23 Apr 2021 · 45 min
Leandro Stitzman interviews psychoanalyst Hilda Botero on intuition as the analyst's main tool, Bion's influence, and why psychoanalytic concepts grow obsolete through analysts' fear of innovation. She reads mathematics and language theory now, questions traditional supervision's vertical tone, and insists analysts must continue their own analysis.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. ¿Quién sos?
Soy Hilda, una persona común y corriente que intenta hacer tejer una vida, por lo menos para mí misma, muy interesante, con el muy resaltado.
¿Qué es psicoanalizar?
Voy a responderte con, con un estado mental ubicado en hoy, si no sería recorrer un camino largo de lo que ha sido para mí psicoanalizar. Para mí, en este momento, psicoanalizar con una canasta, dijéramos, llena de nuevos retoños que he ido recogiendo, diría que psicoanalizar es ubicarnos una persona y otra persona que se le llama paciente y psicoanalista, pero dos personas en un momento especial, en una vibración especial, sí, con una intención especial de exploración de sí mismo, el mundo en el que se está, real o no real, no importa, el mundo en el que veo, escucho, o oímos, escuchamos, o leemos, sí, en el que ponemos en contacto nuestros sentidos y nuestra intuición para conversar acerca de una persona en especial, que sería en este caso lo que se llama paciente, ya con una actitud de simpatía, diría yo, no tanto empatía, sino una simpatía en el sentido de que la simpatía va de lado y lado, ya, una simpatía con respecto a los estados emocionales de quien está conmigo. Eso sería.
¿Por qué sos psicoanalista?
No sé, no sé, no tengo idea, y no sé si en algún momento lo sabré. Lo sabré es un, digamos que es un estado emocional en el que siento que mis vibraciones emocionales son más puras, si se pudiera decir. Son más amables conmigo misma y con el otro. Eso no sé, la realidad es que no sé, no sé por qué.
¿Cuál es la herramienta psicoanalítica que más usas en tu trabajo cotidiano?
Hay una herramienta psicoanalítica que yo podría decir que contiene varias herramientas que configuran una sola. Yo pienso que la intuición Por ejemplo, sería mi mayor, ¿cómo decirlo? Mi mayor herramienta acompañante, mi mayor, en quien tengo puesta mi confianza, digamos, más allá de lo que confianza sea, o no importa, pero dejo que se presente, porque pues eso ni se evoca, ni se recuerda, ni se llama, sino simplemente está ahí y en un momento determinado hace aparición en la escena, sí, sí, la escena está abriendo ese espacio, sí, esa atmósfera, ya, y esa cualidad relacional para ella. Yo creo que es eso, ¿no?
¿Cuál es el autor psicoanalítico vivo que consideras más valioso para tu trabajo en la actualidad?
A ver, aquí tengo que hacer una, una evocación de lo que fue, ha sido y sigue siendo mi contacto con Bion, ¿no? Es desde que me puse en contacto con él, para mí se abrió no una ventana, se abrió una puerta, un garaje, un horizonte enorme, enorme. Y estando en ese, en esa selva bioniana, podría decir, porque es espesa, cerrada, para poder avanzar en él, en la exploración de lo que es estar en esa selva, no quedarse atrapado en la selva, sino poder conocerla de alguna manera. Y no salir huyendo de ella. Yo pienso que, Leandro, vos has sido mi inspiración en mis últimos años. Es como haber estado o seguir estando en esa selva con unos Con unos hallazgos de unos verdores diferentes, de unos, no sé, se me ha hecho la selva mucho más fértil. Y curiosamente me fui contactando con maneras de pensar mías de años atrás y que nunca puse, nunca puse en la actualidad. Es como que me refrescó maneras de pensar que por timidez u obediencias estúpidas no daba yo, no me daba a mí mismo. A mí misma a conocer y a usar y a admirar, en cierta forma, ¿no? Entonces, pues, vos, Leandro, hay una, ahí, ahí, de verdad, yo no sé si eso es, es como un, de verdad, un horizonte que no veo todavía ninguna línea de horizonte, sino que sigue y sigue. Y bueno, Yo creo que no hay que llegar a ninguna línea de horizonte, sino hay que estar ahí. Y bueno, eso es autor vivo, vivo. No encuentro otro más. Y decir vos que leo y reviso y he tomado de autores vivos muchas modos de pensar y conceptos, y sí, he tomado muchos, pero en este instante el autor que más me pellizca, digamos, en mí, sí, en la tendencia que se tiene de quedarse anquilosado, de quedarse acomodado en algo que se piensa, pues sí, Eso es vos.
