6 May 2021 · 18 min
José Antonio Lorén Camarero, an 83-year-old psychiatrist-psychoanalyst, describes psychoanalysis as mutual exploration within emotional bonds, sparked for him at 15 by Freud's Three Essays on the Theory of Sexuality. He emphasizes listening as the primary clinical tool and critiques contemporary psychoanalytic congresses as obsolete, preferring direct observation and Bion-inspired practices.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. ¿Quién sos?
Soy José Antonio Lorenz Camarero, de profesión psiquiatra psicoanalista, pero psicoanalista.
¿Qué es psicoanalizar?
Adentrarte en tu mundo personal, en el mundo interno personal y en el mundo interno del otro, y del vínculo que se establece entre los dos, de manera de que sea una observación de eso que se va manifestando en ese vínculo emocional, fundamentalmente.
¿Por qué sos psicoanalista?
Eso tiene su historia. Cuando tenía 15 años entré en una biblioteca de Valencia que yo frecuentaba y que me leí todos los libros, y entre ellos encontré un libro que se llamaba, de un señor que se llamaba Freud, y que se llamaba Tres ensayos de una teoría sexual. Yo estaba entonces en los 15 años y en este momento estaba, supongo, con las hormonas revolcadas, que se dice aquí. Entonces me dije yo, ese señor me lo voy a sacar. Me lo leí y después de leérmelo me dije, yo quiero ser, cuando sea mayor, quiero ser psicoanalista. Y eso es lo que hice. Primero hice Medicina, después, cuando terminé la Medicina, el mismo mes que terminé la Medicina me casé, me fui a Suiza y allí empecé la formación Primero como psiquiatra en un hospital privado que se llama Rives-de-Provence, en Iberdón, y después pasé a la clínica universitaria de Lausanne con Christian Müller, que era psicoanalista y director del hospital. Y después, eso durante 3 años, y durante 2 años más 2 años en esa clínica y luego 3 años en la Policlínica Psiquiátrica Universitaria, con el profesor George Schneider. Allí hice la, digamos, la formación de psiquiatra y psicoterapeuta. Y empecé justamente desde Lausanne mi formación como psicoanalista, pidiendo entrar en la Sociedad Psicoanalítica Suiza. Hice mi mi análisis personal con René Henry y empecé allí los seminarios. Pero eso fue del año 62 al 72. En el 72, antes de volverme a Suiza, ya había estado pasado de Lausanne a la Suisse romande, Y en Allende, terminé a los 72, decidí volverme a casa, a volverme a Valencia. Y desde entonces estoy instalado en Valencia como psiquiatra, como psiquiatra primero y como psicoanalista en estos momentos. Y aún sigo ejerciendo a pesar de mis 83 años.
¿Cuál es la herramienta psicoanalítica que más usas en tu trabajo cotidiano?
Escuchar, escuchar, escuchar. Y bueno, y también con otros sentidos, de ver, pero fundamentalmente escuchar, escuchar y ver si lo que escucho tiene algún significado para mí o no lo tiene, e intentar encontrar qué significado tiene eso que escucho para el paciente y qué significado tiene para mí, y si podemos encontrar algo de sentido común. En eso que escucho.
¿Cuál es el autor psicoanalítico vivo que consideras más valioso para tu trabajo en la actualidad?
Un señor que se llama Leandro Stitzman. En estos momentos vivo.
¿Qué lugar pensás que el dispositivo clásicamente conocido como supervisión ocupa en la tarea psicoanalítica?
Dentro de la formación institucional, creo que es, yo diría que conveniente y necesario para de alguna manera ayudar al supervisado en su trabajo.
¿Qué aspectos del psicoanálisis consideras que están obsoletos en 2021?
Generalmente los congresos psicoanalíticos. Porque yo personalmente no aprendo demasiado de ellos. Me parecen una institución que tiene más un tanto narcisista, de que cada cual presenta allí lo que quiere. Pero realmente yo no he sacado mucho de los congresos. De hecho, de los congresos de arte internacional hace tiempo que no participo. Y desde los años, digamos, 2000 participó en los congresos de Bion, que es el autor que más me ha interesado en los últimos años, y en los que he participado, pues en los congresos de Roma, de São Paulo, de Ribeirão Preto, de Milán, etcétera. Aparte de las los juegos bionianos que hago y que he hecho con Leandro.
