4 Jul 2025 · 16 min
En este episodio de "Framework", el anfitrión reflexiona sobre la naturaleza de la profundidad en la conversación. Argumenta que la profundidad no depende del tema tratado (trivial o trascendente) sino de la manera en que se aborda, la capacidad y la voluntad de los interlocutores para entregarse al encuentro. Explora la diferencia entre "profundidad" y "densidad" de contenido, la responsabilidad personal de nutrirse de las ideas, y la importancia de la controversia y el desacuerdo como motores de crecimiento mental. Usa ejemplos de sesiones de psicoanálisis, conversaciones cotidianas, y la distinción entre un profesor que transmite una currícula y un maestro que se vuelve disponible para enseñar lo que no sabe. Concluye invitando al oyente a cuestionar sus propios modos de aproximación a las ideas y a reconocer que la fertilidad de una conversación proviene de la actitud, no del tema.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hola, hoy quiero hablar con vos sobre hablar. Quiero que conversemos acerca de conversar. Muchas veces pensamos que las conversaciones profundas tienen que ser sobre temas profundos, que las charlas profundas tienen que ser sobre charlas profundas. De igual forma, pensamos que existen temas livianos para tener conversaciones livianas. Muchas veces se suele decir hablemos del tiempo. O no hablemos de política, sexo, religión. Puede ser, pero yo pienso en mi experiencia como analista un poco distinto y entiendo que las conversaciones profundas pueden ser sobre temas triviales o temas profundos, y que las conversaciones triviales pueden ser sobre temas triviales o temas profundos. Ahora, en ese sentido no hay temas profundos o temas triviales, está la manera en la cual se los aborda. La manera en la cual se los trata. La temporada pasada habíamos pensado juntos acerca del hecho de que todas las vidas son triviales. Algo similar con esto: los temas son triviales en general. Los temas son todos iguales a sí mismos. Ahora, hay maneras no triviales de conversar, hay maneras no triviales de aproximarse a esos hechos, Sea en los grupos de estudio, en las cenas familiares, en las reuniones con amigos o con tu pareja, pero también en las sesiones de análisis que tenemos con nuestros pacientes. Nuestros pacientes muchas veces piensan que tienen que hablar de temas trascendentes, profundos, elevados, que tienen que traer temas que tengan una gravedad en sí mismos, y nosotros olvidamos que esos temas son temas de, déjame usar esta palabra, contenido manifiesto. Son temas que son sustitutivos de otra cosa, que no es en sí mismo de lo que estamos hablando, sino que hablamos de otras cosas. Cuando vos leés un texto, cuando estás estudiando o cuando estás leyendo un texto de ficción incluso, Lo importante no es eso que el texto tiene, sino lo que el texto es capaz de estimular, lo que el texto es capaz de estimular en vos que lo estás leyendo. ¿De qué manera vos te aproximás a ese texto, a esa historia, a ese cuento, a esa idea? ¿Con una persona inteligente dispuesta al encuentro y al contacto íntimo, uno puede tener conversaciones muy profundas acerca del tiempo, partido de fútbol, un celular que acaba de salir al mercado, una serie, una película, un libro. O uno puede tener una conversación absolutamente trivial acerca de psicoanálisis, política, la vida o la muerte, filosofía. Uno puede escuchar un disco de manera trivial o puede escuchar el disco de una manera que resuene en los confines de quienes somos. No se trata de los temas, sino de la manera en la que los abordamos. Cuando uno trata algún tema que a uno le interesa especialmente y que ese tema existe en uno, con alguien que no está disponible para esa conversación, la trivialización de ese tema en la conversación resulta espeluznante. Nos quedamos atónitos y todas las ideas parecen llevar hacia el mismo lugar, hacia un lugar de vacío, hacia un lugar de ausencia. ¿Hace cuánto que no hablas hondamente de algo con alguien? Sí, tu análisis también cuenta. El análisis que estás haciendo también cuenta dentro de esto. Ahora pensá la cantidad de conversaciones que tuviste en, vamos a decir, la última semana, con pacientes, con amigos, con tu pareja, con tus hijos, con colegas, la cantidad de grupos de lectura o de estudio de los que participas, tu análisis, tu supervisión o tu refinamiento, si es lo que haces. ¿Cuántas de esas conversaciones fueron hondas, fueron profundas, fueron trascendentes? Cuando vos subís a un taxi o a un Uber a un remis o un auto con alguien y conversás. Esa conversación puede ser una conversación profunda, aunque sea de temas triviales. Y por ahí también puedes tener conversaciones triviales con gente que está en situación de muchísima más relevancia en tu vida. Quizás el factor determinante sea La capacidad y la voluntad. Fíjate que digo capacidad y voluntad de darse al encuentro, de juntarse con alguien. A veces estás conversando con alguien que no hace más que copiar y pegar enunciados, cosas que ya sabe. No está ahí pensando con vos, viviendo con vos. Entonces la sensación es la de estar en una clase. Y no en una conversación. Quizás esa es la diferencia fundamental entre un profesor y un maestro. El profesor enseña una currícula que aprendió. El maestro se vuelve disponible para enseñar lo que no sabe. ¿Qué significa esto? Que se trata de poner disponible, de favorecer instancias en las que aprender de la experiencia para mi interlocutor sea más fértil, más fructífero, y no simplemente de repetir, de llenar el espacio vacío, de ocupar con largos párrafos rimbombantes, sobresaturados de conocimiento, de sobrecito de azúcar, para De esa forma colapsar el continente con contenido. La entrega de contenido no hace a la profundidad, hace a la densidad. Y bien sabemos todos que en teoría de la información la mejor manera de desinformar es sobreinformar, llenar de datos. Uno puede tirarse en el pasto al lado de un fuego mirando el cielo y pensar hondamente acerca de por qué el pasto es verde o por qué el cielo es azul.