¿Qué lugar pensás que el dispositivo clásicamente conocido como supervisión ocupa en la tarea psicoanalítica?
A ver, varias cosas allí. Pienso que supervisión es algo muy pretencioso, muy— no más el nombre es algo muy pretencioso que pretende imponer una relación vertical en que yo sé, tú no sabes, y yo te voy a guiar y te voy a enseñar. Eso en primer lugar. En segundo lugar, la observación de una relación entre analista y paciente, o terapeuta y paciente, que también hay en eso una oportunidad para conversar, me parece que tiene que ser con varias cosas en consideración. Primero, un enorme, enorme respeto por el trabajo del paciente, porque es un trabajo difícil para el paciente estar allí, hablar, contar, pensar, considerar, sufrir. Esto es enorme y esto es duro para el paciente. Me parece que necesita una un respeto enorme, un cuidado enorme, una consideración muy importante. Por lo tanto, no, no pediría yo a alguien con quien estoy conversando de un paciente, no pediría yo como quien le pregunte a alguien, por ejemplo, voy a mirar un paciente, no le pediría que me diga qué hacer, sino que miremos qué atmósfera está vibrando entre el paciente y yo para saber cómo estoy yo haciendo, mirando, observando, pensando, sí, esa relación de los dos. Luego, a mí la supervisión por sí misma no me llama la atención. De hecho, no hago mucho eso, y menos cuando el objetivo es dime qué hacer con este paciente. Ya no No, no, no me siento ni cómoda ni allí. Yo podría conversar, como de pronto en algunas oportunidades hemos abordado con vos, yo diría que cómo está ese paciente en la mente del analista, que es cómo está, qué está haciendo allí, qué hace el analista. ¿Cómo piensa el analista ese paciente? ¿Cómo lo aborda o no lo aborda? ¿Cómo lo toca o no lo toca? O sea, eso más bien, ¿no? Y el analista o el terapeuta, ¿qué está haciendo consigo mismo como alguien que se está poniendo en contacto con otra personalidad? Eso es, para mí es más enriquecedor esto que dime qué hacer con este paciente, porque pues eso se convierte como en el rector del colegio diciendo qué hacer, y a mí me parece que eso contamina, por un lado, la mente del analista o del terapeuta la contamina, porque pues son todos mis virus puestos allí en cierta forma, ¿no? Eso pienso acerca de eso.
¿Qué aspectos del psicoanálisis consideras que están obsoletos en 2021?
