The spoken‑word piece, presented as lyrical monologue, repeatedly asks what matters after a lifetime of chasing sex, beauty, youth, and other fleeting experiences. It enumerates a litany of temporary states—hunger, loneliness, physical sensations, memories, fear, fame, money—and declares that none endure. The central refrain, “la ternura,” is positioned as the sole lasting, moving force, the true emotional core that remains when all else fades. The tone is contemplative and melancholic, using rhythmic repetition to emphasize the primacy of tenderness over superficial pursuits.
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Tanto de incluso el sexo, que tanto es perseguido, que es querido, conservar, que es protegido. ¿Qué más dará cuando lo que de verdad te ha conmovido ha sido la ternura? La ternura. La ternura. La ternura. ¿Qué más da ahora la cantidad de veces que ayunaste, te metiste en la cama muerta de hambre, que no saliste porque te sentías la nada, que tu cuerpo era una talla, una cárcel, una trampa? Nada dure demasiado, tampoco la tristeza que no te deja vivir, ni el pecho alto, ni el nudo en las tripas, ni los besos escondidos, tu canción favorita o el verano de tu vida, ni el cocido de tu abuela, ni el paseo por la arena, ni la noche en vela, ni el olor de muelas, ni la corrida en su boca, ni el sentirte que estás loca o cuando te dejan rota, ni siquiera la derrota, ni el vértigo, las náuseas, ni el pánico, las lágrimas, ni tu ídolo, la lástima, ni el público, las rayas, ni el dinero de tu cuenta, ni el miedo a perderla, ¿Qué más da la belleza y la juventud, incluso el sexo? Que tanto has perseguido, que has querido conservar, que has protegido. ¿Qué más da cuando lo que de verdad te ha conmovido ha sido la ternura? La ternura. La ternura. La ternura. La ternura. La ternura. La ternura. La ternura.