
Leandro Stitzman critiques modern psychoanalysis for repeating the same conference topics, avoiding controversy, and ignoring painful social issues like trafficking and violence. He argues analysts need original ideas and courage to debate openly instead of deferring to established authorities.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. El problema es la homogeneización, la excesiva homogeneización de todo, la homogeneización en los trabajos, en los libros, en las revistas, en los congresos. Todo es homogéneo, son los mismos temas, los mismos títulos, las mismas cuestiones. Es el eterno hacer de cuenta, el infinito y casi impostergable hacer de cuenta que estamos comprometidos. El problema es psicoanálisis y cambio climático, psicoanálisis y psiquiatría, El problema son las normas APA. El problema es creer que el psicoanálisis es científico. El problema es buscar pseudoproblemas de actualidad descentralizados absolutamente de intereses más profundos, como por ejemplo cuestiones abstractas que hacen a la naturaleza humana. Perdón el oxímoron. El problema son los títulos de los trabajos que hacen gala de ser sintónicos con los temas del congreso. Existe un congreso que se llama, lo estoy inventando, si existe es casualidad, que se llama Psicoanálisis y los días de la semana. Y entonces los trabajos son: Los días de la semana y la neurosis obsesiva, Acerca de una producción histérica los días de la semana, Cuando practico psicoanálisis los días de la semana, Días de la semana y adicciones. El problema es la falta de coraje, falta de coraje para hablar, para interpretar, para estar presente, para discutir con colegas, para estar de acuerdo o en desacuerdo con una idea. El problema es la corrección política. El problema es estar de acuerdo. El problema es sobrevalorar la buena onda. El problema es que la evaluación en las revistas de psicoanálisis sea no ofender a nadie y no poner ningún tema que sea remotamente controversial o que contradiga alguno de los grandes patriarcas y de las poquitísimas matriarcas que hay en el psicoanálisis. El problema es no discutir abiertamente temas que son de intereses marginales. El problema es no pensar en, por ejemplo, el psicoanálisis y la exploración espacial, el psicoanálisis y la transmisión de conciencia, el psicoanálisis y el álgebra lineal. El problema es volver a revisitar los casos de Freud, volver a revisitar la vigencia y actualidad del malestar en la cultura. El problema es la empatía y el acogimiento en análisis. El problema es los conceptos y las teorías. El problema es tengo un paciente que tiene tal o cual síntoma e ir a buscar el libro sobre tal o cual síntoma para que me diga qué hacer con mi paciente. El problema es la falta de vitalidad en las ideas psicoanalíticas. Si lo pensás, qué grandes analistas, pensadores analíticos hay hoy día que se esté publicando. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a un congreso o agarraste una revista de psicoanálisis o te compraste un libro de psicoanálisis y te sorprendió, pero te sorprendió en serio, no te sorprendió, ay, qué bien escrito que está, ay, qué lindo que es. ¿Cuándo leíste una idea original? ¿Cuándo sentiste que estabas ante una idea que era realmente un cambio en la manera de pensar el psicoanálisis? Porque vos leés Freud, Klein, Bion, Lacan, y decís, ok, estos tipos estaban pensando en algo. Estos tipos tenían una idea distinta de qué es el psicoanálisis y cómo se trabaja. Hicieron escuela. ¿Cuándo fue la última vez que te pasó eso en un congreso? Conociste a alguien y dijiste, guau, sí, es por acá. Mira esta mina las cosas que está pensando. Mira esta mina las cosas que está escribiendo. Qué interesante. No que alguien te parezca piola o decir, che, mira, este trabajo me gustó, o algo así, sino algo mucho más hondo. ¿Qué nos pasa a los analistas? ¿Por qué estamos tan adormilados? El problema es que haya un atentado en cualquier lugar del mundo y las sociedades digan: nosotros rechazamos fuertemente el atentado. No, en serio, rechazamos el hambre en el mundo. La sociedad psicoanalítica del cosmos se opone a la trata de personas. ¿En serio? ¿Qué es eso? ¿Por qué no pensar en serio en esto? Durante varios años quisimos con una colega hablar y presentar un trabajo en distintos congresos que se llamaba Matar Bebés, y que consistía en justamente