
Leandro Stitzman explores the gap between who we are and what we think. The episode traces how ideas need care, how they shape our relationships, and why the people we talk to matter more than the thoughts we hold.
Chapters
Esto es Framework, un podcast psicoanalítico. Hola, ¿cómo estás? Hoy quiero pensar con vos acerca de una idea que puede resultar penosamente obvia en principio, pero sus implicancias son cuanto menos inquietantes en el trabajo cotidiano con pacientes. Yo no soy mis ideas. Es evidente, pero muchas veces no parece ser así. Yo no soy las ideas que tengo. De hecho, tengo ideas mucho mejores, mucho más brillantes que yo. Tengo ideas mucho peores, mucho más estúpidas que yo. Si yo te cuento una idea, si yo te cuento mi idea, y a vos esa idea te gusta, no significa que te guste yo. De igual forma, si yo te cuento una idea y esa idea a vos no te gusta, no significa que no te guste yo. Yo no soy mis ideas. Ahora, qué difícil que resulta esto cuando uno tiene que pensar ideas propias con alguien, o cuando uno tiene que pensar ideas de alguien conjuntamente con ese alguien, porque rápidamente tendemos a asociar de manera indiscernible a esa idea que nos presentan con la persona que la está presentando, o a nosotros con la idea que presentamos. ¿Por ahí te pasó alguna vez en algún congreso, en un grupo, o en una discusión en donde vos presentás una idea, la persona hace una crítica a a la idea, pero en realidad la crítica no está dirigida a la idea, sino que está dirigida a vos, alguna característica tuya, a la manera en la que presentas la idea, a tu forma de ser, a cómo hablas o decís o te vestís, o a cómo estás, o a tu edad. A veces sos muy joven, a veces sos muy viejo, pero rara vez se discute la idea. Porque es más fácil discutir a la persona que presenta la idea. Ese es un problema del otro, pero en relación a uno, ¿soy capaz de discernir que la persona que está discutiendo conmigo la idea en realidad está discutiendo eso, la idea, y no a mí? ¿Soy capaz de sustraerme y de no, para usar una palabra bien argentina, engancharme con la voluntad de controversia a la que mi interlocutor me invita? O cuando alguien presenta una idea, ¿soy capaz de diferenciar esa persona que presenta la idea de la idea que presenta? Pasa mucho en política, fíjate, que algún político que te gusta presenta una idea estúpida, pero sentís que tenés que defender esa idea porque la presentó el político que te gusta. O al revés, una buena idea de un político que no te gusta te resulta una mala idea porque la presentó ese político. Fíjate, solo con esto, cuán chiquito se va haciendo el mundo, de cuántas ideas buenas nosotros nos privamos, de cuántas ideas que podrían ser mucho más fértiles terminamos siendo víctimas.
Nosotros.
Incluso cuando uno ve dos personas que se trenzan en una gresca física y una persona le va a pegar a la otra, en general no es a la persona a la que le quiere pegar, le pega a la persona porque le quiere pegar a la idea. No le gustó la idea que el otro presentó o la manera en la que la idea está presentada, entonces se quiere anular a aquel que la presenta. Creído que alguien me odia, aunque me hayan querido matar. Tras mis asesinos se esconde otra fuerza, que sí es mi enemiga mortal. Siempre que un hombre le pega a otro hombre, no es al cuerpo al que le quiere dar. Dentro del puño va el odio, una idea que lo agrede, que lo hace cambiar. En la Edad Media se mataba al mensajero mensajero que traía la mala noticia. De ahí sale la frase: no culpes al mensajero. El mensaje no es el mensajero. Si a uno le pasa algo malo, tiene una idea que no es agradable o quiere compartir lo que sea, muchas veces uno se convierte en el responsable directo de esa idea que anunció, y ahí comienza un proceso enorme de autocensura. Hay ideas que son peligrosas. Hay ideas que presentan el peligro de existir, hay ideas que de seguirlas podrían conducir a poner en crisis, a poner en jaque nuestra forma de vida o cierto grado de confort al que accedimos en las vidas que tenemos. Por eso vale la pena que pensemos también cuántas ideas nosotros evitamos pensar para no incomodarnos, o cuántas ideas no escuchamos porque las dicen personas que no nos caen bien. Imagínate que un paciente presenta una idea y esa idea nos parece, no sé, mala, fea, estúpida, tonta, y discutimos al paciente en lugar de discutir la idea. En lugar de pensar la relación que ese paciente establece con esa idea. O al revés, confundimos el valor al que sentimos más alto de una persona por el tipo de ideas que tienen. Pues fíjate cuántas veces nos pasa que nos sentimos más afines a personas que comparten con nosotros ideas, que comparten con nosotros, no sé, gustos musicales, ideología política, pensamiento psicoanalítico, religión. Y muchas veces somos muy distintos a personas que tienen ideas similares a las nuestras y nos parecemos más a personas que tienen otro tipo de ideas, otro tipo de gustos, o nos sentimos más afines al final del día cuando tenemos que vivir emocionalmente con personas que no tienen las mismas ideas que nosotros o tienen ideas que son