26 Sept 2025 · 30 min
Leandro Stitzman closes season four of Framework with a reflective monologue on ideas as the tools analysts use with patients. He wonders why listeners rarely respond despite statistics showing they're there, and laments how psychoanalytic podcasts have shifted from rare to saturated, losing specificity along the way.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico.
Good times for a change. See, the luck I've had could make a good man turn bad. So please, please, please let me, let me, let me, let me have who I want. This time, haven't had a dream in a long time. But see, the life I've had can make a good man bad. So for once in my life, let me. Have who I want. Lord knows it would be the first time. Lord knows it would be the first time. I haven't had a dream in a long time. But see, the life I've had can make a good man bad. So for once in my life, let me have who I want. Lord knows it would be the first time. Lord knows it would be the first time.
Es difícil llegar al final de una temporada y tener que pensar y evaluar y presentar de qué se trató esta temporada. Me interesaba sobre todo poder compartir con vos algunas ideas respecto de la idea. Pensamos en torno a qué es una idea y las formas que esta idea tiene. Pero, ¿por qué acerca de las ideas? Porque las ideas Son, al final del día, las unidades funcionales operativas que usamos los analistas para el trabajo cotidiano con pacientes. Trabajamos con ideas. Las ideas pueden ser pensamientos, sentimientos, emociones, pueden ser teorías, conceptos, pueden ser modelos, pueden ser un sinfín de cosas. Depende de las características que tengan. Pero al final del día, la manera en la que nos relacionamos con las ideas dicen muchísimo acerca de cómo nosotros estamos posicionados en el mundo. Las personas son ideas para nosotros, nosotros mismos somos una idea para nosotros. Este universo de ideas, de este conjunto de ideas que salen de una matriz general de ideas, como perturbaciones profundas de esa matriz, son las que nos permiten amar, odiar, besar, acercarnos, decir la palabra amor pegada a un nombre, mirar a nuestros hijos, criarlos, a las personas que amamos, a nuestras parejas, rechazar también, odiar, alejarnos. De vez en cuando dañar a alguien, a veces sin querer y a veces a propósito. Y en análisis esas cosas son de primer orden porque están en la base, en la base misma de lo que hacemos y del tipo de personas que somos. Por eso quise pensar y compartir con vos. Ahora, siempre me llama la atención, me da curiosidad, hasta qué punto estas ideas llegan a alguien, llegan a vos, o las escuchás como algo para cumplimentar. ¿Cuántas ideas de las que comparto con vos llegan hasta vos? ¿Qué pensás vos acerca de estas ideas? ¿Qué ideas tenés acerca de esto? Es muy extraño ver, porque bueno, son estadísticas, cuántas personas escuchan los episodios, de dónde son, de qué ciudades. Cuántas personas escuchan más de una vez o varias veces un episodio, cuántos minutos escuchan, todo ese conjunto de estadísticas casi estúpidas, y ver qué bajo es el porcentaje de personas como vos que escuchan y que comparten lo que piensan, comparten lo que sienten o el impacto que esas ideas tienen Ojo, esto no es para pedir un feedback, es simplemente para llamar la atención acerca de la ausencia de feedback que hay. Qué difícil que es lograr discutir con alguien, tener un interlocutor, poder pensar. Y esto no es para que me lo digas a mí, es para que lo pienses vos. ¿Por qué no me escribís? ¿Por qué no comentás? ¿Por qué no compartís lo que pensás? Si se lo compartís a alguien, por ejemplo, decís, che, mira, escuchá este episodio, y esa persona lo escucha, ¿lo discuten después? No para estar de acuerdo o en desacuerdo, sino como una forma de nutrir el impacto, de ver qué es lo que pasa. Cuando empecé el podcast, en el primer episodio de la primera temporada decía que hacer un podcast es como tirar una botella al mar. Tirar una botella al mar que no sabes quién la va a recibir, si