club de la Televisión y era que antes lo hacía, no mentira, se llamaba Teletrónica Musical.
Ah, de Teletrónica sí me acuerdo, claro.
Yo me quedé pensando que además uno llamaba por teléfono y hacía pow, pow, pow, pow y mataba como unos muñequitos y luego se murió este señor que lo animaba y lo volvieron electrónico musical. Y ahí empieza toda mi carrera y empieza una evolución de independencia que además siempre la tuve porque fui muy inquieta en los negocios siempre. Y entonces mi papá, yo ya pesaba 80 kilos, mi papá me daba una mesada y me dijo: ya no vas a tener más mesada, Natalia, vas a desayunar, almorzar y comer porque tú no puedes estar en ese sobrepeso. Y yo muriendo de hambre dije: no, aquí lo que tengo es un problema, que no tengo plata. ¿Cómo hago plata? Además, si tengo 11 años, a ver, a vender, sí, a vender bombón, brownies, perros calientes, lo que sea, pero yo necesito sacar plata para poder comprar en la tienda. O sea, mi problema era para poder comprar en la tienda la papa, la dona, la gaseosa, todo lo que me gustaba. Y de esa manera empecé a generar dinero, pero sí, en un mes perdí 20 kilos, casi me mata de hambre. Mucha locura, pero no me iba a dejar. Y cuando ya entro a la parte musical, empiezan a llamarme los jingleros a cantar. Y habíamos hecho como un grupo muy selecto, éramos Alex Hernández, Claudia Altamar y yo. Y de hombres era Lisandro Zapata y Carlos Ortiz.
¿Y qué jingle famoso hiciste que los colombianos reconozcamos?
Uy, un montón de Coca-Cola, o sea, de todo, de los bancos, de Coca-Cola, de Johnson, o sea, todo lo que de goodies, de charms, con mis goodies alfales.
Ay, porque son de maíz.
Todas esas sí, o de John, son, ¿cómo es que era? Ay, es que usted me está preguntando desde hace mucho tiempo, más de 45 años yo que me voy para acá.
¿Cuántos años tienen a ti?
56.
No, es que eres comeaños, eres comeaños impresionante.
Sí, mucho más. Me cuido mucho también, me quiero mucho, entonces Como me quiero tanto, me cuido mucho.
Ay, me encanta ese mensaje, me quiero mucho, eso es tan importante.
Yo me quiero mucho, pero además me quiero mucho desde chiquita, pero no sabía cómo hacerle la cosa, cómo darle la vuelta. También mi problema de obesidad, yo creo que también todo se debía a un trastorno ahí de mente que no lograba comunicarme con mis papás como para decirles no me comparen, no hagan esto, déjenme ser, yo soy distinta a mi hermana. Mi hermana es juiciosa, yo soy muy disciplinada, pero si me friegan así, yo no voy. Y todavía el sol de hoy, Margarita, si tú me retas, sí, yo no voy. O sea, alguien que me decía, ay, ¿a que no puede? Y yo, ay, no, no puedo. Sí, o sea, qué pereza, no me voy a poner a competir por un—
Me encantan todos esos mensajes, Nati. Quererse uno mucho cuando uno se alimenta bien, cuando uno duerme, cuando uno se cuida, cuando uno se habla bonito.
Uno se siente bien. Esa es fundamental, hablarte bien. Entonces, retomando, cuando empiezo a hacer dinero con mi carrera musical de jinglera, porque además uno grabando los jingles ganaba muy bien, tanto que hasta pude comprarme un apartamento, comprarme un carro, y no tenía 18 años. Entonces era como que el apartamento estuvo bien, el carro Qué estupidez de inversión tan imbécil que me hice. Pero, ¿por qué?
¿Por qué?
Bueno, porque los carros los sacas del concesionario y ya valen el mismo. Claro, eso es perder la plata. Mejor es ir en transporte público y esa plata me la invierto en otra cosa. Pero pues en ese momento, de hecho mi papá me decía: no se compre un carro, no se compre un carro, pero usted ni pase tiene. Entonces Yo le decía: no, me voy a comprar mi carro, me voy a comprar mi carro.
No tenías licencia y ya te estabas comprando el carro. Ay, no, que es esa belleza, Nati.
