Vuelvo a ver a MI GATO MILÚ tras 1 AÑO… ¿Y NO ME RECONOCE? ⏳🐾😳

Javier Pariente reunites with Milú, his family cat, after a year apart and finds the cat distant. Over three days he rebuilds trust through slow blinks, gentle play, and treats, learning that Milú hadn't forgotten him but needed time to readjust.
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Hace un año que no veía a Milú. Milú es el gato que convive con mis padres. Bueno, si sigues el canal desde hace algún tiempo, antes salía muchísimo en nuestros vídeos, pero desde hace unos años pues desgraciadamente no lo veis tanto porque nos hemos mudado, vivimos más lejos de mi familia, y por eso pues no vamos a visitarle tan frecuentemente. De hecho, hay algunas personas que lo han echado en falta y me han estado preguntando preguntando durante el último tiempo que qué había pasado con Milú, que si es que ya ese gato no vivía con mis padres, que bueno, que por qué no salía tanto en los vídeos. Bueno, pues aquí tenéis la explicación y os voy a hacer una pequeña actualización de cómo está Milú. Milú es un gato que acaba de cumplir 8 años y ya está terminando la etapa de adultez, va a entrar en la etapa de que los gatitos ya se empiezan a considerar mayores. Él actualmente está muy bien, no tiene ningún tipo de problema de salud y su vida es bastante cómoda y relajada. Vive con mis padres, que también le dan un entorno de muchísima tranquilidad y muchísima seguridad, porque en mi casa no suelen pasar grandes cambios. Simplemente, de vez en cuando, lo llevan a la casa del pueblo, que le encanta a Milú, porque además allí tiene un montón de cacharros para explorar y sitios para andar jugueteando, incluso escondiéndose. Este hecho de llevarlo a la casa del pueblo para él supone esa válvula de escape y ese entorno de diversión que muchas veces nuestros gatos necesitan. El motivo por el que hace tanto tiempo que no veía a Milú es porque, como sabes, durante el último año hemos tenido en casa una situación un poquito complicada porque Alcachofo se estaba recuperando de la enfermedad que ha sufrido, que es el PIF. Durante todo este tiempo no nos hemos movido de casa porque teníamos que estar pendientes del estado de salud de Alcachofo. También al principio teníamos que estarle medicando durante todos los días, todos los días a la misma hora había que ponerle su inyección, y además Después hemos pasado por un largo proceso de observación en los que no era conveniente que faltásemos de casa para evitarle, sobre todo al cachofo, cualquier tipo de cambio que pudiera desestabilizarle. Pero bueno, ya como el cachofo se ha curado definitivamente, pues decidimos que ya era momento de volver un poco a retomar nuestra vida y hacer visitas a casa de familiares, no estar esperando a que vengan ellos a nuestra casa. Pues llegó el día en el que por fin pudimos ir a casa de mi familia, de mis padres, y tenía muchísimas ganas de ver a Milú. Cuando entré por la puerta le miré, estaba en el salón, pero de repente se percató de mi presencia, salió corriendo y se escondió. No me dejó ni siquiera saludarle. Y es que Milú es un gato un poquito reservado, no es el típico gato extrovertido como por ejemplo puede ser Alcachofa, que se sube encima de cualquiera nada más que entran por la puerta. Milú prefiere tomar un poquito de distancia y una vez que se ha asegurado que la situación no supone ningún tipo de riesgo para él, pues ya sí, eso se acerca. Bueno, es una gatunalidad que tienen muchos compañeros felinos. De hecho, a veces me lo contáis en los comentarios de los vídeos. Y como yo sabía que Milú es un gato un poquito tímido, tampoco tenía previsto acercarme. Lo que yo no me esperaba era esa reacción, porque parecía que ni siquiera me conocía. De repente, yo era un extraño para Milú. Ya se había olvidado de mí. Pero en ese momento te paras un segundo y tienes que