En este video de divulgación científica, el presentador explica por qué los dueños perciben a sus perros y gatos como hijos, basándose en la teoría del apego de John Bowlby y en la acción de la oxitocina. Se describe cómo la oxitocina se libera al acariciar o mirar a la mascota, y cómo los animales también liberan oxitocina en esas interacciones, citando el estudio de Nagasawa et al. (2015) que mostró un aumento mutuo de oxitocina al mirarse a los ojos entre perros y humanos, con hallazgos similares en gatos. Además, se advierte contra la antropomorfización, diferenciando el cariño genuino del atribuir emociones o necesidades humanas a los animales. El mensaje final invita a respetar la naturaleza de la mascota mientras se la trata como parte de la familia, y anima a los espectadores a compartir sus experiencias en los comentarios.
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Si sientes que tu perro o tu gato es como un hijo para ti, no estás solo. Y aunque te hayan dicho que estás exagerando, la ciencia tiene una explicación para ese vínculo tan profundo. Te lo contamos. En los años 60, el psicoanalista John Bowlby desarrolló la teoría del apego. Explicaba cómo los niños crean vínculos fuertes con sus padres porque les aportan seguridad. Pues bien, hoy sabemos que ese mismo tipo de vínculo también se establece entre humanos y animales. Tu perro o tu gato te ve como su figura de referencia, como alguien que le protege y le da seguridad, justo como un hijo ve a sus padres. Aquí entra en juego la oxitocina, conocida como la hormona del amor. Se libera cuando estamos con personas que queremos, como nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros amigos. Y también se libera cuando acariciamos a nuestra mascota, cuando pasamos tiempo con ella o incluso cuando la miramos a los ojos. Y lo mejor es que ellos también liberan oxitocina en esas mismas situaciones. Por eso ese vínculo es tan real y tan potente. Un estudio de Nagasawa y su equipo en 2015 demostró que perros y humanos que se miran a los ojos aumentan sus niveles de oxitocina mutuamente. En gatos también se han visto efectos similares. Es decir, no es que tú quieras a tu mascota como si fuera tu hijo, es que biológicamente tu cerebro activa los mismos mecanismos. Ahora bien, aquí hay un matiz muy importante: querer a tu mascota como a un hijo no es lo mismo que humanizarla. Humanizar es atribuirle emociones o necesidades que no son propias de su especie. Como pensar que tu gato actúa por venganza o llevar a tu perro en un carrito de bebé sin que lo necesite. Eso no es querer mejor, es dejar de entenderlo. Para querer bien a tu animal, primero tienes que comprender cómo es él, no cómo te gustaría que fuera. Ver a tu perro o gato como un hijo no es ninguna locura. La teoría del apego y la oxitocina lo explican perfectamente. Lo importante es que ese amor vaya acompañado de respeto por su naturaleza, porque ellos no necesitan que los tratemos como humanos, necesitan que los tratemos como lo que son: animales maravillosos que nos han elegido como su familia. ¿Ves a tu mascota como un hijo? ¿Cómo es vuestro vínculo? Cuéntanos en los comentarios. Si quieres saber más sobre animales, no te pierdas la playlist que te dejamos aquí al lado. Hasta la próxima, expertos.