12 Jul 2024 · 18 min
En este episodio del podcast psicoanalítico "Framework", los interlocutores exploran la noción de que la venganza es fundamentalmente imposible como medio de reparación del daño. Argumentan que, aunque la venganza pueda proporcionar una satisfacción momentánea o una sensación de justicia poética, nunca elimina el sufrimiento original y, a menudo, genera más dolor tanto para el agresor como para la víctima. Se discuten ejemplos clínicos donde pacientes intentan vengarse de sus analistas (por ejemplo, faltando a sesiones) y cómo esas conductas terminan perjudicándose a sí mismos. Asimismo, se examina la "venganza" del analista mediante micro‑técnicas de contratransferencia instrumentalizada, señalando que tales actitudes son aberraciones técnicas que deben ser analizadas. El episodio critica la posición de víctima como un estado que perpetúa el resentimiento y el veneno emocional, y propone la reparación interna y el amor como alternativas saludables. Se citan conceptos de Freud y Bion para ilustrar la necesidad de animarse a ser grandiosos y a amar, en contraposición a convertirse en "zombies" de resentimiento. Finalmente, se reflexiona sobre las implicaciones sociales de un mundo dominado por la venganza, sugiriendo que tal ciclo podría conducir a la extinción de la especie humana.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hay una asumida adversidad en haber sido dañado y querer algún tipo de reparación. Existe una imposibilidad de la venganza. Es decir, que la venganza, así entendida, es imposible. Es imposible vengar, vengarse, obtener venganza, revancha. Cuando uno busca venganza, lo que busca no es solamente cierto afán retaliativo, cierta idea de justicia poética en donde puedo producir un daño análogo aquel que me dañó, sino sobre todas las cosas que ese daño va a repararme. La idea de que si yo me vengo todo va a estar bien, va a dejar de doler, voy a sanar.
Y aunque parezca mentira, tu corazón va a sanar, va a sanar, va a sanar y va a volver a quebrarse mientras le toque el pulso.
Si la venganza es llevada a cabo y resulta más o menos exitosa, estaré en buenas condiciones para infligir al otro un daño similar al que él me causó, poder lastimarlo física o emocionalmente, o deprivarlo de cierto grado de alegría o bienestar. Pero eso no va a deshacer el daño realizado. Supongamos que en algún lugar de mí soy capaz de obtener algún tipo de alegría o ganancia o disfrute o placer con el daño del otro. Pero eso es otra cosa, eso es yo dañando. Pero se obtura la idea de venganza porque no resulta igual. Si vos me lastimaste y yo te lastimo a vos, vos vas a quedar lastimado, pero No significa eso que el daño que me hiciste se vaya. A lo sumo, y dentro de esta complejidad emocional que tantas veces vimos y sobre la que tanto pensamos juntos, yo podré, dañado y todo, tener algún tipo de alegría de verte sufrir o de verte doler o de verte pasarla mal, como una forma de decir, yo la pasé mal, entonces vos también la vas a pasar mal. Como una suerte de pecho pletórico del daño, de voy a entregar mal a todo el mundo, como una especie de coynor de bosta. Sin embargo, eso no va en sí a solucionar mi dolor, a solucionar mi alma. Se ve muchas veces en las relaciones de pareja, en donde vos me rompés el corazón y entonces yo te lo rompo a vos, pero nunca jamás en la historia de los corazones rotos romper otro corazón sano del propio. A lo sumo, dentro de cierta especie de hipérbole maníaca, se sobrescribe el dolor y uno puede aplastarlo el tiempo suficiente hasta que deje de doler. Pero no, no es así. Es más, muchas veces dañamos con el argumento, el justificativo moral de que te daño porque vos me obligaste, te daño en defensa propia. La idea del en defensa propia es una figura legal, es una figura jurídica, pero emocionalmente no existe. Si, como vimos esta temporada, la libertad es irrenunciable, si yo te daño es porque quiero, porque elijo dañarte. Me convierto en eso que dicen de mí, en eso que se espera de mí. ¿Cuál es el límite para la retaliación? ¿Dónde, dónde se detiene? Bueno, esto es interesante cuando uno lo piensa analíticamente. Muchas veces los pacientes se vengan de los analistas. Cuando los analistas suspenden una sesión, faltan a la sesión siguiente. Pongo este ejemplo que es una