Cómo salir del BULLYING y pedir AYUDA a tiempo | Ruben | #13 PODCRACKS

This YouTube Podcracks episode (hosted by Millán Ludena) interviews Rubén, a Spanish rugby coach who recounts leaving studies and moving to Auckland, New Zealand with support from his brother to pursue coaching. He worked illegally washing dishes 12h/day for months, experienced depression and guilt, then reframed those struggles as means toward learning (using each washed plate as progress). Persistent outreach landed him access to New Zealand Rugby Union Level 3 training (course by invitation for ~25 people across Oceania); he paid the course gradually while training a club team to meet assessment requirements. After qualifying he returned to Spain, worked in the Spanish Rugby Federation, later moved to Mexico to coach the national team — helping them rise from ~#76 to ~#42 in the World Rugby rankings — and developed social programs using rugby (prisons, low-income kids, disability). Throughout he connects rugby principles (forward movement, teammates always behind you, the scrum, third half) to leadership, teamwork, and service.
Chapters
Y de repente por ahí aparece mi hermano, que es como ese ángel de la guarda que parece que te está observando. Y me llama. En aquel momento estaba viviendo en Montpellier, me rubén, además, sin preguntar y sin nada, me llama. Te acabo de pagar un curso de inglés en Auckland, Nueva Zelanda, y te voy a dar dinero para dos meses de una casa compartida con seis personas más para que vayas al lugar donde el rugby es una auténtica religión, aprendas de los mejores del mundo y puedas hacer de eso que tanto te apasiona porque tu profesión. Y yo llego a vivir mi sueño titánico y ahí estaba fregando y quitando toda la porquería y mierda que acumula en un restaurante.
¿Cómo vives con eso?
Mal. Yo te lo juro, estaba de verdad al borde de la depresión. Me sentía un traidor, me sentía que no valía nada, me sentía que mi vida de verdad en ese momento. Entonces digo, pero por el amor de Dios, ¿Qué hago aquí? Aparte la sensación de vértigo de saberte a medio planeta tierra de tu casa y haber hecho esto y saber que no le importas a nadie y está solo, estás solo, no tienes recursos. Cada una de las decenas de miles de platos que lavé me acercaron al lugar que después llegué. Pero hasta que no le di ese cambio de significado, hasta que no resignificamos la realidad que estamos creyendo vivir, no le das ese enfoque que necesitas para alcanzar lo que quieres alcanzar.
Hola, ¿Qué tal? Millán Odeña por acá y bienvenido. Bienvenido a un nuevo episodio de Podcrack 1. Un espacio en donde me reúno con cracks para hablar de los momentos cuando no precisamente lo eran. Cuando todo era imposible, cuando todo era lejano, cuando ni siquiera hablábamos el idioma, cuando nadie te contesta el teléfono te abre la puerta nada. Cuando lo razonable sería llamarle imposible y por lo tanto no intentarlo. Y por alguna razón alguna razón decidimos pensar que es posible y en esa línea intentarlo. El tiempo y el esfuerzo propio terminan convirtiéndolos en cracks. Por qué es lo que quiero hoy explorar con Rubén. Una historia fascinante de cómo terminas convirtiéndose por decisión propia en un entrenador profesional de rugby desde un país en donde no precisamente es el deporte principal y formándose en la cuna, en la Meca, en un idioma en el que no estaba. Mil malabares, mil aventuras, mil momentos de caerse, levantarse, caerse, levantarse y saber que estás muy claro con lo que quieres y por lo tanto dispuesto a a pagar el precio que tienes que pagar.
Rubén, buenos días, muy buenas, un placer estar contigo, orgulloso de estar aquí compartiendo contigo, compartiendo con tu audiencia, admiro mucho tu historia, es muy estimulante, me encantaría entrevistarte a ti pero me toca estar entrevistado así que hablaremos un poquito más de mí y un placer de nuevo compartir con todos ustedes.
Muchísimas gracias Rubén, muchas gracias por estar acá.
Un placer. Millán, entiendo que vienes viajando. Viajecito, viajecito, largo viajecito con varias paradas, pero bueno, afortunadamente ya aquí contigo tenía muchas ganas de juntarme contigo así que el viaje ha merecido la pena.