la van a recibir, si la van a abrir, si la van a tener, si la van a tocar, si qué va a pasar con ese mensaje, va a estimular a nuevos libros, nuevas canciones, nuevas aventuras, o simplemente va a ser una especie de compañía estéril que ahí quede. Es más, al principio ni siquiera sabía si alguien iba a estar interesado en escuchar durante 10, 15, 20 minutos, media hora, una hora, 3 horas, escuchar qué pensaba otra persona, qué pensaba yo, qué pensaba cualquiera de las personas que forman parte de este podcast, que comparten. Pienso también casi como un mal de época el tengo un podcast, como una de las expresiones más patéticamente representantes de una época. Cuando saqué el primer podcast no había casi podcast de psicoanálisis. Después empezaron a aparecer un montón de podcast, un montón de instituciones sacaron podcast, podcast de instituciones psicoanalíticas, podcast de psicoanalistas. Se volvió como algo muy, muy común y entonces también perdió algo de la especificidad. Quitando el hecho de que es específico lo que yo estoy disponible para compartir con vos. Y también se volvió muy difícil elegir porque hay cada vez más opciones. Entonces, ¿qué es lo que te hace a vos escuchar estos episodios y pensar o estimular o discutir estas ideas? ¿Te gustan? ¿Te irritan? ¿Te fertilizan? ¿Cuál es el alcance? De esto. Entonces quería en este último episodio, siguiendo con la canción de Mosh del principio, compartir con vos algunas ideas un poco mías, un poco de otras. Y aunque parece que tiene un aire melancólico, es presentar una idea melancólica de los solos que estamos y lo difícil que nos es ir a la pista y bailar con alguien, para dejar la puerta abierta para la posibilidad de una nueva temporada, o quizás no, porque claro, depende siempre de mi entusiasmo y mis ganas. O quizás también aprovechar este último episodio de esta temporada para contarte que estoy pensando en ideas nuevas Ideas hermosas que quizás vean la forma de un libro en los próximos años. Por ahí saco otra temporada, por ahí escribo un libro, por ahí me voy de viaje, o por ahí nada de eso y simplemente me pongo a escuchar música y pensar en todas las cosas que nos unen y las cosas que nos separan. Por eso vuelvo a la rareza de tirar una botella al mar, y quizás esta sea sin duda la última de esta temporada, y quizás la última de todas las temporadas de este podcast, o quizás por un tiempo. Compartamos un rato más y después me contás si querés en qué andás. A veces esto de mandar botellas al mar y no saber a dónde llegan, quién las escuchan, cómo llegan, ¿Quién sos vos? Resulta muy extraño. Por eso quería hacer un episodio de cierre de esta temporada, quizás un poco más personal e íntimo entre vos y yo, y preguntarte qué pensás de este podcast, qué pensás de las ideas, ¿te estimulan? ¿Te hacen compañía? Te pregunto porque muchas veces hay una sensación de ajeneidad, de alienación. Todos los intermezos que voy a introducir en este episodio son de Julio Cortázar. Esta ternura Esta ternura y estas manos libres, ¿a quién darlas bajo el viento? Tanto arroz para la zorra y en medio del llamado, la ansiedad de esa puerta abierta para nadie. Hicimos pan tan blanco para bocas ya muertas que aceptaban solamente una luna de colmillo, el té frío de la vela al alba. Tocamos instrumentos para la ciega cólera. De sombras y sombreros olvidados nos quedamos con los presentes ordenados en una mesa inútil. Fue preciso beber la sidra caliente en la vergüenza de la medianoche. Entonces nadie quiere esto. Nadie. Julio escribe este poema y pone como una nota al final manuscrita. Ya en las radios porteñas escuchábamos la voz de Lloyd Armstrong preguntando, how long, how long I'll have to wait. Y yo me preguntaba de alguna canción campera donde se pregunta, ¿cuándo, mi vida, cuándo? Entonces, entre tantas mufas, etcétera.
Hello, Central. What's the matter with this line? I wanna talk to that highbrow of mine. Tell me how long will I have to wait? Won't be that long. Please give me two nights.