distintas o que no son por nosotros tan valoradas. Las personas no son las ideas que tienen. Yo no soy mis ideas, vos no sos tus ideas, para bien o para mal. Si vos presentás una propuesta y la propuesta no es aceptada, no es un rechazo a vos, es un rechazo a la propuesta. Si vos cocinás algo a la noche y te dicen que la comida no está rica, no es que vos no estás rico, Es que la comida no está rica. Es una opinión. La gente le gusta o no le gusta. Hay ideas que te gustan o no te gustan. Hay ideas que te parecen más o menos fértiles y no tienen necesariamente que ver con las personas. También hay ideas, y esto es tremendo en nuestra área de trabajo, ideas que son muy, muy chiquititas y tiernas y Cualquier frío o ventisca las puede matar. Ideas muy frágiles, ideas que requieren mucho cuidado para poder germinar y eventualmente florecer y dar frutos. Por eso también es importante ver quién elige uno como interlocutor, con quién uno está dispuesto a compartir las ideas que tiene. Muchas veces, dentro de cierta obsecuencia narcisista, estoy inventando un término, uno comparte ideas con imbéciles funcionales y te dicen, ah, sí, no, no, publicala, tu idea es bárbara, tu idea maravillosa. Y la idea es olímpicamente una mierda, pero como uno la presenta y la persona esa quiere quedar bien con uno, te dicen, adelante, adelante, avanza. ¿Cuántas veces te pasó en los últimos años de mandarle un trabajo a alguien y que te diga que ese trabajo no estaba bueno, o que a la idea le faltaba trabajo, o que la idea era pobre? Y análogamente, ¿cuántas veces leíste un trabajo que te parecía que le faltaba trabajo, que le faltaba profundización o transformación de la idea? Bueno, todos. Somos autores de esos trabajos. El tema es, de vuelta, quiénes son nuestros interlocutores, cuánto viento de popa innecesario recibimos, y a veces cuánto viento de proa nos falta. Como contrapartida está el envidioso, que ya sabemos que tiene la tragedia y que cree que hay un único buen trabajo en el mundo, y que vos le mandás un buen trabajo y el envidioso siente que ese, la de ese buen trabajo atenta contra todos los posibles buenos trabajos que él puede ir a construir. Esto lo lleva a quedar en un lugar de muchísimo aplastamiento. Entonces, a veces hay gente que te dice que no publiques tu idea, que no desarrolles tu idea, que abandones tu idea, que no la sigas, que no sigas pensando en eso. Solamente porque odian la existencia de la idea o porque odian que vos tengas esa idea como compañera de ruta. Y también hay personas que te dicen, dale, dale, dale para adelante, sí, avanzá, dale, publicala, sí, hacé un libro con eso. Y lo único que uno ve ahí es sangre. Conduciendo con una idea estúpida. Las ideas son compañeras, son novias, amigas, amantes, son compañeras de ruta, son aquellas que están siempre, de día, de noche, que son las que nos hacen compañía cuando caminamos por la calle solos, cuando nos subimos al caballo y cabalgamos hacia el horizonte. Pensando cosas, o cuando caminas por la playa o te subís a la bicicleta y vas a andar 5 o 6 horas en bicicleta pensando en estas ideas, estas ideas que hacen a vos pero no son vos, estas ideas que sirven como este magma, este fuego incandescente que te hace a vos pero que no sos vos. Por eso uno puede abandonar ideas que ya no quiere pensar o que no le gustan o que ya no siente fértiles, y sin mutilarse, sin dejar de ser uno. Lo que nos lleva a la otra presión social, en donde se convierte en un mérito una homogeneidad de pensamiento. Se dice como un piropo: hace 20 años que piensa lo mismo. El pobre diablo hace 20 años que no tiene una idea nueva. 20 años pensando en la misma idea. Imagínate eso, es como comer, vomitar, comer, vomitar, comer, vomitar, comer, vomitar, comer, vomitar, comer, vomitar, comer, vomitar, ad infinitum. 20 años la misma idea pensando la misma cosa. Sos un estúpido, o sea, cómo te estás muriendo por dentro ahora. Se considera que es una falla en el pensamiento cuando dicen, no, fíjate cómo cambia de parecer, no, hoy piensa esto y mañana piensa lo otro. Uno puede pensar lo que quiere, como quiere, o lo que puede, como puede. Quizás ahí es en donde entra en juego el análisis. El análisis, que lo que termina haciendo es abriendo la posibilidad de nuevas ideas y de nuevas maneras de pensar. Nuevas maneras de pensar ideas viejas convierte esas ideas viejas en nuevas ideas muchas veces. Y al revés, de manera análoga, las mismas maneras de pensar pensando ideas nuevas puede quitarle todo el brillo, todo el lustre a cualquier idea, dejándolas moribundas, dejándolas apagadas, desvitalizadas, convirtiéndolas en restos sin valor de ideas que son la matriz operativa del fanatismo. Quizás como moraleja de esta idea que estoy compartiendo con vos sea: elegí muy bien a tus interlocutores. Lo repito, elegí muy bien a tus interlocutores, porque en gran medida van a ser ellos los que te den algún tipo de norte respecto de la gracia o fertilidad del camino que estás recorriendo. Buenos interlocutores favorecen muchísimo el crecimiento de ideas, y malos interlocutores terminan deteriorándote a vos.