Pero pues era como una manera de sentirte independiente. Sí, pero también puse a mi papá y a mi mamá en muchos problemas porque, como los padres, digamos que uno de los ganchos es la independencia económica, o sea, uno está dependiendo totalmente Entonces ya les empezó a dar miedo que yo me fuera a ir a vivir al apartamento que había comprado y pedir, ¿cómo se llama eso? Ante la ley tiene una cosa, emanciparse.
Emancipación, sí.
Entonces yo decía, pero si yo no me voy a ir de la casa, yo vivo aquí feliz, no me comparen y yo soy feliz. Entonces empezaron como a entender un poco el proceso. Salgo del Iragua, me meten en el en el Sagrado Corazón, en el Sagrado Corazón me echan. Y en ese momento mi papá, furioso, me mete a la escuela pública como un castigo, cuando fue el mejor premio que me dio en la vida. Si yo hubiera podido estudiar en ese colegio toda mi vida, yo, mejor dicho, la historia hubiera sido otra. Y es porque en ese colegio no había como estereotipos, no había arquetipos. En los otros colegios todo era que si el guante, que si de qué club eres, que si, que si qué marca es la gafa, que la maleta de dónde es, que cuántas veces viajaste al año, que— y yo para esa vaina soy pero mala, o sea, yo soy muy mala.
¿Era como una competencia?
Además competencia por objetos, es que, o sea, qué tengo, y entonces por lo que yo tengo es lo que yo valgo, y a mí eso me sabía cacho, porque así no es.
Sí, así no es.
Entonces, cuando yo entro al Pedagógico Nacional, donde me encuentro con los hijos de Galán, y me encuentro con la hija de la señora que hace la CEO en el colegio, pues yo empiezo a encontrar un universo que se empata más conmigo. O sea, que realmente es por lo que yo soy y no por lo que yo tengo. Y eso fue los 2 años donde, mejor dicho, que si no estudié, yo estudié muchísimo. Porque además estudiábamos de 6:15 a 12:45 porque entraba la segunda jornada. No había recreos, no había a nadie. Mis amigos siguen siendo los mejores amigos del pedagógico. Y luego entro al mundo universitario ya con otra visión totalmente diferente. El haber pasado por tantos colegios también me dio la posibilidad de conocer a muchas personas, de hacer relaciones públicas. Entonces se me abre un horizonte tan distinto al de mi niñez, un universo tan tan diferente y donde puedo mostrar mis capacidades y mis valores, y mis padres ya empiezan a entender que mi talento es otro, sí, no es el de mi hermana, los libros, sino es otro tipo de talento. Y ahí empiezo a crecer y a crecer y a crecer, y entonces se me empiezan a presentar oportunidades como hacer una novela con mis favoritos actores, que era Luis Eduardo Arango, María Eugenia Dávila, sí, era un mundo hermoso. De lo que uno cree que es la televisión.
¿Por qué entre comillas?
A ver, no, porque son unas jornadas muy salvajes, es un trabajo muy, muy complicado, hay que tener mucha disciplina, hay que tener los pies muy en la tierra, porque además la fama es un juego sucio. La fama, la fama te lleva a creerte muchas cosas que no existen, que no son, y que la gente jura pues que uno lo tiene todo servido en bandeja de plata, que uno uno ya es un privilegiado de la vida. Y cuando tú ves la historia de los actores, son muy pocos los que tienen éxito y libertad financiera. O sea, están dependiendo siempre de que terceros te contraten para papeles, de encontrarte en producciones que no son exitosas, de subir, de caer, de subir, como todo el mundo. O sea, somos—
¿Y en qué momento tú dices soy famosa? ¿Qué te pasó? Algo, no sé, en Bogotá, tú, que tú dijiste wow, o sea, esto.