caricatura más que algo real, pero hay podríamos decir suficiente base experimental para poder ponerlo sobre la mesa, aunque claro, a veces este tipo de venganzas son más sofisticadas. Lo que me interesa es que cuando el paciente falta para intentar dañar al analista, en realidad se está dañando él, porque cuando vos faltás a tu análisis, el que se perjudica sos vos. Sí, de acuerdo, se daña también un poco la tarea, pero fundamentalmente quien se pierde el análisis sos vos. Si cuando te dañan dañas, quien sale herido sos vos, porque te convertís en aquel que daña. Quizás si tuviéramos que intentar pensar en algún tipo de venganza que sea exitosa, el mejor tipo de venganza es aprender a repararse pronto. Es llenarse lo suficiente de amor como para poder de esa forma reparar el alma en llaga, sin buscar la mutilación, el daño o el sufrimiento del otro. Es muy difícil esto. Se estudia mucho, no necesariamente desde el psicoanálisis, desde otras ramas del conocimiento, saber el lugar de víctima. El lugar de víctima es un lugar miserable porque amarga y aplasta la vida. El lugar de víctima es ese lugar en el que una persona se queda encontrando siempre un justificativo externo para su desgracia. Ojo, con esto no quiero decir que no haya víctimas. Existen las víctimas, existen los victimarios, existen las personas a las que otras personas les agencian dolores innecesarios. Existe la violencia en todas sus formas: emocional, sexual, física, simbólica, ética. Existen las mentiras, existe la vulneración, y esto es victimizante al final del día. Pero que exista un victimario que te haga algo y te convierta en víctima no significa que seas una víctima. Uno no se encuentra definido por lo peor que le pasó. Uno no es esa cosa horrible que le pasó, que le hicieron. Ojo, uno tampoco es necesariamente merecedor de lo mejor que le pasó, de lo mejor que le hicieron. La maravilla del hijo riendo No es necesariamente un merecimiento. ¿Qué es merecer? Bueno, esto está en el núcleo duro del problema de la venganza: la idea de que el otro merece porque me dio, la idea de que el otro no merece porque no me dio. Como no me amaste, nunca nadie te va a amar, yo no te voy a amar nunca. El amor, Si existiera la posibilidad de venganza, que se asocia más a esta especie de creencia fanática asociada al juicio final, quizás el mundo podría estacionarse un poco mejor en cierta estabilidad, pero lo más probable es que Todos terminaríamos vengándonos de alguien, todos seríamos vengados por otra persona, y el círculo de venganza terminaría con la extinción de la especie humana. Algún entusiasta del fin de la historia dirá que no nos falta tanto, que el reloj está haciendo tic tac, tic tac, tic tac, tic tac. Tic tac. Pero por otro lado también no, por otro lado también estamos vivos y estamos intentando, algunos de nosotros al menos, los que ejercemos y practicamos y atravesamos por un análisis, sea los analistas, los pacientes, estamos intentando que el mundo sea un lugar un poco menos oscuro. Por eso está bueno entender hondamente la imposibilidad de la venganza. Hace un ratito te hablaba, te contaba de cuando los pacientes se quieren vengar de los analistas. Te ponía el ejemplo de la suspensión de una sesión y después faltar. También está claro cuando después de un delineamiento, bueno, psicoanálisis clásico lo llamaría interpretación, Pero también está cuando los analistas nos queremos vengar de nuestros pacientes. Cuando, como veíamos en el episodio sobre envidia, el paciente nos cuenta que se va de viaje o que cambia el auto o se compra la casa o construye la pileta, y entonces queremos aumentarle los honorarios para que también pague, para que nos pague, para que nos la pague a nosotros. Como una cosa de, bueno, si tenés plata para eso, también tenés plata para mí. O querer, si el paciente no habla, entonces no les vamos a hablar nosotros. Ese tipo de venganzas estúpidas que son aberraciones técnicas y que tienen que ver con cierto aspecto fanático, cierta función de la hijoputa propia de lo humano que florece aberrantemente en los analistas de tanto envés. En los pacientes es motivo de exploración y análisis, en los analistas es una aberración técnica y debe ser adecuadamente tratada en el análisis del analista. Claro, si nosotros tenemos la idea