La QUIMIOTERAPIA es una FIESTA con Lina Hinestroza
18 Oct 2023 · 33 min
In this Spanish-language podcast episode, host Margarita Pazos interviews breast‑cancer survivor, author and founder of Fundación Alma Rosa, Lina Hinestroza. Lina shares the moment she learned she had cancer, describing an initial feeling of guilt for having postponed medical exams. She recounts her treatment journey, including mastectomy, chemotherapy, hair loss, and later vitiligo, and explains how she reframed each chemotherapy session as a celebration and a gift. Throughout the conversation she discusses the role of ego, fear, gratitude and focus in shaping her mindset, emphasizing that the mind can create meaning and that choosing a positive focus transforms suffering into growth. Lina describes how she turned her experience into action: creating Fundación Alma Rosa to raise awareness about early detection, provide emotional accompaniment through “hadas madrinas,” and organize events (runs, yoga, TED talks). She also talks about her book “Cáncer: un regalo mal empacado,” its purpose for anyone facing challenges, and where to find it. Personal anecdotes about her nickname Matilde, family, and her philosophy of continual reinvention are shared. The episode ends with a message that cancer is a poorly‑packaged gift, encouraging listeners to control their reactions and find meaning in adversity.
Chapters
Me tiré este bombazo: tengo cáncer. Lo primero que yo sentí fue culpa. Ahí mismo me acordé de las veces que me vengo última. Fui a visitar a un padre que me dijo: Linita, te voy a decir una cosa, este es el mejor regalo que te ha dado la vida. Cuando le digo a Walter: me da miedo morirme. Y él me dice: sí, es que es una posibilidad. Tú montas en avión. Y: ¿por qué montas en avión? Porque tú piensas en todos los que se caen. Yo puse en los millones que no se caen. Perfecto, tú verás qué haces con tu enfermedad. Cada quimioterapia era un motivo de celebración. Porque era un paso hacia las sanaciones. ¿Sabes qué es perder el pelo? Después del miedo a morir, es el miedo más grande. La gente me miraba en todas partes, la gente lloraba. Yo, firme. Yo no soy una señal de muerte, soy una señal de vida.
Te salió vitiligo.
Ni duele, ni rasca, simplemente te hace ver distinta. Digo que son los tatuajes que la naturaleza hace en mí.
Si Dios te dijera: "Vamos a cambiar tu pasado y vamos a sacar el cáncer de tu vida", ¿le dirías que sí? Bienvenidos a Yo Pude, Tú Puedes. Lina, una de las frases que más me encanta que te oí decir a ti es: "Uno no es culpable de la cara que tiene". Pero sí es culpable de la cara que pone. Cuéntame un poquito qué quiere decir con eso.
Bueno, esa frase es una frase que usa una amiga mía que me encanta porque es demasiado eficiente. A veces la vida nos trae situaciones de desafíos, de retos, de aprendizajes, y son inevitables. O sea, la vida viene llena como una montaña rusa de caminos que suben y que bajan, pero en la medida que nosotros veamos Cuál es la actitud que vamos a tomar, cómo es la cara que le vamos a poner, así se irá comportando. Y eso será también la gente que uno irá atrayendo, ¿cierto? Y la situación que uno irá atrayendo. Entonces, por eso me gusta mucho tomarla, retomarla y usarla, porque me parece que somos responsables en ese momento. Nosotros somos responsables ya de cómo vamos a seguir caminando el camino que estemos.
¿Cómo eras tú antes de que te diagnosticaran el cáncer?
Sabes que yo era, yo siempre he sido una persona muy positiva, he sido una persona muy alegre y muy feliz, pero me di cuenta que me faltaba me di cuenta que me faltaba, ¿sabes qué? Gratitud. Eso me faltaba. Yo sentía que había muchas cosas que en la vida venían y que como que eran como me las merecía, ¿cierto? Me merecía respirar y que nada me doliera. Y tuve un momento donde me dolía literal respirar. O sea, mi situación después de una cirugía fue tan compleja que respirar era difícil. Y yo creo que después de pandemia muchas personas que tuvieron COVID me entienden. Lo que significa respirar y el valor de eso. Una cosa tan sencilla como eso, una cosa tan sencilla como que la felicidad y las cosas que nos pueden generar momentos de placer las tenemos a la mano gratis, las tenemos en los animales, en la naturaleza, en un atardecer, en un abrazo. Para mí no. Yo creo que en ese momento de mi vida que yo seguía siendo muy feliz, estaba más conectada con otro tipo de logros y tenía mi foco más hacia allá. Ahora que lo pongo más como hacia lo que tenemos todos y que no lo valoramos, todo lo otro viene también como por añadidura. Es como si se despejara el camino, como si limpiara unas gafas que tenía puestas y no me había dado cuenta.
Yo a veces digo que somos como el tamal, cuando está bien está mal, ¿verdad? Y necesitamos una situación que nos dé perspectiva. Cuéntame el momento en que te dan el diagnóstico del cáncer, ¿cómo fue?
