10 May 2024 · 18 min
En este episodio del podcast psicoanalítico "Framework", el anfitrión reflexiona sobre la pornografía como una "matriz defraudatoria" que promete placer e intimidad pero entrega saturación sensorial, alienación y dificultades en la vida sexual real. Analiza la masturbación como práctica de intimidad, señalando sus distintas formas y el riesgo de convertirse en una forma de abuso consigo mismo cuando se realiza sin deseo. Expone cómo la fuerte carga visual del porno compite con la sensibilidad táctil necesaria para el encuentro íntimo con otro, generando problemas de erección, eyaculación, lubricación y orgasmo. El discurso se extiende a la cultura de consumo inmediato: videos cortos, "fast food" de ideas, terapias rápidas y la presión por resultados veloces, que erosionan la capacidad de atención profunda y la tolerancia a la frustración. Diferencia privacidad (límite de difusión) de intimidad (intensidad del vínculo emocional) y argumenta que el psicoanálisis es una de las prácticas más íntimas, criticando la tendencia a sustituirlo por psicoterapia de baja frecuencia. Concluye que la fobia a la intimidad es un mal de época, que la pornografía y otras drogas despersonalizan, y que la sociedad necesita recuperar la imaginación y la paciencia para construir encuentros genuinos consigo mismo y con los demás.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Buenas tardes, o buenos días, o buenas noches. No sé cuándo estás escuchando esto, ni dónde, ni de qué manera. De hecho, no sé nada de vos. Pero en cierta medida mi voz en este podcast y vos tienen un vínculo, una relación. Yo te estoy hablando y vos estás escuchando, y por esa cosa extraña del formato de podcast vos no me podés contestar. Es casi como un aterrador audio largo de WhatsApp o de Telegram o de Signal o de iMessage o del cliente de mensajería que uses. A diferencia de otros audios, es un audio en el que quiero compartir ideas. En general, una o dos ideas por episodio, no mucho más, y trato, intento que tampoco mucho menos. Hace varios años ya me invitaron a dar una charla, también a compartir alguna idea, y dije una frase que llamó la atención de muchos de los presentes, que es que el porno es una matriz defraudatoria. Por el porno me refiero a la pornografía, al consumo de pornografía. Y es una matriz defraudatoria porque promete algo que no entrega, promete un placer que no brinda, un contacto que no construye, un contacto necesario para la intimidad que no está. Las últimas generaciones, diría las generaciones digitales que crecieron acunadas por internet, atraviesan la adolescencia y no solo, también la adultez, en muchos casos atravesados por el consumo de pornografía. Y ojo, no tengo nada contra el consumo de pornografía o no, es algo que está ahí, está disponible, y que hay gente que prefiere observarlo, mirarlo. Y gente que no. Quiero hablar de un aspecto de la utilización de la pornografía para, por ejemplo, la masturbación o para el encuentro sexual entre parejas. La masturbación es una práctica de intimidad, es una práctica de intimidad, de encuentro con uno mismo. Hay un viejo chiste que dice: ¿qué es la masturbación? Hacer el amor con la persona que uno más quiere. Claro, es un chiste, pero bueno, a veces no tanto, dependiendo de la capacidad de amor de esa persona. Al final del día hay muchas formas de hacerse la paja. Puede ser un rato de encuentro con uno, puede ser una descarga, puede ser una distracción, incluso, y hay evidencia de esto, puede ser una forma de abuso. Hay gente que se masturba sin ganas, que se hace la paja sin ganas, que solamente porque se tiene que masturbar o para algo, y padece eso, que es quizás la cúspide de lo paradojal, la quintaesencia del abuso sexual, el abuso sexual de uno con uno mismo. Hay formas rápidas, hay formas lentas, hay formas reparadoras, cariñosas o anestésicas de hacerse la paja, seas varón o mujer, tengas el genital que tengas. Parte de la idea de la pornografía es la saturación sensorial. Hay una impregnación ultra fuerte de los ojos y de los oídos, de lo que veo y de lo que oigo. Si es vídeo, esta saturación sensorial implica una competencia con la sensorialidad necesaria del contacto con la piel. Puesto de otra forma, si yo cierro los ojos e imagino, yo podría estar con la