Gracias, muy amable, gracias por tu cariño. Oye, te pongo un escenario rapidito para ubicarnos en tiempo y espacio. De repente hay un país en el que el rugby no es el deporte principal, de hecho no entra en los primeros 5 tal vez o quizás 10, un deporte más y allí hay alguien que resuelve dejar ese país para convertirse en entrenador profesional de ese deporte que ni siquiera está en los primeros puestos y se va a formar a la cuna de ese deporte sin saber el inglés de esa cuna, sin saber el idioma de esa cuna. Cómo ocurre eso, o sea estoy ubicándome en tiempo y espacio. ¿Cómo decidiste ir allá?
Pues mira Mian, yo creo que a veces hacemos locuras que uno no entiende y después uno empieza a encajar las piececitas del puzle. Yo empiezo a jugar rubí con 10 años en España, mi mejor amigo que estudiaba en una escuela francesa, en el ICEO francés, en Francia el rugby es muy fuerte y había una cancha de rugby dentro del colegio y el profe de gimnasia le decía venga muchachos, inviten a sus amigos, engáñenles como sean para que prueben este deporte Así que con 10 años voy a probar ese deporte, yo no estudiaba en aquel colegio, voy a probarlo con un poquito de miedo. Este deporte era nuevo, a mí me llamaba la atención aquello del combate, el contacto, siempre me gustaba el boxeo, el fútbol americano y tal, fui a probar, comí golpes por todos lados y no sé cómo seguí y seguí y seguí. Se me metió tanto en vena al deporte que hoy en día a mis 44 años, 34 años después ahí estoy todavía súper enamorado del deporte. Me empiezo a enamorar del deporte. Con 20 años me lesiono el hombro, dejo de jugar al rugby y mi interés era seguir vinculado al rugby. Por ahí aparece mi hermano en escena, mi hermano mayor me rubián, hay cursos de entrenador de rugby, ¿Por qué no te haces un curso de esto? Yo te lo pago. Mi hermano está viviendo en Dublín, él estaba, trabajaba recogiendo los vasos de los antros y me dijo yo te pago el curso, busca y búscalo, o sea.
Entrenador, porque tu primera opción del ser jugador ya no estaba en la cama.
No estaba, no estaba. Con 20 años me lesiono el hombro y digo híjole, ¿Qué hago? ¿Sigo, no sigo? Y por ahí aparece la oportunidad de entrenar, empiezo a estudiar este curso que me lo ayuda mi hermano a pagar y me empiezo como a hiper mega enamorar de ser entrenador, digo esto me gusta más que jugar, cosa rarísima. Y empiezo a entrenar a niños de 5 o 6 años, 7 años, empiezo a estudiar y mi hermano me dice es que Rubén, cuando eras pequeño en los cuadernos de los libros de matemáticas y de lengua tú no subrayabas ni hacías nada, tú ponías todas las jugadas de rugby, las ponías en tu cuadernito cuando eras jugador. Ostras, es cierto. Yo cuando era pequeño en los juegos de VGA 16 colores, fíjate lo que hacía Mian, yo agarraba, ponía a todos los jugadores de la liga española en sus clubes y en lugar de jugar con ellos y con el control los ponía a jugar solos en automático y yo lo que hacía era ver y decía este jugador me gusta, este está jugando bien y yo me hacía mi propia selección española sin yo jugar. Me pasaba horas y horas viéndoles jugar automáticamente una computadora para hacer mi selección y así yo con la selección española me ponía a jugar con ese equipo sin ser consciente. En aquel momento lo que realmente a mí me gustaba era observar, seleccionar, armar mi equipo y con mi equipo yo jugar.
Y siempre entendiste la vida como un sistema.
