Zahara sings about childhood memories, a grandmother's cooking, and the pain of love and oppression, while a voice describes ajo atado, a mountain dish of potatoes, garlic, olive oil, and egg yolks. Memory and food weave through the song's fragmented, melancholic reflection.
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Querida mía, no puedo quedarme callada, que te conozco desde que era niña, cuando mi abuela cocinaba y recordaba tus ojos verdes, aunque ya no sabía cómo se llamaba. Con la mano en la Biblia, te lo digo yo, tú eras más libre que todos los hombres insufribles y arrogantes capaces de sepultar tu alegría diciendo que tu poesía no estaba en el cielo. Y que no lo valías. Malquerida y sufridora, aprendiste que el amor era el que esperaba en casa, el que no preguntaba, el que ofrecía devoción a cambio de puñaladas, el que moría y mataba, va de amor.
Estoy haciendo el ajo atado que tanto gusta, que nos gusta a todos, que lo hacía la abuela, que es una comida serrana que lleva patata cocida, sal, un ajo machacado y aceite de oliva, mucho, y 2 yemas de huevo.
—Y vas a decir que tú no eras esa, que no había en el mundo moneda, ni falsa ni verdadera, que pudiera pagar lo que dabas, que quitara toda tu tristeza. Tú que tenías la voz de las mujeres perdidas, Y a la vez la voz de tu esternia querida cortando el viento a tu paso. Fuiste siempre incomprendida como si esa pena, esa pena fuese la única forma posible. Never mind. Menudo lío. Asador. ¡Vamos a Sevilla! Dice que no, la señora, que está cerrado.