
Leandro Stitzman argues that minorities are linguistic constructs that erase individual singularity. He critiques how naming and diagnosis fragment people into categories, and warns against treating patients as members of groups rather than as singular individuals.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Para empezar por el principio, final no, las minorías no existen. Esta es una idea, es una idea que puede resultar turbulenta cuando la escuchas y contraintuitiva incluso, pero es la idea a la que vamos a intentar llegar juntos pensando en este episodio. Es una idea que puede parecer extraña, Y por ahí estás ideológicamente en contra de lo que estoy diciendo, o por ahí estás epistemológicamente en contra de la idea, pero como en todos los otros episodios, no espero que estés ni a favor ni en contra, espero que podamos pensar juntos, que podamos complejizar un poco el problema. Las palabras existen para nombrar la cosa diferente de otra cosa. Nombrar algo es darle razón de existencia. Nombro algo para diferenciarlo. El nombre no une, diferencia. El nombre no acerca, aleja. Pero aleja al igual que la cesura. ¿Viste esta idea de Bion? La cesura, bueno, la cesura es como un río. El río es lo que da existencia a las costas y a la vez que las separa y mantiene distante e irreconciliable una orilla de la otra, el río también es lo que las une porque están unidas a través del río. Entonces el río separa las costas Une las costas y crea las costas. Algo así hace la cesura y algo así hacen las palabras. Las palabras son el nombre que nombran la cosa, como veíamos, ese nombre que hace que eso que nombras tenga razón de existencia. Es un nombrar ontologicista, si querés. Cuando nombramos el color azul, Estamos nombrando el color azul y también todo lo que no es el color azul, todas las otras cosas que tienen otro sinfín de colores. Cuando nombramos el vaso, lo nombramos para diferenciarlo de la mesa, de la planta, de la silla, de la guitarra, de la manzana. Nombramos para diferenciar. Si todo todo fuera de color azul, la palabra azul no existiría porque no habría un diferencial en relación a eso. No usamos palabras para diferenciar el todo. La idea de todo y nada incluso es una idea bastante compleja, tanto en filosofía como en matemáticas. En matemáticas se expresa como 0 a infinito, y en filosofía como el todo Bueno, Sartre diría el ser y la nada, lo que existe y lo que no, lo que es y lo que no. Las minorías se definen con palabras, usan palabras para rescatarse del todo. Entonces tenés minorías enormes en religiones, en géneros, en sexos, en colores. Los blancos, los negros, los marrones, los amarillos, los varones, las mujeres, los trans, los gays, los católicos, los judíos, los musulmanes, los budistas, los que creen en Frank Zappa. Hay un sinfín de creencias. Tenés la minoría de los inmigrantes, la minoría de los nativos, La minoría de los originarios, las minorías que comen determinados tipos de alimentos o los que se definen por no comer otro tipo de alimentos. Las minorías lo que hacen es separar, y al mismo tiempo que separan, forman, forjan un pequeño colectivo que me da sentido, que me da identidad. Yo soy el nombre de mi minoría. Yo soy el nombre que nombra ese colectivo al que pertenezco. Entonces, la minoría se convierte en algo que requiere siempre ser refrendado y por lo que vale la pena morir, porque es aquello que hace que valga la pena vivir. En mi manera de ser. En este sentido, si lo pensás, en los últimos años, en los últimos tiempos, venimos todos viendo cómo florecen las minorías, y las minorías además cada vez más fragmentadas, cada vez más parcializadas, cada vez más chiquititas y más recónditas. Ya no es solo vegetariano, es ovolactovegetariano, es vegetariano orgánico, es vegano, es— y así cada vez más chiquitito. Todos tenemos un diagnóstico y necesitamos tener un diagnóstico para pertenecer a ese mini colectivo de minorías. Ahora todos somos autistas o ADD, tenemos un trastorno límite de la personalidad o somos depresivos. O somos antisociales. Y hay en estas palabras, en estos motes, en este afán heurístico en el cual somos subsumidos y en el cual nos refugiamos, una razón de identidad, una razón de entidad en la cual sentimos que valemos, sentimos que somos. Pensemos esto en términos psicoanalíticos. Muchas veces, ojo, es algo que hablamos desde otro vértice, pero más o menos en la temporada pasada cuando hablamos del lugar de fala. ¿Qué significa atender a una minoría o atender a una persona perteneciente a una