¿Qué tal la pregunta? Creo que, creo que casi todo, salvando la posibilidad, salvando la posibilidad en tanto ambiente, mentes dispuestas, de ponerse en contacto dos personalidades. De resto, yo creo que tenemos una serie de conceptos que nos esclavizan de una tarea que nació, fue efectiva y eficiente, que fue brillante en su momento, y que, pero que pienso que dejó de brillar, aunque desde muchos aspectos muchos psicoanalistas y muchas personas que se acercan al psicoanálisis siguen viendo contemplando y asumiendo esa estrella brillando cuando hace rato murió, de alguna manera. Y creo que, creo que ha sido en cierta forma una falta de valentía, por un, en un sentido, y pereza de muchas generaciones, o de varias generaciones de analistas, el pensar con la novedad del momento, con una mente dispuesta a ver más allá de lo que ya se vio con unos conceptos que no ayudan mucho. Sí, pienso que cobardía, sí, por un lado, pero también pereza. Yo, y esto es, bueno, todo es personal aquí lo que he dicho, pero esto es muy personal, y es que los analistas hemos sido muy perezosos en ser Quiénes más bien exploremos sea lo que sea que pueda, con lo que podamos ponernos en contacto, sí, porque nos da miedo aventurar nuevas formas de vivir, aventurar lo que no se ha dicho que es, aventurar pensamientos o formas de ver o músicas, cadencias diferentes, más allá de que sean o no sean, no importa. Si no son, ya veremos, ya veremos con qué seguimos. Pero yo sí creo que hemos sido muy perezosos los psicoanalistas. En novedad, en preguntarnos y preguntarnos y preguntarnos, y no simplemente en mantener respuestas vigentes, respuestas que ya están dadas, y entonces estamos en lo seguro. ¿Quién está en lo seguro cuando dos personas están conversando? Nadie, nadie, en ningún momento, y menos menos que menos en una relación analítica.
¿Qué idea, herramienta o artefacto pensás que habría que desarrollar en psicoanálisis en los próximos 10 años?
No sé, Leandro. No tengo la más mínima idea.
Nada.
Creo que eso, esto que me estás preguntando, cae en el ámbito de: ¿y qué es la vida? ¿Qué crees? ¿Cómo se puede hacer la vida? Entonces yo te diría: pues no sé, cada día la tejo, cada día la tejo. ¿Qué hilo vibra ese día? Bueno, ese uso. O sea, la verdad que no sé, y sabes que prefiero no saberlo para Para no caer en la pereza. No sé, no sé, algo así te diría, como que en los años que me quedan veré qué cada día, si hay una melodía que pueda usar, si hay un color que ese día yo pueda elegir. Eso, la verdad, eso.
No sé, esta es una pregunta que es, va más allá del narcisismo. No es lo que te gustaría, lo que quisieras, o lo que estás dispuesta a reconocer. Es una pregunta que requiere, al igual que todas estas preguntas, pero esta sobre todo honestidad. ¿Qué libro o libros estás leyendo en este momento?
Pues mira, estoy leyendo dos libros que me encontré inspirada por algunos de los seminarios que hemos tenido. Me encontré un libro de la historia de las matemáticas, súper lindo, interesante, y me encontré otro también sobre las matemáticas del lenguaje. De las matemáticas, del lenguaje.
¿Quiénes son los libros? ¿Qué libros son?
Este dice Historia de las Matemáticas, de su origen a nuestros días, de Beatriz Rumbos Pellicer. Es sencillo, pues, porque es que También, ¿no? Este que lo estoy apenas hojeando, me parece que primero el de la historia, porque es el lenguaje de las matemáticas y las historias de sus símbolos, de Raúl Rojas González, y me parece súper lindo nomás desde la portada, que es precioso, y ahora es más complejo, entonces requiere más, no sé, requiere quedarse allí mucho y eso. Esos libros estoy leyendo. Estoy leyendo un libro sobre bebés que se llama El futuro del homo. Eso es así como inmediatos. De resto, pues tengo, tengo otros que son de consultas más esporádicas, pero, pero las matemáticas siempre han sido mi, como mi, son un imán para mí. No sé nada Pero, pero leo, leo, y bueno, algo ahí. Y hay datos curiosos, interesantes, y que me ayudan a ver la vida, a tejer la vida, y de pronto a también tejer herramientas con las cuales pueda ver la vida mejor.
No sé qué ideas estás pensando en estos tiempos.