¿Qué idea, herramienta o artefacto pensás que habría que desarrollar en psicoanálisis en los próximos 10 años?
Observación, observación y observación, y más observación.
¿Qué libros estás leyendo en este momento?
Ahora mismo estaba leyendo, acabo de terminar un libro sobre, sobre Huesta Vino, que es un arquitecto de aquí de Valencia que se fue a Nueva York y que se inspiró en todas las cúpulas de la ciudad de Valencia, que se llamaba justamente la ciudad de las cúpulas porque es la más, la que más de toda España, incluso de toda Europa, tenía en su época dorada de Renacimiento. Y entonces es una construcción muy particular que utilizaba el hierro y la madera, y que lo trasladaron con su hijo, se trasladaron a Nueva York, y allí tienen una serie de edificios muy significativos. Creo que la gran estación en Boston también tiene muchas otras cosas. En fin, eso es lo último que acabo de leer. Y ahora mismo quería leer un libro que acabo de recibir sobre, de Javier Moro, sobre el Tíbet. De psicoanálisis estoy leyendo otras cosas, quiero decir. Y ahora estamos trabajando en Memorias del futuro, estamos trabajando el libro de atención e interpretación.
¿Qué ideas estás pensando en estos tiempos?
En estos tiempos, en este tiempo de COVID, si te refieres. Pues la verdad es que he estado bastante inquieto y bastante angustiado por toda esta idea del confinamiento. Me ha sido bastante difícil porque vivo solo y a pesar que tengo una compañera con la que me llevo muy bien, pero estamos a mucha distancia y la única manera de conectarnos es a través del teléfono y ya llevamos cerca de 3 meses sin vernos, con lo cual no deja de ser bastante duro. Pero bueno, me he refugiado de alguna manera en el trabajo y ahora me he metido en demasiados, casi demasiados, velegerales institucionales en los que hasta ahora no había entrado aquí en Valencia. En sus días yo había sido director del Centro Psicoanalítico Valenciano, formando parte de los que lo iniciaron, lo iniciamos. Después de estos 10 últimos años había tomado un poco de distancia de ello. El centro se había, digamos, un poco desvanecido y ahora estamos intentando recuperarlo, sus actividades, con un grupo de trabajo que tengo de los que fueron alumnos míos, exanalizados míos y amigos míos ahora en estos momentos.
¿Qué pregunta lanzarías en una botella al mar o al espacio para dentro de 100 años?
Y el que me encuentre me recuerde que yo ya estaré muerto, pero espero seguir vivo en mis supervivientes.
¿Cuál es la idea más valiosa que le darías a alguien que quiere empezar análisis?
Que es lo que mejor puede hacer de sí mismo.
Este es el momento en donde no te hago una repregunta, pero te Te pregunto acerca de lo que estuviste hablando. Fundamentalmente pareciera ser que la idea más importante para vos, más vigente y más profundamente psicoanalítica es la escucha. Escuchar, escuchar, escuchar, la escucha, la escucha, la escucha. ¿A qué llamás vos la escucha? ¿Qué entendés vos por escuchar psicoanalíticamente hablando?
Pues un poco seguir el consejo de Bion de trabajar sin memoria, sin deseo, sin sin deseos, sin memoria y sin conocimiento. Es decir, durante los 50 minutos de la sesión intentar estar abierto completamente a lo nuevo, con todo lo que eso puede significar de tolerancia o intolerancia justamente al cambio catastrófico que se puede producir en toda situación nueva que pueda aparecer. En el material del paciente. Ayer mismo estábamos hablando de justamente una reunión del tema de la alucinosis, y que uno tiene que acercarse desde un acto de fe a los estados de alucinosis de alguna manera, de manera que cada uno, que casi uno alucine con el paciente para centrarse en ese mundo interno de él. Sí, pero de todas maneras siempre tenemos la cuestión de que en la medida que tenemos una, digamos, una limitación en el tiempo, en el tiempo cronológico de 50 minutos la sesión, por ejemplo, entonces eso nos da una seguridad de que durante ese tiempo tú puedes dejarte sin memoria, sin deseo y conocimiento y estar abierto a lo nuevo, pero tienes la seguridad de que eso va a terminar. De tal manera que, aunque entres un momento en un estado cuasi psicótico con el paciente, tienes un poco la confianza y la expectativa confiada, o la fe, como queramos llamar, de que, bueno, eso va a terminar.