persona o las personas que quisiera cuando quisiera, de la manera en que quisiera. Y usar mi imaginación es una forma también de entrar en contacto conmigo, de tener ese encuentro íntimo. La pregnancia de lo visual, de lo sensorial, se convierte en una especie de trinchera de antídoto contra la intimidad. Esto se ve muchas veces cuando después se recurre al encuentro sexual con otra persona y aparecen dificultades. Aparecen dificultades tanto para conseguir o mantener una erección como para la eyaculación, para la lubricación adecuada de la vagina o para acceder al orgasmo, tanto en varones como en mujeres. Simplemente porque el ejercicio de la sexualidad no está entrenado en el encuentro íntimo, en el encuentro con otra persona, con un otro ahí presente. Ahí es en donde cobra sentido y relevancia también la presencia de programas o de material pornográfico en hoteles alojamientos o en moteles, hotelos, como se lo llame en el lugar donde vos estás escuchando. Tener que recurrir a una imagen externa como una forma de volver más tolerable el encuentro íntimo. La intimidad como ese encuentro con un otro, con uno mismo. Soy de una generación en donde no existía internet ni existía el acceso indiscriminado a la pornografía que hay ahora. Entonces toda mi generación y generaciones anteriores tenían, tuvieron, tuvimos que recurrir a nuestra imaginación. No tiene que ver con una especie de añoranza melancólica en donde el mundo era mejor y distinto. No sé si era mejor ni si era tan distinto, pero hay algo en el consumo inmanentista tan característico de las drogas, tanto las legales como las ilegales, pero en general hablo de drogas que despersonalizan: la marihuana, la cocaína, el alcohol. Drogas que anestesian y cambian el rumbo de la personalidad. Al final del día es por eso por lo que se consumen. La pornografía entra dentro de esta línea. Es un consumo de lo inmediato, es el consumo de una matriz que promete placer, encuentro, distracción, y en realidad lo que ofrece es saturación, descarga y alienación. De vuelta, uno puede mirar pornografía y masturbarse, uno puede tomar alcohol y disfrutar de una cena o de un encuentro social, Uno puede consumir drogas de manera recreativa. El problema está justamente en esto, en el uso, en la forma. En: ¿soy capaz de ir a una reunión social sin tomar alcohol? ¿Soy capaz de pasar un fin de semana sin drogas? ¿Soy capaz de masturbarme sin recurrir a la pornografía? ¿Soy capaz de un encuentro genuino, íntimo y profundo con un otro? O donde dice otro, también con uno mismo. ¿Soy capaz de eso o todo tiene que ser ya, inmediato, rápido, fugaz? Estamos muy acostumbrados al consumo de contenido instantáneo, a los videítos cortitos de Instagram, a los videítos cortitos de YouTube, a los shorts, y nos cuesta mantener la atención en algo. En un episodio de una hora, en media hora, en un libro que requiera más atención que simplemente pasar los ojos sobre. Fíjense las cosas que se publican últimamente, los artículos o los libros en general son fast food, son de consumo rápido, que no requieran demasiado, que tengan una comprensión de primera lectura, que haya una evidente superficialidad en el encuentro. Es como si como sociedad hubiéramos ido reemplazando la creación y el pensamiento profundo por la divulgación, la divulgación por pasquines, y todo se hiciera de manera súper rápida. Cogemos rápido, nos hacemos la paja rápido, queremos terapias rápidas. Queremos resultados en el gimnasio rápidos, queremos carreras rápidas, queremos vídeos rápidos, queremos acceso al contenido rápido, queremos contar todo rápido en la sesión, queremos curar a nuestros pacientes de manera rápida, queremos ganar plata rápido, queremos ser más sanos rápido, queremos casarnos rápido, tener hijos rápido, queremos deshacernos rápido de nuestros hijos, queremos tener más hijos, queremos tener más plata para gastarla más rápido, para tener más cosas. Esta es la matriz del porno, la matriz que es defraudatoria y que aparece como una necesidad fundamental para evitar la intimidad. Sí, la matriz es para evitar la intimidad. Es para evitar ese encuentro íntimo, esa pausa requerida para poder construir con alguien o con uno. Vos ahora estás hace 13 minutos más o menos escuchando este podcast. Si lo escuchaste todo de corrido, estás