
Leandro Stitzman explores how the analytic task, not the personalities involved, guides psychoanalytic work. He draws on Bion and Winnicott to distinguish intimacy from privacy, arguing that discipline and tolerance for closeness are essential to the work.
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Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Usualmente se suele pensar que lo más importante en un análisis es el paciente, el bienestar del paciente, la salud. Del paciente. Pienso un poco distinto. Entiendo que lo más importante de un análisis no es el paciente y mucho menos el analista. Lo más importante en un análisis es la tarea. Los pacientes muchas veces presionan para imponer una forma de pensamiento, una forma de sentir una forma de construir vínculos que es a la que están habituados. Y el analista a su vez recibe el impacto y también presiona para imponer una forma de vincularse, de pensar o de sentir, que es la que él arrastra desde que es persona hasta que está ejerciendo como analista. Es importante entender que tanto paciente como analista están en una situación compleja, de una profunda turbulencia, y donde lo único que puede mantenerlos a flote es la tarea, es este respeto indeclinable, disciplinado y profundo a la tarea. La tarea Por ejemplo, dice Guillaume, demanda respeto por el componente doloroso, por la naturaleza del dolor. Estoy de acuerdo y pienso que además requiere una amplísima tolerancia a la intimidad. Es una de las poquísimas prácticas en donde la intimidad sigue siendo fundamental. Gran parte de los vínculos que se establecen hoy padecen una intolerancia a la intimidad. Se ve en los encuentros sexuales, en los encuentros amorosos, en los encuentros incluso con uno mismo, con esto que Winnicott bien llamaba la capacidad para estar a solas. El análisis es una actividad de profunda intimidad, y esa intimidad requiere ser instrumentalizada con la tarea. Una de las definiciones más instrumentales que tengo sobre la intimidad es que es directamente proporcional a la densidad de partículas entrelazadas coexistentes entre dos personas. Vale la pena diferenciar dos cosas: uno, la intimidad de la privacidad, que muchas veces se tienen como sinónimos. Se habla de, por ejemplo, las partes privadas o de las partes íntimas. Se habla de exponer la intimidad en internet, en las redes sociales, etcétera. Uno no puede exponer la intimidad. Las partes anatómicas no son íntimas. Sí existen ciertas convenciones sociales respecto de qué entendemos por una acción privada, por un acto privado y un acto público. Podríamos decir que uno de los grandes logros de la civilización es que se construyeron instalaciones conocidas como sanitarias o baños que favorecen que, por ejemplo, la acción defecatoria, hacer caca, cagar, sea una acción privada. Ahora, yo no sé si es necesariamente íntima. La intimidad es una construcción que se hace en el vínculo y que requiere mucha tolerancia a la existencia del otro tal cual es. De igual forma, el otro en estos vínculos que uno establece con el mundo también, y muchas veces, es uno mismo. La capacidad de tener una intimidad saludable con uno mismo en donde uno pueda tener el coraje, el valor, como veíamos en otro de los episodios de esta temporada, de publicar sus ideas ante sí mismo, de saber qué pienso, de sentir qué siento, de poder tener la experiencia emocional de lo que implica ser uno conmigo. Y ser uno con otro. El análisis requiere de esta tolerancia y es algo a ser construido en el vínculo. Si no estuviera la tarea, que es la que funciona como un norte, como una especie de báfero, salvoconducto para poder instrumentalizar esta experiencia emocional, esta forma del vínculo no sería posible la realización. A veces la tarea requiere que se produzcan transformaciones hondas y turbulentas tanto en el paciente como en el analista. La turbulencia emocional que se despierta entre ambos, esto es una frase de Bion de Haciendo lo mejor de un mal trabajo, esta tormenta emocional que es una acción sin agente que se despierta cuando paciente y analista se encuentran Quizás sea la mejor manera de definir cuál es la tarea y qué es un analista. Un analista es una persona que, encontrándose con otra persona y frente a la tormenta emocional que se despierta entre ambos, está entrenada fuertemente en la instrumentalización de esta tormenta emocional para la exploración no saturada de la personalidad del otro implicado. Más allá de cierto peso o grandilocuencia oculto en estas palabras, tiene que ver con la capacidad de poder estar con otro sin aplastarlo con quien uno es, de poder estar con otro en compañía, de poder tener como norte esta tarea sin necesidad de tener que caer en la palabra blanda, la palmoterapia, la contención vacía, el abrazo, etcétera. Todas cuestiones que tienen mucho más que ver con la psicoterapia o con algún tipo de terapia de contención que con la tarea analítica propiamente dicha, que requiere siempre de este respeto por la tarea. Es, al final del día, lo único que pacientes de analista tienen para operar como un norte cuando no ven, cuando no saben a dónde ir. En el sentido, más que como norte, opera como una especie de horizonte artificial. El horizonte artificial es un instrumental que está presente en aviones, en barcos, en submarinos, y que sirve para que aquel que está piloteando, navegando, comandando el vehículo, más allá de la percepción sensorial que tenga, pueda fiarse del instrumento del horizonte artificial para saber cuál es la posición respecto del horizonte de ese vehículo. Muchas veces cuando uno está piloteando un avión o navegando en un submarino, la impresión que uno tiene es que está subiendo o bajando y que hay un desnivel que muchas veces no existe tal, o al contrario, la sensación de estar equilibrado y nivelado, y sin embargo el vehículo se encuentra en picada o desplazándose hacia arriba, hacia arriba en términos gravitatorios, obviamente. De igual forma, la tarea La tarea psicoanalítica es el horizonte artificial que, cuando creemos que todo está yendo bien o que todo está yendo mal, nos devuelve a un centro, a un eje, para poder permanecer operativos a pesar de las embestidas del contenido manifiesto, la trivialidad de las vidas, la mediocridad de las almas. Y reforzar esta idea de para qué estamos ahí, qué estamos haciendo nosotros como analistas, y entender de igual forma que el paciente es nuestro mejor aliado en esta tarea. El paciente no es nuestro enemigo, el paciente no es el malo. Nosotros no somos Sherlock Holmes que estamos intentando ir a buscar las pruebas, la evidencia que está ahí esta prueba ontológica, fáctica, pesada, sino que estamos intentando abrir y construir y explorar qué es lo que hay. Y no queremos descubrir un crimen que se cometió, un asesinato, una culpa. No es el criminal el paciente, el paciente no es el malo, y definitivamente no nosotros los analistas no somos los buenos. Para eso está la tarea, para asegurarse que a pesar de todos los esfuerzos que los pacientes y los analistas hacen, el psicoanálisis pueda tener lugar, que hay algo que es más importante que esas dos personalidades que se encuentran y que es la manera en la que se están encontrando. Que está regulada y definida por la disciplina implicada en la tarea.