Don't tell your secrets to anyone because ideas are vulnerable. As soon as you say your idea out loud, then it can go and live on its own, and you will miss It owes so much, and you will wait for its return, and you will wish it were your own. But ideas that left never come back. Ah.
Yo no soy las condecoraciones que la gente me pone. Si alguien piensa que mi idea es tonta, no soy yo el tonto. Si alguien piensa que mi idea es magnífica, no me convierte a mí en magnífico. El problema es que esta idea no está clara para todos los interlocutores. Entonces, muchas veces los festines, las cocardas, Las condecoraciones, pero también las intifadas, las piedras, los sepultamientos, se dirigen hacia la persona que es portadora de la idea. Y eso trae muchas dificultades y adversidades para la discusión de una idea. Si vos presentás una idea, yo tendría que estar en buenas condiciones para discutir la idea que presentás, con independencia de mi opinión respecto de vos. A quien probablemente no conozca. Lo mismo vos, si querés discutir una idea conmigo, deberíamos ser capaces de poder discutir esa idea y no de discutirnos a nosotros. No tendríamos que ser nosotros, las personas, las que están en juego cuando se discuten ideas, de la misma forma que no deberían ser ideas las que estén en juego cuando se discuten personas. Esto es sintónico con la pretendida necesidad de caernos bien, o de querernos, o incluso de amarnos. Yo no necesito amar a mi interlocutor para poder discutir, y no necesito que mi interlocutor me ame. Ni siquiera necesitamos caernos bien. Los pacientes no son las ideas que tienen y los analistas no somos las ideas que tenemos, sino lo que hacemos con esas ideas, la manera particular en la que pensamos, vivimos, creamos, mutilamos, fertilizamos esas ideas. La capacidad de pensar habla de mí. Y no la idea que pienso. Pero incluso eso, la capacidad de pensar hablando de mí, no soy yo. ¿Cuántas veces? Pensalo vos, no hace falta que me creas a mí. ¿Cuántas veces la gente asumió cosas de vos? Que eras bueno o malo, lindo o feo, inteligente o tonto. Genial o estúpido, basados en nada, sin conocerte, solamente atemperando una proyección extrapolada de ideas que presentaste o no. Y ese es uno de los problemas que a veces tenemos los analistas, que somos muy escuchados, pasamos muchas horas encerrados en el consultorio hablando y siendo escuchados, y entonces muchas veces pensamos que realmente tenemos muchas cosas para decir, que lo que decimos tiene que ser escuchado y que es importante. Y a veces la gente también tiene esa expectativa de nosotros. Por eso a veces se llama a analistas para que opinen en los medios de comunicación o que opinen públicamente sobre cualquier tema, sobre el cambio climático, un atentado, cuestiones geopolíticas, inversiones. Y los analistas muchas veces no tenemos nada para decir de eso. Por ahí sí la persona que somos. Pero entonces, ¿quién opina, la persona o el analista? Y la idea de una persona es, por ahí es valiosa o no, pero es la idea de una persona. ¿Por qué hay que esconderse atrás de cierta pretendida investidura de analista? ¿Quién soy yo al final del día? ¿Qué queda de mí cuando de mí no queda nada? Si yo no soy las ideas que presento y no soy la ideología que tengo, sino que esas son proxies míos, ¿quién soy yo? ¿Quién sos vos? Una respuesta posible, quizás incluso una respuesta psicoanalítica observable, es que yo soy la manera en la que construyo vínculo. Ahí estoy. Soy capaz de vínculos tiernos, soy capaz de vínculos íntimos. ¿Soy capaz de crueldad? ¿Soy capaz de dañar? ¿Y qué hago con esa capacidad? Quien es capaz de intimidad es capaz de dañar, tiene un gran poder y una gran responsabilidad. También es análogo a lo que pasa con vos cuando te relacionas conmigo. ¿Me lastimas? ¿Me cuidas? ¿Me amas? ¿Disfrutas si me duele? ¿Te hace bien? ¿Te alegra que me vaya bien? ¿Te alegra que me vaya mal? ¿Quién sos vos? Esta pregunta con la que Empezamos casi todas las entrevistas que tenemos en este podcast preguntando quién sos, y fíjate que cada uno responde de una manera distinta. Siempre es