Mira que ese momento es muy particular. Me gusta mucho contar esta historia porque yo venía desde hace muchos años con unas bolitas en el seno, me las sacaban, siempre estaban bien. Entonces mi esposo es ginecólogo y un año atrás había dicho: no, esto cada año sacándole bolitas a Lina, pues porque mis hermanas, mi hermana había tenido cáncer, mis primas, una se había muerto de un cáncer, pues en fin. Entonces dijo: no, no, cada año metiendo la cirugía, esto no, sigámosle haciendo seguimiento a las bolitas. Veníamos haciendo el seguimiento de esas bolitas y ya me tocaba hacerme ecografía mamaria y mamografía, y yo empecé a posponer la cita. No, que tengo un viaje a Bogotá de trabajo, esas bolitas no deben ser nada, como siempre van a ser buenas. Pues lo pospuse. Después otra vez la cita, ay, yo tenía una reunión en Medellín aquí que era muy importante, no, la pospuse. Y así me fui, me fui varios meses. Entonces de pronto un día me regañó, me dijo: no, yo no puedo creer que es esta irresponsabilidad, gorda, o sea, le cumplís a todo el mundo, te dejas de última. Y yo salí como perrito regañado a hacerme la mamografía y la ecografía. Y cuando fui y la doctora me la hizo, me dijo: Lina, mira, yo la verdad veo estas bolitas iguales, siempre iguales a todas. Aquí no hay nada, soy un 99% segura que no hay nada, pero pues si quieres te hago una biopsia, pues ya estás acá. Y yo: ah, pues hazme la biopsia. Nunca me la habían hecho. Ella me la hizo, Margarita, y yo me desentendí. A mí se me olvidó que me hayan hecho esa biopsia porque pues como todo salía bueno, ella me dijo que está en un 99% segura, se me olvidó. Y resulta, ya la pregunta, el día que supe, mi esposo, yo había empezado un curso ese día, un diplomado, y él me escribe, me dijo: te invito a comer. A él le llegó la noticia a las 2 y media de la tarde. Me acuerdo: te invito a comer, escoge el restaurante que tú quieras. Y yo, pa, era como un día de semana y como nada que ver. Y yo: ok, listo. Cuando al ratico me escribió: no, linda, sabes qué, veámonos en el parqueadero del edificio donde vivían mis papás. O sea, nada que ver. Y cómo te parece, Margarita, que él venía hace unos días diciendo que me quería cambiar el carro, cambiar el carro. Yo qué me imaginé, en un parqueadero. Ah, no, que iba a llegar un carro con una sorpresa, con un moño rojo. Yo dije: no puede ser, mi carro. Yo llegué en una emoción, me monté en el carro de él y él poniéndome tema, unas preguntas más bobas. Bueno, ¿y cómo te fue en el curso? Y él haciendo tiempo. Y yo dije: no, está esperando que llegue el carro. Y yo miraba por el radio del ojo, yo: ya va a entrar, ya va a entrar. Cuando me tira este bombazo y me dice: Linda, llegaron los exámenes, los resultados de tus exámenes. Y yo: ¿Cuáles exámenes? Yo había borrado película. Y me dijo: De la biopsia. Y yo: ¿Qué pasó? Tengo cáncer. Y él no me tuvo que responder. Yo le miré la cara y yo, yo pasaba donde yo iba con una emoción ya convencida que iba a recibir un carro. Y una sorpresa de estas, y me tiró esta sorpresa. Sorpresa sí fue, pero distinta. Entonces fue tenaz, fue tenaz, Margarita, porque lo primero que yo sentí fue culpa. Yo no sentí ni miedo a la muerte, sentí culpa porque yo dije, yo ahí mismo me acordé de las veces que pospuse el examen, ahí mismo me acordé de las veces que me dejó de última, y eso fue lo que sentí, culpa.
¿Y en qué momento ese cáncer se convierte en un regalo? Porque tu libro se llama Cáncer es un regalo. Un regalo mal empacado.
