15 Aug 2025 · 25 min
A psychoanalytic exploration of parenting as an endless series of yeses, each choice favoring growth, avoiding conflict, or protecting the parent's peace. Drawing on Bion's theory, the host argues parents are a child's first human imprint and must stay fully present, not distant, knowing they will inevitably fail but can acknowledge mistakes with grace.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Buen día, buenas tardes o buenas noches. ¿Cómo estás? Te propongo que pensemos juntos en relación a crianza, de nuevo, por segunda vez esta temporada, y que pensemos en relación a decir que sí. Estoy de acuerdo con Bion cuando llama la atención sobre un hecho inescapable, que es que vivimos en un universo en el cual es imposible decir que no, que hagamos lo que hagamos le estamos diciendo que sí algo? Y si consideramos esa pregunta formulada en cada acción, en cada hecho, de manera profunda, las implicancias son asombrosas. ¿A qué le estamos diciendo que sí cada vez cuando le decimos que sí a un niño que puede salir O que sí puede jugar, o que sí puede agarrar la tablet, o que sí puede comer un alfajor, o que sí puede tomar cerveza. Aquí le estamos diciendo que sí, pero también cuando decimos que no puede tomar alcohol, o que no puede fumar, o que no puede jugar, o que no puede salir, O que ahora no queremos jugar con ellos. Niño, deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca. ¿A qué le estamos diciendo que sí? Y ahí cambia, porque es muy fácil, es relativamente simple entender a qué le estamos diciendo que sí cuando decimos sí. Pero, ¿a qué le estamos diciendo que sí cuando decimos no? Cuando decimos más tarde, cuando decimos ahora no puedo, ahora no quiero, cuando decimos no lo hagas o no te conviene. Cada vez que nosotros decimos que no, le estamos diciendo que sí a algo. Cada vez que nosotros decimos que sí, le estamos diciendo que sí a algo. Cada vez que elegimos no tomar posición o no tomar una decisión, estamos diciendo que sí a algo. Esta inescapabilidad del sí es una manera de favorecer un aprendizaje de la experiencia Para nuestros hijos. Nuestros hijos escuchan emocionalmente un sí en cada cosa que decimos. Sí a negarse, sí a posponer, sí a priorizar, sí a permitir, sí a no querer librar la batalla, sí a estar cansado, sí a no estar interesado. Sí, anímate. Sí, alástimate. Sí, a darle. Entonces, estos sí muchas veces son cómodos de decir, muchas veces son incómodos, muchas son dolorosas, y muchas ni siquiera nos damos cuenta de la cantidad de síes que estamos diciendo y los disfrazamos en un Más tarde, después, ahora no, no lo hagas por tu propio bien, yo sé lo que te digo, etcétera. Cada vez que nosotros decimos que sí, estamos creando algo, estamos construyendo algo. En el primer episodio sobre crianza, nosotros pensamos en relación al no, al decir no. Yo te invité a reflexionar acerca de los límites, acerca de la importancia de decir que no, dejando adrede abierta la puerta para todos los sí que hay implicados ahí, todas las veces que nosotros con un sí Construimos. ¿Cuántas cosas resolvemos si decimos que sí más allá de nuestro capricho? No como una obediencia, o no un sí que sea para evitar una pelea. Si tenés hijos o sobrinos o conoces a alguien que tenga niños, sabes que la lucha con las pantallas, los electrónicos, el consumo de alcohol, el consumo de drogas, el puedo invitar a mi pareja a dormir a casa, etcétera, en general suelen ser controversiales. Y decir que no a eso puede producir una pelea, una discusión, un mal humor, una frustración, una incomodidad que modifique de una forma u otra todo el clima del hogar, todo el clima de la casa. Y por ahí estás cansado y quieres descansar y quieres tener un fin de semana tranquilo, quieres volver del trabajo y estar tranquilo. Entonces decís que sí, pero no decís que sí a lo que tu hijo te pregunta, a lo que tu hijo te invita. Estás diciendo que sí a no pelear, estás diciendo que sí a no confrontar, estás diciendo que sí a tener paz. Yo no sé si está bien o está mal, eso es una decisión de crianza, y a mí como analista no me interesan las decisiones de crianza que vos o un paciente o cualquier persona tome. Las únicas decisiones de crianza que me importan es si tuviera hijos las mías, que afectan directamente a los hijos que quizás tendría. No me es relevante porque no sé qué decisión de crianza tenés que tomar. Por eso no sé si está bien o está mal que vos