Ay, Leandro, estoy pensando, sí, qué tal es la pregunta. Estoy pensando, el amor, no la sensiblería, sino el amor en su magnitud, en su magnitud, en los diferentes escenarios en los que he pasado en la vida, que son muchos porque tengo muchos años. El amor también, ¿sabes qué he estado pensando? La traición, el desamor, por supuesto. Y algo que me tiene, digamos que preocupada en algún sentido, es el desamparo, el olvido, esas cosas. Pues no sé, que son muy de lo que somos como seres humanos.
¿Qué pregunta lanzarías en una botella al mar para dentro de 100 años? Al mar o al espacio, no sé.
Al espacio, diría. Hay que hacer un esfuerzo, tengo que hacer un esfuerzo por saber qué pregunta lanzaría, puesto que si la lanzo al espacio, ¿quién la va a responder? Cierto, no importa. No importa, porque, porque que se va a responder, se va a responder, o por lo menos alguien la va a leer, y con eso basta. Con eso basta, con que alguien la pueda leer, ya eso es un contacto. Y bueno, no importa si no se responde, pero yo lanzaría al espacio algo así como cuántas, pero no de cantidades, sino cuántas veces somos lo que somos, qué nos hace ser lo que somos. Somos, me preguntaría más por eso que por estar. En algún lado, o a dónde ir. O sí, me preguntaría más eso: ¿cuándo es que yo soy mi mejor contacto conmigo misma? Por ejemplo, eso más o menos es una pregunta muy, para mí, muy extraña, pero bueno, más o menos en esa vecindad puede estar.
¿Cuál es la idea más valiosa que le darías o que le dirías a alguien que quiere empezar análisis?
Podría pensarlo así, Leandro. Podría, como algo cercano a la invitación a una aventura desconocida, totalmente desconocida. Acerca de sí mismo, pero sí mismo en relación con hacer una vida. Eso como una invitación a explorar de pronto los ingredientes para hacer, para cocinar lo que siente. ¿Qué es sí mismo? Eso, de pronto. Y cómo ponerlo en contacto con el resto del mundo, porque pues eso se me parece súper interesante y valioso del análisis, y es que nos ponemos en contacto con nosotros mismos y está, por ende, una posibilidad de ponernos en contacto con el universo. No es al revés. Entonces, pronto eso es de verdad no lanzar una invitación a la persona, sino al universo que trae en sí mismo. Algo así.
Este es el momento en el cual, que no es una repregunta, es tomar alguna idea de todo lo que viniste diciendo hasta ahora y devolvértela, a ver si, qué podemos pensar sobre eso. Sí, hay como un hilo conductor para mí en cada una de las respuestas, de las ideas que presentaste, que es lo difícil que es sobreponerse a la adversidad de ser uno mismo y de aceptar lo que uno piensa o siente. De quién uno es como analista, de quién uno es como persona, como varón, mujer, amante, madre, padre, hijo. Asumirse uno y animarse a ser. ¿Cuán importante pensás vos que es para un analista que la persona que trabaja de analista se ame se desarme, se ampare o se desampare a lo largo de su vida para poder asumir ese rol de analista?
Tiene varias implicancias esta, esta zona que estás demarcando vos, porque yo pienso que no para ser analistas Yo pienso que llegamos a ser analistas, estoy hablando en sentido, no sé si un poco idealizado, pero vas a ver, creo que sí, que lo digo por mi experiencia. Llegamos a esto de ser analistas por una serie de travesías en uno mismo, difíciles y aventureras, dolorosas, satisfactorias también, llenas de vida y llenas de muerte. Creo que hemos estado en el infierno, en el limbo y en el cielo, hablando en esos términos religiosos, como que hemos pasado por allí y traemos esas cicatrices. Me parece que que todo eso nos, o sí, voy a dejarlo en general, nos hace ubicarnos en el lugar de ser analistas. La cuestión es si cuando logramos, si cuando llegamos y entonces somos analistas ahora, si nos quedamos ahí. Si nos quedamos ahí y nos volvemos indolentes ante la vida, las experiencias que siguen, el dolor sigue, el sufrimiento sigue, el infierno, la oscuridad, el placer. La belleza, la alegría, el amor, y todo sigue en ese sentido. Si estamos dispuestos a seguir caminando en eso mismo siendo analistas, sí, sí estamos dispuestos a eso, podemos crecer como analistas. No solamente nos ponemos como en Hawái el collar de las flores de analistas y nos quedamos ahí. Entonces, la llegada, entre comillas, no es una llegada. Me parece que es el inicio de una intensidad, de una intensidad y profundidad de nuestra observación, de de nosotros como seres humanos, como personas que vivimos, morimos, padecemos, cometemos errores cada minuto del día, y cómo sobreponernos, cómo seguir con, con la gracia, con la gracia de la valentía de seguir adelante y y de no quedarnos en el camino, ¿no?
