
Psychoanalysis cannot be a product. The host argues that consumer logic and demands for speed, comfort, and instant satisfaction push analysts to strip away depth, producing simplified versions of the work. Bion warned against this. The profession's hunger for institutional validation risks turning analysis into a commodity and erasing what makes it fundamentally anti-systemic.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hola, nos volvemos a encontrar. Hoy quería pensar con vos acerca de algunos temas que tienen mucho que ver con el ejercicio de la profesión, con el trabajo que los analistas hacemos y con muchas presiones a las que muchas veces nos vemos sometidos y a las que lamentablemente para nosotros y nuestros pacientes muchas veces nos vemos sometidos y cedemos ante estas presiones. Son presiones que no ejerce nadie, son presiones de contexto. Presión social difusa, lo podemos decir. Quiero hablarte acerca del psicoanálisis y la lógica de consumo. Muchas veces te debe haber pasado a vos también que se espera o se pretende que el psicoanálisis sea un consumo, que se adapte a las necesidades de la época o del paciente, a los tiempos, a los honorarios, a las formas, que sea como se estilan las inmanentistas formas del consumo personalizable. Pero pasa algo: el psicoanálisis es una actividad personal. El psicoanálisis es personal, no personalizable. No se puede personalizar una tarea que está pensada, diseñada, orientada a lo desconocido usando parámetros conocidos que buscan el confort y el control previsible. La incertidumbre no es almacenable o contenible o siquiera ordenable. Dentro de parámetros externos sujetos a cambios en el clima social. Como dice la canción: mi amor es mi prenda encantada, mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor no precisa fronteras como la primavera no prefiere al jardín.
Mi amor es mi prenda encantada, Es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor no precisa fronteras como la primavera, no prefiere jardín.
Mi amor no es amor de mercado porque un amor santo Las condiciones mínimas necesarias de realización de la tarea no están al servicio de la expectativa, sino de la tarea que debe ser desarrollada, que es, dicho sea de paso, ultra delicada y sensible. Lo sabemos nosotros, cada cosa que pasa, cada cosa que distorsiona o que altera o que modifica, un cambio de humor, un cambio en el aire, cualquier cosa modifica esto, cómo nos sentimos nosotros como analistas, que claramente es un problema contratransferencial que requiere ser llevado al propio análisis. E incluso las presiones que sufrimos desde distintos ámbitos, no solo del paciente. Muchas veces se tiende, tendemos vos, yo, a modificar las condiciones de la tarea en pos de una pretendida satisfacción del cliente, o como suelen decir en inglés, un CSAT, por Customer Satisfaction. Nosotros no tenemos clientes porque no ofrecemos un producto o servicio. Nosotros ofrecemos una exploración. Esta diferencia, que puede parecer solo de palabritas, es crucial porque es que estamos ofreciendo nosotros a alguien. Nosotros no ofrecemos algo a alguien, nosotros nos ofrecemos instrumentalmente a un otro. Esta diferencia radica en el corazón mismo de la práctica analítica, está en la forma en la que nos enfrentamos a la aventura del psicoanálisis. No damos lo que tenemos, lo que sabemos, sino que nos ponemos a disposición un entrenamiento disciplinado formidable para explorar lo desconocido con ese otro, con ese otro al que arbitrariamente muchas veces llamamos paciente. No se trata de lo que ofrecemos en términos de producto terminado, sino de lo que favorecemos instrumentalmente. Quizás por esto es que no estamos sometidos a la alienación de la producción tan tremenda en la industria fabril o varias industrias de servicios. Nosotros no damos una parte de lo que hacemos. Nosotros estamos en contacto permanente con lo que ofrecemos, con lo que damos, con la tarea que estamos realizando, con esa tarea analítica indómita, inabarcable, incontenible, innombrable. Sin embargo, No estamos exentos a que se nos presione y muchas veces nosotros cedamos ante esta tentación de agradar a nuestros pacientes, a cierto pretendido