5 Sept 2025 · 21 min
A psychoanalyst critiques how children are given rights they cannot manage: excluded from birthday parties, exposed to sex and phones too early, all rewarded with medals. He argues this premature responsibility weakens them and adult authority, comparing it to the irrationality of Brexit.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hoy quiero hablar con vos acerca de crianza. Este es el tercer episodio y el último que vamos, que voy a dedicar al tema de crianza en esta temporada y quiero hablarte acerca del lugar que como adultos le damos a los niños, como si fueran pequeños emperadores de Dune o una quintaesencia, casi una caricatura del His Majesty the Baby. En donde pasan a estar en lugar de dioses. Por eso quiero hablarte acerca de los derechos, de los derechos de los dioses. Hay un grupo de 20 chicos en un colegio primario. Uno de los compañeros decide hacer una fiesta de cumpleaños al que invitan a 16 de esos 20 chicos. 4 chicos quedan afuera. Uno de los padres se queja después de realizado el festejo y argumenta que su hijo se siente relegado, que por qué se hacen esas cosas. Y los argumentos llenos de eufemismos de la gran mayoría de los padres dicen que los chicos tienen derecho a elegir con quiénes compartir, a quiénes invitar, a quiénes participar, porque a medida que van creciendo van teniendo distintas afinidades. Recordemos, estamos hablando de una escuela primaria, digamos, de chicos de entre 7 y 12 años. El resto de los padres se suma a este tipo de argumentos en donde se privilegia el derecho de los chicos a no invitar a otros compañeros. Pero no estamos hablando de invitar a 5 y no invitar a 15, o de invitar a los varones y no a las mujeres, o de invitar a las mujeres y no a los varones. Estamos hablando de invitar a 16 de 20. Es decir, que hay 4 chicos que sensible y notoria y explícitamente quedan no invitados. Otros argumentos van en relación a la posible personalidad de estos chicos y por qué algunos chicos no quieren invitar a los chicos que quedan excluidos. Pero la pregunta es, ¿cuál es el límite de los derechos de los chicos? Hasta donde los chicos deciden las vacaciones familiares, en qué se gastan la plata, o ciertos grados de crueldad son permitidos o tolerados por los adultos en pos de una supuesta cesión de derechos absolutamente demagógica. Recuerdan, no sé si vos te acordarás del Brexit, cuando se propuso en el Reino Unido, en Gran Bretaña, no, el Reino Unido, en Gran Bretaña, perdón, votar respecto de si Gran Bretaña tenía que seguir perteneciendo a la Comunidad Europea o tenía que salir. Se hizo un plebiscito entre la gente, un plebiscito vinculante, y la gran mayoría, no sé si por mucho, pero la mayoría de la población votó en favor de que Bretaña saliera de la Comunidad Europea. Lo curioso fue que al poco tiempo, y una vez fuera de la Comunidad Europea, muchos británicos se preguntaban por qué habían votado eso, que si hubieran sabido lo que implicaba no votaban. Claro, es que uno le puede preguntar a un ciudadano común, a vos, a mí, acerca de una cuestión geopolítica tan importante, hay una cantidad enorme de factores, de variables que son desconocidas. ¿Cómo yo un ciudadano común, un psicoanalista, voy a tener la capacidad para decidir si un país tiene que formar parte o no de una comunidad, con todas las implicancias sociales, políticas, demográficas, económicas, industriales, comerciales, culturales que esto tiene, cuando exceden por mucho mi capacidad de elección. Es algo análogo a cuando se le pregunta a los chicos de manera vinculante a dónde quieren ir de vacaciones o en qué quieren gastar la plata. Esto debe ser orientado. Lo otro es renunciar a la crianza. Cuando uno deposita en niños precozmente la decisión de temas que los exceden, lo que está haciendo al final del día es, y me hago cargo de la palabra que voy a decir, es victimizando a los chicos, porque lo que les ofrece es la posibilidad de elegir una elección imposible porque no tienen herramientas para elegir. Y después viene cierto grado de responsabilización por eso. Hay un punto en donde esto resulta prematuro. Cuando uno le da una tarea a un niño y vos estás criando un nene chiquito y le decís, por ejemplo, que haga determinada tarea, hay dos cuestiones que son importantes: la adecuación de la tarea y la paciencia del adulto. La tarea tiene que ser adecuada para que ese niño la pueda realizar. Aunque presente algún grado de dificultad. Por ejemplo, uno le puede decir a un chico de 3 años: anda a la habitación, abrí la puerta, tráeme el almohadón azul, y cuando vuelvas cerrá la