Bueno, cuando la gente te empieza a reconocer, sí, y cuando tú tienes 17 años y la gente te empieza a reconocer como, como la protagonista del momento, porque además la novela Quieta Margarita le fue súper bien, era una novela musical, la gente, el disco, por cierto, verdad, claro, había hasta disco, o sea, todo era como wow, yo ganaba para, o sea, para lo que ganaban mis compañeros era una estupidez, pero para mí era un montón de dinero. Yo me acuerdo que a mí me pagaban 47 mil pesos el capítulo. Sí, pero eso es en los noventas, eso es en el 87, en los ochentas. Que si te das cuenta, son 20, eran casi un millón de pesos. Al mes de hoy, de no, de hoy serían unos, de hoy serían como unos 50 millones, sí, como unos 30 millones de pesos, sí, sí, al mes para una niña de 17 años. Sí, auxilio, socorro, sí. Entonces pues era, y toda la gente reconociéndote y toda la gente pidiéndote autógrafos, porque en esa época cámaras no habían celulares, en la servilleta, en el papelito, en el, sí. Y eso te llena la cabeza de que tú crees que todo va a ser igual y que todo siempre va a ser un exitazo y que siempre va a ser maravilloso. Y resulta que mi director era terrible conmigo y con todo el mundo. Realmente era un hombre muy, muy, muy furioso.
¿Qué fue lo más difícil de trabajar con esta persona?
Tratar de entenderlo. Bueno, de hecho, tanto era el pavor que le tenía que que me hice pipí. ¡Guau! ¿Te puedes creer el pavor que yo le tenía?
¿Cómo sería intimidante?
Sí, pues yo pensé que ya me iba a pegar, o sea, porque siempre que decía abran puerta, sí, cuando abran puerta era que se abrían las puertas del estudio y él venía con el látigo en la mano. Yo decía siempre, ahí viene con un látigo en la mano, me va a dar, me va a dar, me va a dar. Y claro, él era argentino Y su manera de expresarse era muy elocuente, y por supuesto también su manera de regañar era muy elocuente.
Tengo entendido que casi dejas la televisión, incluso por tu experiencia con este director.
La dejé, la dejé, dejé la televisión por un tiempo, me dediqué a la publicidad, que fue lo que yo estudié. Trabajaba en una agencia de publicidad y quien me rescató fue Ali Omar, que en paz descanse. Lo amé y lo adoré, porque si no hubiera sido por su persistencia, tal vez yo sería en este momento la presidenta de Le Burnett. Pero, pero sí, yo creo que es que la gente tiene como un concepto totalmente diferente, y por eso es que me gusta tanto MasterChef, porque creo que la gente logra conocer al ser humano y no al artista. Sí, en los realities realmente mantener un personaje que tú quieras crear es muy difícil, realmente. Eres tú, es uno. Entonces, pero te lleva toda esta carrera artística que son más de 40 años, pues te lleva a entender que, no sé, un médico con una carrera de 40 años o 45 años, si yo empecé a los 12 y tengo 56, pues Sí, 44 años. Entonces, cuando empiezas en esta vida artística y te das cuenta de los subes y los bajas y todas las consecuencias que las cosas traen, los papeles que aceptas, los que ni siquiera tener plan B. O sea, yo he pasado años sin trabajo. Si yo no fuera empresaria, si yo no fuera, tuviera plan B, si yo, si yo no hubiera creado otra cosa estuviera en grandes dificultades. Sí, que es lo que le pasa a la gran mayoría de los actores en el mundo, porque uno se rige como por los actores de Hollywood. Sí, mira la desgracia que está el pobre Will Smith.
O sea, no, no, y estamos en una cultura de cancelación que por un error cancelan toda la vida de una persona. Pero bueno, ese es otro tema. Nati, hablemos de Betty la Fea, porque Claro, Quieta Margarita fue un gran éxito, los colombianos lo conocemos muy bien, pero ¿quién que hable español no conoce Betty la Fea, verdad? Cuéntanos cómo fue esa experiencia, entiendo que grababan 18 horas, dormías en el canal a veces, cuéntanos.
Sí, nosotros teníamos jornadas porque el sindicato todavía no había podido establecer como algo fundamental que eran las horas de trabajo como todo el mundo. O sea, la gente trabaja 8 horas, nosotros trabajamos 16, 12, 18 horas en el día. Entonces las personas ven el capítulo y te dicen: ay, no, esa gente sí se la gana más fácil y ganan los millones de los millones y de los millones. Yo no te voy a decir que no se gana muy bien, se gana muy bien, pero también puedes pasar años sin trabajar. Sí, entonces, y no todo el mundo gana bien.