Este podcast es una puerta abierta para quién? Una puerta abierta para alguien. ¿Es una puerta abierta para nadie? ¿Es una puerta para que alguien entre y viva y florezca? ¿Es una puerta para la primavera, para el otoño? ¿Es una puerta para quién? ¿Alguien quiere esto? Estas ideas son como los regalos sin abrir. Tendremos que beber la sidra caliente O hay una expectativa de que yo sea un chico bueno, un chico que no moleste a nadie, en donde las ideas que comparto con vos sean prolijas, sean domadas, domesticadas, ideas que queden bien, ideas que permitan Tener amigos, ideas de amantes descremados, deslactosados. El niño bueno. No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies. No me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo. Acepto este destino de camisas planchadas, Llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras. El largo desarreglo de los sentidos me va mal. Opto por el dentífrico y las toallas. Me vacuno. Mirá qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente para traerte un pescadito rojo bajo la rabia de gendarmes y niñeras. Pero claro, Este niño bueno que a nadie molesta, este niño domesticado, esta especie de intelectual de cabotaje que aprendemos a ser, de psicoanalista no ofensivo. Bion decía que si un psicoanalista es bien recibido en una reunión social significa que no está haciendo bien su trabajo. Pero, ¿cuál es nuestro trabajo? ¿Cuál es nuestro trabajo para pensar? ¿Cuál es el trabajo que nosotros tenemos, vos y yo, acá donde nadie más nos ve, donde nadie más nos escucha, en este tiempo que compartimos? ¿Te molesta escuchar ideas? ¿Te irritan? ¿Pensaste algo? ¿Cambió algo desde que empezaste a escuchar el podcast hasta hoy? Porque cuando todos los demás se van, cuando nos quedamos solos, al final estamos vos y yo pensando, vos y yo enfrente de una idea. Después de las fiestas, y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios. Qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, y durabas más. Eras más que el tiempo, eras la que no se iba, porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar el nuevo día juntos, riendo, despeinados. Despeinados de qué, despeinados de pensar, despeinados de crear juntos. Cuando esa fiesta de aplausos vacíos, de corrección política, de misericordia encontrada entre pactos de cordialidad y buenaventuranza, allí cuando todo eso termina, cuando se van los pacientes y los grupos Y nos quedamos nosotros dos solos, juntos. Ahí nos despertamos riendo, despeinados, o no, o tenemos que correr rápido al baño a peinarnos y lavarnos los dientes y planchar las camisas para que la ropa no esté arrugada de un uso discordante con aquel que el fabricante le otorgó. ¿Quiénes somos nosotros al final de la noche? ¿Quiénes somos nosotros cuando de nosotros no queda nada y empezamos a hacer en otros eso que germinamos? Somos ideas, somos brotecitos que no se contentan con ese jardín. Este podcast es ese intento rebelde de decir basta a un montón de correcciones. De poner en voz alta, de compartir con vos ideas. Pero también es medio ingrato porque no sé qué pensás si vos no me escribís, si vos no me decís, si vos no compartís conmigo algo de eso. Si no fuera gratis en términos económicos, ¿lo escucharías? ¿Pagarías por escuchar este podcast o no vale tanto? Pagás con tiempo, es cierto, invertís tu tiempo, das tiempo, das escucha, tenés paciencia porque esto sigue el ritmo que sigue, el ritmo de una conversación. Es como escuchar un largo audio de WhatsApp en donde tenés que dejar que la idea entre, que entre y que llegue hasta vos, que te seduzca, que te habite, como ese encargo que uno le hace a las ideas, que uno le hace también algunos vínculos, y que uno se hace a sí mismo, como yo me hago a mí, y también quizás como te hago a vos. Encargo: hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. No me dejes dormir, no me des paz, entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante. Tállame como un sílex, desespérame. Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo, talos. Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas. Grita, vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces. No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre, compártelo. Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, lo que nadie te pide, las espinas hasta el hueso. Arráncame esta cara infame. Oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre. ¿Cuál es el verdadero nombre tuyo, mío, nuestro? ¿Cuál es ese nombre que nos nombra? Ese nombre que es quizás la última caricia con la que la humanidad nos da la bienvenida o la despedida, si es que esta especie de alfa y omega eterno en que estamos, esta noria invisible del crimen en donde estamos, nos comparte. Entonces hago 4 temporadas de un podcast, hablo solo, hablo con algunos amigos, con algunos colegas, pero siempre hablo con vos, siempre es a vos a quien tengo en mente, a vos que estás escuchando esto ahora. ¿Vos pensás en mí cada tanto? Porque si bien esto es un podcast y yo soy solo una voz, una especie de recuerdo que no se anima a terminar de ser, una promesa de dentro de 7 días, también Esto, este compartir ideas, este estar juntos y pensar, esto también es la vida real.
I freeze my hands as I close the door to wait in line. So I can wait some more. And it's true what they say about love. Yes, it's true what they say about life, and I'm taking it for all it's worth. I watch the numbers register on the postal scale. I think of your hands and calculate. How a man desired feels the weight of a letter. It's true what they say about me, that I'm out of my mind, but I think that you like it.
So take.
Take the chance, be reckless with me, 'cause I'm real alive. And you are real and will For we rise. Is it pleasing? 600,000 miles and all this solitude. I know the Lord is pleasing, but I'll Fine beneath your new pair of glasses. I never included a name in a song, but I'm changing my ways for you, Jonathan. I need you to I need you to know that I'm real.
Chau, hasta el año que viene, quizás.










