
Framework's new season explores envy through psychoanalytic theory: Freud's penis envy, Klein's primary emotion, Bion's dormant function. The core idea: envious people believe each good exists only once, so others' success feels stolen from them. Real friendship requires celebrating each other's joy, not just surviving hardship together.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Buenos días o buenas tardes. Es un gusto volver a encontrarnos después de tanto tiempo en esta tercera temporada, tercer volumen, volumen 3 de Framework, un podcast psicoanalítico. Esta temporada va a ser un poco distinta a las temporadas anteriores, dado que no van a estar centradas específicamente en los contenidos del libro Framework: Un ensayo psicoanalítico, sino que van a versar en torno a temas que competen principalmente a los psicoanalistas, a la práctica del psicoanálisis, y quizás algunos pacientes entusiastas, algunas de las personas que eligen el psicoanálisis para hacer un recorrido y una exploración de sí mismos. Parte de los episodios van a ser breves, con algunas ideas presentadas utilizando distintos formatos, ideas que hacen a la práctica y el ejercicio del psicoanálisis. Otros episodios, en cambio, van a contener algunas conversaciones, charlas, intercambios con distintas personas sobre temas que tienen que ver de manera tangencial con el psicoanálisis, aunque nos competen desde el punto de vista de ser testigos lúcidos de nuestro tiempo o a efectos de poder ampliar el diámetro de nuestra capacidad de pensamiento y los referenciales que utilizamos para el ejercicio profesional. El primero de los episodios, el episodio de hoy, quiero hablar acerca de uno de los temas posiblemente más citados o referenciados en la literatura psicoanalítica, que es la envidia. Todo empezó con Freud, como casi todas las cosas, hablando de la envidia del pene sin, la verdad, especificar mucho ni a qué se refería ni a qué llamaba él envidia del pene, porque era una envidia del pene que no era del pene exactamente, sino que era más bien de ese pene falo. Era una envidia de un pene que no existía, de una envidia que de un pene que no es que lo tenían los varones y no lo tenían las mujeres, a quien ya les iba a crecer o se lo habían cortado por haberse portado mal, sino que era un pene donde en algún momento, desde algún punto todos, varones, mujeres, compartían cierto grado de envidia tanto en la posesión como en el uso, en la instrumentación. Varios años más tarde, Melanie Klein introduce la envidia como una emoción primaria. No habla ya de la envidia del pene, sino de la envidia de la capacidad gestante, pero gestante ¿De qué? ¿Gestante de un bebé o gestante de un montón de fantasías? ¿Gestante de ese lugar al que llamó la geografía del cuerpo materno o de qué cosa exactamente? En principio, probablemente el cambio más revolucionario fue colocar a la envidia como una emoción primaria proveniente de la vía del instinto de muerte y que para Klein era profundamente tóxica. Estaba presente en todos los seres humanos, era agresiva, destructiva y combinada con la voracidad se convertía probablemente en uno de los puntos más oscuros e inanalizables con los que el analista en ejercicio tenía que vérselas. Es más, se levanta casi como un jinete del apocalipsis, la envidia combinada con voracidad. La envidia requería ser interpretada e investigada profundamente en cada análisis. Si esto no sucedía, se incurría en una falla técnica. Por su parte, unos años más tarde, Bion, Wilfred Bion, produce algunas modificaciones en relación a la envidia. Una de estas modificaciones consistía en no pensarla como una emoción primaria, sino y esto lo dice en Una memoria del futuro, en que la envidia puede permanecer inactiva hasta tornarse maligna. Es decir, que la envidia no es necesariamente una emoción primaria, dado que no existe ni primario ni secundario en Bion, y no existen las emociones como tal, dado que no tenemos este trasfondo, este peso ontológico ni ontologizador. El gran rayo ontologizador del psicoanálisis que históricamente tendió a convertir las ideas que tenía en teorías rápidamente, sin pasar por algún tipo de énfasis o refinamiento