Y se reían, porque yo me río mucho todavía viendo Betty la Fea. Yo digo, ¿cómo no les da risa?
Claro, todos se reían, mucho menos mi personaje. Mi personaje no tenía permiso de reírse, porque además, como era la antagonista, todo le caía mal. Todos los chistes que hacían eran fatales, todos. Y yo tenía mis deditos de los pies así agarrados, agarrados, para no reírme, y para que no rindiera. Pero fue una experiencia tan maravillosa en donde pensamos que iba a ser un— o sea, la incertidumbre de Betty y la Fea. Cuando nosotros arrancamos a ensayar y a leer y a castear y sí, hacer todas las audiciones y hacer los ensayos, nosotros: esto no va a funcionar, o sea, es que está muy bien escrita, pero qué miedo que la protagonista sea fea, esto es una embarrada gravísima.
O sea, por el cartel de Las Feas y todo.
Sí, claro, claro. No, no, no, no, no sé qué, esto va a ser un desastre. Y mira en lo que se convirtió, en la novela más vista en el mundo.
Yo podría decir que es como el Friends en español, es un fenómeno. Hoy en día tú todavía entras a Netflix y yo todavía lo veo y me quedo viéndolo y me quedo riendo.
Pues seguimos siendo el top 10, es que es una cosa muy, muy absurda después de 23 años. Que esta historia siga funcionando como ha funcionado, pero grabarla fueron 2 años y medio de unas jornadas, por Dios, yo pesaba 48 kilos, bueno, ahorita también estoy pesando 48, Masterchef es parecido. Son unas jornadas terribles, terribles, eran unas cosas muy, con una carga, La ventaja de todo esto es que nosotros no nos dimos cuenta del éxito hasta que terminamos de grabar. Sí, porque estábamos encerrados en el estudio. De hecho, nuestros hijos no podían vernos, nuestros esposos no podían vernos. Entonces nos llevaban nuestros hijos al set, y cuando nosotros hacíamos escenas en sala de juntas, todos nuestros hijos estaban debajo de la mesa de sala de juntas haciendo tareas para por lo menos verlos un ratico.
Sí, qué belleza, qué belleza. Pues escuchar esta parte que no vemos, y también el esfuerzo que hay detrás. La gente ve un capítulo de 40 minutos y creen que toma 40 minutos grabarlo.
Horas, horas, horas enteras, horas enteras, horas enteras. Pero ahí es donde lo interesante es que la gente sepa que no es tan fácil como parece, que realmente la vida del artista en general es una vida de mucho sacrificio, de meterle y de mucha disciplina, y que fácil no es.
Naty, ¿te pareces en algo a Marcela?
En nada, en nada. Somos totalmente opuestas, somos totalmente opuestas, y eso fue algo que también me llamó mucho la atención de ese personaje porque Había muchas herramientas, había muchas herramientas de cómo jugar con ese personaje. Y lo más lindo que logramos con Fernando y con el director Mario Rivero es que Marcela no fuera una mala tradicional, sino fuera una víctima. Sí, y fuera una víctima de Armando Mendoza. Realmente el antagonista es Armando, tanto para Betty como para Marcela. Entonces fue chévere darle todo ese giro de no ser la malvada, jajaja, sino él era El desgraciado, como hubiera dicho Laura en América.
Y ustedes son amigos, todos los protagonistas de Betty se juntan, son amigos.
Somos muy amigos, somos una familia muy grande. Hicimos Betty la Fea teatro después de 20 años, que fue muy lindo. Fue algo que me costó mucho trabajo también lograrlo.
Hacerlo, lo montaste tú además, ¿verdad?
Sí, lo monté yo. Y fue una experiencia muy linda volvernos a reencontrar, hacer más de 150 funciones, hacer gira internacional. Ahorita tengo a mis compañeros Lorna Cepeda y Julio César Herrera aquí abajo ensayando porque vamos en gira por Centroamérica para el Diván Rojo. Vamos a ir a México también, vamos a estar en octubre en México. Entonces arrancamos una gira internacional importante con lo que fue Betty la Fea y como el legado de Fernando Gaitán.