Sabes que como a los 2 días salí, fui a visitar a un padre cercano que quiero mucho, un amigo mío, y me dijo, él había pasado por una depresión muy fuerte, estuvo muy mal, y cuando yo llegué me dijo: Linita, te voy a decir una cosa que me vas a decir: este padre tan bobo, este es el mejor regalo que te ha dado en la vida, este es un regalo muy mal empacado, pero es el mejor regalo. Y yo efectivamente pensé eso. ¡Qué padre, tambo! Yo no pensé que regalaba el empacado. Yo me estaba muriendo de la angustia, del miedo. No sabía el compromiso de mi cuerpo. Habían pasado 2 días, apenas empezaban todos los exámenes. Y como te digo, yo ya había convivido con esta enfermedad de frente. Yo ya sabía lo que era quitarle el pelo a mi hermana. Yo la rapé. Yo ya había sabido lo que había pasado con mis primas. Yo ya había enterrado tías con esto. Y yo no podía creer que era yo la que lo tenía. Entonces, en ese momento no lo percibía así. Pero la verdad es que en la medida que fueron pasando los días y uno va haciéndole como una a este duelo, finalmente es una situación límite donde tú tienes unas etapas del duelo que hay que afrontar, y empiezo a tomar un poquito más de conciencia, elijo que ya el camino, ya era solo mi decisión, o me iba por el camino del negativo, del miedo, que tenía muchos elementos para pegarme ahí, o me iba para el otro. Normal, que es muy normal. Mira que a mí me pasó algo muy bonito, y fue que yo tengo un amigo de hace muchos años, un gran amigo que es neurólogo, se llama Walter Rizzo, y somos amigos hace muchos años, entonces nos conocemos mucho como desde el alma. Y él me vino a visitar después de la cirugía y me dijo: ven, que es que yo, yo, yo, ¿cuál es tu angustia? Y le dije: Walter, mira, toda mi angustia, mi angustia es el miedo a morirme, y aquí nadie me parabolas. O sea, yo le digo a mi marido: mi amor, y si yo me muero. Y él: ah, que esa bobada, pensando esas bobadas. Le digo a mis amigas: no, Pero si yo me muero, mis hijos chiquitos. Ay, no pienses en eso. Pero cuando le digo a Walter, Walter, es que me da miedo morirme. Y él me dice, sí, es que una posibilidad.
Dijo que entiendo el miedo que sientes, claro.
Y después me dijo, pero ven, yo te hago una pregunta, ¿tú montas en avión? Yo, sí, claro, yo monto en avión. ¿Y los aviones se caen? Sí, claro, los aviones se caen. Ah, pero tú sigues montando en avión. ¿Y por qué montas en avión? Porque tú piensas en todos los que se caen. O en los millones que salen diarios que no se caen. Y yo puse los millones que no se caen. Perfecto, tú verás qué haces con tu enfermedad. Sí, yo mira, cambié el chip, pero fue instantáneo, y me quedé con los que se alivian, con los que se sanan, con la mayoría. Y en ese momento me permití empezar a encontrar ese regalo que había detrás.
Lina, y cada quimio o posquimio tú decidiste hacer una fiesta. ¿Cómo una quimioterapia se puede convertir en una fiesta?
Sabes que para mí la quimioterapia era como el momento más bacano de todos, porque era cuando yo, donde yo iba, donde mi mejor amiga. Yo no podía creer, la primera, mira que la primera vez que tuve quimioterapia y tuve la fortuna de, pues, como por el seguro que tenía mi esposo ginecólogo, conocí al oncólogo, me ubicaron en una sala súper especial, súper VIP. Entonces yo me llegué, me encontré unas señoras muy queridas, pero unas señoras que de pronto uno puede evidentemente ver que la vida no les ha tocado aparentemente Evidentemente muy difícil, ok. Entonces ellas empiezan así: ¿Es tu primera quimioterapia? Y me empiezan a decir: ay, qué pecado, es horrible. Ay no, pero ya te empezó el dolor de cabeza. ¿No te ha empezado? No. Entonces la otra le decía: no, el dolor de cabeza horrible, le das ahora. Y la otra decía: no, ahora no, mañana, mañana. Y la otra decía: no, yo el tercer día no me paro de la cama. O sea, la bobita de— y empezaron una cosa y empezaron a hablar entre ellas y hablar como, como mal, comillas, de la quimioterapia. Y yo como cuando tenía a mis hijos chiquitos, que al primito le daba por hacer pataleta y me provocaba que no pudiera. Yo llamé a la enfermera y le dije que si yo me podía ir al baño. Y dice: sí, claro. Y yo le dije: pero con la quimioterapia. Y ella: ok. Yo me fui para el baño con la quimioterapia y yo la cogí en mis manos y yo la cogí, le dije: mira, o sea, yo te doy la bienvenida a mi cuerpo porque es que tú eres la mejor amiga, tú eres la que me va a curar, o sea, de ti depende mi vida. Y yo no quiero que tú escuches eso, porque es que lo que yo tengo acá para decirte es que te estoy abriendo mi cuerpo desde la punta de la cabeza hasta la punta del pie, porque cada rincón te está esperando con felicidad, con gratitud, agradeciendo a la ciencia, agradeciéndote a ti que existes, porque es la que me va a sanar. Y tal cual como recibí a mi mejor amiga, tal cual me trató, nunca vomité. No te voy a decir que eso era un spa, pero nunca lo que me imaginé, lo que ellas me dijeron, que yo sé que muy amablemente, con la información que tenían y con su mirada y su observación de la vida, me la dijeron. Pero por eso, para mí, cada quimioterapia era un motivo de celebración, porque era un paso hacia la sanación, y porque tenía además la posibilidad de poderla tener, que la ciencia me la había regalado. Tuve quimioterapia 24 de diciembre, 31 de diciembre. La gente me dio, que yo paso días y me acuerdo que me dijeron: ay, qué pecado, vea, le tocó 24 y le tocó 31, pero si quiere yo se la muevo, que qué pecado ese. Y yo: pecado, es el mejor regalo que me van a dar de Navidad. Otro día de sanación, y es el mejor regalo para empezar nuevo año. Tema para atrás, el nuevo año que viene viene con pura salud. Y así fue, maravilloso. Para mí era motivo de celebración.
