17 May 2024 · 14 min
Happiness isn't constant positivity but a deep alignment with the life you want, rich enough to hold sadness, joy, and anxiety at once. The host argues therapists are better at treating suffering than teaching people to tolerate happiness, and that a truly happy life needs the full emotional texture, not just pleasant feelings.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. La vez pasada hablamos sobre pornografía, intimidad y privacidad. Hay en los últimos tiempos una especie de compulsión exhibicionista de una pretendida felicidad. La gente se muestra feliz, todos tienen amigos, todos cogen, todos viajan, todos pasean por Europa, todos tienen autos nuevos, casas nuevas, todos tienen hijos felices, paternidades y maternidades plenas, todos son felices. Claro, el consultorio parece mostrar otra cosa, y también si uno tiene un poco de sentido común, juicio, autocrítica y puede estar en contacto con uno, ve que en realidad no es tan simple, que no todo el mundo es así de feliz como se muestra. Es como si la realidad estuviera photoshopeada, como si hubiera un filtro que intenta disimular, transformar, ocultar, una especie de bótox para las arrugas de la tristeza cotidiana. Y quizás parte de este problema venga no solamente con esa efectividad inductista de si soy feliz la gente me va a tratar felizmente, como te ven te tratan, y si te ven mal te maltratan, y si te ven bien te contratan, sino y sobre todo por una confusión muy común que es la confusión que existe entre felicidad y alegría. La felicidad es un estado emocional profundo, es una forma de estar en la vida. No, no todo el mundo es feliz. No, no siempre la gente es feliz. Posiblemente una de las mejores definiciones de la felicidad sea entender la felicidad como esa capacidad de estar la mayor cantidad del tiempo en el lugar en el que uno quiere estar. Esto implica el lugar físico, sí, y además, y por sobre todo, el lugar emocional. Ahora, ¿qué significa querer estar? Parte de esto lo vimos, si lo escuchaste, esta misma temporada en el episodio acerca de las decisiones, en donde elegimos algo, pero además de ese algo elegimos las implicancias de ese algo. Entonces, ¿quiero estar en el trabajo? ¿Quiero estar en la facultad? ¿Quiero estar en esta pareja? ¿Quiero estar en esta familia? ¿Quiero estar en esta vida? ¿Quiero estar con este tipo que soy? Si la respuesta a esas preguntas tiende a ser mayoritariamente sí, entonces el estado de felicidad es más probable. Por otro lado, es importante entender que la felicidad como estado incluye una multiplicidad de factores, de experiencias emocionales. Ser feliz incluye estar triste, alegre, contento, frustrado, angustiado, ansioso, gratificado, relajado, tenso. Es decir, en términos algebraicos, la intensidad de la felicidad es directamente proporcional a la complejidad de la textura emocional en la que estoy. La textura emocional es el conjunto de experiencias emocionales que tengo. Cuantas más experiencias emocionales soy capaz de contener en mí simultáneamente, mayor es la textura emocional. No hay una sola emoción, así como no hay un solo color. Es muy difícil que en la naturaleza, en la vida real, los colores sean plenos. En general hay matices, matices de sombras, de poros, de granos, incluso matices del propio defecto de la observación ocular. La representación gráfica muchas veces recurre a los colores plenos. La caricatura emocional también recurre a las emociones plenas. Por ejemplo, si después de una larga agonía por algún tipo de enfermedad o síndrome o complicación, una persona amada muere, es esperable que esté triste por la muerte de esa persona amada, pero también sienta cierto grado de alegría por el fin del suplicio por el que esa persona estaba atravesando. Y no tendría por qué verme obligado a elegir entre estoy triste o estoy alegre. Quizás estoy en esa espectacular tensión entre triste, alegre, aliviado, relajado, angustiado, con desazón, etcétera. Ese es un proceso esperable. Lo mismo con el nacimiento de un hijo. ¿Estoy feliz o estoy desalmado? ¿Qué siento? ¿Es todo maravilloso? Bueno, si tenés un hijo o un sobrino, conocés a alguien que tenga un hijo, sabrás