I wanna sleep on the hard ground, in the comfort of your arms, on a pillow of blue bonnets, in a blanket made of stars. Oh, it sounds good to me. I said, cowboy, take me away.
Pensar juntos acerca de qué hace tu mano en mi mano. De cómo suena mi nombre en tu boca, de la quintaesencia de la existencia humana, de quiénes somos, de quién sos vos y quién soy yo, y que esta conversación nos deje a vos y a mí nutrientes, no solo por el resto del día, por el resto de la semana o del mes o del año. Y podemos asistir todos emperifollados, engalanados, vestidos con nuestras mejores ropas, a una conferencia exuberante de una personalidad en el área y no llevarte nada, que no haya nada fértil ahí, que sean solo vómitos y ninguna idea nueva o ninguna idea presentada de manera novedosa. Ojo, lo mismo se puede decir de este podcast, de estos episodios, de este episodio. ¿Sos capaz de pensar conmigo en algo en lo que no habías pensado? ¿Sos capaz de tener conmigo esta especie de interlocutor ausente que soy una conversación profunda? ¿Sos capaz de pensar en algo en lo que no habías pensado antes o pensar de una manera en la que nunca habías pensado? Y esto nos devuelve a la dimensión de la responsabilidad personal. Yo como individuo soy responsable por los nutrientes que tomo de aquello a lo que me acerco, que va mucho más allá de estar de acuerdo o en desacuerdo, de que me parezca bien o mal lo que estás diciendo. La pregunta es cuánto yo puedo pensar A partir de acá. A veces uno mantiene conversaciones con gente inteligente con la que está de acuerdo, y la persona dice cosas que a uno le parecen muy correctas, y uno dice cosas que a la otra persona le parecen muy correctas, y los dos estamos de acuerdo, y ninguno salió enriquecido de la charla. Sí, salimos por ahí con una efímera sensación de bienestar por el acuerdo logrado, una ridícula sensación de logro absorbida por el hecho de estar compartiendo la misma idea de la misma forma. Pero, ¿nos nutre? ¿Favorece nuestro crecimiento? ¿Somos distintos de alguna forma con este concepto, con esta idea, con esta textura emocional que nos llevamos de ese encuentro? Y a veces todo lo contrario, nos enfrentamos a conversaciones con gente con la que no estamos de acuerdo, que dice ideas que para nosotros son erradas o incluso disonantes o ideológicamente contrarias al lugar en el que estamos parados, y salimos efervescentes, llenos de ideas, de argumentos, de expresiones, de texturas que no teníamos antes. Confundimos muchas veces y de manera muy rápida el bienestar con la fertilidad, o la placidez con el bienestar, o abro comillas, la buena onda, cierro comillas, como algo importante para que la fertilidad suceda. La buena onda está sobrevaluada, y sobre todo en espacios de trabajo. Vos fíjate que Está muy mal visto discutir o tener una controversia. Cuando discutimos, mucha gente se siente mal porque se rompe una ilusión de homogeneidad. Discutir es una actividad fundamental para el crecimiento mental. Discutir ideas, no estar de acuerdo, tolerar ese desacuerdo y crecer a partir de ahí, sin querer convencer o llevar al otro a un lugar de convencimiento, o simplemente uno ser convencido para evitar el conflicto. Fíjate que digo para evitar el conflicto, porque a veces Uno puede cambiar de idea y no está mal pensar de una forma y empezar a pensar de otra. Esto lo vamos a discutir quizás un poco más detenidamente cuando hablemos acerca de, en esta misma temporada, acerca de que nosotros no somos nuestras ideas. Y quizás de esto se trata el episodio de la semana entrante. De cómo uno puede tener conversaciones sobre temas profundos, sobre temas importantes, sobre temas relevantes con alguien hondamente estúpido, que no da ninguna fertilidad, que no entrega nada, que todo lo que dice está prefabricado. Es como el consumo de ideas ultraprocesadas en donde no hay un solo resquicio, no hay un agujero, no hay un hueco, no hay un espacio en donde crecer, en donde anidar, en donde hacerse nuevo. Y este contraste entre ideas triviales pensadas de manera profunda e ideas profundas tratadas de manera trivial es en donde quizás vos puedas tomar algo para aprender de la experiencia, de la manera en la que Pensás o trabajás o discutís con pacientes, con colegas, con amores, e incluso con vos mismo, tolerando tener ideas contradictorias en vos y no tener por qué resolver el conflicto anulando una en otra, pasando de esa polidimensionalidad, n-dimensionalidad, a la bidimensionalidad de estar de acuerdo o en desacuerdo. ¿Te quedó algo? ¿Pensaste algo? ¿Pudiste cambiar, aunque sea un poquitito, tu propio vértice de aproximación a la idea?










