7 Jun 2024 · 17 min
A psychoanalytic look at fanaticism as a personality function where change doesn't happen even when circumstances allow it. The host warns that analysts can get trapped in their own fanaticism through theory or ideology, blocking real listening. Play and multiple versions of yourself are the antidote.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Buenas tardes o buenos días o buenas noches, depende cuándo sea que vos estés escuchando este episodio. Yo lo estoy grabando un jueves a las 3:10 de la tarde. En Buenos Aires, que si bien no llueve, el día está nublado. El cielo es ceniciento, como de zinc, y está fresco. Hay viento, pero está pesado. Hay mucha humedad en el ambiente. Vos me dirás, ¿y a mí qué me importa? ¿Por qué me contás eso? ¿A mí qué me interesa cómo está el tiempo en Buenos Aires un día que ni siquiera es hoy cuando yo estoy escuchando esto? Y de eso trata el episodio, de las cosas que nos interesan y de las cosas que no, de aquello que nos despierta curiosidad y de aquellas cosas que no, y aquellas cosas sobre las que tenemos una falsa curiosidad, una falsa seguridad. Vamos a hablar de fanatismo. Darío Sobres escribe junto a María Rosa Zenet un par de libros, Cambio Catastrófico y Fanatismo, que para mí se encuentran dentro de los mejores libros de psicoanálisis escritos en los últimos 50 años. Y digo 50 años para poner como una especie de límite la década del 70, desde el cual hubo muy poca creatividad real y formal en términos de técnica analítica. En estos libros se propone la idea del fanatismo, pensado no desde un vértice sociológico, sino, y de manera absolutamente novedosa, Desde un vértice psicoanalítico, cómo pensar el fanatismo en nuestros consultorios con nuestros pacientes. En ese sentido, el fanatismo es pensado instrumentalmente a partir de un elemento, o sea, es anecdótico, el elemento gamma. No me interesa hablar ahora acá en este episodio de teoría, sino del fanatismo pensado por un lado como una función de la personalidad, como un aspecto observable de la personalidad, como una manera de funcionar de la personalidad, y por otro lado como un uso que uno puede hacer de cualquier cosa. Uno puede hacer un uso fanático de un pensamiento, de un sentimiento, de una emoción, y está caracterizado fuertemente por la idea de no transformación fanática. Esto generó bastante controversia, sobre todo en Brasil, en donde la idea de una no transformación fue rechazada. Quizás fue la parte más débil a partir de la cual se pudo construir una resistencia contra las ideas tan turbulentas y disruptivas del libro. ¿Cómo diferenciaríamos una no transformación de algo que no se transforma? Porque son bien distintas. En principio, una definición que podríamos aventurar sería que cuando algo no se transforma, no se transforma, permanece estable. La invariancia es total y no hay transformación, no hay modificación. En cambio, cuando algo se está no transformando, lo que sucede es que están dadas todas las condiciones para que esa transformación suceda, no en términos ontológicos obviamente, sino en términos observacionales, y no sucede. Voy a poner un ejemplo que quizás sea un poco más claro para todos nosotros de la vida cotidiana. Si yo estoy parado adentro de mi consultorio, en mi casa, adentro de un auto, no me estoy mojando, no me mojo. Ahora, si yo estoy parado bajo la lluvia y tengo un paraguas, estoy no mojándome porque el paraguas está evitando que la acción de mojarme suceda, que la acción reflexiva de mojarme suceda. Lo mismo si me meto, me sumerjo en una superficie de agua, una pileta o el mar o el océano. Si yo me sumerjo y, por ejemplo, me pongo una base de parafina que es hidrofóbica, voy a poder mantenerme seco, es decir, no mojado. Pero no si yo estoy parado en la orilla, en el borde de la pileta, en la playa propiamente dicho. La diferencia está en si están dadas las condiciones para que la función se active o no se active. La diferencia entre que algo no se transforme y que algo se no transforme. El fanatismo marca un punto de tensión en la transformación, pero como sigue estando operativo y es contagioso y sigue expandiéndose, aquellas ideas, con