Sí, qué bonito, Nati. Bueno, ya sabe toda la gente de Centroamérica que estén pendientes del Diván Rojo. Tenemos mucha gente que nos escucha también en Costa Rica. Te secuestraron una vez en Venezuela, ¿verdad? Viviste lo que es un secuestro exprés. Cuéntanos esa experiencia.
Es que es muy extraño, sabes, es algo, es algo como que uno no quisiera que le pasara a nadie ni que volviera a pasarme. Porque yo salía, yo hacía un programa en Venezuela, yo grababa en Venezuela y hacía un programa que era como una especie de reality que se llamaba Duelo de Famosos. Yo estuve trabajando trabajando 2 años en Venezuela haciendo unas novelas, y luego con RCTV. Y luego RCTV hizo un programa que se llamaba Duelo de Famosos, que eran cantantes, artísticos, gente conocida, y competíamos como en una especie de reality. Y yo viajaba todos los fines de semana porque mi hija estaba en Miami, porque mi familia y mi hermana también ese fin de semana iban a estar.
Y nosotros ya teníamos bien con tu hermana.
Muy bien, súper, muy bien. Eso logramos hacer las paces de grandes, de grandes, de grandes. Es a mis 20 y a sus 23.
Perfecto.
Ahí ya nos volvimos íntimas amigas porque hay otra historia de locos, pero lo que pasó es que yo iba para Miami porque mi hermana y mi familia y todos estaban que nos íbamos a Orlando, y ese vuelo de Caracas salía a las 6 de la mañana, sí, 5:45 de la mañana. Así que yo tenía que llegar al aeropuerto a las 3 de la mañana, así que yo tenía que salir de mi casa a las 2 de la mañana. Sí, el conductor que me había asignado el canal me dijo: no, yo a esa hora no la llevo porque eso está más peligroso por ahí. Y yo le dije: ay, no, pero entonces, ¿cómo llego al aeropuerto en taxi? Y yo grababa con Karina, que es una cantante muy, muy famosa venezolana, y me dijo, yo le digo a mi conductor que te lleve y que tú le pagas el recorrido y él te lleva. Y yo, ok, gracias. Fuimos a cenar con ellos después de grabación, yo fui a mi casa, me bañé, me duché, cogí mi maleta, el conductor ya me estaba esperando, yo le pago a él cuando llego al asiento, me subo al carro, le pago y él pone el dinero, en ese momento eran bolos, y yo pongo los bolívares, pone los bolívares y su teléfono ahí al lado de él. Arrancamos, subo las maletas, arrancamos, y cuando íbamos camino a Maiketía nos pasó un carro, y yo sí vi a los muchachos, eran, eran dos adelante y uno atrás, yo los vi, pero bueno, nos pasaron. Cuando vamos a darnos la vuelta a Maiketía, a la circunferencia de Maiketía para entrar al aeropuerto, se nos para un carro adelante y otro atrás y se suben al carro. 2 adelante, uno manda a correr el conductor, así que tapó los bolos y el celular, se sienta encima de los bolívares y del celular, se sube el tipo, y detrás se sube otro conmigo que no tendría 15 años. Y él estaba muy nervioso, yo le dije: ¿qué pasó? No sé qué, déjeme bajar. Toda la reacción que uno hace, no, esto qué, que no sé qué, que nos entregue la cartera, el pasaporte, la tarjeta tarjetas de crédito y arrancan a una velocidad absurda que yo le dije: si sigue manejando así nos vamos a matar, o sea, nos vamos a matar. Y yo con la cabeza agachada y el de al lado le decía: baje la cabeza, que baje la cabeza. Y este tipo nada que bajaba la cabeza y le da con la cacha, le da un totazo y le rompe aquí. Y esto era sangre, sangre, sangre. Y yo: todo el mundo tranquilo, todo el mundo tranquilo, las claves de los cajeros son estas y estas y estas Mi temor, Margarita, era que me tuvieran, porque en Venezuela los cajeros te dan un tope hasta medianoche y vuelve a arrancar. Entonces yo, mi temor era que me dejaran hasta medianoche para los días siguientes seguir robando. Y yo le dije, mire, si yo no llego a mi casa, yo voy, usted sabe que yo