
A psychoanalytic meditation on three letters: L for love as reciprocal union, H for hate as internal structure, W for work as both psychic transformation and economic exchange. The speaker weaves Freud, philosophy, and economic theory into a lyrical argument that the analyst's task is shared exploration of the unknown, not personal connection.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Este no es un episodio común, es un episodio especial, experimental, para lo que le voy a recomendar que esté en un lugar tranquilo y use el mejor par de auriculares que tenga disponible. La forma en la que está presentado y grabado hace que pueda disfrutarse, experimentarse mucho mejor utilizando auriculares. Que con los parlantes tradicionales del dispositivo en el que lo esté escuchando. Queda a su discreción usarlos o no. L, amor. Te amo, amo la persona que sos, te veo, te amo, te veo, te siento, te toco, te amo. El amor duele si uno no lo ama. El amor requiere digestión emocional. El amor no tiene metáfora, no, no hay metáfora para el amor. El amor es la metáfora, el amor es esa metáfora maravillosa de ser dos. De ser juntos, de ese milagro de ser dos que el insomnio corrige. Si te amo, no es porque seas perfecto, sino porque sos y soy capaz de verte ser. H, odio. Todos odiamos. El odio es la nominación adecuada para la expresión directa de un estado emocional que cualquier persona sana, en contacto con los hechos y con tolerancia a lo desconocido, experimentó alguna vez. El odio no depende del objeto odiado, sino de la matriz relacional de aquel que odia. El odio se siente, se ejerce, se muestra. W, trabajo. Empiezo con una penumbra asociativa. Psicoanálisis clásico. Freud habla de trabajo para referirse a un proceso con mecanismo psíquico que favorece un cambio de investidura o un cambio de instancia. En términos post-1914, una reasimilación de libido objetal en libido yoica lista para reinvertir nuevos objetos, sea lo que sea esto. Por ejemplo, el trabajo del sueño, el trabajo del duelo, el trabajo incluso como capacidad sublimada. Amo el trabajo oscuro de amarte, de verte reír y llorar y ser lunes o jueves. Que es compacto, te amo y enamorados, odiamos a nuestros hijos y a nuestras parejas, odiamos a nuestros amigos y a nuestros padres, si es que no hicieron un trabajo lo suficientemente adecuado como tal. E incluso, según el análisis que hicimos, funcionó relativamente bien, nos podemos llegar a dar más trabajo. El trabajo es el desplazamiento que realiza una fuerza desde un punto de aplicación a otro en algún tema. En términos algebraicos, fuerza El trabajo es L por dX. L es igual al módulo de la fuerza por la diferencia de desplazamientos, lo que llamamos delta X, por el coseno del ángulo en el que la fuerza es aplicada para obtener el ángulo de rotación. Es decir, que el trabajo de una fuerza es igual a la intensidad, al módulo, al valor de esa fuerza multiplicado Por el desplazamiento que realiza, odiar implica ver un eje determinado, esa fuerza, todo lo que el hecho crea de mérito propio. En economía no tiene ser, en economía asociativa no representa. El trabajo implica la venta de la capacidad productiva de una persona en capacidad de ser usado. Esto es, que se le da al empleador el tiempo y la capacidad de producción de capital que una persona tiene a cambio de un bien de intercambio: dinero, materias primas, capital, mercancías. En este sentido, vale preguntarnos qué hacemos los analistas, qué damos nosotros como analistas a cambio de dinero. Darío Sor lo decía claramente: un analista cobra no por interpretación, ni por inteligencia, ni por sagacidad. Un analista cobra por su tiempo. ¿Cuánto cobra un analista? Bueno, David Lieberman le dice a Darío en comunicación privada. David fue el analista de Darío y además después se hicieron amigos. Mientras que el amor, Darío me lo cuenta, la realidad, por lo que un analista cobra lo máximo que un paciente