poder pensar en distintas situaciones que hacen a las formas en las cuales se matan bebés. Se matan literalmente o se matan emocionalmente, ¿me ves? Pero nadie quiere escuchar de eso. La gente no quiere hablar acerca de las cosas que duelen en serio. No se quiere hablar acerca del tráfico de personas, acerca de la pedofilia, pero en serio hablar de estas cosas, de qué se hace con un pedófilo. ¿Qué se hace con una persona que fue víctima de violencia sexual o emocional o física? Pero, ¿qué se hace? No en un sentido de cómo se le interpreta, o el sentimiento de culpa, o el Edipo, sino cómo se puede lograr estar disponible para pensar con esa persona. El problema es pensar en términos de síntomas y no en términos de dones. El problema es la esclavitud a las teorías. El problema es no querer molestar a nadie. El problema es identificar las ideas con sus autores y entonces que sea muy difícil poder discutir abiertamente ideas con alguien. El problema es la falta de interés en esa discusión. En ese crecimiento. Darío Sor siempre me decía que uno antes de ir a un congreso, cuando va, tiene que llevar una o dos ideas nuevas, ideas que lleve a pasear al congreso y testee cómo se llevan esas ideas con otras mentes, con otras personas, y ver cuánto uno se puede enriquecer con estas ideas y con la forma en la que las otras personas piensan estas ideas. Y yo siempre pensaba, qué interesante esto, qué importante, y qué fértil serían los encuentros si cada uno, cada una de las 100, 200, 1000, 5000 personas que van a un encuentro llevaran una idea nueva, una idea fértil, una idea tierna como un brotecito tierno en primavera, y se pudiera pensar, visitar, asolear estas ideas. Cuánto más enriquecedor sería que el mero paseo exhibicionista de narcisismos, en donde cada uno lleva su micro reducto, su metro cúbico, su mini plantación de otra vez sopa, para exponer, como decíamos y leíamos hace unos episodios, este fragmento de Bion, sus ideas relamidas, tan paseadas y visitadas de hoy, ahora y siempre. El problema somos todos nosotros que formamos parte de este círculo. El problema es que seguimos esperando que alguien nos venga a salvar, un gran maestro, una gran analista, que alguien venga y nos traiga esa verdad revelada, cuando somos nosotros al final del día quienes estamos acá. Somos nosotros los analistas que estamos vivos hoy, somos nosotros Las personas de las cuales van a hablar dentro de 100 años con vergüenza, escondiendo los ojos, mirando por debajo de la mesa o hinchando el pecho con orgullo. No se trata de un afán de posteridad, se trata de elegir bien a nuestros interlocutores. ¿Vamos a escribir para los padres que ya murieron o vamos a escribir para los nietos que no nacieron todavía? ¿Vamos a escribir para el futuro o vamos a escribir para el pasado? Nuestro interlocutor vive dentro de 100 años. Las ideas del presente atrasan. Nos animamos a pensar el futuro, nos animamos a construir ahí donde ni siquiera hay terreno listo. El problema, Señor, sigue siendo sembrar amor.
El problema no es si te buscas o no más problemas. El problema no es ser capaz de volver a empezar. El problema no es vivir demostrando a uno que te exige y anda mendigando. El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse. El problema no es jugar a darse. El problema no es de ocasión. El problema, Señor, Sigue siendo sin parar amor.
Entonces, con esto en mente, ¿qué vas a hacer cuando vayas al próximo congreso, cuando publiques el próximo artículo, cuando te encuentres con un colega y tengas que discutir, cuando formes parte de un grupo de estudio y vayas sin leer, sin estudiar, sin estar dispuesta a defender tu postura? Porque esa es otra Cada vez que nos quedamos callados, cada vez que elegimos no decir, no opinar, cada vez que hacemos eso estamos concediendo. Y cada concesión es, al final del día, un acto profundo de egoísmo para con la tarea, para con nuestras ideas y para con los colegas que están intentando mantener con nosotros una discusión. Es perentorio volver a hablar, es impostergable volver a decir. Si no somos nosotros los que rescatemos la tarea del ceniciento lecho en el que se apoltrona esperando ser acunada en un infinito lullaby, ¿quién lo va a hacer? Nadie. Depende de vos y depende de mí. Lo que sea del psicoanálisis de ahora en más, el problema somos vos y yo.