digas que sí para evitar una batalla, pero no le estás diciendo que sí a lo que la persona quiere hacer. Le estás diciendo que sí a lo que vos querés hacer. Estás diciendo un sí para evitar un no más sentido. Y ese sí no es igual que el sí de hacerlo, es el sí de no jodas, sí de no quiero la adversidad. Sí de déjame tranquilo. Y estos sí tienen un peso muy distinto que el sí que favorece, y esto se siente emocionalmente, se siente y marca algo. Marca que no tenés ganas, que el otro es muy pesado, que no vale la pena, o que no te importa, o que no vale la pena el otro, o que no vale la pena la crianza. La crianza Nunca es simple y siempre es agotadora. Nunca es simple y siempre es agotadora. Es agotadora porque, no porque los chicos sean pesados, es agotadora porque implica estar implicado, valga la redundancia, implica que te comprometas. Uno no puede criar a distancia, uno no puede criar fuera del vínculo, porque incluso cuando te retiras del vínculo es una manera de criar y estás involucrado y tiene implicancias. En el vínculo y en lo que esa persona aprende de la experiencia. Una vez un analista mío me dijo un hecho sorprendente, sorprendente porque es tan obvio que cuando lo escuché dije: ¡Hala, pipetúa! Mira vos. Y el hecho es que Cuando uno tiene hijos, esos hijos son la única persona que uno conoce sin que esa persona haya tenido experiencia previa con otro humano. Somos nosotros la primera impronta humana que tienen. Para los hijos, la personalidad de los padres es la única personalidad. Como ven a los padres ser es como ellos asumen que se es humano. Es muy tremenda esta idea. Entonces, uno cuando cría, cría desde lo que es, no desde lo que sabe. Cuando uno hace análisis, que para mí debería ser fundamental si uno decide aparearse y traer hijos a este mundo, Es al final del día lo que nos da cierto aplomo en la manera en la que somos y nos hace estar más en contacto con los sí que estamos diciendo para poder elegirlos. Y es inevitable, a ver, criar es cagarla. Lo que pasa es que cada uno elige hasta cierto punto la manera en la que está dispuesto a cagarla. Si vos pensás que criar es sin errores y que la crianza que estás haciendo, que hicieron con vos, es perfecta, mi recomendación más sentida es que realmente vayas a análisis hoy, hoy, ahora. Dejes este podcast y llames a un analista. Porque aprender a criar es aprender a cagarla, a cagarla con gracia. Y esto es lo que nosotros hacemos cada vez que decimos que sí, es decir, cada vez que hacemos cualquier cosa. Decir que sí es decir que sí a una función de la personalidad, y a veces es un sí sentido, es un sí que acompaña. Es un sí que favorece, y ese sí tiene también el peso de la alegría compartida, de la alegría de favorecer el crecimiento. A veces uno está muy cansado para algunas cosas, pero esas cosas que parecen que cansan terminan descansando después de hacerlas por la gratificación del encuentro. Como cuando tenés que hacer una actividad física, no sé, salir a andar en bici, ir a nadar, ir al gimnasio y salir a correr, o tenés que estudiar algo o que escribir algo y decís, no, qué fiaca, estoy cansado. Pero te obligas a hacerla, llevas tu cuerpo y tu personalidad a hacerlo, y al hacerlo empezás a sentir la gratificación del descanso. Hay algo en vos que se nutre y crece y favorece. Y una vez terminada la tarea, sentís, tenés la posibilidad de experimentar la satisfacción del deber cumplido, esa sensación de decir, bueno, listo, lo hice, y sentirte bien con vos. A veces pasa lo mismo cuando uno se sienta a jugar o a charlar o a conversar, o cuando uno comparte tiempo con el otro. ¿Por qué decimos que no cuando un chico quiere cocinar? Puedo cocinar. Y pensás en la cocina sucia, la cantidad de materiales que va a usar, que seguro la comida quede fea, que va a quemar la torta. ¿Pero qué pasa si eso pasa? ¿Es terrible? Estamos diciendo que sí a qué ahí cuando decimos que no, que no puede cocinar. Estamos diciendo que sí a la frustración, a la importancia de $20, $30 que pueda costar la comida, al tiempo que vamos a invertir limpiando, lavando, o la pelea que vamos a tener después con nuestro hijo para que limpie o lave. Vamos a la plaza. ¿A la plaza? Hace frío, estoy cansado, mejor no. Vamos. Quedémonos acá. Ma, ¿querés mirar una peli conmigo? No, no, una película no, prefiero— ¿Por qué no? ¿A qué decís que no ahí y a qué le estás diciendo que sí? Una cosa que es interesante es pensar que a