15 May 2026 · 19 min
The desire to be right poisons arguments, relationships, and thinking itself. A meme about 6 vs 9 shows multiple perspectives can coexist. In couples, productive disagreement matters more than winning. Reasoning should generate new questions, not defend certainty.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Cállate, yo tengo razón, yo tengo razón y vos no, la razón es mía. ¿Cuántas veces? Tener razón es uno de los problemas quizás más profundos para lograr un entendimiento. ¿Qué es tener razón? Hay un meme muy famoso en donde hay dos personas enfrentadas al número 6 o al número 9. Una grita a voz en cuello 6 y el otro grita a voz en cuello 9. Y lo que se dice es que en realidad ninguno de los dos tiene razón en sí mismo y los dos tienen razón en simultáneo porque cada uno está teniendo en consideración el vértice de aproximación. Un físico resolvería el problema de otra forma y diría que en realidad es 7,5 más menos 1,5, que sería la forma en realidad de llegar a una solución en términos de medida de la cantidad. Pero claro, es evidente que no estamos hablando de medidas. Lo mismo podríamos hacer si dos personas están mirando el 0 o si dos personas están mirando el 8. En cuyo caso podría haber un tercer observador que dijera no, infinito, y así hasta el fin de los tiempos. Pero quizás también por esta rencilla de fanatismos en donde todos queremos tener razón es que tiene tan mala prensa y tan mala reputación en los últimos años poder discutir, poder discutir ideas con pares o con parejas. Veamos primero la parte más trivial, que es la parte si querés, pública del discutir. Cuando se discute entre pares, en general la discusión se torna agresiva y se convierte en una especie de inventario de invalidaciones y agravios personales. En vez de discutir la idea, se ataca a la persona, se le pega a la persona para callar cuando la idea no me gusta. Entonces, ¿qué significa tener razón? Nada. Se discute no para convencer al otro, se discute para enriquecer el punto de vista propio. Y quizás, y ahí está la elección del interlocutor, alguien puede también obtener algún tipo de enriquecimiento de discutir con nosotros. No se trata de ver cuánto me convenzo yo de la idea de mi interlocutor, o cuánto mi interlocutor se convence de mi idea, sino, y todo lo contrario, cómo cada uno de nosotros puede enriquecer la idea idea propia que tiene, y quizás, quizás cambiar de idea, o quizás obtener una tercera idea que no lo habíamos pensado previamente ni mi interlocutor ni yo. Pero en todo caso, si nosotros discutimos para enriquecernos y discutimos brindándole al otro la posibilidad de enriquecerse, ganamos muchísimo, porque ya no se trata de invalidar la idea del otro, sino de fermentarla y fertilizarla, y también la propia. Eso también sirve mucho para la vida íntima. Si ustedes me preguntan, si vos me preguntás qué tiene que tener una pareja para durar, yo te diría que lo más importante, más allá de todo, es saber pelear. Para que una pareja dure tiene que saber pelear. ¿A qué me refiero con saber pelear? Que tiene que saber tener discusiones, tiene que saber tener diferencias y poder discutir estas diferencias y entender que no es necesario llegar a acuerdos para seguir adelante, que se trata de justamente encontrar en tu pareja un interlocutor adecuado para las discusiones que estás teniendo, para las discusiones que tenés que tener. No discutir para humillar o para ganar o para triunfar. De hecho, Una persona me dijo una vez que muchas veces el que gana una discusión no gana la discusión. A veces ganar no es ganar, y a veces ganar la discusión igual no te hace tener razón, porque uno puede ser muy vigoroso, muy entusiasta argumentativamente más que el interlocutor con el que está discutiendo, pero no por eso tener razón. Ganar la discusión no es tener razón. ¿Y qué es tener razón? Nada. ¿Qué es tener razón? Nada. Entonces, ¿por qué tanto problema por tener razón? Bueno, porque es la corona de lo inservible, es el reino de lo inexacto. El tener razón es esa especie de trinchera cobarde en la que se refugia el inepto. Puede parecer nihilista frente a la existencia de la razón, pero ninguno de nosotros tiene razón en última instancia. A lo sumo tenemos ideas que se encuentran más o mejor o más elegantemente asentadas. Yo pensaría más que en quién tiene razón en el problema de las implicancias de la idea. ¿Soy capaz de tener una idea y nutrirla? ¿Soy capaz de tener una idea y transformarla? Fíjate que muchas veces, al igual que pasa con a veces con las amistades, se transforma el tener razón temporal en un argumento válido. Por ejemplo, mira, yo hace 20 años que pienso lo mismo. Entonces, y entonces sos un boludo, hace 20 años de tener la misma idea. ¿Qué tipo de argumento es ese? Como decir hace 20 años que no me lavo el culo, ¿por qué sería relevante o importante eso? Muchas veces tus mejores amigos no son los amigos que tenés hace 20 o 30 años. A veces tu mejor amigo puede ser el que conociste el mes pasado y con el que hoy tenés mayor