
This content was created by Leandro Stitzman. This content was uploaded by Leandro Stitzman. This is a YouTube podcast episode titled "Episodio 3 : No (Crianza I)" from the psychoanalytic podcast Framework. The excerpt is a Spanish-language monologue by the host (single speaker) discussing parenting and the importance of saying "no": limits, discipline, tolerance of frustration, ideological and cultural critiques, and implications for child development and psychoanalytic practice. The content cites thinkers like Bion and addresses contemporary tendencies toward permissiveness and overconsent. Metadata: YOUTUBE content, created 2025-06-13, thumbnail available.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hola, bienvenido. A un nuevo episodio de este podcast. Hoy vamos a hacer la primera parte de 3 partes a lo largo de esta temporada dedicadas a crianza. Si tenés hijos, por ahí te sirva. Si no tenés hijos, de todas formas creo que te puede servir porque vamos a pensar en ideas, y más importante que la idea, al final del recorrido es la manera en la que nosotros la pensemos, cómo podamos pensar juntos en esto y adónde lleguemos. Porque al final del día es algo que también sirve para trabajar con pacientes. No nos olvidemos que esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Quiero hablar con vos acerca de decir que no en la crianza. Somos una de las generaciones más estúpida y trivialmente amaestradas y amansadas. Cuando éramos chicos le hacíamos caso, obedecíamos a nuestros padres. A medida que fuimos creciendo obedecimos a nuestros maestros, a nuestros profesores, a nuestros gobiernos. Y ahora que tenemos hijos obedecemos a nuestros hijos. Estamos todo el tiempo obedeciendo. Una vez escuché a una persona decir, contar una anécdota sorprendente, que es que hace 50 años los grandes comían bombones y los chicos galletas de sal. Y hoy día esta misma generación que creció así come galletas de sal y le da a sus hijos bombones. Como si hubiera en cierta especie de martirio un reconocimiento aristocrático del niño. Esto promueve que muchas veces escuchemos a padres y a madres decir, ay, lo amo tanto que no le puedo decir que no. O, ah, no, ¿y a mí qué me cuesta? Si total Decir que no es una actividad fundamental para el crecimiento. Mira, en toda mi historia como analista, en general, las personas que más dolor traen, que más deterioradas están, que más les cuesta la vida, son personas que no tuvieron muchos no, que no tuvieron muchos límites. Que no pudieron adquirir disciplina de niños. Y en general, las personas que tuvieron padres más hinchapelotas, que dijeron más que no, que fueron más disciplinados, favorecen mucho más el crecimiento y el desarrollo. Incluso con pacientes adultos diciendo, a mis viejos era un hinchapeloto, mi mamá era muy estricta y le importaba mucho no sé qué. Los límites, tanto en un sentido formal como los límites en un sentido matemático, son importantes. Es el lugar que todos sabemos que no se debe transgredir, es el lugar hacia el que podemos tender y acercarnos, ese no en la autoridad de los padres. Pero no es un no caprichoso, no es un no narcisista, en tanto no porque me jode a mí, no no porque yo estoy cansado, no porque mi espacio personal, no porque lo que sea. Que ojo, no está mal, es súper valorable también el poder marcar un no porque yo también soy una persona, sino un no de crianza, un no pensado hondamente, un no que favorezca la reflexión y el pensamiento a partir del cual crecer. Fíjate que hay muchos nos. Está el no metas el tenedor en el enchufe, no metas los dedos en el enchufe. Es muy raro que un padre o una madre tengan que repetirle a un hijo más de una vez esto. El chico lo entiende. Lo mismo que no te asomes o no te pares en la baranda del balcón. También es algo que se entiende, que el chico en general no lo vuelve a hacer. ¿Por qué? Porque hay una convicción muy honda en ese no. Es un no no apelable, es un no no discutible, es un no firme, es un no que tiene un respaldo, es