voy al aeropuerto y está mi maleta, que seguramente se la va a llevar, pero si yo no llego a la casa se van a bloquear todas las tarjetas. Así que lo que hay que sacar hay que sacarlo ya. Camine los taqueros, tenía una tarjetita de American Airlines de como el club de ese Admiral, y me decía: ¿Deme la clave de esta? Y yo le decía: ¡Ay no! La ignorancia es atrevida. Esto es una identificación para entrar a un lugar, eso no tiene, no tiene. Y el tipo furioso, furioso, furioso. Yo le decía: no hay más, o sea, ya sacaste lo que podías sacar, me tengo que ir. Yo les decía: me tengo que ir, me están esperando, me tengo que ir, devuélveme mi pasaporte. El caso es que nos dejaron como en un lote después de mucho tiempo, como de 2 horas. Ya eran las 4 de la mañana, mi vuelo salía a las 5:45, y no sabíamos dónde estábamos. Entonces nos dejan como enfrente de un lote Gracias a Dios se bajaron las maletas, me retoquetearon por todas partes para ver si yo llevaba como, porque yo traía $5 en efectivo, era lo que tenía, $5 en efectivo. Y el tipo decía: ¿Dónde están los dólares? Y yo: ¿Qué dólares? Yo no tengo dólares, yo tengo $5. Ya sacaste lo que podía sacar en bolos, no tengo más. Y el tipo nos ha tirado las llaves al lote. Sí, encuentre las llaves. Y eso, había perros, gallinas, de todo por ahí. Y cuando el tipo se levanta, yo le cojo la frente así para ponerle presión. Y el celular no se lo habían llevado, le robaron el radio del carro, mi celular y todo. Yo le dije: déjeme llamar por teléfono. Inmediatamente yo llamé a mi marido y le dije, porque teníamos una tarjeta En ese entonces era una tarjeta que uno tenía un número, llamaba, sí, y luego pone una clave y podía marcar exterior. Y esa tarjeta tenía como balance, como un saldo. Y yo llamé a mi marido y le dije: cancela todas las tarjetas, ya me robaron, ya no sé qué, ya voy para el aeropuerto, ya recógeme ya. Y empieza a buscar las llaves hasta que las encontramos a las 5 de la mañana. Encontramos las llaves, una hora buscando las llaves. Corra saliendo de ahí para tratar de buscar dónde era el aeropuerto. Hasta que este hombre se orientó y me llevó, y ya llegué al aeropuerto como a las 5:30, faltaban 15 minutos para que el vuelo. Y me dice: está cerrado. Y le digo: me acaban de robar, usted me sube. Y me sube, aquí está mi pasaporte. Y yo le muestro mi pasaporte, me devolvió la foto de mi hija. Eso fue lo que me devolvió, la foto de mi hija y mi pasaporte. Y me dijo: corra, Y yo arranco a correr por ese aeropuerto como una loca, y prácticamente yo que me entro, y ella que hace, y cierra la puerta del avión. Y me senté y yo dije, miércoles, estoy viva.
Eso te iba a decir, Nati, gracias a Dios no les hicieron nada peor.
Sí, claro, me hubieran podido violar, o sea, me hubieran podido secuestrar mucho más tiempo para quedarse con la plata. Estuve fue de buenas en la vida, estuve, pero mi conclusión era estoy bulla, porque cuando paramos en el lote yo dije aquí me van a violar y me van a matar.
Sí, muy probable, era muy posible también, ¿verdad?
Sí, claro, claro que sí. Yo le decía no me vayas a hacer nada que yo tengo chamos, me decía yo también, y yo le digo bueno no me vas a hacer nada entonces, no me vas a hacer nada, tal vez tu calma los calmó a ti.
Porque tú estás como tranquilo, vamos, aquí está la plata, aquí está la clave. Eso ayuda a la hora de pelear.
Es una locura, o sea, cuando te pones a pelear ahí es donde probablemente eso no salga bien.
Claro, claro, claro. Pero una vez me robaron el carro, pistola también en la cabeza mía, mi hermana, y yo pues casi que le digo, ¿quiere plata para gasolina? O sea, uno ahí, el ladrón está más nervioso que uno, y si uno se pone a brincar y a pelear es muy peligroso. Muy peligroso.