reflexionar sobre todas estas preguntas que se te vienen a la cabeza y entender un poco cómo cómo funciona el razonamiento de nuestros compañeros felinos. Después de un año sin verme, Milú ya no me consideraba como una parte fundamental de ese entorno que nuestros gatos consideran seguro. Así que en ese momento me planteé cuál iba a ser mi objetivo: recuperar el vínculo perdido con Milú. Pero esto no es una cosa que me fuera a llevar poco tiempo, y tampoco es que fuéramos a estar en mi casa durante varias semanas, sino que simplemente íbamos 3 días. No tenía tiempo que perder y tenía que empezar a actuar en ese mismo instante. Y es que la primera cosa que se tiene que hacer cuando uno se acerca a un gato que es un poquito desconfiado, un poquito tímido, y en este caso con Milú estamos ante ese tipo de gatunalidad, es directamente no hacer nada. En lugar de intentar saludarle, en lugar de dirigirme a él, para un gato como Milú es mejor simplemente que te vea como un elemento más del entorno y no como una amenaza. Así que nada, yo empecé a hacer vida normal pues con mis padres. Comimos y todo lo demás. Al final, cuando pasó un tiempo, pues más o menos media hora, 45 minutos, Milú volvió a hacerse presente en el salón. Lógicamente no se acercó a mí para saludarme y para decirme: "Hola Carlos, ¿qué tal estás?", sino que simplemente estuvo por el salón y no se acercó a mí en ningún momento. Eso sí, desde lejos nos observaba tanto a mí como a José para tenernos un poquito controlados. Pero yo ahí seguía lo mío y decidí no entrometerme lo más mínimo. Cuando un gato no se te acerca es porque no tiene confianza en lo que está sucediendo en ese momento o en la persona que ha entrado dentro de su espacio, dentro de su casa. Y por eso, en estos casos, lo mejor es mantener la distancia y no ser un elemento muy intrusivo para el gato, porque esto no ayuda absolutamente en nada a que el gato se sienta seguro. Más bien, al contrario, va a sentirse intimidado y es más probable que vuelva a esconderse o a meterse en algún rincón donde se sienta más seguro. Y otra cosa que hice, bueno, pues fue no intentar gesticular demasiado o no moverme demasiado rápido por el salón, que vea en nosotros personas que son controlables, que no van a tener ningún tipo de gesto ni ningún tipo de movimiento que les asuste o que les impresione, porque eso les ayuda a sentirse mucho más seguros. Y ahora te estarás preguntando, ¿y esto sirvió para algo? ¿Funcionó? Bueno, pues al menos Bilou allí siguió. Esto yo ya lo consideré como suficiente avance para un primer día, para un primer encuentro. Ya durante ese día directamente decidí no hacer nada con Milú, simplemente dejarlo que estuviera por allí por la casa, que fuera ganando poco a poco confianza. Y durante todo ese día pues simplemente me dediqué a hacer vida con mi familia y a pasar tiempo con ellos. Esto también le dio a Milú el tiempo suficiente para que se fuera acostumbrando pues a los olores, a nuestra presencia, también al sonido de nuestra voz. El caso es que así llegamos al final del primer día. Es verdad que no estaba consiguiendo que Milú fuese el gato más amoroso del mundo, pero al menos ya toleraba nuestra presencia y no se escondía a la mínima de cambio. El segundo día fue muy importante porque ya Milú había tomado el espacio suficiente y ya se había acostumbrado a tenernos por allí alrededor. Por eso quisimos ir un poquito más allá, y lo que empezamos a hacer fue la comunicación mediante el parpadeo lento. Si él me estaba mirando, yo empezaba a entrecerrar los ojos poco a poco para indicarle, en ese lenguaje internacional que tienen los gatos, que yo había venido a su casa en son de paz. Él a mí no me correspondió, pero al menos por mi parte que no quede. Además, teníamos pequeñas interacciones fuera un poco de ese espacio más seguro que él considera el salón. Por ejemplo, cuando