¿Qué querías decir o callar y no te pregunté?
No, porque no había preparado nada. Y lo que me has planteado me ha salido espontáneamente, no tenía nada que decir porque no había preparado nada más.
¿Me quieres hacer una pregunta para que responda o no responda?
Que si te reconoces en la persona que citaba antes como maestro.
No, la verdad me llena de amor y de gratitud entusiasmo y tu confianza. Pero honestamente, no, no me reconozco en ese lugar. Sí puedo entender y tengo mucho entusiasmo, fe y cariño por, por algunas de las ideas que logré pensar y sistematizar de manera tal de ser compartidas. Y sí puedo reconocer con cierto orgullo personal que mis ideas resulten fértiles para otros analistas, para otras mentes, y que encuentren algo de valor en ellas. Eso me parece más fácil de reconocer que el hecho de yo ocupando un lugar de maestro. Bueno, la fertilidad que mis ideas encuentran en otras mentes.
Yo lo que te puedo decir es, yo lo que te puedo decir es que mi libro de cabecera, que estoy que lo tengo subrayado y que ya no, prácticamente ya no se ven las letras, es tu libro de entrelazamiento, que tuve el honor de editarte.
Es el honor de un marinero loco, o sea, que se animó a una travesía así. O sea, yo, bueno, ¿sabes el puente infinito de gratitud?
La travesía sigue tan loca como entonces, porque es una locura el libro, ¿sabes?
Para mí, totalmente, totalmente. Es una locura solo atravesable a través de esos puentes que Calatrava tan bellamente hizo en Valencia.
Sí, sí, sí.
Déjame ahora una pregunta para el analista que responda después de vos.
Pues le haría la misma pregunta que tú me has hecho al principio a mí. ¿Qué entiendes por psicoanalizar y qué es lo significativo para ti como un análisis, lo más importante?
El analista que respondió antes que vos te dejó una pregunta. Es una pregunta que te voy a dejar que el analista te la diga.
Que es esta: ¿Cuál es tu comprometimiento con el desarrollo de la psicoanálisis? Pues yo creo que si a los 83 años sigo trabajando en psicoanálisis, creo que implica que estoy comprometido y que seguiré comprometido hasta que me muera.
Pepe, muchísimas gracias por tu tiempo, por tus respuestas, por la experiencia. Por el aplomo, la pasión y el amor que tenés. Por cada vez que te escucho hablar de psicoanálisis, o te diría de cualquier cosa, pero eso ya es más privado, oírte hablar de psicoanálisis y verte trabajar a los 83 años con este fuego, con esta pasión, y por este, con este, como decías recién, compromiso, para mí es inspirador. Y es un privilegio formar parte de esta profesión sabiendo que estás vos aún hoy produciendo, escribiendo, pensando y ayudando a otros. Así que te quería agradecer tu tiempo y tus respuestas.
Gracias, hombre. Mira, se me olvidó decirte lo único, lo último en lo que estamos trabajando, el grupo este de trabajo que tengo. Les propuse que trabajemos el suicidio y nos estamos metiendo en ello. Ya tenemos bastante material de asociaciones libres a propósito de ese tema, que parece que, bueno, que no se toca demasiado y que en estos momentos es muy significativo por la cantidad de gente que se está suicidando como consecuencia del COVID, por ejemplo, de gente joven y como muchas cosas. Y que seguramente yo mismo dije, oye, si hablamos del suicidio, igual no nos suicidamos. Así que vamos a trabajarlo tal cual.
Bueno, vale, apasionante tema, Pepe. Gracias.
Bueno, buenas tardes a ti y muchas gracias.










