Episodio 10 : Psicoanálisis para Cambiar el Mundo

Leandro Stitzman explores whether psychoanalysis can change the world. Drawing on Frigyes Karinti's six degrees of separation and Keynes's multiplier effect, he argues that therapy makes people more truthful and connected, improving their relationships and spreading outward socially.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Bienvenido a un nuevo episodio del podcast. Hoy quería pensar con vos en torno a una idea que siempre me resultó particularmente inquietante, y que es la posibilidad que tiene el psicoanálisis de cambiar el mundo. Si bien el modelo esquemático que te voy a presentar ahora está basado en dos teorías y una idea, me parece que es suficientemente interesante y elocuente como para favorecer que podamos pensar en esos términos. No sé si da para hacer un experimento a nivel global. Es más, se me ocurren muchos países en donde el psicoanálisis es particularmente frecuente que no pasaría en la prueba, pero vale la pena pensarlo. Para esto voy a usar dos teorías, como te contaba. La primera la propone, la propone casi sin darse cuenta en un cuento que se llama Eslabones, el escritor húngaro Frigyes Karinti. No sé si se pronuncia así, en realidad siempre lo había escrito, nunca lo pronuncié. Si pensás que se pronuncia distinto, contame. En 1929, que es la que se conoció muchos años después gracias a un experimento propuesto por Milgram, el de los experimentos, el de obediencia a la autoridad, ese mismo, como la teoría de los 6 grados de separación. Es una teoría que prendió mucho no solo en la psicología sino en la sociología norteamericana y que consiste en la idea de que Todas las personas del mundo, los 8000 millones de personas que somos a esta altura de la historia de la humanidad, estamos separados por otra persona por como máximo 6 personas. Cada persona es un grado de separación. Por ejemplo, yo estoy separado de un paciente por 0 grados de separación porque no tenemos nada, nos conocemos de manera directa. Estoy separado por un familiar de mi paciente por un grado de separación, que sería mi paciente. Estoy separado por un amigo del familiar de mi paciente, por 2 grados de separación. Mi paciente, el familiar de mi paciente, el amigo, y así ad infinitum. Ustedes piensen a cuántos grados de separación están, por ejemplo, de alguien que conoce a un presidente de un país. Seguramente ese presidente del país conoce al presidente de otro país. Con lo cual no es tan raro pensar en términos de grados de separación, no es tan extraño. Y cuanto más uno lo empieza a pensar, más frecuente es. Basta recurrir a esta mitología de origen que suelen tener las parejas, que es: ¿vos a dónde ibas a bailar? O ¿dónde salías? O ¿dónde estudiaste? Y se dan cuenta que tarde o temprano aparecen personas en común. O lugares que frecuentaban, o personas que frecuentaban, o la posibilidad aparentemente remota de haberse cruzado en algún lugar en algún momento. La segunda teoría que quiero presentarles es una teoría propuesta por un economista, Lord Keynes, que es la teoría de efecto multiplicador. Es básicamente la que sirvió para salir adelante de la gran crisis de posguerra. En donde Keynes decía que sería una solución para la recesión de EE.UU. contratar a la mitad de los obreros para tapar el Gran Cañón del Colorado y contratar a la otra mitad de los obreros para destapar el Gran Cañón del Colorado. Puede parecer trivial el ejemplo, pero lo que subyacía era que si el Estado contrataba a la mitad de los obreros esos obreros iban a tener un salario. Con ese salario iban a poder consumir. Para consumir había que producir esos bienes o servicios o productos que este obrero empleado con salario iba a necesitar consumir. Con lo cual, las fábricas iban a tener que abrir y ponerse a producir. Para producir iban a tener que contratar más obreros que a su vez iban a estar empleados. Es decir, que se producía un efecto multiplicador en esta especie de proliferación de círculo virtuoso económico. Esta idea es muy discutida por distintas escuelas de economía, pero en su momento fue relativamente