yo estaba por la cocina, pues de vez en cuando quizás me lo encontraba. Y ese día ocurrió una cosa muy, muy importante, que es que Milú había vuelto a recuperar aquellos espacios donde él suele descansar en casa. Por ejemplo, le encanta dormir encima de una mantita que tiene mi madre al lado del sofá. Bueno, esa mantita está visible para todo el mundo. Un gato que no confía en el entorno prefiere descansar en aquellas zonas que están un poco más reservadas de la casa. Y sin embargo, Milú había decidido dormir a pierna suelta, incluso aunque nosotros estuviéramos Todo esto son buenas señales, no me cabe la menor duda. Así que aproveché para acercarme y que me oliese, que me percibiese. Además, me permitió rascarle un poco debajo de las mejillas o incluso en la barriguita. Con los gatos tímidos en general tenemos que tener muchísima paciencia, y en algunas ocasiones no pasa esto durante el día 2. Pero claro, también tenemos que considerar toda la historia que tenemos compartida Milú y yo. Milú no es la primera vez que me veía, y entonces el proceso puede ser un poquito más rápido. Si es la primera vez que te estás enfrentando a un gato que es tímido, puede ser que estos cambios no los empieces a ver durante el día 2, pero yo ya sabía que no partíamos completamente desde cero. Yo ya me empecé a venir un poquito arriba porque estaba viendo que había avances, y dije, mira, quizás esto lo podamos conseguir en menos días de lo que yo me pensaba. Así que una de las veces que me lo encontré por la cocina decidí intentar acariciarle. Y bueno, en ese momento él decidió que eso era demasiado y que quizás me estaba pasando un poquito. Y es que Milú sabe muy bien cómo decirte, no de la forma más sutil del mundo, que ya es suficiente contacto. No es un gato al que le gusten mucho, mucho las caricias, y cuando se siente un poquito abrumado pues te da con la patita, o bueno, ya si te pasas un poco demasiado intenta huir, o incluso se le escapa algún bufido, que también lo he escuchado algunas veces. Yo ya me estaba poniendo un poquito más optimista y pensé que en los días que íbamos a estar en casa podía llegar a retomar la relación que tenía antes con Milú. Así que decidí que ya era el momento de acercarme, pero no sin un pretexto y solamente intentar acariciarla, sino disfrazar este acercamiento con algo divertido y que no le hiciera retroceder a Milú. Así que ideamos una sesión de juego. Tengo que decir que Milú suele llevar una vida bastante tranquila en casa y que por lo tanto, bueno, pues no juega juega mucho. Mis padres no le dan demasiado juego, aunque él sí tiene bastante actividad porque corre, salta y se mueve por la casa. Sin embargo, no está muy acostumbrado a que haya una persona al lado de él dándole con la cañita o tirándole algo para que vaya a perseguirlo. Por eso elegimos empezar con esa sesión de juego en un entorno donde él se siente mucho más relajado y un poquito más desprevenido. A Milú le gusta salir al jardín de mis padres Y bueno, pues le gusta explorar por allí, comer un poquito de césped, moverse un poco, pues eso, entre las macetas, entre las plantas. Incluso cuando es primavera y ve algún bichillo por ahí saltando, también se dedica a cazarlos. Por cierto, Milú siempre sale al jardín con supervisión, aunque el jardín además también está cerrado y tiene vallas para impedir que se pueda escapar. Siempre hay algún humano, aunque sea en la distancia, pendiente de lo que está haciendo. Aunque al principio nos costó captar un poco su atención porque Milú no suele jugar mucho con la caña ni con cualquier otro tipo de juguete, Y también es cierto que está en un entorno donde hay un millón de estímulos, un millón de ruiditos y de cosas que se están moviendo, y que está un poco pendiente a todo. Pero después poco a poco fue captando la atención de Milú, y la verdad que bastante bien. Tanta fue la