La mente es maravillosa. Al final, la mente, como yo le digo a la gente, es una máquina de crear significados. Tú puedes ver en la quimioterapia algo que te va a enfermar, que te va a maluquear, que te va a revolcar, o tu mejor amiga, lo que tú nos estás enseñando, verdad, está, esta este ente que viene a sanarte, verdad, que mucha gente no tiene acceso a quimioterapia, por cierto, verdad. Se nos olvida que muchas cosas son privilegios. Qué bonito. Y tú hablas mucho del ego también, de luchar contra el ego. Explícame a qué te refieres.
Lo que pasa, Margarita, es que el ego te gobierna cuando estás en medio del miedo, cierto. Y el miedo es la, por naturaleza, la reacción más lógica que tú puedas tomar al momento que te dicen la palabra cáncer. O sea, tú tienes esas 6 letras asociadas con dolor, angustia, sufrimiento, desesperanza y muerte. Entonces, ¿cuál es el que viene a postrarse y a parcharse en tu vida? El miedo a mostrarte todo lo negativo, a desdibujarte. Y como tú dices, que uno ya empieza a ver, cuando quiere algo bueno empieza a ver lo bueno en todas partes, y el carro puede comprar en todas partes, que eso lo aprendí de ti. Eso mismo hace el miedo. Cuando tú estás conectada es con lo contrario y con él, eso es lo que empiezas a ver y a escuchar. La historia del que se murió de cáncer, del que está vuelto nada y no contrario. Entonces el ego, el ego llega a mortificarte, el ego llega a mortificarte, a decirte: ¿será que sí vamos a poder con eso? Te va a pasar como la vecina que no pudo, esa no lo logró. O será que sí vas a poder con esta quimioterapia.
Pues esa vocecita, esa radiomiseria que se le instala a uno ahí, ¿no?
Total, radiomiseria que te dice: te vas a rapar, pero nadie te vea rapada, porque una mujer rapada es igual a cáncer, y igual a cáncer es igual que se va a morir.
Rafa, para los colombianos es quitarse todo el pelo, ¿verdad?
Sí, sin pelo, calva, pelona. Y yo siempre en esa época, aquí en Medellín, en Colombia, yo nunca había visto una persona, una mujer sin pelo en la calle, jamás, jamás, jamás, porque eso era como sinónimo de, comillas, muerte. Y yo tenía a mis hijos en ese momento, Margarita, adolescentes, y sabes que yo le pedía mucho a Dios, pues como a mi Dios, que me permitiera, cuando yo estuviera ya sin pelo, con mi peluca, tener la posibilidad de un día, al menos un día, ser capaz de no usarla, para enseñarles a ellos como adolescentes que uno puede ser diferente, que hay momentos en la vida que nos cuesta mucho ser diferentes, enfrentarlo. Y tenía mucho miedo porque el mismo ego me decía que no, luego me decía que no, hasta que el día que me tocó raparme, al día siguiente, no sé ni bajo qué efecto Mi marido me dijo: quítate esa peluca. Y yo le dije: Liz, si no te importa. No, no me importa. Y yo haciéndome la valiente, haciéndome, porque no era valiente, haciéndome, dije: me la voy a quitar. Y a partir de ese momento no me la volví a poner. Me dolió mucho, me costó mucho aceptarlo porque el ego seguía ahí: ¿estás segura? Pareces enferma. ¿Estás segura? La gente me miraba en todas partes, la gente lloraba. Y yo firme: yo no soy una señal de muerte, soy una señal de vida, porque por donde pase muchas se van a acordar que hace mucho no pienso si está en control, no se hacen el autoexamen. Y así y así le digo a todas las pacientes cuando me llaman llorando de miedo de perder su pelo. Porque sabes que perder el pelo, después del miedo a morir, es el miedo más grande de todas las mujeres, siempre.
¿En serio? No sabía.
Después del miedo a morir es el miedo más grande porque tenemos asociada la feminidad con el pelo, con los senos y con las curvas de la cadera. Y esta enfermedad se nos lleva normalmente dos de las tres: los senos y el pelo. Entonces sentimos que esa mujer, ¿dónde quedó? Entonces ahí es donde hay que trabajarle mucho al ego para decirle, no, es que las mujeres somos más allá que pelos y senos.
Si Dios te dijera, Lina, devolvamos el tiempo y que no tengas cáncer, vamos a cambiar tu pasado y vamos a sacar el cáncer de tu vida, ¿le dirías que sí o volverías a vivir lo que viviste?