minoría? Suponete que atiendo a Ricardo. Ricardo forma parte de la minoría de los Ricardos, es una identificación válida. Ricardo Gómez, por ejemplo, forma parte de la minoría de los Ricardo Gómez. También está la minoría de los pacientes que se atienden conmigo, es otra minoría. Seguramente haya en el mundo muchos más Ricardos que pacientes que se atienden conmigo, o sea que es mucho más exclusiva la minoría de pacientes que se atienden conmigo. Cuando nosotros resaltamos la minoría como un rasgo identitario en análisis, lo que estamos haciendo es invisibilizando al individuo y acreditándolo dentro de una categoría que es ideológicamente correcta, porque eso es lo que tienen las minorías también, gozan de la corrección política hoy día. Antes se usaban los diagnósticos. Los diagnósticos también es una forma de crear minorías. Se crea un subgrupo, un subconjunto de ciertas personas que tienen cierto tipo de características, y asumimos que todas las personas que forman parte del subconjunto del diagnóstico A tienen las mismas características. ¿Es así? ¿Como todos los Escorpio ascendente Tauro son iguales? ¿Todos los Virgo con la luna en Aries son iguales? Eso es un poco así, pero es otro tema. Entonces, cuando nosotros nos enfrentamos como analistas, que incluso también muchos analistas, ojo, se definen a sí mismos como pertenecientes a una minoría agregándoles el llano a lo que son, como si hubiera una especie de pertenencia a una filia. La canofilia, kleinofilia, freudfilia, labionfilia y un sinfín de filias, cuando en realidad nosotros somos nosotros mismos. Por ejemplo, a mí no me queda otra que ser un psicoanalista stitzmaniano. Tengo uno de los peores apellidos de la historia para tener un llano. Ahí, por ejemplo, fíjate, en general los llanos tienen Lacaniano, Kleiniano, Freudiano, tienen buenos apellidos. Abraham, Abrahamiano, Ferencisiano, no son buenos apellidos. Hay apellidos que dan más para tener un apellido, no da para el llano. No puede ser Stitzmaniano, es horrible. De todas formas, de la única persona que puede ser Stitzmaniana soy yo. Vos que te llamás de apellido Everest podrás ser everestiana o everestiano. Esa es tu prerrogativa al final del día, y también es tu alfa y tu omega. Cada uno forma parte de la minoría de sí mismo. Ahora, ¿por qué sentimos, nos sentimos forzados a tener que formar parte de minorías de otros, y sentimos que nuestra minoría tiene algún tipo de superioridad moral, ética, estética, cultural, ideológica por sobre otras minorías. Porque prestemos atención, todas las minorías piensan que son mejores que las otras minorías, y siempre se trata de anular a la minoría que no es uno. Y nos olvidamos de la importancia de las mayorías, de que tenemos 8500 millones de minorías o tenemos una gran mayoría que es la humanidad. ¿De qué formamos parte? ¿De la minoría de turno caracterizada por 2, 3, 10 micro rasgos? O formamos parte de la mayoría global de la humanidad, o somos personas. Esto es lo que diferencia los derechos humanos de toda la vida de los derechos humanos de los últimos años. Los derechos humanos son para todo el mundo, son para todos los humanos, para los adultos, los niños, los varones, las mujeres, los negros, los blancos, los tecnicolor. Son para los católicos, los judíos, los ateos, los agnósticos. No son selectivos. No es que hay algunos humanos que tienen más derechos que otros, o como hay algunas minorías que sienten que tienen superioridad por sobre otras. Pues lo único que hacemos de esa forma es cambiar un lugar de abuso por otro, y un lugar de pretendida autoridad desde una torre de marfil a otra. Nosotros como analistas tenemos que estar más allá de esta disyuntiva imposible en la que los tiempos que corren nos quieren colocar. En el consultorio nosotros no atendemos minorías y no deberíamos sentirnos presionados por la existencia pretendida de minorías autoproclamadas para tratarlas como tales. Nosotros tenemos pacientes, tenemos personas, no minorías. Nunca un paciente nuestro debería formar parte de una minoría más allá de la minoría de sí misma. Las identificaciones de pertenencia a grupos minoritarios en psicoanálisis juegan a favor de la invisibilización del conflicto, a favor de la invisibilización de la trama. Lo que hacen es opacar la diferencia, opacar la pequeña singularidad que te hace único, que hace que vos seas vos, que tu paciente sea tu paciente, que tu colega sea tu colega, y no arrastrar este afán de superioridad de mi minoría por sobre tu minoría. ¿Quién dice qué psicoanálisis es