exitosa cuando se implementaron versiones adaptadas de eso. Quizás está en duda si es una teoría que puede ser puesta en práctica en el contexto contexto geopolítico actual, pero en todo caso es una teoría que sí sentó las bases de un paradigma económico que fue, estuvo vigente durante muchos, muchos años, gozando de muy buena salud incluso. Y la tercera es una idea que es que el psicoanálisis me sirve para estar en un contacto lo menos deformado posible conmigo, estar más en contacto con quién soy con qué quiero, con la diferencia que existe entre quién soy, quién quiero ser, quién no quiero ser y quién digo que soy. Esta tensión que existe acá favorece que yo pueda construir mejores vínculos, vínculos más fértiles, vínculos más verdaderos, estar más presente y tener una mayor tolerancia a la intimidad. En este sentido, si soy una persona que hace análisis, voy a estar en mejores condiciones para establecer mejores vínculos con las distintas personas que me rodean. Por ejemplo, con: voy a ser una mejor pareja para mi pareja, un mejor padre para mis hijos, un mejor hijo para mis padres, un mejor empleado para mis jefes, un mejor compañero para mis compañeros, un mejor empleador para mis obreros, etcétera. Uso estos ejemplos para hablar en términos productivos porque de eso se trata, de producir, de reproducir. Vamos ahora a la aplicación de la idea. Si una persona hace análisis y construye vínculos más sanos, sanos lo uso de manera genérica, vínculos más verdaderos, más fértiles, más íntimos con las personas que lo rodean, esto va a redundar en que esas personas que rodean la persona que hace análisis, también van a tener esos vínculos más fértiles, íntimos, verdaderos. Vuelvo a usar la palabra sanos. Si a esto aplicamos el efecto multiplicador, cuantas más personas hagan análisis y más, con más personas construyan vínculos, mayor efecto multiplicador va a tener el análisis que haga una persona, ese análisis que esa persona en particular hace con su analista en el consultorio. Asimismo, si aplicamos la idea de los 6 grados de separación, esta persona que hace análisis con vínculos más fértiles y con mayor tolerancia a la intimidad, estableciendo muchos vínculos a su vez, y pensando en los 6 grados de separación, cada paciente puede ser un agente, un motor involuntario para que el mundo sea un lugar mejor, un lugar que tolere más la intimidad, que sea más verdadero, en donde todos nos lastimemos un poquito menos, o al menos nos lastimemos con menos voluntad, con menos intención, y podamos juntarnos, encontrarnos, ser desde la candidez. ¡Cuánta necesidad de candor tenemos, de ternura, de belleza, de cosas que nos hagan un poco bien! Y que nos permitan salir de esta escuadra tan arraigada, de esa especie de eslogan vacío de soltar, liberar, no depender, cuando en realidad casi todas las cosas hermosas del mundo implican agarrar, sostener, depender. Qué mala prensa que tiene la palabra depender. Hay gente que habla de no quiero depender del análisis, no quiero depender de una persona. Mierda, si dependemos de lo que amamos, dependemos de quienes nos aman. Depender, pender de esa persona, colgar de ese vínculo, necesitar de esa red de amores. En la cual nosotros estamos profundamente imbricados. El amor, la ternura, el candor, la intimidad, como pequeños espacios aptos, adecuados para florecer, para uno ser esa primavera que los otros también quieren, que los otros también necesitan, Como veíamos en episodios anteriores de esta temporada, qué difícil es encontrar personas que se alegren por nuestro bienestar, qué difícil es alegrarnos por el bienestar de otros. Si lográramos realmente producir análisis con nuestros pacientes y lograr que nuestros analistas produzcan con nosotros análisis más fértiles y fructuosos y profundos, y fuéramos capaces de aumentar nuestra área de vibrancia para tolerar de otra manera la intimidad, uff, quizás, solo quizás, el mundo, este mundo tóxico de guerra y paz en que estamos, pueda ser De a poquito, un lugar un poco menos frío, un lugar un poco más hermoso en el que sentarse a amar la vida.










