26 Apr 2024 · 13 min
Darío Sor describes three types of emotional turbulence when deciding: approaching something new, shifting between fixed points, and nostalgic pull from abandoned futures. When you choose, you don't just pick an object but all its unknown implications. Paralysis comes from refusing to accept that mystery.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hola, hoy quiero pensar con vos acerca de las decisiones, acerca de la toma de decisiones, acerca de tomar o ser tomado por las decisiones y algunos de los aspectos que hacen a este proceso. Nosotros sabemos como analistas que hay en toda toma de decisiones algo más profundo que simplemente la volición. No es un mero acto volitivo. De manera muy coloquial, se suele pensar que el problema de las decisiones radica en que elegir algo es desechar un montón de otras cosas, que el problema de elegir no es tanto con aquello con lo que te quedás sino todo lo que dejas por fuera. Darío Sor, de una manera muy sagaz, pensando en torno a la turbulencia emocional, presenta 3 tipos de turbulencias emocionales. La primera, que es por aproximación de un hecho nuevo, es decir, que cada vez que estamos en contacto con algo novedoso se despierta en los alrededores de la mente una turbulencia emocional. En lo personal, Muchas veces pensé esa turbulencia emocional como el establishment operando de una manera de preservar tanto a la mente de la iridiscencia del hecho nuevo como mantener cierto brillo que no se agote, que no se apague para el contacto, para no desvitalizarlo totalmente. Otra de las turbulencias emocionales es la turbulencia por el cambio de un punto de invariancia a otro, que no es ni más ni menos que el cambio de vértice en la aproximación a un hecho. Todo cambio de vértice en la aproximación a un hecho implica un cambio en la estabilidad de la laminaridad o turbulencia emocional. Estas dos turbulencias son turbulencias que vienen desde el vértice de PS, pero hay una turbulencia más que es elocuente, que es la turbulencia por succión nostálgica, que es una turbulencia que se da del vértice de D, de la integración. De la neoconjugación, y tiene que ver con esa turbulencia que se despierta por todos los futuros abandonados implicados en una elección. Cada vez que yo elijo algo, estoy desechando no solamente un presente, sino un montón de futuros. Cada decisión que yo tomo implica la apropiación de un presente y dejar de lado un montón de futuros que ya no van a ser. Es como si un conjunto de D' de otras integraciones posibles, de otras vidas posibles, dijeran: no, por favor, vivime a mí también, experimentame también a mí. Y uno simplemente tomara otro camino cada vez que desechamos un futuro. Y estos son potencialmente infinitos, aunque en realidad son inconmensurables. Estamos despertando una turbulencia que se opone a la conjugación, es decir, a la decisión que uno tiene que tomar. También Darío, hablando de turbulencia emocional y de tolerancia a la frustración, dice que es una de las tolerancias componentes de la tolerancia a la frustración, valga la redundancia, hablando de las tolerancias yade, que son 4 componentes de la tolerancia a la frustración: la tolerancia a la sensación de infinito, que es la tolerancia necesaria para poder desarmonizar la conjunción; la tolerancia a lo aleatorio o al azar, que es la tolerancia necesaria para lograr recombinaciones novedosas y que no están definidas por la causalidad sino por la aleatoriedad; una tercera tolerancia a la duda, que es la duda que se requiere tolerar para ver cuáles elementos conjugar, cuáles dejar dentro y cuáles dejar fuera de la conjunción. Y una cuarta tolerancia a la elección, que tiene que ver con cuál es el hecho seleccionado que va a dar coherencia al conjunto y que los va a armonizar en torno a un nombre. Es decir, la tolerancia a la frustración y la turbulencia emocional son componentes de primer orden en cuanto intentamos pensar el problema de las decisiones. Esto es, según Darío, que hace un montón por la inteligencia de este fenómeno tan importante para el análisis y en general tan ninguneado dentro de esta máxima casi tallada en piedra freudiana y tan poco revisitada que no hay casualidad, que hay causalidad inconsciente. Uf, cuánto deterioro y cuánto atraso al pensamiento psicoanalítico esta frase trae. Sin embargo, hoy quisiera