15 Mar 2024 · 11 min
All lives contain the same basic facts: family, work, social roles. What makes yours singular is how you inhabit them. Psychoanalysis looks past the surface story to the latent content underneath, the relational matrices that shape how you actually live, not just what happens to you.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Todas las vidas son triviales. Esta es una verdad que uno aprende con el paso del tiempo en el trabajo de psicoanalista. También, si uno tiene suerte, puede aprenderlo como paciente. ¿A qué me refiero? Si uno toma cualquier vida en el lapso de, digamos, 5, 10 años, todas las vidas son iguales. Que mamá, que papá, que mis hijos, que mi jefe, que mi pareja, que mis amigos. No pasa en general muchas cosas distintas, todas las vidas terminan siendo más o menos iguales. De ahí la trivialidad. Todos sentimos, vivimos, que atravesamos vidas excepcionales, y en realidad son bastante homogéneas con nuestros coetáneos. Ahora, hay algo extraordinario que no está en las vidas que tenemos, sino en la manera en la que vivimos, habitamos esas vidas. Esta idea es súper consistente con la trivialidad que el contenido manifiesto tiene en el trabajo analítico. Los pacientes hablan y nos cuentan sus vidas llenas de cosas, llenas de anécdotas, llenas de datos, de gentes, de personas. Sintiendo que están contando algo, y en realidad lo que cuentan es trivial. Pero no la de nuestros pacientes, las nuestras también. La tuya, la mía, nuestras vidas son triviales, las vivimos de manera extraordinaria. Por eso prestamos atención como analistas, observamos las relaciones que cada una de las personas, que cada uno de los individuos establece con su vida. Con los hechos de su vida. De ahí también la mala prensa que tiene la palabra mediocridad. Mucha gente se siente ofendida cuando uno le dice que es mediocre, pero en realidad, por definición, la enorme mayoría de nosotros somos mediocres. El mediocre está en el medio, en el medio de una enorme, intrascendente, pesada, impenetrable campana de Gauss. Ahí en el medio, en donde todos nos sentimos un poquito especiales, somos mediocres. Solamente hay un mejor en cada campo, hay un campeón. El resto estamos ahí, que no es poco, y la manera en la que estamos puede resultar trascendente. Trascendente, del latín trascendere, atravesar en ascenso. Somos capaces de trascender la vida de otras personas. Esto es sorprendente. Somos capaces de cambiar el día de alguien, de cambiar nuestro propio día, porque al final del día, valga la redundancia, nosotros también somos alguien. Somos ese otro alguien para nosotros mismos con el que estamos premiados o condenados, según como lo experimentemos, a vivir para toda nuestra vida. Esto tiene una potencia enorme cuando uno aprende a escuchar no solamente los acontecimientos de una vida, sino la manera en la que esa persona habita esos acontecimientos, la manera en la que una persona es en esos acontecimientos, no los acontecimientos. Cuando digo de manera pro y evocativa que todas las vidas son triviales, me refiero exactamente a eso. Las vidas son triviales, la manera en la que las vivimos son excepcionales. Dos personas en las mismas circunstancias tienen formas radicalmente distintas de vivir esa vida. Las fotos de la vida pueden ser buenas o malas. La forma en la que la película se desarrolla es otra cosa. Y ahí es justamente en donde entramos nosotros, en donde el psicoanálisis se diferencia de las psicoterapias, en donde el psicoanálisis se diferencia de otras formas de aproximación, como por ejemplo el coaching, la sociología, el team building, la psicoterapia, la psicoterapia de cualquiera. Rama. Esa forma en la que somos es lo que explora el psicoanálisis. Esa manera de construir vínculo con la vida trivial que tenemos es lo que explora el psicoanálisis. De eso se trata al final del día, de poder explorar más allá del tedio de la trivialidad, más allá de la asumida mediocridad en la que vivimos. Porque lo extraordinario es quiénes somos. Solamente hay uno de nosotros, solamente hay uno que vive esa vidita como nosotros, y eso es lo que nos hace absolutamente extraordinarios. Pero extraordinarios en la manera en la que ardemos, no en el ardor. En la manera en la que amamos, no en el amar. La manera en la que dañamos, no en el dañar. Porque es absolutamente cierta esta frase de que todos nosotros somos el villano en la vida de alguien. Siempre vamos a encontrar a alguien, si vivimos la suficiente cantidad de años con la suficiente cantidad de intensidad, dispuesto a decir cuán malos somos. Cuánto daño hacemos. Después está en nosotros si somos capaces de reparar, de aprender de la experiencia, si disfrutamos de ese daño que hacemos, si sentimos que el otro se lo merece. Ya hablamos del merecimiento en esta temporada, o cómo nos sentimos en relación a eso y qué estamos dispuestos a hacer. ¿Qué estamos dispuestos a compartir? ¿De qué manera estamos dispuestos a compartirnos? Cuando como analistas nos enfocamos y prestamos atención a los contenidos manifiestos, que a veces pueden ser sumamente atractivos, de nuestros pacientes, es en donde naufragamos como analistas. Los pacientes nos cuentan historias y en el peor de los casos esas historias son atractivas para nosotros. Nos interesan, nos abren la ventana a mundos que no visitamos habitualmente, o nos permiten tener noticias. Cuando un paciente trabaja en la administración pública y tiene alguna noticia fresca respecto de algún personaje de la política, o conocemos a alguien que conoce a alguien que trabaja en el lugar en donde nuestro paciente hace Y entonces nos parece interesante, o nuestro paciente está investigando, descubriendo algo y sabe cosas que nos comparte, a nosotros nos despierta interés. Uf, qué triviales nos volvemos como analistas, qué gran sepultura técnica en la que sucumbimos. Probablemente el atractivo del contenido manifiesto, de la trivialidad de la vida del paciente, sea una de las formas más entronizadas y menos discutidas de las aberraciones técnicas en las que los analistas morimos. Aunque sea, y lo uso a propósito, trivial, porque desde Freud estamos hablando de la importancia de no quedarnos adheridos al contenido manifiesto, sigue siendo absolutamente cotidiano quedarnos agarrados a ese contenido manifiesto. La alternativa sería poder, bueno, en un framework topológico prestar atención al contenido latente o prestar atención a otras cosas. En términos de un framework de entrelazamiento, se trataría de poder volver volverse permeable a las distintas áreas de vibrancia en las que el paciente habita, es decir, a las matrices de relaciones sin objetos relacionados. Estos objetos son los que son triviales, las relaciones son las que son extraordinarias, que hacen a ese paciente. Y poder convertirnos en surfers, en exploradores, en astronautas de esa inmensidad del universo que es el otro, no con el afán de traer explicaciones o de introducir modificaciones a esos contenidos, porque cualquier modificación va a ser también trivial por manifiesta, sino favorecer que cada individuo, que cada paciente pueda estar en mayor, más profundo y mejor contacto con la forma en la que elige vivir su vida, que al final del día es lo único que tiene, lo único que es indelegable, irrenunciablemente propio. La propia manera extraordinaria en la que ardemos la vida en la que estamos.