puerta. Y esto puede presentar algún tipo de dificultad porque, bueno, son varias indicaciones, son secuenciales, implican acciones, decisiones, búsquedas, etcétera. Pero un chico normal de 3 años podría realizar esa tarea. Ahora, es importante poder tener tolerancia y esperar, y no, si el chico tarda o se demora o espera o se equivoca, impacientarnos, frustrarnos y decir, bueno, dejá, lo hago yo. Es acompañar con paciencia, cierto grado de mirada benevolente, esta acción. ¿Cuántas cosas nosotros relegamos? ¿Cuánta responsabilidad depositamos prematuramente en nuestros hijos? El prematuramente es la palabra del millón de dólares acá, porque prematuramente es lo que lo hace inadecuado. Si va acompañado y va acorde al nivel de— déjame usar esta palabra, soluciona más problemas de los que crean— de maduración, Si no te gusta maduración, por maduración me refiero a la cantidad de recursos disponibles para realizar un proceso digestivo emocional acorde a la capacidad transformadora en un continente adecuado de determinada función. Pero uso maduración que resuelve más problemas de los que crea. Lo que me importa es que no lo tomes como algo evolutivo, sí, o sea, con un sesgo moral que no lo tiene. Cuando uno le da prematuramente a cierto nivel de maduración del niño tareas que lo exceden, la sexualidad, por ejemplo, el acceso a la sexualidad, el acceso a la pornografía, el acceso al ejercicio de la sexualidad, que también en esta época resulta demagógico en muchas crianzas. ¿Cuál es el momento? Para hablar de sexo desde que nacen, pero acorde a lo que pregunten. Y a partir de qué momento es adecuado hablar de si tienen novios o novias, de si sienten atracción o deseo sexual. Atracción o deseo sexual en niños es un montón. Yo no sé a qué edad, o sea, te podría decir a los 7 años es prematuro. Y a los 20 años es postmaturo. No sé cuándo, depende de cada chico, no hay una receta. Pero sé de padres, los vemos en los consultorios, los vemos en la calle también, padres que favorecen encuentros sexuales entre chicos de 12, 13 años con sus parejas en sus casas. Y hay algo no solamente prematuro, sino además casi promiscuo en esto, en favorecer estos encuentros sexuales que son más una demanda de una adultez prematura para la que ya habrá tiempo que la demanda o el requerimiento de niños que no entienden las implicancias Lo mismo con los celulares. ¿Cuándo es un buen momento para que un chico tenga un celular? Bueno, en principio te diría nunca, pero mínimo cuando lo necesite. Y necesitar es mucho. ¿Es lo mismo un celular que una red social? No, no es lo mismo. Un celular probablemente un niño hoy, por cómo se da la vida en las grandes ciudades, lo necesite antes que el acceso a las redes sociales. Pero todo el mundo tiene, claro. ¿Y qué importa lo que hace todo el mundo? La enorme mayoría de los adolescentes se droga. La enorme mayoría de los adolescentes no pueden entender lo que leen, no tienen lectoescritura básica. El funcionamiento de la enorme mayoría de los adolescentes hoy es precientífico, la forma de razonar. No hay un privilegio del estudio, del pensamiento crítico, del desarrollo de una personalidad más allá de esta presión social difusa de la que los padres somos cómplices. No es para demonizar ni los celulares ni las redes sociales, de hecho todo lo contrario. Pero, ¿cuándo se le favorece al niño esto? ¿Cuántas veces nosotros sacamos fotos de nuestros hijos y las subimos a nuestras redes sociales publicitándolos? Y lo que le decimos es, mira qué bien saliste, mira qué lindo estás. Ay, mira, subí tu foto y tiene 27 likes, 78 likes, 1943 likes. Mira, se hizo viral tu foto en el acto. ¿Y eso qué es? ¿Qué estamos favoreciendo? ¿Eso es un valor? ¿Es un valor, perdón, la viralización? ¿De una foto, de un contenido, de una imagen cosmética? ¿Es la persona la cantidad de likes? ¿Es la persona la frustración que siente cuando se le dice que no? En la misma línea, todo es festejado, no hay posibilidad de mérito, hay medallas para todos. 