
A psychoanalyst argues that what feels natural—childhood, personhood, work, time itself—are actually cultural inventions. The ancient Greeks saw no difference between children and adults, and didn't regard slaves as human. He asks what future generations will find equally strange about our habits, and calls analysts to recognize the arbitrary categories they impose.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Somos bestias de hábitos, damos por sentada la existencia natural de las cosas solo porque estamos habituadas a ellas. Muchas veces recurrimos a la argumentación con el tiempo, la duración o la exposición a algo, para subsumirlo en que si está desde siempre, debe ser que desde siempre existe. Y siempre es un número emocional muy complicado. En general, nunca nada pasa siempre. Es decir, siempre, todo, nunca son números que tienden a obliterar, aplastar, aplacar la variación la transformación, la mutabilidad casi heraclítica, tanto del río como de mí, como de la experiencia que yo tengo del río. Damos por supuesto que, por ejemplo, siempre hubo niños. No, siempre no hubo niños. Es más, la niñez es casi un invento moderno, al igual que el sujeto. Antes de haber niños había mini adultos. La idea de la existencia de un niño es absolutamente moderna y, aunque hoy nos resulte natural, es contraintuitiva. Por ejemplo, no podemos pensar que los griegos recurrían a la pedofilia porque no tenían la idea de niños. Entonces no tenían relaciones sexuales con niños, tenían relaciones sexuales con miniadultos. No era que en el Medioevo, o incluso en el comienzo de la modernidad, se utilizara a los niños para trabajar. No existía el trabajo infantil, no porque no trabajaran los miniadultos, sino porque no había niños. Lo infantil no existía como tal. La niñez es un invento humano. Es un invento humano que llevó un montón de siglos, un montón de trabajo, un montón de trabas. Hoy existen los niños, hoy podemos ver niños, hoy podemos hablar de niños. En la cúspide del lavaje posmoderno podemos hablar de infancias, pero hay niños, hay niñas, hay crianzas, hay eso que no es adulto. Y estoy hablando meramente en términos cronológicos, es obvio que lo infantil, o las características de lo infantil, habita agazapado en muchos pretendidos adultos. De igual forma, es extraño pensar en la esclavitud, también en los griegos, si tenían esclavos o no. Sí, tenían esclavos, pero los esclavos no eran humanos. Los esclavos no formaban parte de la humanidad, entonces no esclavizaban a otro humano. Es como pensar en términos de nosotros tenemos mascotas y los hacemos dormir en el piso, les decimos que coman lo que nosotros queremos que coman, los hacemos cagar en una caja. Esto es un prejuicio de departamento, en realidad, porque también cagan en los jardines. Pero nosotros no consideramos a los animales personas, más allá de las discusiones que tuvimos en el capítulo anterior, justamente con niños, en donde hablamos con niños acerca de mascotas, acerca de qué es una persona. Una persona es algo que se construye culturalmente. No siempre lo que hoy es considerado persona fue considerado persona otrora, y lo más esperable es que lo que hoy consideramos persona no necesariamente siga siendo considerado persona dentro de un tiempo. Así como hoy nos resulta extraño hablar del trabajo infantil, de la pedofilia, de la esclavitud, como si fueran cosas rarísimas, yo me pregunto qué pensará la gente dentro de 1000 años, si es que la humanidad se las ingenia para seguir existiendo, o al menos como la conocemos, del trabajo. Nosotros hoy pensamos en términos de que el trabajo dignifica, de la importancia de tener trabajo, de qué bueno que es trabajar. Es más, nos parece raro un adulto que no trabaja. Quizás dentro de 1000 años la gente piense, qué cosa espantosa, ¿sabes lo que hacían estos tipos en el 2024? Cambiaban tiempo de su vida para hacer cosas para otras personas a cambio de dinero. Es muy raro, es muy raro el trabajo, es muy raro lo que hacemos. Pensemos en estos términos: pensemos en una persona que vive, digamos, no sé, 80 años, una esperanza, una expectativa de vida lógica, razonable, 80 años. 80 años son más o menos 700,000 horas. Solo tenemos 700,000 horas y destinamos a cambio de dinero un poco de ese capital irrenovable, agotable, durante gran parte de nuestra existencia. Sin ir más lejos, ustedes están ahora destinando parte de esas 700,000 horas que tienen