mejor que otro? A lo sumo hay un psicoanálisis que es más útil que otro para determinada persona, persona. Por ejemplo, yo encuentro muy útil el psicoanálisis que practico yo, pero claro, yo soy stitzmaniano y tengo mi psicoanálisis que está basado en mi manera de ser. Pero, ¿eso hace que mi psicoanálisis sea mejor que otro? No, pero sí tiene mis características y yo no tendría por qué declararlo dentro de una minoría antidiluviana para diferenciarlo del tuyo. Tu psicoanálisis está buenísimo y seguramente tus pacientes estén agradecidos con el psicoanálisis que vos ejercés. Ahora, si vos tenés que adaptar tu psicoanálisis a cada una de las minorías y entrar en esta nueva fantochada de, por ejemplo, psicoanálisis con una perspectiva de género ¿Qué es eso? ¿Qué es el psicoanálisis con perspectiva? ¿Qué carajo estamos hablando? No existe una cosa tal. Existe la perspectiva de género, que a la sazón en general está muy mal vista porque se cambia la idea de género, que es una categoría de análisis abstracta, por una perimida lucha entre géneros. Entre sexos, entre varones y mujeres, que es mucho más que eso. La idea del patriarcado incluso es una construcción instrumental, la idea del patriarcado que sirve para pensar un entramado social, es una idea que está al servicio del pensamiento social, no para dividir entre varones y mujeres, entre lo masculino y lo femenino. Es una categoría de análisis que sirve para pensar en este sentido El psicoanálisis no tiene perspectiva de género, tiene perspectiva humana. Atendemos personas y tratamos de pensar con esas personas quiénes son, qué les pasa. Si no, rápidamente sobreasumimos qué es violencia y qué no, qué es lindo y qué feo, qué es bueno y qué es malo. Vos me dirás, bueno, pero hay cosas que sí son violentas. Sí, hay muchas cosas que son violentas y hay muchas cosas que son vividas de manera violenta. Hay abusos sin abusador, hay víctimas sin victimario. También hay hijos de puta que no encuentran nunca a quién herir. También hay hijos de puta que lastiman. La hijoputés es una función de la vida humana. Pero no tiene que ver con la pertenencia a minorías. Los analistas especialistas en síntomas es como tener un médico especialista en fiebre. Los analistas especialistas en trastornos de la alimentación, en inmigrantes. Ojo, no hablo de la psicología u otras ramas, o la psicoterapia, o el coaching, u otras ramas del ejercicio profesional. Estoy hablando del psicoanálisis. Cuando el psicoanálisis se empieza a especializar en rasgos, en síntomas, en diagnósticos o en minorías, muere. El psicoanalista no se puede especializar en un síntoma, en psicosis, en neurosis, en trastornos de alimentación, en drogadicción, en adicciones, en vigorexia, No se puede, porque no es una especialización válida. El psicoanálisis, usando esta frase que tanto me gusta, se especializa en la personalidad humana y en todo lo que la rodea, en el universo y en todo lo que lo rodea. Nosotros estamos especializados en seres humanos, en individuos, en la forma en la que esos individuos son, y no en las regularidades de clase, sino en las particularidades propias. En este sentido digo que las minorías no existen, porque las minorías como categoría de análisis están al servicio de la dilución del individuo y de la ablación de la idea de grupo. La minoría como construcción identitaria fracasa al mismo tiempo que destruye la identidad del individuo. Y entonces el individuo se convierte ya no en sí mismo, sino en esa porción identitaria que le da nombre a la minoría a la que se le ocurre pertenecer. Porque, ¿a cuántas minorías pertenecemos? Si lo presionamos, pertenecemos a tantas minorías que terminamos siendo humanos y pertenecemos a la inmensa mayoría de la humanidad. Pero claro, esto requiere mucho más respeto por el otro, mucho más respeto por quien el otro es, por la sola razón de que el otro es, y no porque existe una sociedad que me dice a quién tengo que respetar y a quién no, qué derecho es más válido que otro, qué idea es más válida que otra, qué rasgo es más válido que el otro. Somos analistas, trabajamos con personas, no con minorías, y el individuo El individuo es la exaltación de la especie. Como dice Morley, cada hombre encierra en sí todos los siglos. Nos animamos vos y yo, vos, yo, te animás, me animo, nos animamos a respetar la idea del otro, pensarla y enriquecernos todo lo que podamos para brindarle mayor riqueza al otro, exaltando la particularidad, la maravillosa individualidad que cada uno tiene? Esa es la pregunta.










