In this candid monologue, Esther Montoliu recounts a conversation at the hairdresser where she was told she was "lucky" to be able to work online. She refutes the notion of luck, emphasizing that remote work is the result of deliberate, costly decisions. She outlines the substantial financial investment (around €50,000) she made to acquire the skills needed for online entrepreneurship, the sacrifice of a high fixed salary, and the countless learning experiences—many painful—that she endured. Esther argues that many people have the capacity to work online but either lack the know‑how or choose the security of a traditional job. She urges listeners to recognize the hidden effort behind perceived "luck" and to appreciate the uncertainty, sleepless nights, and intentional choices that define online entrepreneurship.
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Hoy estaba en la peluquería y la peluquera me estaba lavando el pelo y de repente le digo: bueno, pues mañana, madre mía, qué día tengo para mí, aunque no me guste, porque a mí no me gusta que si ir a hacerme la manicura, la pedicura, etcétera. Pero le digo: y entre medias, pues bueno, menos mal que me llevo el portátil y puedo trabajar en cafeterías, etcétera. Y me dice: ay, pues qué suerte que puedas trabajar así. Me he mordido la lengua. ¿Qué cojones suerte? O sea, qué suerte, no es suerte. La vida se compone de decisiones y yo he tenido que decidir trabajar online e invertido muchísimo dinero, cerca de 50.000 euros o más seguramente, si hecho las cuentas para poder aprender todo lo que sé ahora mismo. He tenido que dejar de cobrar un sueldo fijo mensual elevado para decidir trabajar online. He pasado por multitud de aprendizajes que la mayoría no se los deseo a nadie, muchos, y otros que me han hecho crecer, obviamente, llegar hasta aquí y decidir que quiero trabajar sí o sí online. Entonces, no es suerte, ha sido una decisión que he tomado atrás. Me he formado para ello. Hoy en día muchas personas tienen la capacidad de poder trabajar online, y si no lo hacen, a lo mejor es porque no saben cómo, pero no quieren, o decir en esta, en su trabajo, y cobrar todos los meses un sueldo y luego irse de vacaciones y no pensar en nada más y ya está. Porque emprender y emprender online al final es una decisión, no suerte. Así que podría haberme dicho quizá pues qué bien que puedas hacer eso, enhorabuena que hayas logrado eso. Pues sí, podría decirlo. Así que pensad más cuando le decís a esa persona, sea lo que sea, qué suerte, porque seguramente detrás de esa suerte ha habido un montón de decisiones y quizá incluso noches sin dormir, porque al final emprender online es una incertidumbre.