despreocupación que tuvo Milú en aquel momento, y lo a gusto que se sintió a nuestro lado, que incluso me dejó que le tocase y que la acariciase. Y hombre, te puedes imaginar, esto ya es una gran hazaña, porque hace un día había salido corriendo simplemente de verme en la distancia, pues ahora mismo que ya se acerque, que me tolere tan cerca, para mí es, vamos, un logro gigantesco. Y fíjate en esto, qué curioso. Milú es un gato castrado y sin embargo cuando sale al jardín tiene esa necesidad de marcar. Esto es porque al jardín de mis padres no solamente accede Milú, hay algunos gatos que viven por allí, por la misma urbanización, y están invadiendo el territorio que Milú considera suyo. Así que cuando sale aprovecha para marcar, incluso estando castrado, y para que el resto de gatos que se puedan pasar por allí ya sepan que ese jardín tiene dueño. Esto para los que me escribís muchas veces diciendo: oye, ¿cómo es posible que mi gato marque? Bueno, marca aunque esté castrado simplemente para eso, para reclamar ese territorio. Como todo esto de la sesión de juegos había ido bastante bien, era el momento de que Milú también supiera que acercándose a mí iban a ocurrirle cosas buenas, y por eso empezamos a probar con los premios. Milú es verdad que es un gato pues que no suele tomar chucherías ni premios, así que cuando le ofrecimos el churu, pues bueno, para él fue como probar prácticamente, no sé, un bocado del cielo. Al darle el premio y necesitar estar tan cerca de él, de su cara y de su boca, pues es otra forma también de reforzar el vínculo. Nos nota cerca, nos huele y se acostumbra a nuestra presencia. Y con el churu, pues poco a poco lo fui atrayendo al salón para seguir con la sesión de juego. Fue como un poco el flautista de Amélie. Dije: venga, sígueme, y mientras me vayas siguiendo te seguiré dando de esta cosa tan rica. Sin embargo, vi que Milú estaba quizás un poquito más cohibido, no se estaba soltando tanto a la hora de jugar conmigo dentro de casa. Oye, quizás es porque está mucho más acostumbrado a estar en esa zona de la casa, que la percibe como algo más privado, como algo más suyo. Así que decidí hacer un juego indirecto, que no me tuviera a mí delante directamente ahí como una figura muy intimidante para él. Por eso elegí una puerta, él a un lado y yo al otro. Y yo, bueno, con el cordón simplemente logré captar un poco su atención. Así que probé después a jugar con la caña a ver si eso le parecía más estimulante. Y ya con la caña estuvo jugando un ratito. Y para darle un poquito más de entretenimiento sin necesidad de que yo tuviera que estar presente, pues le dimos un juguetito autónomo. Bueno, realmente un tapón de plástico que hace ruido y que a él le encanta perseguir. Se cansó y se marchó. Yo en este caso volví a acordarme de mi yo del pasado, del primer día, y decidí dejarle que él se fuera a hacer su vida, porque siempre es mejor un contacto corto y beneficioso que ir detrás del gato y atosigarlo. Ya después salimos a dar una vueltecita y Milú estaba descansando en su ventana, que eso le encanta. Estuvimos dando un poquito de caricias a través de la reja y bueno, toleró muy bien nuestra presencia. Yo pienso que por este día hemos tenido muchísimos avances. Hemos conseguido pues eso, también tener cierto contacto físico y que él permita que le acariciemos estando despierto. Yo me gustaría que fuese un poquito más cariñoso, que fuese quizás un poco más como Alcachofo. Es que nos tiene Alcachofo muy mal acostumbrados, Pero no podemos pedirle a un gato tímido que sea igual de extrovertido que un gato que es un poquito más sociable o que le encanta el contacto con los humanos. Oye, Alcachofo tiene su gatunalidad y Milú tiene la suya propia. Y es que con los gatos tímidos tenemos que ser siempre conscientes que el límite lo marcan ellos. Y simplemente los humanos tenemos que asumirlo