¿Qué querías decir o callar que no te pregunte?
Decir, lo he dicho en algunos sentidos de todas maneras, y es que esto de ser analista, de ponernos en contacto con, con los momentos con las vibraciones, para usar ese término, tan, tan, tan variadas de todos nuestros pacientes y con nosotros mismos. Sí, esto es, no sé, yo diría que tiene toda la gama, toda la gama de las emociones humanas, toda la gama. Y a veces es difícil reponerse. Y eso no nos hace malos ni buenos ni nada, ya. Porque yo he notado que muchas veces la exigencia para el psicoanalista es que es algo tan idealizado que no existe, no existe. Y se nos olvida que nos caemos y Y que lo importante es levantarnos y seguir, y no que no nos caigamos. Yo siento que las— los tropiezos y las adversidades de ejercer esta profesión, digámoslo así, es— son enormes. Son difíciles y a veces con mucho sufrimiento. Pues lo hablo por mí, ¿cierto? Y es todo un— requiere, vuelvo y digo, requiere de la valentía, requiere del amor por uno mismo, por el paciente y por lo que uno hace. Reciente necesitamos sentir tener y ejercer amor, el amor por esto, para poder seguir, para poder, a pesar de momentos así tan difíciles, volver con entusiasmo y alegría a estar en esta zona, ¿no? Yo creo.
¿Me querés hacer alguna pregunta para que responda o no responda?
Sí, te preguntaría qué te interesa más o menos, no importa, qué te interesa de toda esta conversación que estás teniendo y que te ha surgido. Hacer, indagar, ¿no? ¿Qué es lo que más interesa de esto?
¿Qué es lo que más interesa? ¿O qué es lo que más me interesa a mí?
¿Qué es lo que más te interesa? Porque estás haciendo esto por algo, es un movimiento creativo, digo yo, es un movimiento creativo tuyo. Porque primero no son preguntas sacadas de ningún manual ni de nada, sino muy, muy cercanas a la sensibilidad de cada persona. Entonces, no sé, me pregunto, pues, ¿qué te lleva a esto? ¿Qué te interesa de todo esto?
Pienso que se habla mucho sobre psicoanálisis y poco sobre los analistas, que somos al final del día el 50% de los obreros de la construcción. El otro 50% son los pacientes. Y sacar una foto de qué piensan los analistas, un grupo de analistas, un puñado, si querés, representativo de de un momento en el 2021, me parece que es una aventura valiosa, no tanto para hoy sino para el futuro. Que alguien con curiosidad pueda preguntarse en qué andaba pensando esa gente, y que incluso nosotros, si tenemos un poco de curiosidad, podamos escucharnos a nosotros analistas vivos hoy hablar y pensar, y quizás entender un poco mejor de en qué andamos Y si eso en que andamos se parece o no a lo que quisiéramos andar. Y en todo caso, hacer un pequeño tuneo cada uno en lo que pueda para parecerse más al tipo de analista que quiere colaborar con la construcción de la tarea psicoanalítica codo a codo con nuestros pacientes.
Sí, sí.