epistemológico. Y iba a decir implicadamente, pero en realidad lo hacía consecuentemente, transformar rápidamente esas teorías en hechos, en cosas. Esto pasó con el inconsciente, con la fantasía inconsciente, con el mundo interno, con los objetos. Incluso esto intentó pasar con los elementos de Bion. Sabemos, ya estamos familiarizados con que hay muchos analistas kleinianos que aprendieron a hablar bioniano sin ser epistemológicamente bionianos, sin pensar, trabajar dentro de un framework funcional, y manteniendo pesado lastre ontologicista del framework objetal. En ese sentido, por ejemplo, una persona mayor, un viejo, puede desesporular una envidia frente al nacimiento de un nieto, como una envidia a la juventud. Una mujer entrando en la menopausia puede desesporular una envidia a la fertilidad de la hija nueva. Como esto hay múltiples realizaciones y múltiples etcéteras. Esta transformación, este descentramiento de la envidia pensada no como una emoción primaria, sino como una función que puede volverse activa, operativa en un vínculo, en determinado momento o circunstancia, vuelve mucho más interesante la posibilidad de exploración psicoanalítica. Lo que me lleva a introducir la idea que quería compartir con ustedes hoy, que tiene que ver con la tragedia del envidioso. La tragedia del envidioso es que el envidioso piensa que hay una sola cosa de cada cosa. ¿Qué quiere decir? El envidioso piensa que hay un éxito, es decir, que si vos tenés éxito me lo estás quitando a mí. Si vos tenés plata, me estás quitando la plata a mí porque hay una sola plata. Si vos conocés el amor, me estás quitando amor a mí porque hay un solo amor. Hay un solo sexo, hay un solo hijo, hay un solo viaje, hay un solo paciente, hay una sola vacación, un solo auto, un solo libro. Si hay uno de cada cosa, nadie lo puede tener, porque cada persona que lo tiene me lo está quitando a mí. Esto es sumamente infeliz y desafortunado para el envidioso, porque vive en un constante estado de despojo. El envidioso siente que la humanidad lo está despojando. Por eso la envidia, en mi experiencia, está en general asociada a uno de los términos más tristes de la vida emocional humana, que es merezco, el merecimiento, merecer o no merecer. Yo merezco esto, yo no me merezco esto. La envidia entonces, no como emoción primaria y no combinada con voracidad, sino la envidia como una función capaz de volverse operativa en un vínculo, activada por el éxito, el premio, el dinero, el hijo, el viaje, el amor del otro. Vivido como un despojo, porque yo merezco esto. Esto genera muchísimo dolor en cada persona que experimenta la envidia de esta forma, y vuelve el mundo un lugar muy pequeño, muy, muy pequeño. Es más, escuchamos decir en el saber popular que amigos son los que están en las malas. El dicho dice que uno realmente conoce a la pareja en el divorcio, que conoce a los hermanos en la muerte de los padres y la herencia, que conoce a los jefes o a los empleados en el despido. Pero pienso un poco distinto. Pienso que uno conoce a los amigos que uno conoce al amor en las buenas. Es fácil estar en las malas porque la tragedia personal no es nunca un atentado contra el otro, nunca pone en peligro al otro, nunca pone al otro en riesgo. En cambio, el éxito personal, la alegría, es mucho más difícil de compartir. Hacete una pregunta: ¿Cuántas personas están realmente felices porque hoy te fue bien? ¿Con cuánta gente realmente te sentís bien compartiendo un éxito? Hoy fuiste feliz, hoy te pasó algo lindo, hoy te sentiste bien. ¿Con quién lo compartís? ¿A quién le contás que sos feliz? Es mucho más fácil compartir la tragedia que compartir la alegría. La felicidad es difícil de compartir justamente porque la envidia es un factor terrible y trágico en donde el envidioso siente que hay uno solo de eso y que lo quiere para él porque él lo merece. Entonces, amigos no son los que están en las malas, amigos son los que están en las buenas. Amor es aquel con quien compartir la dicha. Con quien vos sabés que su día, su semana, su mes, su vida va a ser un poco mejor porque tu vida es mejor. Alguien que sea capaz de alegrarse porque a vos la vida te hace cosquillas en el alma.