un no que sé que es no. Después hay un montón de nos que son nos más arbitrarios. Puedo mirar esto, no. Pero cuando vos le preguntás después a esos padres, pero ¿por qué no? Y no saben muy bien por qué no. Entonces el no tiene que ser una cosa que sea pensada. Hay que entender a quién le estamos diciendo que no y por qué no, y la importancia de poder decir no, pero un no que sea pensado, que pueda contemplar estas implicancias, que no sea simplemente no, que sea un no en donde uno pueda entender cuál es el lugar del cual uno está diciendo que no y a qué. Cuando uno dice que no, dice que no a esa acción, pero también dice que no muchas veces a las implicancias de esa acción. ¿A qué hora me tengo que ir a dormir? ¿Me puedo quedar despierto? ¿Puedo usar la computadora, el celular, el iPad indiscriminadamente, puedo ir a encontrarme a las 3 de la mañana en la otra punta de la ciudad con una persona que no conozco, con la que hablé 2 veces por internet. Uno está diciendo que no, no a ese acto, sino a las implicancias de ese acto, a la capacidad que tienen los adultos de poder prever más allá de la simple elección, más allá de ese diminuto instante en el cual uno piensa que, bueno, es esto. Cuando uno como padre dice que no, y tiene que decir que no, como estamos viendo, tiene que entender, tiene que pensar un poco más a qué le dice que no, más allá de la acción concreta a la que está diciendo que no, más allá de ese instante. Que está metida dentro de una matriz mucho más amplia, que es la matriz del tipo de persona que estamos favoreciendo que surja de ese niño. Entonces, ¿a qué le decimos que no nosotros? ¿Pensaste en eso? ¿Pensaste cuando le decís que no puede comer con la mano a qué le estás diciendo que no? ¿O a qué aspecto? Si vos tenés claro eso, ni siquiera hace falta explicárselo a un niño. Hace falta que uno entienda la hondura, la cabalidad, la matriz profunda de ese no. Pero sí, definitivamente es arbitrario. Hay un punto en el cual cualquier no es arbitrario, cualquier argumento que uno tenga está sujeto a la arbitrariedad misma de la crianza. No hay una buena razón, nunca hay una buena razón. Todas las razones son arbitrarias y hacen a cuestiones ideológicas. Al final del día podríamos decir de una manera bastante lineal que toda crianza es política. Cada vez que decimos que sí o que decimos que no, estamos inculcando ideología en una relación de poder. Y esa construcción emocional de la relación de poder en la cual la ideología baja de manera simétrica del adulto al niño, que esa es otra categoría de análisis perimida, la idea de adulto. Estamos construyendo y transmitiendo también una manera de ser en el mundo, una manera activa de existir. Nos da vergüenza ser adultos y es una visión infantil la idea de que el adulto es una persona amargada. El adulto es una persona que está muerta. Si lo pensás, vivimos en unos tiempos en los cuales todo el mundo tiene 22 años. Los chicos de 10 años tienen 22 años, los chicos de 15 tienen 22 años, los chicos de 22 tienen 22 años, pero también los señores de 50 años tienen 22 años. Nos vestimos, escuchamos música, tenemos actitudes, caprichos, irracionalidades propias de una persona de 22 años, y creemos que el mundo es nuestro sin mayor mérito, que merecemos, porque el no es vivido de manera injusta y es vivido como una arbitrariedad, como si se cercenaran mis libertades. Pero queremos un sí restricto sin las implicancias de ese sí irrestricto. Queremos un sí pero que no nos duela. Queremos un sí, pero que no nos cueste. Queremos un sí sin mayor implicancia. Por eso el no se convierte en algo que aparece como aterrador. No nos bancamos que nos digan no, ni los otros, ni nosotros mismos a nosotros nos decimos que no. Estamos sobreconsentidos. Bion usaba la palabra pampered hace ¿Cuántos? 