veces la gente no habla porque no hay quien escuche, y que es muy difícil cuando uno no está disponible para oír pedirle a alguien que hable. Y después, de repente, en la adolescencia queremos que nuestros hijos hablen con nosotros, que nos cuenten, saber de ellos, pero ellos ya aprendieron de tantos sí a otras cosas que dijimos Que no estamos disponibles, que no estamos disponibles para escuchar, que tenemos otras cosas que hacer. Entonces la escucha se parece al control y la curiosidad se parece al interrogatorio, a lo inquisitorio. Si vos considerás o pensás en la tabla de Bion, viste que está el uso 5. El uso 5 es exploración. En solo un artículo lo nomina Edipo, pero es la exploración de lo desconocido. Cuando la tabla, en vez de usarla en K, que es donde está presentada, la pensamos en menos K, esa exploración se convierte en voracidad, y en menos menos K se convierte en inquisición. Entonces no es lo mismo la exploración que la voracidad, que la inquisición. No es lo mismo estar en 5 que en -5 que en menos menos 5. ¿Sabemos conversar como adultos o somos presas de la lógica del consumir? ¿Sabemos conversar con nuestros hijos? Con los hijos de otros? ¿Sabemos conversar con pacientes niños o solo nos podemos sentar a jugar porque los chicos no hablan? ¿O somos los adultos que no sabemos hablar? Pensalo vos, no me lo digas a mí, pero pensá cuándo fue la última vez que tuviste una conversación seria con alguien, una conversación profunda sobre cualquier tema. Porque nosotros ya vimos que la profundidad no está en los temas, sino en las formas. Estas conversaciones dicen que sí, y la ausencia de estas conversaciones dicen que sí. Estamos diciendo que sí a mucho todo el tiempo y perdemos noción porque nos entrenamos en decir patéticos no. Patéticos y conformistas, no, no egoístas, no que tienen que ver con resguardar nuestro propio culo y no con enfrentarnos al encuentro con un otro. Si consideramos todo lo que estuvimos viendo en esta temporada sobre la intimidad, sobre el encuentro, sobre las ideas, sobre estar con otro, nos damos cuenta hasta qué punto este estar con otro es también la capacidad para estar con uno mismo y también con nuestros hijos. Estamos criando en el encuentro, criamos siendo, criamos con lo que somos, y lo que somos dice sí A cosas, a cómo tratamos a la gente en la calle, cómo tratamos a los mozos en los bares, cómo tratamos a las personas, a los taxistas, a los choferes de Uber. Cuando entramos a un negocio, en un shopping, cómo nos dirigimos a esas personas, cómo hablamos con nuestras parejas. Todo eso es decir que sí. La manera en la que nos despertamos a la mañana, Si ayudamos, si somos gentiles, si tenemos candor, si nos sonreímos genuinamente, si somos capaces de reírnos y nos divertimos, qué hacemos con la frustración, qué hacemos con la alegría. Eso dice que sí a un millón de cosas todo el tiempo, todo el día. Entonces, vos que estás criando, vos que estás trabajando con pacientes, vos que tenés sobrinos, vos que ya criaste, te pregunto, vos, ¿a qué le estás diciendo que sí? ¿A qué le estás diciendo que sí hoy?
Cuando ya nada se espera, personalmente exaltante, más se palpita. Nacéis así, de masacre de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmando, como un pulso que golpea las tinieblas, que golpea las tinieblas. Cuando se miran de frente los vertiginosos ojos clámaros de la muerte. Se dicen las verdades, las bárbaras terribles, amorosas crueldades, amorosas crueldades. Poesía para el pobre, Poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos 13 veces por minuto para ser, y en tanto somos, una luz sí que glorifica. Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan Decir que somos quien somos. Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo. Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales. Que lavándose las manos se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse.
No comías las faltas.
Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto y canto y cantando más allá de mis penas, de mis penas personales. Me ensanto, me ensanto. No es una poesía gota a gota pensada, no es un bello producto, no es un fruto perfecto. Es lo más necesario, lo que no tiene nombre, son gritos en el cielo. Y en la tierra son actos, porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos. Nuestros cantares no pueden ser sin pecado. Un adorno. Estamos tocando el fondo. Estamos tocando el fondo.