y oxidado establishment, a una industrialización del entretenimiento que en todo caso no ofrecemos. Esta cesión, este ceder, esta claudicación genuflexa nos lleva a la producción de versiones simplificadas del análisis. Y como vimos tantas veces a lo largo de estas temporadas en este podcast, Bion recomienda que, y digo Bion recomienda y estoy muy de acuerdo, que un analista no debería producir versiones simplificadas del análisis para pacientes que no puedan tolerarlo, diciendo que a lo sumo lo pensarán mejor y volverán más adelante, o no, o irán y harán otra cosa. Pero no damos esas versiones simplificadas, lavadas, indisciplinadas. Pocas cosas más propias del clima de época vigente, este Zeitgeist que nos contiene. Tomamos café descafeinado, leche deslactosada, crema descremada, versiones hiperdigeribles de todo, como si quisiéramos la cosa sin el costo de la cosa, del mismo modo que queremos el análisis sin dolor ni frustración ni incomodidad. Muchos pacientes incluso ni siquiera están dispuestos a venir al consultorio del analista en la misma ciudad, reclamando la utilización de buffers como el teléfono o internet o esas cosas, porque les lleva mucho tiempo, porque les da paja. Y nosotros ni siquiera analizamos eso, ni siquiera se lleva a los consultorios porque lo asumimos como algo que, bueno, está bien, sí, total, ¿qué me cuesta? No, la búsqueda inclaudicable de confort inmanentista está en el corazón y en el alma de todo lo que el psicoanálisis no es, de lo que el psicoanálisis no debería ser. Por poner un ejemplo, El streaming de series, películas, música y el multitasking. Nosotros no estamos streameando análisis. Existe, claro, una presión social muy grande, muy difusa también, para la improductividad superficial disfrazada de hiperproductividad, donde es posible escuchar una canción, mirar el celular, un capítulo de una serie y tomar un café al mismo tiempo. Todo eso así. El psicoanálisis es una práctica íntima de la hondura que se opone al afán de superficialidad fluida de época, donde todo es breve, instantáneo, con un desprecio singular por el esfuerzo y la disciplina. Los videos son cortos, las canciones son triviales, las publicaciones digeridas. La idea reemplaza al proceso de gestación. Si lo pensás, incluso los capítulos de podcast tienen que ser cortos para que la atención dure. ¿Cuánto dura un capítulo de un podcast? ¿Cuánto dura tu atención para escuchar un episodio, para ver un video? Lo vamos a trabajar esto más adelante en otro de los episodios de esta temporada, pero esta idea que te mandan un video que dura 15 minutos y te cagaron el día, o decís no, no, todo esto no. Y lo mismo se pretende de una sesión de análisis. Que sea rápido, que sea ya, que opere ya. Entonces, ¿cómo ejercer el psicoanálisis en tiempos en los que la velocidad se encuentra esclavizada por la aceleración? En donde es más importante que las cosas sean cada vez más rápido que mantener una velocidad precisa y disciplinada y que sea adecuada para apreciar un paisaje. Por ejemplo, si recorres la ciudad en la que vivís, no es lo mismo recorrer esa ciudad en ómnibus o colectivo que en bicicleta o caminando o en auto o en patines. No es lo mismo porque se aprecian cosas distintas. Esto tiene que ver con cuál es la velocidad óptima para cada cosa y no necesariamente hacer una exaltación de la aceleración sin, sin medir mayores resguardos por la tarea. Lo importante es que sea mucho, ya, rápido. Entonces, ¿cómo ejercer el psicoanálisis cuando la demanda absoluta es de rapidez, prueba, evidencia posteable y comparable en memes discretos? Entonces cambiamos libros por eslóganes, canciones por jingles, diversión por entretenimiento, sexo por masturbación, gourmet por fast food, profundidad por cantidad, tiempo por urgencia, soledad por aislamiento, sonrisas por velos.
So, so you think you could tell heaven from hell, blue skies from pain? Can you tell a green field from a cold steel rail? A smile from a veil. Do you think you can tell? Did they get you to trade your heroes for ghosts? Hot ashes for trees? Hot air for a cool breeze? Cold comfort for change? Did you exchange A walk on part in the wall, for a lead role in a cage.