Sí, además porque te da rabia que te quiten tus cosas, pero es peor que te quiten la vida.
Y eso se recupera. ¿Naty alguna vez pensaste tirar la toalla en tu vida artística? Decir me rindo, no puedo, esto es muy difícil.
Muchas veces sí, inclusive cuando inició, como tenía tan mala relación con el director, yo llamaba todos los días al presidente de Caracol y le decía máteme, máteme, y me decía no, si usted es la protagonista, ¿cómo va a botar ese personaje? No puedo, usted tiene que terminar. Y yo decía, ay, eso me fue dando cuero, cuero. Y luego las grabaciones súper extenuantes, que no te llevas, que el proyecto no tiene, no es un buen resultado. Que fíjate que yo tiré la toalla con la cantada. Yo inclusive representé a Colombia en la OTI, pero a mí lo que me gustaba era la música publicitaria. A mí no me gustaría, no me gustaba ser cantante, pero era tal la presión la presión que había para que yo sacara discos y grabara, y que yo podía ser la próxima Miriam Hernández, y que mira el éxito de Shakira, y que sí. Y yo decía, yo no quiero esa vida. O sea, a mí me encanta cantar, pero 15 segundos, 30 segundos, está bien, un minuto.
Tan importante que a uno le apasione lo que hace, ¿verdad?
Claro. Y esa parte me apasionaba, pero no necesariamente es, no sé, es como el arquitecto que quiere hacer casas pero no quiere hacer centros comerciales y centros industriales. No, a mí me gusta hacer la casita, ok, voy a hacer 650 casitas, listo, buenísimo. Sí, pero, pero que te lleven a hacer un súper— realmente yo siento que cuando uno logra descubrir qué es lo que a uno le apasiona y lo que quiere y lo que le gusta, no se puede dejar presionar por el exterior o por lo que pueda llegar a pasar, sino por lo que uno quiere. Porque esa pasión te tiene que durar, sí, mucho, te tiene que durar para que aunque no lo quieras hacer, lo hagas.
Exacto, esa pasión es lo que te levanta de la cama el día que no tienes ganas, verdad, lo que te para. Naty, para terminar, haters, todas las personas que están en el ojo público como tú, se encuentran gente en redes sociales, en la calle, a veces a lo mejor hasta No falta la persona que te confunde con Marcela en su momento y te habrá dicho alguna locura. ¿Cómo manejas eso? Hasta me pegaron. ¿Te pegaron?
A mí me pegaron, imagínate. ¿Te pegaron?
Cuenta eso.
Una señora muy valiente además, una señora muy valiente en un banco me dio un carterazo y me dijo: no seas mala con Betty. Pum, me dio el carterazo. La verdad es que fue como tan sorpresivo que que yo me quedé como, ¿qué pasó? Me pegó a mí. Y obviamente la señora, entre valiente y cobarde, porque me pegó y no se quedó para discutirme, sino me pegó y se le fue. Y yo no sé, pasan tantas cosas. Yo lo que siento es que no hay que tomarlo personal, o sea, Yo soy muy amante de Los Cuatro Acuerdos, y Los Cuatro Acuerdos es un libro muy lindo que me ha llevado a tener muchas cosas bellas y a entender un poco la humanidad. Sí, sí. Entonces, cuando yo todo lo digo con amor, lo hago con amor, nada es personal, no supongo nada y hago mi mejor esfuerzo, que son Los Cuatro Acuerdos, creo que tengo un gran avance en la vida. Y cuando empiezo a darme cuenta que el dolor de los demás no es mi rabia, sí, esta pobre señora, quién sabe qué tendrá en su vida y se desquitó conmigo, pero si yo me pongo brava con ella, te enganchaste, yo qué gano, no gano absolutamente nada. Y así pasa con todo.
Así es, la gente herida hiere.
Claro, y eso es algo que te aprendí a ti, sí, porque yo realmente peleaba mucho con mucho, inclusive peleaba mucho con mí misma, no se dice así, conmigo misma, sí, peleaba mucho conmigo misma y uno termina dándose muy duro, exigiéndose un montón de cosas que las puedes exigir pero bonito.