Sí, totalmente, totalmente. Entonces yo empezaba a leer toda la estructura de los equipos y la estrategia. Entonces me pongo a entrenar, me empieza a encantar y yo quiero vivir de esto. Pero en España nadie vivía del rugby en aquel momento, todavía menos. Y llegó una época un poquito complicada en mi vida. Yo tenía unos veinticuatro, veinticinco años. Yo había empezado la carrera de economía, pero no me gustaba mi carrera. Lo que pasa es que uno trata de querer, gustar y satisfacer lo que los papás buscan, que su hijo no le falte de nada en un futuro. Y economía es la carrera que da más salida, una carrera que no me gusta. No aprobaba algunas asignaturas, no iba mucho a clase, me ponía a entrenar a uno, a otro equipo, a otro equipo. Millana, había momentos, había años que entrenaba hasta 8 y 9 equipos por temporada, niños de 5 años, de 12 años, de 16 años, selección de Madrid, selección española 17, la sub 20. Y entre todo agarra un poquito de dinero por aquí, un poquito de dinero por allá, 100 dólares, euros, 200. Y yo me sentía que estaba viviendo profesional, pero eso era insostenible en el tiempo, porque era todo el día entrenando, no iba a clase, me sentía mal, o sea, vivía en un momento muy turbulento. Y de repente por ahí aparece mi hermano, que es como ese ángel de la guarda que parece que te está observando y me llama, en aquel momento estaba viendo Montpellier, me dice Rubén, además sin preguntar y sin nada, me llama te acabo de pagar un curso de inglés en Auckland, Nueva Zelanda, y te voy a dar dinero para dos meses de una casa compartida con seis personas más para que vayas al lugar donde el rugby es una auténtica religión, aprendas de los mejores del mundo y puedas hacer de eso que tanto te apasiona tu profesión.
Quiero entender ahí tu hermano hizo eso.
Sin preguntártelo, sin preguntarme, sin decirme, sin nada. Él vio a ver, este ser humano está estudiando una cosa que no le gusta, está malgastando su vida, está tirando a la basura sus talentos, no puede seguir así. Yo no me hubiera atrevido, Millán, jamás, te lo digo y de palabra de corazón, jamás me hubiera atrevido a abandonar mi carrera de economía, abandonar mi vida en Madrid, si no llega a aparecer mi hermano, me da ese empujón como diciendo o abres las alas o el madrazo que te vas a pegar es monumental, tú sabrás qué haces. Yo no me hubiera atrevido porque para mí significa mucho peso de no satisfacer a mis padres, de ser un mal hijo. Cómo te vas al otro lado, Son las antípodas españolas, mías, no hay lugar más alejado del planeta Tierra desde Madrid que Oakland, no hay lugar. Y me fui sin dinero, sin saber hablar inglés, sin amigos, sin nada más que la ilusión de poder aprender de los mejores del mundo.
Cuando hablas de tu hermano, ¿Es tu hermano mayor?
Es mi hermano mayor.
¿Y tu relación con él siempre fue paternal, como lo estás contando?
Siempre hemos crecido juntos en mi casa, vivíamos los dos en la misma habitación, compartíamos muchas horas. Él fue siempre el que iba abriendo camino, era un poco el rebelde de la casa, yo el más buenecillo, pero bueno, él me abría el camino y él siempre fue como el protector, un corazón enorme y siempre ha tendido a dar al resto, incluso más de lo que se da a sí mismo. Y él debió ver crisis en mí, debió ver un momento complicado en mí y me dio ese empujón y me dijo Rubén, márchate. Así que ahí me fui. Y claro, ¿Qué pasó? A los dos meses, cuando se me acabaron las clases de inglés, cuando se me acabaron los dos meses de renta, yo vivía compartiendo con seis personas de diferentes países del mundo y oye, ¿Ahora qué hago? Tenía dos opciones, ya me quedé sin dinero y no tenía más clase de inglés ni más manera de pagar mi piso ahí, mi departamento. Tenía dos opciones, o me regresaba a España, donde no me faltaba el cocido madrileño, la tortilla de papas de mamá, el calor de un hogar, o me quedaba en Nueva Zelanda huyendo hacia adelante y persiguiendo ese sueño que tanto me había entusiasmado de que era un niño chiquito. Así que obviamente, los que estamos medio chalaos, tú sabes perfectamente de qué hablado. Pues ahí me quedé, ahí me quedé. Y claro, mi visa era de turista, yo no podía ni trabajar, ni podía estudiar legalmente, así que mi único recurso fue encontrar un lugar, un restaurante, y trabajé ahí como ilegal, lavando platos, vasos, fregando suelos durante 12 horas al día, de 6 de la mañana a 6 de la tarde, 6 días por semana, por 15 meses. Y ese fue mi trabajo durante los dos primeros meses de ese trabajo. Me sentía sin valor. Yo creo que estuve, de verdad, yo creo que pasé por un momento de depresión y no fui consciente. Imagínate, Millán, con 25 años, habiendo abandonado la carrera inconclusa, habiendo abandonado todo, creyendo que de alguna manera no estaba a la altura de lo que mis papás esperaban mis papás se entregaron y me dieron todo lo que ni ellos tuvieron porque ellos no fueron a la universidad para que sus tres hijos tuvieran un futuro mejor. Y yo llego, abandono todo y me voy a Nueva Zelanda a vivir mi sueño titánico. Yo en ese momento estaba pero amor de Dios, Rubén, ¿Qué estás haciendo? Y me veía lavando platos y me venían los recuerdos de mi papá trabajando día y noche, mi mamá de ama.