Pensamos que las ideas deben ser posteables, deben ser frases sueltas que me entran en un cuadradito para poner en Instagram o en TikTok o en Facebook o en la red social que uses. Que el consumo tiene que ser inmediato, que la presión de bueno, ¿para dónde vas con eso? Que tenemos que tener un objetivo. ¿Y cuánto dura un análisis? ¿Y cuándo termina? ¿Y cuándo me dan el alta? ¿Y cómo funciona esto? No hay tiempo. En todo caso, no hay un tiempo asignado por la urgencia de época. En el reino de los que no pueden esperar, el psicoanálisis se convierte en una práctica incómoda y subversiva. Desde que Freud hablara de esa radical forma de ser a la que él llamó inconsciente, hasta nuestros días, el psicoanálisis es uno de los ejercicios más antisociales y antisistema que la humanidad haya producido. ¿Te acordás cuando hablamos del psicoanálisis como una práctica punk? Bueno, El problema hoy en día entonces no es el psicoanálisis, sino su instrumento por excelencia: el psicoanalista. Nosotros, vos, yo, hijos pródigos de nuestro tiempo, somos la conformista solución a un problema mal planteado: ¿cómo transformar una actividad incómoda de crecimiento y disciplina en un consumo eficaz e inmediato sin que esto tenga un perjuicio, sin que esto produzca una demanda, un requerimiento, un plus, un adicional a nuestros pacientes y a nosotros. ¿Qué será que nos cuesta tanto de la tarea adversa y oscura que elegimos? ¿Por qué oramos tan despreciable y desesperadamente por una carta de ciudadanía de una lógica epidérmica que nos es contraria? ¿Por qué queremos que nos avalen las prepagas o las obras sociales? ¿Por qué queremos formar parte de sociedades, de instituciones, de lugares que avalen nuestra práctica? Nuestra práctica, nosotros como psicoanalistas, como individuos, como psicoanalistas individuales, y también nosotros como colectivo de psicoanalistas, en donde estamos todo el tiempo pidiendo que nos avalen, que alguien nos dé ese sello de ordalía de validez. Podemos ver esto cuando prestamos atención a la manera en la que se intenta que el psicoanálisis llegue a todo el mundo, que haya más analistas, no mejores, que haya más pacientes, no más comprometidos con la tarea, que haya más publicaciones, no más innovadoras, que haya más congresos, no mejores encuentros, que los psicoanalistas opinemos de cambio climático, de guerras, atentados, derechos humanos, pero ojo, No tiene, no es en contra de que las personas que ejercemos de analistas tengamos ideas, ideología, opiniones, no como personas políticas, sino en nuestra capacidad de analistas. Como si los analistas como profesionales tuviéramos algo que decir acerca de cada tema. Nosotros como personas puede ser, como analistas realmente no. Lo que muchos consideran hoy muchos colegas, muchas personas, una salvación para el psicoanálisis que consiste en un aggiornarse a este Zeitgeist en el que estamos. Yo modestamente lo considero prostitución y dilución irresponsable, alfa y omega de la trivialización de la tarea y de su merecida fama entre propios y ajenos de operación trivial. De el psicoanálisis ya no sirve, el psicoanálisis ha muerto, casi como esta condena vaticinada desde hace años. Es como decía Gustavo Adolfo Bécquer: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. Digo, el psicoanálisis ahí lo está esencialmente bien en él, mucho más allá de todo el daño que nosotros los analistas podamos ejercerle. Entonces, como rezaba el leitmotiv de la película de Ratatouille, seguro la viste: no cualquiera puede convertirse en analista, pero un analista puede provenir de cualquier lado. Y en tiempos en donde tener plata y capacidad de obsecuencia parecen ser la norma para el acceso al cargo, si vos podés pagar todas las cosas que hay que pagar, así de caras como son, y podés rendirle pleitesía a los capitostes de turno. Entonces es bien difícil mantener un estándar adecuado para la intranquilidad de la tarea cuando todo busca sosegar y que haya buen clima. Por eso queda para nosotros la pregunta del millón de dólares: ¿quiénes somos nosotros? ¿Quiénes vamos a ser con nuestro paciente de mañana? ¿Qué tipo de tarea vamos a desarrollar? ¿Qué es lo que entendemos que es nuestro trabajo? ¿A qué, a cuánto estamos dispuestos con tal de tenerlo más y más rápido? El psicoanálisis, el psicoanálisis es personal, no personalizable. No se puede personalizar una tarea que está pensada, diseñada, orientada a lo desconocido. Desde usando estos parámetros. No podemos, no se personaliza, se inventa cada vez, cada vez de nuevo en la cadencia que impone un ritmo. Y entonces, y entonces, ¿qué hacer? Preguntarás. Y entonces bailamos.
Alors on danse. Alors on danse. Alors on danse, alors on danse, alors on danse, alors on danse, alors on danse.