y callarnos. Bueno, con los gatos tímidos y con cualquier gato, pero lo que pasa es que con los gatos tímidos se llega un poquito antes al límite. Y así llegamos ya al último día. Ya se acababa nuestra visita en casa y bueno, en ese momento siempre se siente un poquito de pena, ¿no? Porque te tienes que volver, aunque íbamos a ver al cachofo, pero también nos gusta estar con la familia y también estábamos muy contentos de cuál había sido todo el avance que había tenido Milú durante todo el fin de semana. Y ya, pues bueno, la verdad es que Milú se quedó ahí encima de ese rascador artesanal que le ha hecho mi padre, que está muy, muy chulo. Y bueno, me permitió acercarme, acariciarlo un ratito, despedirme, bueno, bien de él. Así que la verdad es que me fui muy, muy contento. Y es que esto es un gran logro, porque bueno, muchos gatos tardan en recuperar la confianza. Y es verdad que aquí a Milú le habíamos pedido que hiciese un trabajo pues prácticamente intensivo. En solamente 3 días teníamos que recuperar esa relación perdida. Así que todo esto me llevó a responder la pregunta que me hice el primer día, que es que si Milú me había olvidado. Realmente no, no había pasado eso. Milú sabía perfectamente quién era yo. Simplemente le hacía falta pasar un poquito de tiempo conmigo. Y es que con los gatos tímidos, pues a veces ocurren estas situaciones. Hombre, si te está viendo todos los días, pues quizás no, pero si ha pasado algo de tiempo desde la última vez que ha compartido varios días contigo, pues tienes que darles un poco de espacio. Y tenemos que ser las personas las que, aunque nos apetezca muchísimo llegar, saludar, acariciarle y volver a retomar esa relación que hemos dejado un poquito en pausa, bueno, pues eso, tenemos que ser conscientes de que hay que darles su espacio para que poco a poco vayan ganando confianza y se sientan a gusto a nuestro lado. Y nada, ya con el corazón un poquito más contento y más llenito de amor familiar, pues emprendimos el viaje de vuelta. Y Milú se fue a su ventana para despedirnos y ver cómo nos marchábamos. Y ya por suerte no va a tener que pasar otro año para que nos volvamos a ver, así que espero que la próxima vez que nos veamos vaya todo sobre ruedas. Espero que os haya gustado el vídeo. Y para todas esas personas que me preguntáis cómo está Milú, bueno, pues que hayáis podido ver que le está muy bien, que vive con mis padres, que está viviendo pues casi casi esos años de jubilación dorada, y que está completamente feliz y a gusto a su lado. Y que de paso hay que decirlo, de momento no tiene ningún achaque. Y aprovecho para pedirte que le des like a este vídeo, que te suscribas, que lo compartas con aquellas personas que viven con un gato un poquito Gatito tímido, y que si nos quieres apoyar muchísimo nos regales un súper thanks. Espero que me dejes un comentario diciéndome qué te ha parecido el vídeo, y si tú también convives con un gato tímido, me cuentes si también has vivido experiencias parecidas. Pero como todo el protagonismo no va a ser de Milú, antes de irnos vamos a conocer a esta gatita vaca tan guapa que se llama Mini. En el momento en el que nos mandaron la foto tenía 10 años y convive con su compañero humano Mauro. Y así de Agustito descansa. Desde Almería, Luna, que es la compañera felina de Ángel Nathan. Y desde Argentina nos saluda Juana, que es esta gatita tan guapa que convive allí con su compañero humano Javier Pariente. Muchas gracias por seguir el canal Mascotas y Familias Felices y nos vemos en el próximo vídeo.
Ha marcado ahí. Mira, lo malo es que esa ropa no coincide con la que tenía ayer cuando te acercabas al gato. O sí, da igual.
Aquí estamos en Dubái un poco.
Miluso, planofonito, ¿sabes?
Sí, Milú, estabas incógnito, ¿verdad? Si yo te quería presentar a tu primo Gatuno. Mira, ven.
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