ideas, emociones con las que entra en contacto, se contaminan y ralentizan su vitalidad desnutriéndose y volviéndose crueles, implotando dentro de una especie de cartucho de aislamiento en la que todo va achicándose y desvitalizándose y perdiendo fertilidad. En ese sentido podríamos, si pensamos en términos de construcción, explosión, implosión, podríamos decir que una idea que está formulada en K, es decir, en conocimiento, que está tolerada, que está presentada con tolerancia a la ignorancia, al no saber, es una idea que crece, que se transforma. Una idea presentada en menos K explota, es explosiva. Y una idea presentada en menos menos K es implosiva, implosiona. El fanatismo es implosivo y la alucinosis, la psicosis, la locura, pónganle el nombre que quieran, menos K es explosivo, es hacia afuera. Ahora, ¿qué hacemos con esto en el consultorio? Bueno, para empezar, Darío analogiza la no transformación fanática a lo que podría ser un funcionamiento conocido clásicamente como autista. Es una no transformación fanática bautística porque tiende a generar estos cartuchos, estas especies de aislamientos muy grandes. Todos tenemos aspectos de estas características en nuestra personalidad. Vemos un ejemplo. Hace muchos años, en el 2008, Muammar Gadafi, que era, que era un dictador y asesino en Libia, en toda África, pero en Libia pronunció una frase que es: el que no me ama no merece vivir. Es un montón esa frase: el que no me ama no merece vivir. Ahora pensá vos que estás escuchando, ¿qué es lo que más te impacta de la frase? El que no me ama no merece vivir. ¿Qué te impacta? ¿Qué te sorprende de la frase? En general y en mi experiencia, lo que más sorprende a la gente, no sé si a vos te pasó lo mismo, Es, ¿qué tiene que ver amarte con merecer vivir? Nada. O sea, yo puedo amarte o no amarte y eso no tiene nada que ver con merecer vivir. Pues bien, ese es el aspecto más, dejemos usar esta palabra, psicótico, más, de vuelta te pido permiso para usar esta palabra, megalómano, más delirante del enunciado. Pero eso es el que más rápidamente, por lo explosivo que resulta, levanta nuestras defensas. La parte mucho más misteriosa, solapada, que penetra es que hay personas que merecen vivir y personas que no merecen vivir. Esta idea es la idea fanática, este es el componente fanático del enunciado, que es lo que hace que inmediatamente en contacto con la frase todos estemos pensando en términos de que hay personas que merecen vivir y personas que no merecen vivir. Lo que ponemos en tela de juicio, lo que discutimos, no es el merecimiento de la vida, sino que es el criterio a través del cual se juzga quién merece y quién no, poniendo el amor a Gadafi como un argumento estúpido, podríamos decir. Sin embargo, lo que más tóxico resulta es que rápidamente, emocionalmente, tomamos como válido la idea de que hay personas que merecen y personas que no merecen vivir. Obviamente nosotros nos encontramos dentro del grupo de personas que sí merece vivir porque respondemos a los criterios que nosotros suponemos que son válidos para tal efecto, y pensamos que, por ejemplo, gente como Gadafi o los judíos, o las mujeres, o los negros, o los homosexuales, o los blancos, o los psicoanalistas, o los bionianos, o los kleinianos, o los hinchas de Boca Juniors no merecen vivir. ¿Dónde trazamos esa línea? Hay aspectos fanáticos en nuestros pacientes que requieren ser fuertemente explorados, que requieren exploración constante y continua. Básicamente podríamos decir que un análisis no está completo si no se exploró adecuadamente el núcleo fanático de ese paciente, que está presente en todos. ¿Qué se hace con ese núcleo fanático? Se lo explora, se lo investiga. Ahora, en un ratito, vamos a ver una herramienta técnica que me parece que es suficientemente simple para este formato de podcast y suficientemente potente como para que puedas, ahora, después de terminar de escuchar esto, usarlo con tu próximo paciente. Pero además de eso, y antes de eso, quiero hablar del problema del fanatismo en la mente del analista. Como nosotros analistas muchas veces estamos munidos de enclaves fanáticos muy fuertes que en general lo justificamos o los argumentamos en