interesante ver cómo responden las personas. Es la misma pregunta que hace posible el análisis, que hace posible que alguien vea quién es otra persona por la manera en la que construye vínculo, por lo que hace con las ideas que se presentan. Hacer análisis como paciente es tener la oportunidad de aprender de la experiencia de alternativas a la manera de ser, que uno puede ser distinto a como es, que hay distintas maneras, colores, extensiones de uno mismo. Para poder ser. Y que en esta singularidad del ser cada uno es distinto, cada uno de nosotros es distinto. Entonces, de vuelta, julio. Capítulo 84. Va dando por el quede Celestín, piso unas hojas secas y cuando levanto una y la miro bien, la veo llena de polvo de oro viejo. Con por debajo unas tierras profundas como el perfume musgoso que se me pega en la mano. Por todo eso traigo las hojas a mi pieza y las sujeto en la pantalla de una lámpara. Viene Osip, se queda 2 horas y ni siquiera mira la lámpara. Al otro día aparece Tieni, todavía con la boina en la mano. Dis donk, se patansa. Y levanta la lámpara, estudia las hojas, se entusiasma. Durero, Las nervaduras, etcétera. Una misma situación, dos versiones. Me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, en tantas cosas que habrá en el aire y que no ven estos ojos, pobres murciélagos de novelas y cines y flores disecadas. Por todos lados habrá lámparas, habrá hojas que no veré. Y así, de Fulenagil, pienso en esos estados excepcionales en que por un instante se adivinan las hojas y las lámparas invisibles, se la siente en un aire que está fuera del espacio. Es muy simple: toda exaltación o depresión me empuja a un estado propicio a— lo llamaré paravisiones. Es decir, lo malo es eso, decirlo. Una actitud instantánea para salirme, para de pronto desde fuera aprehenderme, o de dentro pero en otro plano, como si fuera alguien que me está mirando. Mejor todavía, porque en realidad no me veo, como alguien me está viviendo. No dura nada, 2 pasos a la calle, el tiempo de respirar profundamente. A veces al despertarse dura un poco más, pero entonces es fabuloso, y en ese instante sé lo que soy porque estoy exactamente sabiendo lo que no soy, eso que ignoraré luego astutamente. Pero no hay palabras para una materia palabra y visión pura como un bloque de evidencia. Imposible objetivar, precisar esa defectividad que aprendí en el instante y que era clara ausencia o claro error o clara insuficiencia, pero sin saber de qué, qué. Otra manera de tratar de decirlo: Cuando es eso, ya no estoy mirando hacia el mundo, de mí a lo otro, sino que por un segundo soy el mundo, el plano de afuera, lo demás mirándome. Me veo como pueden verme los otros. Es inapreciable, por eso dura apenas. Mido mi defectividad, advierto todo lo que por ausencia o defecto no nos vemos nunca. Veo lo que no soy. Por ejemplo, esto lo armo de vuelta, pero sale de ahí. Hay enormes zonas a las que no he llegado nunca, y lo que no se ha conocido es lo que se es. Ansiedad por echar a correr, entrar en una casa, en esa tienda, saltar a un tren, devorar todo Chandieu, saber alemán, conocer a Orgenbaum. Ejemplos localizados y lamentables que no pueden dar una idea. ¿Una idea? Otra manera de decirlo: lo defectivo se siente más como una pobreza intuitiva que como una mera falta de experiencia. Realmente no me aflige gran cosa no haber leído Johann Eduard, a lo sumo la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, etcétera. La falta de experiencia es inevitable. Si leo a Joyce, estoy sacrificando automáticamente otro libro y viceversa, etcétera. La sensación de falta es más aguda en Es un poco así. Hay líneas de aire a los lados de tu cabeza, de tu mirada, zonas de detención de tus ojos, tu olfato, tu gusto. Es decir, que andás con un límite por fuera, y más allá de ese límite no podés llegar cuando crees que has aprendido plenamente cualquier cosa. La cosa, lo mismo que un iceberg, tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite. Y así es como se hundió el Titanic. Este Oliveira siempre con sus ejemplos. Seamos serios, Osip no vio las hojas secas en la