tolerando la frustración de tener que escuchar una idea dicha de una manera en la cual vos seguramente no la dirías, y no poder interactuar, no poder sacar, cambiar, poner, corregir, modificar. Tenés que tener paciencia para que la idea crezca en vos. Tenés que tener tolerancia para que esa idea fermente, para no aceptarla ni rechazarla prematuramente, para no decir sí, totalmente estoy de acuerdo, o no, no, es una pelotudez. Sino poder dejar que esa idea crezca, fermente, y te ayude a vos a tener ideas que antes no habías tenido. No necesariamente en relación a esto, no para estar de acuerdo o en desacuerdo con esta idea que te presento, sino y sobre todo para que desde vos salga alguna idea nueva. Que es para lo que nos encontramos con alguien cuando nos encontramos para coger con alguien. Nos encontramos para que algo que no había antes aparezca. Muchas veces este mismo acto sexual se convierte en una especie de paja compartida, en donde vos me prestás tu cuerpo para que yo me haga la paja con él, y yo te presto mi cuerpo para que te hagas la paja con él, con mi cuerpo, con tu cuerpo. Los dos nos hacemos la paja en el otro, pero no nos encontramos, no tenemos una relación sexual porque simplemente no aprendimos. Y la idea que tenemos de relación sexual es esa pantomima coreografiada que aparece en el porno, en posiciones irreales, en tamaños, voluptuosidades irreales. El sexo es sucio. Tiene olor, sudor, fluidos, flujos. El sexo es sucio, pero nosotros somos sucios también. La intimidad es algo sucio. Y quisiera diferenciar acá la intimidad de la privacidad, que muchas veces se confunde. La privacidad tiene que ver con un límite que uno pone a la difusión de una idea. La intimidad, en cambio, tiene que ver con la intensidad de un vínculo emocional. Hay acciones que son privadas, hay acciones que son íntimas. Por ejemplo, la modernidad debe gran parte de su desarrollo citadino a la creación del baño. Al menos en gran cantidad de las distintas culturas del mundo de hoy, 2024, creen, piensan, entienden, llegan a acuerdos que Ir al baño a hacer caca es un acto privado. Uno cierra la puerta en general en el baño cuando va a hacer caca. La gente no caga libremente. Claro, ustedes podrán seguramente encontrar algún contraejemplo, pero defecar es una acción privada, no es una acción íntima, o no necesariamente. Uno no puede publicar en redes sociales su intimidad. Puede en todo caso exhibir su privacidad, pero no su intimidad, porque la intimidad requiere de dos, dos personas, o uno y uno mismo. El psicoanálisis es una práctica de la intimidad, es una práctica íntima que requiere de este contacto profundo. Es probablemente de las prácticas más íntimas que uno tiene en la vida. Los psicoanalistas trabajamos con la intimidad en la intimidad. Muchas veces esto no se tolera y se recurre a prácticas psicoanalíticas aberrantes, como por ejemplo la psicoterapia, que justamente lo que tiende a hacer es a quebrar esta intimidad. Lo que me lleva a la última idea que quiero compartir con vos hoy, que es que no hay analistas de alta frecuencia. Muchas veces se escucha decir que no hay pacientes de alta frecuencia, y en realidad esto no, no es tan así. Los pacientes en general quieren alta frecuencia. Los que no toleran la alta frecuencia son los analistas. Si sos analista, pensalo: ¿cuántas veces en los últimos 2 años propusiste a un paciente hacer 4 veces por semana? Si sos paciente, pregúntale a tu analista si quiere trabajar 4 veces por semana con vos y vas a ver que enseguida empiezan los peros. La intimidad está vulnerada en este momento de la historia. La fobia, y lo uso de manera genérica, de manera casi coloquial, a la intimidad es un mal de época. La falta de intimidad, el rechazo a la intimidad, la intolerancia a la intimidad, la falta de disciplina y el tedio son pandémicos. La pornografía se erige como una de las prácticas matriciales que termina dañando el encuentro, el encuentro amoroso, el encuentro sexual. El encuentro con uno mismo. Es como si la lógica de consumo se hubiera interpuesto en mi relación conmigo. No leo poesía, no leo novelas, no leo textos que requieran que piense y me encuentre conmigo y crezca. No recurro al psicoanálisis, sino a la psicoterapia, y quiero todo ya, ya, ya, ya. Shang, shang, shang.