70, 50 años. Hablaba de toda una generación de pampered boys en Oxford o en Cambridge también. Cuando él volvía de la guerra había un montón de nenitos consentidos. ¿Cuán consentidos estamos todos nosotros? Queremos películas simples, queremos música simple, libros simples. Teorías simples, historias simples, pacientes simples. Queremos también niños simples. Y no hay nada más simple que decir que sí, porque cuando decimos que sí no hay berrinche, no hay pelea, no hay discusión. Bueno, sí, hacé lo que quieras. Me puedo quedar despierto. Sí, me puedo no bañar. Sí, puedo no hacer la tarea. Sí, hay una recomendación Que incluso en los colegios de no le digas al chico, estoy hablando de chicos de colegio primario, chicos entre 7 y 12 años, sino chicos de 22, no les digas de hacer la tarea, no te metas en el estudio, no estudies con ellos, no leas, no creas. Entonces Claro, todo es más simple así porque nadie quiere hacer el esfuerzo. Decir que no cuesta trabajo porque decir que no es decirle que no a alguien, y ese alguien que está del otro lado no quiere ese no. Pero por otro lado lo busca, porque si vos le decís que sí a todo, a un niño, a un adolescente, a un adulto, a un par, a tu pareja, a vos mismo, se corre cada vez más el pedido. Se busca encontrar ese no porque tenemos una tendencia al límite. Somos como una función matemática irrestricta en donde buscamos justamente esa restricción, esa parametrización. Había una frase propia del iluminismo y del surgimiento de la república que es: tu libertad termina donde empieza la mía y mi libertad termina donde empieza la tuya. Esta especie de mutua compensación, de mutuo cuidado, de mutuo encuentro y regulación de las libertades tuyas y mías. Ese no que es el otro, ese otro que es un no yo. Vos fíjate cuán homogénea es la moda, que la moda como fuerza emocional poderosa, así como la describe Bion, opera como una especie de sí a todo. Nadie se encuentra con un no, nadie es distinto, pensamos igual, decimos igual, hacemos lo que queremos, tenemos derecho a eso, a esa igualdad genérica. Si vos estás criando ahora, si sos padre o sos madre en este momento de un niño o incluso de un adolescente, decir que no es fundamental, pero decir un no sentido, un no disciplinado, un no que vos entiendas qué es ese no, y que no sea un no egoísta, un no dicho desde tu propio beneficio, de un no para que no te rompan las pelotas a vos, sino un no que tiene que ver con un no que construye, que construye vínculo, y que sirve también para que el otro pueda desarrollar, construir personalidad. Un no que está pensado y armado como una forma de aprender también a desarrollar tolerancia a la frustración. Ese no que es un límite a la satisfacción inmediata de deseo. Ese no que además sirve para que la persona pueda experimentar desear, soñar, querer. Vos pensá qué agotador que puede ser para un niño al que no le dicen que no desear, porque si todo lo que desea lo tiene, hay deseos que pueden ser muy peligrosos, hay deseos que es mejor no tener. Y entonces eso en general obliga al propio niño a dejar de desear, a dejar de buscar. Porque se convierte en algo sumamente peligroso. La estupidez nace del peligro de un sí pandémico. Es importante aprender a decir que no, es fundamental para el crecimiento emocional de un niño, incluso en una pareja, entre dos pares adultos. O dentro del contexto de análisis, cuando por ejemplo nosotros como analistas tenemos que decirle que no a un paciente, cuando decimos que no en términos de encuadre o en términos de técnica o en términos de tarea, no atendemos cualquier cosa de cualquier manera. El paciente no decide quiénes somos nosotros como analistas. Nosotros tenemos que decir que sí, tenemos que decir que no, y el no es valioso. ¿Por qué tenemos tanta culpa para decir que no? ¿Por qué nos da tanto miedo y vergüenza decir que no? ¿Por qué sentimos esta especie de culpa de clase para decir que no? ¿Y por qué somos tan pajeros y blanditos y tan chotos como generación Que nos da miedo decir que no para evitar un escándalo o una controversia, y decimos que sí a cualquier cosa. Decía Lucía, hay que vivir combatiéndose, esa es la ley, la única forma en que vale la pena.










