Millan Ludena recounts a personal episode from when he was ten years old in Ecuador: after fainting spells and medical tests he was diagnosed with epilepsy and told by a doctor that he should avoid activities because he might faint. He panicked at the thought of living without feeling alive, but his mother told him, “mijito, tienes que aprender a rechazar tu destino,” which reframed his situation: destiny is not imposed and must be defined or rejected by oneself.
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Quiero contarte una historia que fácilmente podría haber estado o yo la pude haber guardado en algún rincón en mi memoria. Diez años estaba en Ecuador y después de una serie de desmayos y una serie de exámenes y varias pruebas médicas, tuve el diagnóstico de que tenía epilepsia. Y el diagnóstico del médico venía acompañado de una frase que podría ser fácilmente sepultadora y decía no, es que no puedes hacer nada en tu vida, solo que como te vas a desmayar, mejor no hagas nada. Y yo lo que entendí vive sin hacer cosas con las que te sientas vivo. Y literalmente entré en pánico, empecé a sudar frío porque decía yo no quiero vivir sin sentirme vivo. Es como una gran paradoja y quien logra romper esa paradoja es mi mamá. Cuando mi mamá camino a la casa, íbamos en el camión, en el bus, yo iba en el asiento pegado a la ventana, mi mamá iba acá en un acto de utilizar esa valentía de esa poca energía que quizás quedaba en el momento, de esa valentía que tú solo la usas cuando realmente estás jodido y lo único que te queda es ser valiente. Mijito, tienes que aprender a rechazar tu destino. Y lo que yo estaba recibiendo era una especie de destino, de sentencia de destino. Y lo que mi mamá me estaba diciendo aprende a rechazar tu destino. Y esto fue mágico para mí porque me di cuenta que nadie va a definir mi destino, sino que yo tenía que definir mi propio destino.