que no, que no es todo maravilloso, pero tampoco es todo un espanto. La verdad es que es bien compleja la experiencia emocional de la paternidad y también de una pareja. Formar una pareja incluye muchas veces amar, odiar, querer asesinar al otro, que esperar que el otro lo asesine para que algo cambie. Amar, querer comer, masticar, introducir, coger, chupar, tocar, entrar, manosear, lamer, no ver nunca más, arrancarse los ojos, dejar de escucharlo, dormir en otro lado, querer terminar con todo, querer pegarse, adosarse. Todo este conjunto de intensidades emocionales produce una especie de sumatoria vectorial que da aquello que entendemos por el amor. El amor en un sentido súper coloquial, no en el sentido técnico en el que lo veíamos la temporada pasada en el vínculo de amor como L. Ser feliz es esto, es estar de muchas formas. Tener una vida feliz puede ser estar mayoritariamente alegre, o también puede ser estar mayoritariamente triste. Triste puede ser un lugar maravilloso en el que estar, y uno no debería verse forzado a elegir si tiene que estar alegre o triste. La felicidad es muy compleja, es muy íntima. Muchas veces uno puede decir que con dolores, con pérdidas, con fracasos, con frustraciones, con tristezas, con infinitas tristezas, uno es feliz, uno tiene una vida feliz. La autobiografía de Neftalí Reyes, un poeta chileno, se llama Confieso que he vivido. La autobiografía de Bion se llama El largo fin de semana. La autobiografía de Bukowski, que en realidad es un conjunto de entrevistas, se llama Lo que me gusta es rascarme los sobacos. ¿Cómo se llamaría tu autobiografía? ¿Qué nombre le pondrías al libro de tu vida? De tu vida hasta hoy, ¿no? Claro. ¿Sos feliz? Pues fíjate qué distinto de si estás alegre, si estás contento, si te reís, si te divertís. ¿Sos feliz? La respuesta es siempre bien compleja porque uno no solamente es feliz, uno vive feliz o no. La vida plena incluye todo este conjunto de experiencias emocionales, todos estos colores, esta especie de súper Pantone emocional en el cual estamos. Fíjense, muchas veces los analistas tenemos un prejuicio en favor de la tristeza. Los pacientes vienen al consultorio a hablar de la angustia, la tristeza, lo mal que se sienten, lo tristes que están, que la vida es una mierda. Y nosotros favorecemos eso, en parte porque tenemos todo el peso ontologicista, causal, sincrónico, psicodiagnóstico de una vieja terapéutica arrastrada de manos de la medicina. El paciente está enfermo, tiene síntomas y hay que curarlo. La psicoterapia, en lugar de favorecer la exploración de la felicidad. En general, los análisis no se basan en el paciente estando bien. Los pacientes no traen la alegría, la gratificación. Sienten que son cosas triviales. En general, Todos nosotros, cuando digo a los pacientes digo todos nosotros, vos que estás escuchando del otro lado, yo, todos somos mucho más expertos en sentirnos mal, somos mucho más expertos en el padecimiento, en esa especie de regodeo ultra judeocristiano de qué malo soy, él murió por mis pecados, mala o malo, malo yo. Cuando en realidad lo que más nos falta es aprender a tolerar la felicidad, aprender a tolerar la alegría, aprender a tolerar la risa. Somos capaces de estar bien, de sentirnos bien, de sentirnos bien incluso estando tristes, llorando, Abrazados a nadie, a un osito de peluche, a la persona que amamos, a nosotros mismos, a una idea, a un libro, a una canción, a alguien que sea alguien para nosotros.
Alguien es solo un buen objeto, una mirada, un buen recuerdo. A veces es un candil, un camisón de dormir, una cigarra, un nuevo cielo, una palabra desde lejos. Alguien lo es todo a la vez. Y todo pasa después.
La felicidad es muy distinta de la alegría. La alegría es una experiencia emocional bidimensional, simple, ramplona. La felicidad, ¡ah, qué maravilla compleja la felicidad! Qué emocionante una vida feliz, una vida peligrosa, una vida en tecnicolor, una vida de esas que para las que el psicoanálisis se inventó, para aumentar la textura emocional, la complejidad de la vida. El psicoanálisis como una forma de entrenarnos en la tolerancia, de entrenarnos en aprender de la experiencia de ser felices.