de contratransferencia instrumentalizada técnicamente, la contratransferencia es probablemente el justificativo teórico. Ya sé, si te gusta la idea de contratransferencia no vas a estar de acuerdo con lo que digo, pero bueno, podemos no estar de acuerdo. Podés, si querés, dejar en los comentarios por qué no estás de acuerdo, o mandar un mail, o un mensaje. Pero la contratransferencia instrumentalizada técnicamente es, al final del día, el justificativo más oscuro de la habilitación moral para la venganza del analista. El analista está habilitado teóricamente para vengarse de su paciente, pero claro, la venganza es imposible, y la venganza en la tarea Tiene que ver con, por ejemplo, eternizar la reversión de la perspectiva creando un análisis cosmético en donde paciente y analista hacen de cuenta que hacen análisis. A veces desde el bien: ay, qué interesante lo que me dice, no, qué interesante lo que usted asocia, ay, qué sueño apasionante, ay, qué buena interpretación, no lo había pensado. O desde el lado del mal: sí, no, eso no, no, ya lo había pensado. Bueno, si vos no traés sueños, si vos no asociás Etcétera. Esta especie de ping-pong del mal favorece esta idea de venganza microtécnica que muchas veces aparece invisibilizada en las relaciones humanas. Nosotros vemos que las personas que se sienten cómodas, que arman un nidito, que alfombran, llenan de almohadones y de perfumes ricos ese palacete que erigen en el núcleo de su personalidad de víctima lo empapelan completamente de venganza. Este sueño de venganza como un horizonte artificial, como una especie de súper parámetro para seguir caminando, la idea de va a haber justicia divina, el que las hace las paga, ya vas a ver cuando tenga la oportunidad, etcétera, en donde la venganza se asume de la mano del resentimiento Y esto genera una especie de mutilación propia porque uno mismo se va llenando de veneno, como dice la canción.
No se puede vivir olvidando veneno. La esperanza que me da tu amor no me la dio más nadie, te juro, no miento. No se puede vivir con tanto veneno, no se puede dedicar el alma como un intento. Pesa más la rabia que el cemento.
No se puede, realmente no se puede vivir con tanto veneno porque lo que termina pasando es que uno se convierte en un zombi. Sí se puede vivir biológicamente y por eso es pasible de análisis. El resentimiento y la venganza son fuentes inagotables de veneno, de toxicidad, y vuelven la vida muy amarga, muy, muy, muy amarga, porque uno pierde la capacidad de sorpresa. Pierde la capacidad de heterogeneidad y el mundo se empieza a volver homogéneo y tedioso. Se aplasta, se sepulta y queda translúcido y evanecido, y uno no encuentra más primaveras. Pensá vos si en algún momento de tu vida sentiste las ganas de vengarte de alguien. Pensá si alguien se vengó de vos. Porque vamos, todos hicimos cosas que desde un punto de vista del otro ameritaban venganza. Todos hicimos cosas por las cuales merecemos que se venguen de nosotros. De igual forma, seguramente a vos te hicieron algo que merecía o merece una venganza. Yo quiero invitarte que vuelvas a pensar como persona, como paciente, como analista que sos, que cuando vos intentás llevar a cabo una venganza, además de ser imposible en el sentido en el que lo veíamos al inicio de este episodio, quien se empobrece sos vos, porque te convertís en la caricatura de lo que el otro dice que sos. Ni vos ni yo ni nadie es lo que el otro dice que es. Yo no soy lo que vos decís que soy, para bien y para mal, y vos no sos lo que yo digo que vos sos. Ahora, ¿nos animamos a ser magníficos? ¿Nos animamos a ser grandiosos? Mira, Bion dice en un momento que Freud fue Freud porque se animó a ser Freud antes de ser Freud. Es decir, Freud se animó a escribir, por ejemplo, La interpretación de los sueños, y a pensar en esas ideas antes de ser Freud, cuando no era nadie más que un neurólogo en los suburbios de Viena, cuando nadie había oído hablar de él. Se animó a escribir una obra magnífica ¿Nos animamos nosotros a ser grandiosos? ¿Nos animamos nosotros a ser maravillosos, a amar, a dejarnos amar? ¿O vamos a morir como zombies aplastados por el resentimiento y la estúpida idea de venganza? Imposible. Te lo pregunto así: ¿te animás a dar y a recibir todo el amor que encuentres a tu paso?