dispuesto a pagar sin sentirse despojado y sin convertir al analista en rehén de ese dinero, y lo mínimo que el analista necesita para vivir esto con el objeto de amor que favorece. Groucho Marx decía que trabajar es tan malo que hasta te pagan para hacerlo. De igual forma, si uno no fuera capaz de odiar, nunca evitaría Negado, nec, del latín nec otium, no ocio. Trabajar es muy vínculo, se trabaja el amor, se trabaja el formar, el vínculo de amor implica una acción, se sumerge uno en eso que se construye, se gana forma del imaginario en forma, se te ve, se te oye, yo te llamo, trabajar es dar sentido, ordenar, encontrar sosiego, ¿qué es exactamente eso? Un comunión con el otro pudiendo verlo Te veo insatural, no total. Te veo falto y lleno de posibilidades de ser otra cosa, otra persona, otra versión de vos. Cuando te odio, te dejo de ver cómodamente, y eso me molesta e inquieta, y eso te molesta e inquieta a vos. A mí me recuerda que no conozco todo, a mí me recuerda que no estoy cumplido aún, y que podés ser tantas otras cosas. Puesto entre ambos debían para lograr una comunidad. L no es amor, es vínculo de amor por los hechos, por lo que ha pasado. Es amor porque trabajar es una forma de ser en el mundo. Trabajar es desplazarse de un punto al otro. Trabajar es un estado mortal. W es un vínculo, es una relación, es una matriz emocional. Hay que trabajarla. Relaciones rápidas, trabajo y esfuerzo, trabajo y placer. Los masoquistas trabajan, los sádicos son empleadores, el empleador trabaja, el amor es proletario. ¿Qué es lo más fácil de hacer en el agua? Dispararse y flotar. No se necesita nada del odio, todo lo demás requiere esfuerzo. Para hundirse hay que nadar, para estar seco hay que estar. El odio como la puerta de entrada al lago puro de la fuerza. Lo más fácil es ver y estar en contacto con los hechos para evitar el contacto con la realidad, para perder la realidad en la neurosis y psicosis. Así de molesto es odiar. Hay que trabajar. Odiar es un esfuerzo por transformar, transformar, evitar, cambiar. Odiar hasta perder el sentido de tener que ganar. Lo propio del humano es trabajar. El trabajo que hacemos nos hace ser en el mundo. Odiar hasta que no sea nuevo para uno mismo. Es un vínculo con otros y con uno mismo, pero es por sobre todo un vínculo con la tarea. Odiar implica perder el sentido de tener que hacerlo. Se trabaja como una forma de conquistar la tarea hacia su realización. Odiar por lo que el otro, cuando dos personalidades los parten de la personalidad se encuentran, se construye entre ellas una tarea que puede o no resolverse. Cuando un paciente y un analista se encuentran, lo importante no son ya ni el paciente, que es un problema en sí mismo, ni el analista en sí, sino de la tarea exploratoria que comparten. Si el analista se preocupa por su paciente y no por la tarea, se convierte en psicoterapeuta o palmoterapeuta, padre o amigo, psicomago, así como menos cierto suceso. Lo único importante en una sesión de análisis es la investigación de lo desconocido, tan grande que se levante como un inhibidor para el amor requerido para el contacto íntimo. El vínculo de un trabajo con una persona arquítica consiste en poder tolerar la turbulencia emocional existente en la matriz definida por el encuentro de un paciente y un analista tendiente a la exploración constante de lo desconocido. Es un tema humano. El vínculo de trabajo con un negativo no es tolerado, o más barbata, se comprometen de manera indiscriminada con la tarea, con la frustración y la la tarea analítica, amorosa, formativa, sexual, etcétera. El vínculo de trabajo nos acerca a un mundo fechado de dolor, pues el trabajo impera la rabia, el trabajo se avecina, el trabajo de armar una relación de amor capaz de tolerar el dolor dichoso de la diferencia que vuelve vivo el fango del desprecio, el trabajo que me ayuda a volar desde mí al mundo, la última barrera u ofensa contra lo