base a teorías. Ideologías, éticas, morales, etcétera. Nuestro fanatismo muchas veces está anquilosado en teorías en donde vamos a buscar en el paciente complejos de Edipo, castraciones, neurosis obsesivas, fobias, histerias. Y esto es lo que produce que dejemos de ver al paciente para convertirnos en grandes dadores de sentido, en grandes monstruos que saturamos y aplastamos y llenamos de significado a nuestros pacientes colmándolos de expectativas. Les pedimos que asocien, que traigan sueños. Fíjense los niveles de voracidad a los que llegamos. Le decimos al paciente, che, vení a la sesión, o sea, invertí tiempo y plata de tu vida, vení a la sesión. Además, recordá el sueño y traé y contalo. Volvé a pasar por esa experiencia. Y después de que viene, nos paga, entra a la sesión, nos cuenta el sueño, le decimos: ¿y qué se te ocurre? Hasta, boludo, laburá, o sea, trabajá. Da ganas de decirle al analista: ¿y vos qué vas a hacer? Porque hay una excesiva demanda permanente de que el paciente tiene que hacer algo, ser de determinada manera, cumplir con mis expectativas. Para que yo pueda, y acá viene la palabra mágica, curarte. La cura está en el core, en el centro mismo del pensamiento fanático por parte del analista. Esta idea de que el psicoanálisis cura. Ya lo habrás visto en la temporada 1, las ideas en relación a que el psicoanálisis no cura, que el psicoanálisis no cura porque no es terapéutico, porque no parte de la idea de que el paciente está enfermo. Parte de la base que el paciente tiene una personalidad que requiere ser explorada, no que está enfermo de algo, yo lo voy a curar. Eso es la psicoterapia, la psiquiatría, incluso si querés y extremamos el planteo, el coaching, pero no el psicoanálisis. Entonces, el analista tiene que estar muy advertido de los componentes fanáticos que invaden e inundan su mente, de estos componentes teóricos arrastrados que llevan a la causalidad, la ontología, la sincronicidad, el explicacionismo, la saturación de significado, impidiendo de esta forma ver al paciente. Pero te había prometido hace un rato una herramienta para explorar el fanatismo. Una forma muy clara de hacerlo es presentar alternativas al estado actual de la cuestión. Sea esto que cada vez que el paciente presenta una idea presentarle otra manera de pensar esa idea. Cada vez que presenta una experiencia emocional, presentarle otra manera de pensar esa experiencia emocional. No porque la que vos le presentás, la que nosotros le presentamos, sea más válida, sino simplemente para favorecer que él tenga la oportunidad de aprender de la experiencia que no necesariamente esta es la única forma, y que siempre hay una alternativa al estado actual de la cuestión, que siempre puede ser de otra manera. Y eso que siempre son muchas veces, eso que siempre es mucho tiempo. Pero si nosotros favorecemos esta insaturación, favorecemos esta ampliación del vértice, quizás estemos en condiciones de darle al paciente la posibilidad de, como dije recién, aprender de la experiencia que hay alternativas, que hay otras maneras, que hay otras formas de ser, que nunca esta es la única manera. Nunca esta es la única manera. Siempre hay una alternativa al estado actual de la cuestión. Nunca y siempre, dos palabras que son muchas veces también. Entonces se trata de poder divertirnos, de poder dar distintas versiones, de contemplar la posibilidad de tener nuevas y distintas versiones de uno mismo, que es al final del día lo que vamos encontrando en análisis. Como pacientes, digo. Lo que encontramos en análisis es la posibilidad de entender, de comprender, de entrar en contacto con que esta versión de nosotros que es tiene un montón de mini versiones minoritarias, marginales, y un montón de versiones en potencia de las que yo todavía no sé nada. Yo soy yo, pero además soy todas las posibilidades que este que soy tiene para ser. Soy todo este conjunto de cosas. Un poeta argentino, Oliverio Girondo, decía: yo no tengo una personalidad, tengo un cóctel, un conglomerado de personalidades. Quizás el mejor antídoto para el fanatismo no sea otro que la diversión. Y si hay una actividad divertida en este mundo, es el análisis.