No, no, no, lo vuelvo a vivir, pero o sea, yo no me puedo privar de ese regalo. O sea, de verdad que a mí me cambió Todo, todo. Es que yo hoy, es que yo soy otra persona, sobre todo desde, desde el foco que tengo, y todo se me da. O sea, es impresionante de verdad que yo ya creo que todo es posible. Cuando uno se da cuenta que uno es capaz de, de que la mente es capaz de controlar un cuerpo para que los efectos hasta, hasta las quimioterapias no sean tan fuertes, para que los efectos físicos no sean tan fuertes. Sabes que cuando yo llegué ahí me fueron a dar la información de cuáles eran las consecuencias de la quimioterapia, yo le dije a la niña: yo no las quiero saber. Y me dijo: es que las tengo que saber, necesito que me firme. Y yo: yo le firmo, pero no quiero saber, porque si usted me dice, yo voy a pensar en todo eso, y yo no quiero, yo no quiero. Entonces yo llegaba donde el médico y él me decía: ¿cómo te sientes? Yo: perfecta. Y: ¿no tienes unos? Mira, a mí me entregan los exámenes médicos en este momento, y yo digo: estos exámenes, los resultados son una cosa, y lo que yo siento es otra. Los médicos a veces no pueden creer lo que pasa en mis huesos. Y ya corro maratones, y ellos, y tengo huesos que, señores, de 70 y punta de años, porque se me escapan, yo no siento nada. Y ni les paro, hola, ni los miro. Yo no abro esas bolsas, esos sobres. Yo me siento diferente, y ahí es donde está mi información, y desde ahí veo mi vida. Entonces, para mí es lo mejor que me ha pasado, porque antes yo no era así. Antes yo quería controlarlo todo.
Querías controlar lo incontrolable.
Total, total, pero enferma totalmente. No, no, yo nunca me había sentido tan sana como hoy, que me tengo que tomar 14 pastillas diarias para regular mil cosas que ellos dicen, pero que yo me siento perfecta y yo me las tomo. Pero yo antes no me tomaba ninguna y cualquier cosa se me volvía un mundo. No, ya no, cero, cero.
Además, después del cáncer te salió vitíligo. ¿Cómo explicarías el vitíligo? ¿Es una descoloración de la piel?
El vitíligo son esas manchas que empiezan a pasar en la piel, que se despigmenta uno, la melanina se va como quitando de ciertas partes del cuerpo y empiezas a tener ese otro desafío, que precisamente es el ego el que gobierna. Porque el vitíligo ni duele, ni rasca, ni pica, nada. Simplemente te hace ver distinta, te hace ver diferente. Yo digo que son los tatuajes que la naturaleza hace en mí, además que son variados porque todos los días varía, eso va cambiando.
También es un regalo mal empacado.
Total. Pero yo no lo hubiera visto así si yo no hubiera tenido el cáncer primero, porque el cáncer me puso de cara a la vida, a dejar de ver crecer a mis hijos, a dejar de acompañar a mis papás, a dejar de estar con mi esposo. Él me puso de cara a la vida. Cuando tú estás de cara a la vida, todo lo otro ya sí te parece pues piece of cake, o sea, eso ya todo lo otro nada. A mí se me olvida. Imagínate que hace poco me dijeron que yo no sé quién, que tuvo vitíligo, que las manos, que se estaba tomando una hermosa, buenísima, natural. Me dieron el teléfono y ahora que me estás diciendo, volví, me acuerdo, me acuerdo, para ahí, 14 días. Y yo, ay, no le he llamado, no le he llamado, pero es que se me olvida, es que no es mi prioridad, es que mi foco no está ahí. Cuando las pacientes les hacen mastectomía, como a mí, que me tuvieron que hacer también mastectomía radical, y me dicen, Lina, pero tú no tienes muchas cicatrices, tú no te ven las cicatrices. Y yo digo, yo ya no me las veo. Y un día ella me dijo, un día una me dijo, es que yo tengo 12. Y yo dije, yo las voy a contar Pues porque yo dije, yo sí las voy a contar. Empecé a contarlas y pasaba por las de Yamucho y yo ya no las veo, Margarita, porque es que el foco mío no está ahí. Yo me puse las prótesis y me siento perfecta, perfecta. Se me olvidó, así como se me olvidó cuando era calva. Al final se me olvidaba que estaba calva. Yo ya me veía en el espejo y ya se me había olvidado. Y al principio me dolió tanto porque yo ponía mi foco ahí. Ya después no me concentré en eso y se me olvidaba que era calva.
Usaste una palabra clave para todos y es enfoque. Todo es un tema de enfoque. Yo doy el ejemplo: si yo entro con una cámara, un celular, a una fiesta, yo puedo grabar a la gente bailando, verdad, y la gente comiendo, la gente abrazándose, o puedo grabar la pareja que está peleando, la mancha en el tapete, y es la misma fiesta, pero ¿a dónde enfoco mi cámara, verdad? Entonces es muy lindo porque tú eres un ejemplo de vida de dónde enfocarse, porque al final verdad, hay 10 realidades frente a nosotros y uno decide en cuál se va a enfocar. Tengo mis hijos, tengo mis— ¿cuántos perros tienes? 14.
