Zahara reflects on turning 38, haunted by memories of a summer on Formentera with someone named Sam. She drifts between nostalgia for that island escape and fear of what time will take from her, yearning to return to a place where they felt like millionaires every afternoon.
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Aquí estoy observando todo lo que voy a perder, todo lo que siempre he odiado. Y ahora empiezo a entender, me pregunto si será demasiado tarde para mí. Y pienso en mis 38 como algo que poseo, como si fuera dueña de ellos. Como si estos años fueran algo más que tiempo, una carretera por la que caremos. De Sam, sigo hablando en plural, como si no hubiese aprendido nada de la soledad. De Sam, sigo hablando en plural, como si no hubiese aprendido nada de la soledad. Y la belleza de esos años que han pasado, de que no puedo recuperar. Me acompaña mientras floto en el agua del mar. Tendremos que volver, tendremos que volver. Aquella isla y cruzar el mar a pie. Tendremos que volver, tendremos que volver. Será el verano que jamás olvidaré. Besa un cigarrón de un club como si no hubiese aprendido nada de la soledad. Bésame, sigo hablando en plural como si no hubiese aprendido nada de la soledad. Siempre tan pegada a ti que aún puedo sentir tu pecho en mis manos y el sonido del viento se colará por el casco entre mi pelo mojado. Tendremos que volver, tendremos que volver, seremos millonarios cada tarde. Er sentío pensar que la vida eras tú. Aprenderé a navegar y te llevaré a la isla secreta. No habrá olas, no podrás marearte. Tendrás tu camerino en mi yate. Y cuando quieras tirarte, tocar el fondo marino, yo te espero.