Sí, así es, qué bonito. Nati, ¿dónde pueden encontrar la gira del Diván Rojo y las fechas?
Bueno, vamos por mis redes sociales, que soy @actriznatalia. Ahí vamos, ahí pongo todo, realmente ahí pongo todo en Instagram. Ahora también estoy en TikTok, estoy arrancando en TikTok. En Facebook también está mi página oficial, Natalia Ramírez. En Twitter, ni me busquen porque yo ni veo eso, me parece que ahí hay mucho odio.
Así le digo yo, sí, así Así es.
Ay, no, y es que qué pereza, porque además me desespera la gente que se oculta detrás de un teclado o de un celular a criticar y no es capaz de poner la cara. Eso me da una flojera. Entonces yo ni siquiera ni los bloqueo ni les paro bolas, no existen. X, X, X. Así que nunca le hagan caso a nadie que diga cosas malas.
Que yo le digo: traje foca, que te resbales. Hay tanta gente herida, como dicen Naty escondiéndose detrás de una cuenta, y tú te vas a dejar robar tu día, tu mañana, tu trabajo, tu tarde con tu esposo, tu almuerzo con tu hija, porque una persona se metió a redes que estaba llena de odio. Si dentro de ti hay sapos y culebras, por la boca no te van a salir flores. Sí o no, eso tiene todo que ver con esa persona y nada que ver con uno.
Y hay una cantidad de logros que uno no se da el aplauso. O sea, no, no se dice bien, China, bien. O sea, no esperes que nadie te diga lo bien que lo hiciste. Tú mismo dítelo, dite. Estoy hablando regio. Tú misma te dices lo que, lo bien que lo hiciste. Sí, entonces eso es súper importante también.
Por eso el mensaje que diste se me gustó mucho, Nati. Cómo tú te quieres, dítelo, dite. Ya estoy así yo también. Debes decirte lo que Hiciste bien, tratarte con cariño, hablarte bonito, cuidarte. Tú tienes que ser tu mejor amiga o amigo siempre. ¿Cuál es tu mensaje final? Yo pude, tú puedes, para toda la gente que nos está oyendo.
Mira, a mí me dijeron mil veces, inclusive el autor de Betty la Fea me dijo: eso no se puede hacer, eso no se puede hacer, eso no se puede hacer, Betty la Fea teatro no se puede hacer. Me costó 15 años, mi 15 años hacer Betty la Fea teatro. Yo parezco un martillo, yo insisto, insisto, insisto, le doy, le doy, le doy, le doy, le doy, le doy, hasta que lo logro. No me importa cuánto tiempo. Eran 15, eran 16, bueno, 17, ok, 18, 20, va, voy detrás de la película de cine. Así que Eso va a estar genial, Nati, y lo vas a lograr.
Conociéndote sé que lo vas a lograr. Y bueno, como decía Jim Rohn, ¿cuántas veces debo intentarlo hasta que lo logre? Y es así.
Sí, es que la gente se da por vencida muy rápidamente. Entonces, entonces, claro, no puedo, no puedo. Y no, el que no pudo es porque no insistió. Sí, sigan, sigan insistiendo, sigan dándole, dándole, dándole hasta que lo hagas. Por aquí, por allá, por aquí, ya. Por todas partes. O sea, sí, es la única manera, es la única manera, porque si no, lo que vas, el título, en vez de decir si yo pude, tú puedes, va a quedar si yo no pude, tú no puedes.
Exacto, exacto. Me encanta. Y con ese, con ese mensaje tan poderoso cerramos: no puede fracasar el que no se da por vencido. Ahí la tienen, Natalia Ramírez, una de las actrices más exitosas del mundo latinoamericano. O de todo el mundo en español, porque nunca se ha dado por vencida. Un abrazo, Nati, te quiero. Gracias por este privilegio.
No, a ti, un honor estar contigo. Qué rico. Besos.
Besos, Nati. Gracias por unirte a un episodio más del podcast Yo Pude, Tú Puedes. Espero que lo hayas disfrutado. Me aseguro de leer todas las reseñas de mis podcast, así que si tienes alguna pregunta para mí, Déjame una reseña en Apple Podcast y me aseguraré de responderla en un próximo episodio. Hasta la próxima.
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