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Tengo mis 14 perros, tengo mis hijos, tengo mi esposo, tengo mi fundación, o tengo una mancha, o tengo este rollo aquí, o verdad, lo que sea. Porque uno donde se enfoca se expande. Qué lindos y poderosos mensajes. Lina, te cuento que eres la primera persona que me ha tenido 3 veces a punto de llorar en el podcast. Pero de lo bonito, de lo bonito que estás diciendo, me explico, porque me llega al alma oírte hablar así. Vi que te bautizaste nuevamente. ¿Y quién es Matilde? Porque te vi en las redes que te bautizaste, no sé si en el río Jordán, y dijiste que eras Matilde. Y yo me quedé, ¿quién es Matilde?
Claro que sí, Matilde soy yo en mi mejor versión. Porque, ¿cómo te parece que cuando yo nací, Margarita, yo soy la octava, como buena familia? Paisa de Medellín, Colombia, que son de muchos hijos y soy la menor, la última. Entonces cuando yo nací en el hospital pasaron por la habitación de mi mamá y dijeron: están bautizando abajo. Y como yo ya era la menor, mi mamá dijo: ay, le dijo a mi papá, lleva a la niña a bautizar. Y le preguntó a dos de mis hermanitos: ¿tú cuántos años tienes?
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Bueno, usted es padrino.
¿Y tú?
9. Ya hizo la primera comunión a mi hermana, así la madrina. Y así salieron conmigo y se fue. Y mi papá, y ella le dijo: ¿Y cómo la vamos a poner? Eso no es como ahora, que ya se define el género, que todos sabemos, tenemos varios nombres. No. Entonces mi mamá dijo, mi papá dijo: yo la quiero poner Matildelina, como el vallenato. Matildelina. Y mi mamá le dijo: no, Matildelina no, ni riego, Lina María, como la Virgen, María como la Virgen. Entonces ya nos bajaron a bautizar y mi papá cerrado que Matilde Lina, pero al momento que el padre preguntó cómo la van a poner, mi hermana mayor, que tenía 16 años en ese momento, estaba ahí, mi papá le dio remordimiento y dijo Lina María. Pero a partir de ese día, esa misma noche, él le llevó una serenata a mi mamá con un grupo vallenato cantando Matilde Lina. Y a partir de ese momento, desde que yo tengo uso de razón, Margarita, en todas las fiestas de mi familia ponen Matilde Lina y mi papá la canta conmigo. O si va un grupo vallenato, tienen que cantar mi Matilde Lina. Él quería que yo me llamara Matilde. Y a mí ese nombre me parece hermoso. Entonces ahora que estuve en el Río Jordán empezando el año y el padre me dijo: ¿Cómo te quieres llamar? Yo dije: me voy a llamar Matilde, porque mi Matilde es el que me conecta con la alegría, con las fiestas, con mi papá, con lo que él siempre quiso. Entonces yo digo que Matilde soy yo en mi mejor versión. Y ya sabes que en mi Zoom me pongo Matilde. Entonces tengo clientes, cuando son clientes nuevos no saben que me llamo, pues se les olvida y se fijan en mi nombre y siguen la reunión diciendo Matilde. Las niñas de mi oficina se sonríen, nadie dice nada, y yo sigo siendo Matilde porque me fascina. Siempre hay momento de volverse a reinventar. Y esta vida me enseñó a mí que no hay una sola vida, una sola vida, perdón, que podemos estarnos reinventando y renaciendo permanentemente desde muchas miradas. Entonces, para las personas que quieren estar desde mi alegría, soy Matilde.
¡Qué belleza, Matilde! Linda, me encanta ese vallenato. Y nada, gente, ¿qué ha dicho? Oiga, pero usted vive en la la landia, usted no es realista, usted nunca se ha sentido triste. Se encuentra uno por ahí, uno que otra persona, sí o no.
Mucho, mucho. Y sabes qué me pasa, que hay personas que conozco por algún motivo, en una fiesta, en una finca, en un viaje, y que de pronto casualmente seguían las redes y me dicen: venga, pero es que usted es igual a las redes. ¿Cómo así? Es que uno puede ser distinto a las redes. No, es que usted es igual. Yo soy igual, soy idéntica. Y cuando no estoy contenta, no estoy contenta. Y cuando además alguien me dice: es que a mí me encanta seguirla porque usted sube fotos feas. Es que a mí ya el ego, o sea, el ego en ese sentido yo ya lo saqué. A mí no me importa si algo feo, si algo lindo. O sea, somos, eso es lo que somos y eso es lo que tenemos para ofrecer. Entonces yo simplemente vivo la vida con la gratitud del presente, del milagro que es existir. Cada día somos un milagro. Yo levanto, abro mis ojos, digo gracias Dios mío porque puedo respirar y no me duele. Empiezo a correr, digo gracias Dios mío, muevo mis piernas. Me tenían que cargar al final porque no podía ni caminar. Entonces yo creo que cuando uno ya vive conectado desde la gratitud Vive así más feliz. Y hay gente que se inquieta, hay gente que yo siento como que le molesta, como que, pero, ¿por qué estás como tan feliz? Yo creo que no es, no es solo felicidad, yo creo que es gratitud más bien.