De casa, sus papás precisamente para que no hagas eso.
Precisamente para que no haga eso. Mis abuelitos maternos trabajaban labrando el campo de sol a sol, no les alcanzaba ni para comer. Por eso emigraron a Madrid para un futuro mejor, a mi mamá, a mis tíos. Y yo llego a vivir mi sueño titánico. Y ahí estaba fregando y quitando toda la porquería y mierda que acumulan un restaurante.
¿Cómo vives con eso?
Mal. Yo te lo juro, estaba de verdad al borde de la depresión, me sentía un traidor, me sentía que no valía nada, me sentía que mi vida de verdad en ese momento pero por amor de Dios, ¿Qué hago aquí? Aparte la sensación de vértigo de saberte a medio planeta tierra de tu casa y haber hecho esto y saber que.
No le importas a nadie, a nadie.
Y estás solo, estás solo, no tienes recursos. Yo comía, yo comía los noodles estos, no sé cómo le llaman aquí, los maruchas que se llaman las sopitas estas. Comía eso con un huevo estrellado encima y eso era mi comida de lunes a viernes porque no me alcanzaba para más, o arroz igual con un huevo y comía eso todos los días porque no me alcanzaba para más. Me pagaban ahí semanalmente, por debajo de la mesa, como dicen allá en Nueva Zelanda, pagaban semanalmente, iba a pagar mi renta un celular de estos que era de segunda mano, el más barato que había. Mi vida era que si mañana me pasa algo no tengo ni cómo agarrar.
Un taxi para entender un poco mejor el momento económico ahí en comida que podría haber sido un lujo ahí que era un lujo.
¿Sabes cuál era mi lujo? Todos los domingos. No trabajaba el domingo. El domingo es para mí, mi domingo perfecto era levantarme a la hora que me diera la gana. Y esa que era, tampoco era tarde, como nueve, diez de la mañana, un baño. Yo vivía en Upper Queen Street, arriba del todo y mi día domingo perfecto era bajarme todo Queen Street, la calle larguísima hasta el puerto, puede ser más o menos una hora caminando. Y en mitad del camino me paraba en el Starbucks, me compraba mi Frappuccino de chocolate tamaño Benti con nata con crema on top. Y ese era mi ultra mega capricho semanal. Sabía a gloria. ¿Pues híjole, en aquel momento, que serían? ¿Cinco dólares más o menos americanos? Son como diez dólares neozelandeses más o menos. Eso era como Rumen, te has vuelto loco de lunes a sábado estás comiendo las Maruchan, estas con los huevos estrellados y llegas el domingo y te compras esto. Pero es que era como.
Me sabía gloria y la importancia de.
Darte un poco el valor y el lujo de decir, este es mi momento. Camino y caminaba hasta el puerto, yo me ponía a escuchar mucho mi música, me encantaba caminar.
Y caminaba orgulloso con tu vaso.
Y caminaba con mi vaso. Cada sorbito que daba era como me está saliendo a gloria aquí. Se me ha ido media jornada laboral, pero me sale a gloria este trago se me fue una hora, pero qué maravilla. Y es que creo que hay que darnos ese sentido a lo que cada uno va haciendo, porque si no hay que encontrar un balance. Pero ese era mi balance. Seis días de nada y un día de un Starbucks tamaño Benti, un Frappuccino de chocolate con nata on top. No se me olvidarán nunca.
Y lo sigues pidiendo así años más tarde.
Sí, sí, siempre cuando hace calor lo pido así. Exactamente. Un Frappuccino chocolate Benti con crema arriba en todo. Entonces ese era mi caprichito y.
Y me da la impresión que también era el elemento que creaste para combatir este sentimiento de culpa, de vergüenza.