para vivir, parte de eso, a escuchar, a compartir conmigo una idea, a pensar conmigo en torno a una idea. Por ejemplo, en torno a la naturalidad de las cosas. Dentro de 1000 años va a ser muy extraño pensar que la gente escuchaba podcast, que la gente trabajaba, que la gente tenía pacientes, que la gente producía zapatos. Probablemente la cosa más extraña de la civilización actual, de la existencia de ciudades, es que tengamos que usar zapatos. Tenemos que usar zapatos. ¿Ustedes entienden? ¿Vos entendés lo que es eso? Usás zapatos en los pies para caminar, o sea, te pones algo en los pies para caminar. Es muy raro. Es tan raro como la existencia de niños, o como la existencia de esclavos, o como la existencia de personas, o como el hecho de que nosotros estemos queriendo trabajar, de que estemos buscando trabajo. Hay una naturalidad que también vuelve invisible lo cotidiano. Nos resulta de sentido común que un paciente diga, por ejemplo, que trabaja, O que está en pareja, o que desayuna tomando un café, que desayuna, que duerme a la noche. ¿Por qué nos llama la atención cuando estas cosas no pasan? ¿Cuáles son estas esperanzas, estas expectativas, esta sobrenaturalización de lo que nos resulta evidente solamente porque estamos acostumbrados a ello? Lo pongo en términos más extremos aún. Un paciente viene, se recuesta en el diván y empieza a hablar. Es muy raro, es muy raro que un paciente haga eso, porque una persona de la nada llega, se recuesta en el diván y dice: ayer tuve un sueño. ¿Por qué nos cuentan sueños los pacientes? ¿Por qué nos hablan de ellos? ¿Por qué a nosotros nos parece lo más natural del mundo? El paciente tiene una sesión de análisis y, no conforme con eso, vuelve. ¿Entienden? El paciente vuelve por más, como si no lo hubiera alcanzado. ¿Qué cosas extrañas nosotros vivimos como naturales? Y lo pregunto Y la pregunta válida sería: ¿cuáles de todas esas cosas que hoy vivimos como naturales serán extrañas dentro de 50, 100, 500, 1000 años? ¿Tener hijos? ¿Escribir libros? ¿Leer poesía? Coger, amar, hacer análisis. ¿Por qué nosotros sentimos que la vida hay que aprovecharla? ¿Qué tipo de provecho hay que sacarle a la vida? ¿Qué sería lo provechoso? Gente que siente que pierde el tiempo. ¿Se puede perder lo que no se tiene? Habría que quizás postular análogamente a como Foucault propone el postulado acerca de la posesión del poder. Si el tiempo se puede tener, uno puede tener tiempo, uno habita el tiempo. Si uno habita el tiempo, puede perder el tiempo, puede perder lo que no tiene. O quizás es un enunciado poco sofisticado para decir que a uno le gustaría habitar el tiempo de otra forma. Es más, El tiempo también es un invento humano, el tiempo tampoco existe, es una forma de ordenar secuencialmente acontecimientos, y la idea de acontecimiento también es un invento humano. Parte del trabajo del analista, parte del trabajo que tenemos nosotros, de ese oscuro trabajo que hacemos cotidianamente, consiste en poder extrañar estas cosas consiste en poder entrar en contacto, no de una manera fingida o impostada, sino genuinamente entrar en contacto con el hecho de que no existen niños, no existen adultos, no existen esclavos, no existen personas. Son todos inventos humanos que tienen que estar sujetos a exploración analítica. Puesto en la misma perspectiva, la especialización en psicoanálisis de niños y adolescentes. ¿Cómo te especializas en un niño? O sea, ¿no son personas? ¿Cuál es el límite para eso? ¿En dónde termina la especialización? Especialización en varones heterosexuales blancos de 33 años, Escorpio ascendente Tauro. ¿Por qué no existe esa especialización? ¿Qué es lo específico de algo más allá de la humanidad? Si nosotros atendemos a un paciente considerando que es niño, que es un problema de la psicología evolutiva, tenemos un montón de prejuicios observacionales. Lo mismo si atendemos a una persona en, abro comillas, gigantes, la crisis de la mediana edad. Si atendemos varones o mujeres, El límite del prejuicio observacional saturado por la experiencia nos lleva a volver invisible lo maravilloso, lo extraordinario, lo luminoso y magnífico de la singularidad de cada persona. Cada persona siendo quien es, ardiendo la vida que habita de una manera singular y extraordinaria. De la misma forma en la que nosotros ardemos nuestra vida y ejercemos esta oscura, anárquica y punk disciplina que es el psicoanálisis.