Sí, qué bonito. Bueno, este es el mes de la concientización del cáncer de mamas y es octubre. Yo sé que tú tienes tu carrera, tienes tu fundación, cuéntanos un poquito. Y cómo las personas pueden apoyar, las personas que nos oyen de Colombia, bueno, desde afuera también te pueden apoyar. Cuéntanos un poquito.
Claro que sí. Mira, después de mi diagnóstico, yo, a raíz pues de las personas con las que tuve que compartir en quimioterapias, muchas de ellas sin recursos, sin tener bus, plata para el bus para volverse a su casa, sin haber llegado sin desayunar, dijimos: aquí hay demasiada desigualdad. O sea, esta enfermedad es lo suficientemente dura como para vivirla con hambre, para vivirla con soledad. Entonces hice una fundación que se llamó Morrosa en su momento, ya se llama la Fundación Alma Rosa. Y nosotros tenemos dos focos en ella, Margarita. Una es generar conciencia de la detección temprana de esta enfermedad, que es una enfermedad que llegará quizás a una de cada 8 mujeres en algún momento de la vida, que es la primera causa de muerte de mujeres en el mundo, y que nosotros queremos que muchas mujeres lleguen a tiempo, lleguen a tiempo como llegué yo y como llegaron mis dos hermanas y como llegaron mis otras 6 primas, porque ya en este momento vamos 9 primas hermanas que hemos sido diagnosticadas con cáncer de mama. Solo la primera murió. Todas las demás hemos ido a tiempo. Entonces creamos esa fundación donde hacemos muchos eventos, hacemos carreras, hacemos eventos de yoga, de meditación. Ahora vamos a hacer unas TED Talks ahora a finales de octubre. Muchas le hablamos a la mujer, la atraemos desde sus pasiones, la traemos por la moda, por la gastronomía, por el deporte. Y cuando ya la traemos, tú le enseñamos a hacer el autoexamen. Porque si nosotros la invitamos a un evento de autoexamen, nadie va a ir. Qué pereza, qué tan maluco. Pero yo sí voy a una, a correr, o yo sí voy a a algo. Entonces las atraemos. Pero además tenemos algo muy bonito que me da mucho gusto compartir acá, que funciona para cualquier parte del mundo también, y es que nosotros hacemos un acompañamiento desde lo emocional a las mujeres que tienen un diagnóstico de cáncer de mama. ¿Por qué? Porque el oncólogo y todos los médicos te acompañan y te salvan la vida, pero esa angustia que yo tengo porque mi hijo es chiquito, porque mi hijo es adolescente, porque yo me voy a rapar y qué cara me va a hacer mi niño que tiene 3 años, porque me da miedo que mi marido me deje, porque me siento sola, esa mano amiga que solamente a uno le sirve, a otra persona cuando lo vivió. Yo creo que a uno la pediatra le sirve mucho, pero le sirven más las amigas de uno, que el hijo le hizo la pataleta, ¿cierto? El consejo de la amiga. Entonces nosotros tenemos—
no pasó nada, no te preocupes.
Exacto. Entonces somos, tenemos un grupo de voceras, de hadas madrinas, que acompañamos emocionalmente por WhatsApp, hablamos por teléfono cuando alguna mujer es diagnosticada en alguna parte del mundo, y nosotros estamos aquí para servirla, para acompañarla hasta el final. Es hermoso porque ya tenemos ahí hadas madrinas que tuvieron su hada madrina y dicen: para mí fue más importante esta persona, casi que mi oncólogo, porque ya la que me entendía desde mis miedos. Entonces ya ellas empiezan a ayudar. Entonces esto lo tenemos, obvio, esto no tiene ningún costo ni nada, y es nuestro propósito por lo que nos levantamos todos los días.
¿Cómo pueden seguirte en las redes y dónde pueden encontrar tu libro? Porque tu libro, quiero aclarar, el libro de Lina no es solamente para personas que tienen cáncer, aunque el libro se llama Cáncer, un regalo mal empacado, es para toda persona que está viendo un desafío. Ella tenía vitíligo, cáncer. Tú podrás tener una quiebra económica, la muerte de un ser querido, cualquier desafío. ¿Cómo encontrar el regalo detrás de ese desafío? ¿Dónde pueden encontrar tu libro y cómo te encuentran en redes?