pensar con vos un aspecto en general neglesteado de la toma de decisiones, y es algo que para mí es crucial y sumamente instrumental que cuando uno elige algo, cuando uno decide elegir algo, está eligiendo no solamente la cosa, sino, y por sobre todas las cosas, las implicancias de la cosa. Por ejemplo, hoy a la mañana te despertás y no querés ir a trabajar, pero no querés perder tu trabajo. Entonces, ¿cuál es la elección que tienes que tomar? ¿Qué elección prima? Porque si no vas a trabajar, perdés tu trabajo. Hay una implicancia. Entonces, vos querés conservar tu trabajo, entonces vas a trabajar. De igual forma, por ahí no querés rendir un examen, pero querés aprobar la materia. O muchas veces pasa, esto es muy común ver en estudiantes universitarios, que no quieren estudiar la carrera universitaria, pero quieren el título que esa carrera universitaria implica. Esto se ve sobre todo y muchas veces en medicina, en la cual muchas de las materias que el alumno se ve obligado a tener que cursar para cumplir con la currícula vigente no son del agrado, no despiertan el entusiasmo en el estudiante que sí despierta la perspectiva del título y el ejercicio profesional. Muchas veces la pregunta no es qué quieres estudiar, sino de qué quieres trabajar, qué quieres hacer el resto de tu vida. Pasa lo mismo con los embarazos. Muchas personas, muchas mujeres, pero también varones, piensan en quiero estar embarazada, pero la implicancia es también tener un hijo, y ser madre dura muchísimo más tiempo que ser mujer embarazada. Elegir no es solamente elegir lo que elijo, y no es solamente elegir y dejar por fuera algo, sino también elegir eso y las implicancias de eso. El tema de las implicancias tiene una importancia de primer orden. Fíjense que no digo consecuencias, que es un factor subsidiario de la lógica causal. Sino que estoy hablando de implicancias, de qué implica algo. Es afortunadamente insondable el listado de todas las implicancias de un hecho. Uno solamente puede arañar la superficie de cuáles son las implicancias más observables, más directas, pero el espíritu psicoanalítico lo que hace es siempre preservar la hipótesis de ignorancia, es decir, la idea de que por más implicancias que yo detecte, hay implicancias desconocidas. Hay implicancias desconocidas que instrumentalmente no pueden ser conocidas. No sé si se entiende esto. El hecho de que yo descubra una implicancia nueva hace que surjan inmediatamente un sinfín de nuevas implicancias. La implicancia, parafraseando lema brasilero, implicância não tem fim. Siempre hay una implicancia más, siempre todo implica una dimensión más, y gran parte de estas implicancias son desconocidas. No son incognoscibles como sí lo es O en el término en el que Bion formula la idea como verdad última, sino que no pueden ser abarcadas, no pueden acabar por ser conocidas. Sí importa contemplar esto. Las personas que no son capaces de contemplar, de lidiar, de contener en sí mismas el misterio de las implicancias, en general tienen muchas dificultades para tomar decisiones. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿A dónde ir? ¿Cómo vivir? ¿Cómo despertarme? ¿Cómo acostarme? ¿Cómo construir un amor? ¿A quién amar? ¿De qué manera amar? Cosas que hacen a la vida cotidiana, a la vida misma de las personas. Por suerte o por tragedia, de las decisiones no podemos evadirnos. Todo el tiempo estamos tomando decisiones, y si lo postergamos, las decisiones nos toman a nosotros. En una suerte de inversión de la función contenido y continente. O nosotros tomamos las decisiones o las decisiones nos toman a nosotros. Hay personas que para evitar las implicancias de tomar una decisión terminan llevando la función al extremo hasta que la función se quiebra y la decisión es tomada. Por ejemplo, me quedo o me voy, me quedo o me voy. Y eventualmente terminan quedándose o siendo despedidas. No hay mucha más posibilidad. Cuando digo no hay mucha más posibilidad, no lo estoy pensando en términos binarios, quiero que esto quede claro. Digo no hay más posibilidad, la sobresimplificación casi caricaturesca del ejemplo que estoy poniendo sobre la mesa. Las decisiones requieren tolerancia, respeto y sobre todo curiosidad disciplinada y mucho respeto de vuelta por las implicancias de los hechos. Todo lo que hacemos tiene implicancias. ¿Qué vas a hacer hoy?