Sí, posiblemente fuera algo que a mí me satisfacía de alguna manera satisfacía la necesidad de sentirme valorado, de yo auto cuidarme, aunque mucho cuidado, eso no te da para tu cuerpo, pero en alguna manera como de valorarme lo que estaba haciendo y decir no, solamente estoy lavando plato, pero yo estaba, de verdad estaba muy tocado, mentalmente muy tocado. Imagínate estar 12 horas lavando todo, salpicadura, estoy lleno de porquería y mierda. Yo era el último que me iba de la cocina mal, no hablaba con nadie, estaba encabronado todo el día. Y de repente llegó un momento muy crítico. No se me olvidará que me saca la basura. Yo era el hombre que sacaba la basura ahí los tenemos que sacar varias veces, porque en un restaurante, imagínate la cantidad de porquería que cubos gigantes. Voy a. Agarro toda la bolsa, la cierro por la cocina, trato de salir por detrás de la cocina y estaba cerrada la puerta, que los contenedores estaban detrás y no pensé, no se me ocurrió, me llevé la bolsa arriba en plan rollo Santa Claus, llena de porquería, yo lleno del delantal, todo lleno de porquería. ¿Y no se me ocurrió otra cosa que salir por donde estaban los comensales, todas las mesas para poder mi misión es salir a la calle, tirar la basura, me lo han pedido, yo salgo ahí y sabes de esto, Mian? Que de repente los burruyes se callan y noté como 20 miradas clavándose así de arriba abajo, como diciendo ¿Este ser humano de dónde ha salido? Lleno de porquería, con esa basura qué hace aquí invadiendo nuestro espacio, que lo que queremos es tener una buena comida agradable. ¿Este hombre dónde ha salido? Me sentí totalmente desnudo en ese momento me sentí una porquería, me sentí la cosa menos, menos valorada del mundo. Saqué la basura, me metí y lo clásico, me fui al baño y me miré en el espejo Y de verdad que me miré en el espejo, ¿Qué carajo estás haciendo aquí? Si tu papá, tu mamá te viera, ¿Qué pensarían de ti ahora mismo? Que seguramente el pensamiento sería hijo, tira para adelante, En ningún momento sentirán vergüenza, en ningún momento sentirán pena. Pero yo me hacía esa pregunta, yo aquí haciendo, jugando a mi sueño titánico y mis padres que no se han entregado en cuerpo y alma y yo les pago de esta manera.
¿Cuál fue el sentimiento?
Sentimiento de culpa, sentimiento de vergüenza, sentimiento de no algo, sentimiento de para qué estoy aquí tanto de persigue tu sueño titánico. Y ahí es cuando hice clic y dije a ver Rubén, tú no has venido a Nueva Zelanda a lavar platos, tú has venido a Nueva Zelanda a aprender los mejores del mundo del rugby, aprender de ellos y hacer de esta pasión una profesión. Entonces a partir de ahí, de verdad fue como un cambio de perspectiva. Hice como un clic que dije espérate, los platos no es un fin, es un medio, El fin es el otro, es ponerme a aprender de los mejores del mundo.
Entonces ahí seguías en el baño.
Ahí seguía con toda esta paranoia en el baño seguía con este diálogo interno y Javier, Rubén, tú no has venido aquí a lavar platos, tú has venido a ser entrenado profesional de rugby y no estás haciendo nada por ser entrenador profesional de rugby. Lo único que eres es un lavador ilegal de platos, amargado tú amargado con todos tus compañeros de la cocina y no estás progresando ni yendo hacia ningún lado. Y ahora te sientes apenado, te sientes culpable, te sientes con ansiedad, te sientes triste. Y dije no, es la propia realidad.
Que acabas de elegir.
Total. Pero me fui allí y no estaba haciendo nada para lo cual yo me había ido ahí y dije no, espérate, cada plato va a ser un medio que me va a ayudar milimétricamente a estar más cerca de ese sueño que me he comprometido a llegar.
Increíble cómo le cambias el significado.