Claro que sí. Mira, mis redes son @linaainestrosa o las de la fundación son @almarrosafundacion. Y tenemos el libro, se puede encontrar pues en Colombia en Almacenes Éxito, la Librería Nacional, en Panamericana, en muchos. Pero en Latinoamérica o España llega por buscalibre.com, www.busalibre.com, y también está en Amazon. En Amazon está en edición impresa, está pues distintos países de Latinoamérica, y está también la edición de Kindle. Y sí, lo que tú dices es muy bonito, porque sabes que me ha escrito mucha gente diciéndome, mira, yo acabo de pasar por un divorcio, y cuando te leí, como que me di cuenta que lo mío es un desafío, pero que pasa. O sea, o sea, como que uno a veces se tiene que comparar o mirar para abajo, que hay gente que le tocan situaciones a veces más complejas y sale adelante. Y eso es una luz, una luz que uno empieza a encontrar. Entonces nos hace muy felices que este libro, que nace desde el corazón de mi fundación, porque no solamente digamos que parte, como muchas cosas, mi testimonio, sino de historias de aciertos y sobre todo de desaciertos que muchas personas hemos compartido y aprendido a lo largo de eso para que las otras personas no lo vivan. Y todos los recursos pues son para la fundación. Entonces pues nos sentimos muy felices de poder estar expandiendo este mensaje de vida y sobre todo de esperanza alrededor de diferentes personas en Latinoamérica.
Gracias por existir, Lina, y por compartir. ¡Qué belleza! Yo quiero terminar con este mensaje para todos. Yo siempre digo que cada situación en la vida es como una moneda con dos caras, ¿verdad? Tiene el lado el lado destructivo. Uno no puede controlar, uno no puede controlar las cosas que le pasan, pero uno siempre puede controlar cómo reacciona ante lo que le pasa. Ese poder es nuestro y nadie te lo puede quitar. Tú puedes entregarlo, pero nadie te lo puede quitar. Y Lina es un ejemplo, pero casi que la niña póster, ¿verdad? De lo que es manejar la mente. La mente es una máquina de crear significados, y al ella saberla manejar, no solamente ha sido más feliz, sino que ha ayudado a cientos de miles, me atrevería a decir, de mujeres y de familias. Y hoy está aquí enseñándonos también que si ella pudo, tú puedes. Lina, muchas gracias.
Yo quiero agradecerte a ti, pero no solamente por este espacio, sino porque ese libro del que hablamos, yo, ese libro tiene nombre y apellido, que es Margarita Pazos. Yo llevaba 5 años que muchas personas, incluso el mismo Walter Rizzo, me venía diciendo: deberías de hacer un libro, deberías de hacer un libro. Yo te hago el prólogo, no sé qué. Y yo, desde mi miedo, porque así muchas cosas yo he aprendido a manejar, y estamos en constante evolución. Y yo, cuando te descubrí hace unos años, empecé a adquirir como más información. Pero fue el año pasado que compré uno de tus cursos virtuales, y en él decías, bueno, vamos a materializar un sueño. Llevaba 5 años posponiéndolo, el libro, porque la verdad yo creo que era el ego el que no me dejaba. Yo, libro, ¿quién va a comprar un libro? Y yo empecé a hacer ese curso y tenía que tomar nota y hacer tareas y poner fecha a un día. Y dije, listo, pero tengo anclado donde estaba sentada con el computador haciendo el curso. Cogí mi almanaque y busqué Día Mundial del Cáncer, febrero, no sé qué. Pum, le dije, le pongo este día. Llamé al editor que me había dicho hace mucho, le dije, listo, nos fuimos con el libro. Y vas a poder creer que al mes y medio me llama el editor y me dice, Lina, vamos a hacer una reimpresión Juan Carlos Sanchez Balza, yo no puedo creer. Yo cuando creí, yo, ¿quién va a comprar este libro? Y me decía, vamos a hacer una reimpresión. Y yo dije, lo que es, lo que la energía, o sea, lo que es el foco. Yo me di como ese permiso, pero me lo di gracias a lo que tú me diste ese impulso, porque yo hubiera seguido ahí de pronto en mis 5 años, o por miedo nunca lo hubiera hecho. Lo materialicé y lo materialicé. Por eso doy fe de todos y cada uno de esos cursos que yo creo que lo he comprado todos y los he hecho todos, pero de verdad que que a veces necesita un impulso, esa mano que le diga: venga, vamos para adelante, si no lo intentas nadie lo va a hacer por ti. Y eso te lo tengo que agradecer a ti, Margarita, de verdad, en nombre de todos los que lo han leído y los que de pronto les ha servido a recibir un poquito más de paz en la vida. Y así en el libro lo digo, ese libro te lo debo a ti.
Gracias, gracias a ti, Lina, de verdad. Todos recuerden: el cáncer es un regalo mal empacado. En las cosas que vemos como negativas siempre vienen regalos. Si sabemos buscarlos, encontramos. Pueden encontrar el libro en Amazon y en todos los lugares que dijo Lina, ¿verdad? En Colombia, en Latinoamérica. Y espero verte muy pronto, Lina. Muchas gracias.
Gracias a ti. Un abrazo para todos y disfruten y denle mucho valor cada mañana a ese milagro que somos.
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