lámpara simplemente porque su límite está más acá de lo que significaba esa lámpara. Etienne las vio perfectamente, pero en cambio su límite no le dejó ver que yo estaba amargo y sin saber qué hacer por lo de Pola. Osip se dio cuenta inmediatamente, cuenta, y se lo hizo notar. Así vamos todos. Imagino al hombre como una ameba que tira pseudópodos para alcanzar y envolver su alimento. Hay pseudópodos largos y cortos, movimientos, rodeos. Un día de esos se fija lo que llama la madurez el hombre hecho y derecho. Por un lado alcanza lejos, por otro no una lámpara a dos pasos. Y ya no hay nada que hacer, como dicen los reos. Uno es favorito de esto o de aquello. En esa forma, el tipo va viviendo bastante convencido de que no se le escapa nada interesante, hasta que un instantáneo corrimiento a un costado le muestra por un segundo, sin por desgracia darle tiempo a saber qué, le muestra su parcelado ser, sus pseudópodos irregulares, la sospecha de que más allá, desde ahora, ve el aire limpio, o en esta indecisión, en la encrucijada de la opción yo mismo En el resto de la realidad que ignoro, me estoy esperando inútilmente. Suite. Individuos como Goethe, que no debieron abundar en experiencias de este tipo, por aptitud o decisión. El genio es elegirse genial y acertar. Están como los pseudópodos, tendidos al máximo en todas direcciones. Abarcan como un diámetro uniforme. Su límite es su piel proyectada espiritualmente a enorme distancia. No parece que necesiten desear lo que empieza, continúa, más allá de su enorme esfera. Por eso son clásicos. A la ameba, a uso nuestro, lo desconocido se le acerca por todas partes. Puedo saber mucho, vivir mucho en un sentido dado, pero entonces lo otro se arrima por el lado de mis carencias y me rasca la cabeza con su uña fría. Lo malo es que me rasca cuando no me pica. Y a la hora de la comezón, cuando quisiera conocer, todo lo que me rodea está tan plantado, tan ubicado, tan completo y macizo y etiquetado, que llego a creer que soñaba, que estoy bien así, que me defiendo bastante y que no debo dejarme llevar por la imaginación. Última suite. Se ha elogiado en exceso a la imaginación. La pobre no puede ir un centímetro más allá del límite de los pseudópodos. Hacia acá, gran variedad y vivacidad, pero en el otro espacio, donde sopla el viento cósmico carril que sentía pasar sobre su cara, ya mi imaginación no corre. Odeto.
Y vos.
Vos que escuchás esto, ¿quién sos? ¿Cuál es el alcance de tus pseudópodos? ¿Hasta dónde llega tu sombra? ¿Te das cuenta que no somos nuestras ideas, que no somos nuestras condecoraciones?
I am not the person who is singing. I am the silent one inside. I am not the one who laughs at people's jokes. I just pacify their egos. I am not my house, my car, my songs. They are only stops along my way. I'm like the winter. I'm a dark, cold female with a golden ring of wisdom in my care. And it's me who is the enemy. Me who beats me up. Me who makes the monsters. Me who strips my confidence. I am carrying my voice. I am carrying my heart. I am carrying my rhythm. I am carrying my prayers. But you can't kill my spirit. It's so strong like a mountain. On and on, but when my wings are folded, the brightly colored mall blends into the dirt, into the ground. And it's me who is my enemy, me who beats me up, me who makes the monsters, me who strips my confidence, and it's me who's And it's me who's too shy to ask for the thing I love. And it's me who's too— and it's me who's too shy to ask for the thing I love. But I love, but I love, but I love. But I love, but I love. But I love. I am walking on the bridge. I am over the water, and I'm scared as hell. But I know there's something better. Yes, I know there's something better. Yes, I know. Yes, I know. Yes, I know. But I love my enemy. But I love me who beats me up. The broken love makes the monsters. The broken love, the broken love. Me who strips my confidence, and it's me who is my enemy. Oh, oh, oh, oh, oh. Me who makes the monsters, me who strips my confidence, but it's me. And it's me, but it's me, but it's me, but it's me.