profundidad o mayor afinidad. Entonces, el tener razón o el tener una idea que sea cierta no tiene que ver con la antigüedad de esa idea. Por ejemplo, durante años se supo que la Tierra era plana, ahora se sabe que es geoidal. Se supo que la Tierra estaba en el centro del universo, Ahora que somos una pequeña motita de polvo en el suburbio de una galaxia suburbana. Entonces pensalo vos que sos analista, ¿querés tener razón cuando discutís con un paciente? ¿Discutís con un paciente? Los pacientes siempre quieren tener razón. Y no es un buen camino subirse a esa pelea de manera ingenua. Por supuesto, como muy bien decía mi amigo y maestro, el gran Darío Zor, un analista puede hacer lo que quiera mientras entienda lo que está haciendo. Es decir, mientras uno entienda en términos técnicos las implicancias de lo que elige hacer. Es decir, vos podés discutir con un paciente tranquilamente, pero si discutís para tener razón, cagaste. Para ustedes ya no sos más analista. Y no se trata de si vos o tu paciente tienen razón, se trata de cuánto sos capaz de favorecer que tu paciente explore esa idea que está teniendo ahora, no para tener razón o para no tenerla, sino para enriquecer ese punto de vista. Tener razón es una especie de expreso de medianoche hacia el fanatismo. Los fanáticos tienen razón. Las personas más creativas están llenas de preguntas. Si lo pensás un poco, una de las grandes tragedias que tiene la física contemporánea es lo que se conoce como el modelo estándar o modelo estándar de partículas, que es tan elegante y consistente e irrefutable Que es medio como una tragedia que todas las cosas que el modelo estándar dice que tienen que aparecer, todas las partículas incluido el bosón de Higgs, aparezcan, y que donde se supone que no hay nada no haya nada. Muchos físicos están trabajando en muchos laboratorios para intentar romper el modelo estándar. ¿Por qué quieren romper el modelo estándar? Lo quieren romper porque si lo rompen hay que pensar más cosas. Cuando una idea es tan consistente, tan prolija, se convierte en un obstáculo mismo para el crecimiento. Como dice Bion, cuando el revolucionario se vuelve respetable, se convierte en un obstáculo para la revolución. Entonces, si nosotros tenemos una idea que nos encanta y que nos ampara y que nos sirve a nosotros como refugio y como eslogan y como caballito de batalla para enfrentar el mundo, Entonces, esa idea requiere ser repensada, requiere ser transformada en un acúmulo de preguntas y poder pensar ya no si tengo razón, sino de qué manera puedo yo enriquecer mi visión del mundo. Al igual que el tiempo y que los pacientes, la razón no se tiene. Uno no tiene razón. Uno a lo sumo está en buenas condiciones para razonar una idea, y uso razonar no en el sentido frígido, sublimado de Freud, de razonar como esa actividad racional que se convierte en el sustituto de la acción, sino Razonar como una acción misma en donde es el preludio de nuevas acciones. Razonar como el hecho de poder pensar, soñar, fertilizar, crecer, multiplicar, abrir, insaturar ideas o pensamientos. Poder estar parado un poquito más allá de la propia certeza. Entonces, si nosotros discutimos un trabajo, una idea con un colega, y le mostramos puntos de desacuerdo, vértices, contradicciones, lugares o aspectos novedosos, y nos aseguramos, claro, de no ser agresivos y de no confundir el valor de una idea con el valor de un pensador. Hay pensadores que son más valiosos que sus ideas e ideas que son más valiosas que sus pensadores. ¿Por qué no podríamos discutir y tolerar y ampliar la controversia? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a un congreso y viste una discusión real entre pares, entre colegas acerca de una idea? ¿Cuándo fue la última vez que vos discutiste con un par o con un colega real, genuinamente acerca de una idea? Estas preguntas no son triviales porque de la discusión y de la controversia surge el avance. La histórica pelea de Einstein y Bohr, de Tarde y Durkheim, de Newton y Leibniz, sinfín de peleas y de discusiones y de tensiones sumamente creativas. Y de esa especie de conflicto tolerado, de esa adversidad asumida es que surge el neocandor, que permite casi como un brasero mantener viva la pasión de la idea. ¿Nos animamos a pensar entonces, más allá de si tenemos razón o no, a discutir aunque no tengamos razón? No para ganar la discusión, sino para ganarle al infinito informe un poco de forma y reencontrarnos con el placer de la idea. Vos que escuchás este podcast, que invertís tiempo de tu vida en escuchar y pensar, aunque sea un poquitito, en ideas muy cortas presentadas de manera relativamente simple, ¿te animás a repensar A lo que hagas después de escuchar esto, poder ir a discutir con alguien. ¿Quiénes son tus interlocutores? ¿Tenés con quién discutir tu vida? ¿Tenés alguien que discuta tu vida con vos? Esta pregunta es una pregunta acerca de la soledad al final del día y del buen amor. No estamos para tener razón. Estamos para encontrar razones nuevas todo el tiempo. Nos vemos la próxima.










