Envy isn't something you were born with, it was taught to you. Women have been conditioned to compete over beauty and approval instead of lifting each other up. When women support each other instead of comparing, their power multiplies.
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La envidia no nació contigo, te la enseñaron. Durante siglos nos acostumbraron a compararnos, a creer que solo hay un lugar para una, a pensar que si otra brilla, tú te apagas. A las mujeres nos enseñaron a competir desde niñas, nos hicieron creer que nuestro valor dependía de ser más bellas, más delgadas, más perfectas para que un hombre nos eligiera, para que el mundo nos aprobara. Y sin darnos cuenta aprendimos a vernos como rivales en lugar de aliadas. Nos separaron del instinto más puro de nuestra naturaleza, el de acompañarnos. Que la verdadera esencia femenina no compite, se multiplica. Nosotras nos potenciamos cuando nos unimos, elevamos la energía de lo hermoso, de lo sensible, de lo sagrado. Y cuando lo hacemos, el mundo entero se transforma. Cada vez que sientes envidia por algo que otra mujer tiene, estás bloqueando la energía de manifestación que vive en ti, porque la envidia te dice: ¿por qué ella puede y yo no? Y esa frase se convierte en una orden directa a tu subconsciente. En cambio, cuando la conviertes en inspiración, le estás diciendo al universo: si ella puede, yo también. Ahí es donde la energía se eleva, ahí es donde el poder se multiplica. Para recordarte que tu poder no crece cuando compites, crece cuando compartes. Cuando una mujer se inspira en otra, ambas florecen, porque juntas somos más fuertes.