Para saber qué piensan los analistas, no necesito preguntar qué piensan de las teorías que tienen, sino qué piensan realmente. O sea, qué, en qué andan, en qué andamos nosotros pensando.
Sí, eso me parece que es, que es más valioso, porque en todo esto lo que he podido observado es que, o por lo menos mis respuestas o mi contacto más bien con vos en este momento, es más bien cómo soy y qué soy como persona y qué pongo a disposición en mi quehacer.
La última pregunta no es una pregunta que te haga yo, sino es una pregunta que la dejó el analista anterior.
El analista anterior te pregunta: ¿Qué piensa sobre la construcción y el debate en psicoanálisis? ¿Se referirá a que si se está construyendo o se está debatiendo el psicoanálisis? Bueno, no sé cuál será la pregunta realmente, pero poco se está construyendo y hay mucho miedo de debatir. En psicoanálisis, mucho miedo. Luego, no veo el debate. A veces lo que observo es una defensa del corral propio, de resto no, no veo un debate, debate como, como sería para rescatar de ahí integridad, frescura y algún futuro abierto y más amable, digamos. No veo mucho debate ahí, hay ataque a la idea nueva. Eso es, eso es muy doloroso y es muy decepcionante en mi contacto con los analistas. Es muy decepcionante y de alguna manera como que hay que hacerse a un lado, no sé por qué es tanto el ataque ante una idea nueva, que no, que es difícil, que es difícil porque, porque los psicoanalistas a veces son una jauría muy berraca, entonces no sé. Sí, entonces no sé, yo no siento que se esté construyendo, yo siento, como dije, que hay ideas nuevas como las tuyas, que hay que dejarse tocar, dejarse penetrar por ellas, se entiendan o no se entiendan, se manejen o no se manejen, no importa. Es que es el miedo a que si yo no me lo aprendí de memoria y lo sé y lo aplico, entonces no, no. Todo esto tiene un proceso y los analistas hemos tenido una mente tan amañada que es duro esto. Y yo creo que hay que, hay que renunciar a ese narcisismo tan recalcitrante para poder, para poder amablemente Abrir espacio emocional, emocional para las ideas nuevas. Eso pienso.
Déjame ahora vos una pregunta para el analista que responda después de vos.
Esta zona que no se atiende y que los analistas ya analistas creen que no es importante, y que pues veo yo, y hemos visto y comentado que es muy importante, y es qué pasa o qué cree esa persona, cualquiera que sea que vaya a estar, qué es lo que pasa con los analistas que suponen que son productos acabados y no que van caminando en un proceso analítico propio. ¿Qué pasa? Que no ven la importancia, la urgencia de analizarse ellos mismos, de estar en esta, también repito, en esta aventura maravillosa que es estar en contacto con la emocionalidad, la observación de la emocionalidad, sí, más allá de la comprensión, porque la comprensión como que cierra también horizontes. ¿Qué pasa que creen que llegaron a la línea de horizonte? ¿Qué pasa que no amplían propias posibilidades de ser. Eso, no sé cómo la redondearás, pero eso.
Perfecto. Bueno, muchísimas gracias, Hilda. Gracias por la sensibilidad, la generosidad y el respeto con el que participaste de la tarea. Te agradezco en nombre mío, del espacio, de la gente que te vaya a escuchar. Y hay un montón de— es como si hubieras dejado una pelota despeinada en donde hay un montón de pelos de los que se puede tirar para seguir pensando y desarrollar y demás. Más que respuestas, quedó para nosotros, sí, botellas al mar, al espacio, quedó la posibilidad de empezar a pensar en cosas que creo que todos tenemos y en las que no habíamos reparado necesariamente en nuestro día a día cotidiano. Así que te quería agradecer muchísimo por el amor y la fertilidad con la que participaste de este divertimento.
Gracias a vos por invitarme a un momento de, qué será, de al ejercicio de la honestidad conmigo misma. Es muchas gracias a vos.