30 chicos corren una carrera y hay 30 medallas para todos. Esto termina estupidizando al individuo porque el que salió último, que se perdió, que se quedó tomando un juguito, que miró una mariposa que pasaba, que levantó pedruscos de la pista de carreras, dice: ¿para qué me voy a forzar si igual me dan la medalla? No vale la pena. Y el que sale primero también dice, ¿para qué me voy a forzar si mi medalla vale lo mismo que la medalla del que salió último? Entonces, si da lo mismo, lo que se hace es, lejos de premiar el esfuerzo, la constancia, la disciplina y la realización, lo que se premia es la mediocridad, la trivialización, la vulgarización. De la realización. No es todo igual. Vivo en un país en donde durante muchos años, para no estigmatizar a los niños, se habían prohibido los aplazos. Entonces la nota más baja era un 4, para que nadie sintiera que se había sacado un 1, un 2, un 3. No importa, no estudiabas nada, presentabas la hoja en blanco, dibujabas un fucking y te sacabas un 4. Y también se había prohibido repetir, entonces nadie repetía el grado. Y también no había sanciones. Entonces, no hay sanciones, no hay aplazos, no hay repitencia. ¿Para qué estudiar? ¿Para qué trabajar? ¿Para qué amar? ¿Para qué ser una persona con cierto grado aspiracional si puedo decidir a quién invito y a quién no sin tener que sufrir las implicancias de ver cómo se le rompe el corazón a la persona que no invité? ¿Qué es lo que tienen las redes sociales? En la época previa a la existencia de internet, cuando uno le rompía el corazón a alguien, o cuando alguien molestaba o cargaba o humillaba a alguien, veía en vivo como al otro se le rompía el corazón frente a uno. Hoy yo subo un posteo, presento un mail, hago algo, y yo no veo cómo la otra persona sufre o llora. No hay contacto con el dolor del otro. Esa alienación favorece la impunidad y favorece también la falta de criterio. Hoy nadie te dice que sos un tarado, o que tenés que estudiar más, o que no sabés, o que sos un burro, o que no te da, o que lo que hiciste es horrible. Yo no sé si hay que decir eso, si hay que usar esas palabras, si es la tónica adecuada, si años de crianza están equivocados o fueron correctos. Yo no sé qué hay que decir. Decir la verdad, no sé. Lo que sí quiero pensar con vos, con vos que estás criando, con vos que tenés sobrinos, o con vos que sos analista y trabajás con niños y con padres, es: ¿sirve de algo decir que todo lo que el otro hace es maravilloso, que todo es fantástico, que todas las ideas que haces, que te tirás un pedo y es una sinfonía de Beethoven, que hiciste un garabato y es un matiz? ¿Que pateaste una pelota, la pelota se fue a la calle y sos Messi? No todo el mundo es excelente en todo, ni siquiera todo el mundo es excelente en algo. Hay mucha gente que nunca logra la excelencia en nada, y no está mal, no está mal, es perfectamente válido. Ahora, cuando sobrepremiamos la mediocridad y convertimos la mediocridad en norma y la vara de excelencia está puesta en la media, la mediocridad desciende 30 escalones y se convierte la media en la imbecilidad del pasado. Y hoy día, para ser imbécil, tenés que ser incompatible con la vida. Lo vemos en el psicoanálisis, lo vemos con colegas, lo vemos con personas en la vida real, y este es el tipo de crianza que estamos haciendo. Los estragos por demagogia, por flaqueza, por estupidización, por banalización, por desestimar la disciplina y endiosar dando derechos que no son tales a personas que no pueden administrarlo, han producido, estamos haciendo, estamos produciendo estragos en la crianza, generaciones enteras. Y nosotros, los adultos de hoy, tenemos responsabilidad directa sobre eso. No podemos mirar para otro lado. No son los hijos de otros, son nuestros hijos. Estas generaciones son las que nosotros estamos criando hoy. Como decía Clint Eastwood: no nos preocupemos por qué mundo le vamos a dejar a nuestros hijos, preocupémonos por qué hijos le vamos a dejar a nuestro mundo.
Hello stranger, can you tell us where you've been? More importantly, however did you come to be here? Though a stranger, you can rest here for a while. But save your energy, your journey here is far from over. Come the sunrise, we'll descend through Judgment Valley. And way aworth before Her Majesty the Verde River. No direction but to follow what you know. No direction but a faith in her decision. No direction but to never fight her flow. No direction but to trust the final destination. You're a stranger till she whispers you can stay. You're a stranger till she whispers that your journey's over. Weigh your worth before Her Majesty the Verde River. Weigh your worth before Her Majesty the Verde River. Weigh your worth before Her Majesty the Verde River. Weigh your worth before Her Majesty the Verde River. Not to never fight or flow. No other action but to trust the final destination. You're a stranger till she whispers you can stay. You're a stranger till she whispers that your journey's over. Way out where people roam, majesty of the Verde River. Way out where people roam, majesty of the Verde River. Way onward before the majesty of the Verde River. Way onward before the majesty of the Verde River.