Cuando cambias el significado, Millán, lo cambia absolutamente todo. Mi actitud fue como pum. Claro, ya está. Esta es la clave. Cada platito, gracias. Es un pasito más. Cada una de las decenas de miles de platos que lavé me acercaron al lugar que después llegué. Pero hasta que no le di ese cambio de significado, hasta que no resignificamos la realidad que estamos creyendo vivir, no le das ese enfoque que necesitas para alcanzar lo que quieres alcanzar. Y la realidad es la misma, es el enfoque que tú le das y el significado que tú le atribuyes a eso que te estás contando cada día lo que me estaba amargando. Y de verdad, en ese clic, pum. Cambió por completo. Pero cambió hasta mi actitud. Yo era el mismo tipo que llegaba a las seis de la mañana amargado a la cocina a lavar platos y pasé a ser un tipo que a las seis de la mañana llegaba silbando, cantando y que empecé a relacionarme con mis amigos de la cocina que me tenían como el amargado que ha venido, esta cosa que hace aquí, amargada.
Esa noche ¿La recuerdas?
Sí.
¿Ya llegaste a la casa?
Llegué a la casa. La sopita además. Sí, recuerdo perfectamente.
¿Qué pasó? Cuéntame, cuéntame. Esa noche.
Esa noche llegué y lo primero que hice fue prender mi computadora que tenía me ha traído desde España y dije a ver clubes, cursos de rugby. Empecé a buscar como un loco poseso todas las opciones que me ayudarían a trazar un caminito para ser entrenador profesional de rugby. Dije, a ver qué puedo hacer aquí en Nueva Zelanda. ¿Qué harías si tuviera la oportunidad? Aprender curso, curso, curso. ¿Que más? Entrenar donde hay clubes de rugby, etc. Me puse a buscar todos los cursos que había, y llegué a uno que era el nivel 3 de la New Zealand Rabbit Union, que es el nivel más top que había en Nueva Zelanda. Y ponía tal día. Es un curso que se hace cada dos años, que se hace solamente por invitación, para 25 personas, y que se hace solamente para toda Oceanía. Es decir, Nueva Zelanda, Australia, Tonga, Samoa, Fidji. ¿Has visto la peli de Moana? El tipo tiene un pecho gigante. Toda esa gente de Oceanía, de todos los países, seleccionaban a 25 y se juntaban en Auckland a hacerlo. Durante todo el año tenían que hacer varios viajes a Auckland. Me puse a escribir a la Auckland, no me contestaba nadie. Me volví a escribir. Pasaban los días, puse a escribir, a escribir al séptimo correo. Fue cuando ya me respondieron por pesado, no me va a ganar nadie. Yo me hice como una promesa en aquel baño. Aquella noche me puse a buscar como loco poseso, opciones, recursos, correos, para ser entrenado profesional de rugby y usar cada plato para llegar a serlo. Y conseguí un contacto y le escribí. Hasta la séptima vez no me contestaron. Y me vale, venga, vente aquí y nos vamos a juntar, nos vamos a conocer. Me centraron ni más ni menos que en el Eden Park Stadium, que es el estadio donde Nueva Zelanda ganó la primera copa del mundo en el 87, en la primera copa del Mundo de toda la historia. La con Nueva Zelanda en ese estadio. El tipo de la Oakland Rabbi Union me cita allí. Yo trabajaba, me cito como a las 6 de la tarde, que era cuando yo salía de trabajar. Habló con mi jefe, un enamorado del rugby, Jefe, jefe, necesito, tengo una entrevista aquí, por favor déjame ir. Me perfecto, yo te apoyo, te dejo salir antes, siempre y cuando no hay una demanda de trabajo excesiva como para que puedas ir. Usted no se preocupe. Leire Murphy El trabajo aquel día no se acababa ni de bromas. El día de los más llenos, por amor de Dios. Y además me dijo el por favor, sé puntual, porque acabo de ser papá y quiero disfrutar las tardes con mi hija. Y yo había comprado un Me fui a comprar una tiendita. Todavía se van los DVD Buscando a Nemo, que acaba de salir, la compré. Digo, bueno, pues para que Tengo un regalo para su niña. Imagínate cuántos Starbucks me costó ese 100. Salida. Lo compro y todo. Pues nada, no se acaba el trabajo y mi jefe dijo, no te puedo dejar salir. Yo todo de manchas, todo por todos lados, imagínate. Y dije, no, pues espero, acabo y me voy. Entonces mi plan era llegar a mi casa, bañarme, agarrar un autobús, irme al estadio, llevar el regalito y hablar con él. Obviamente no llegaba a tiempo. Tuve que ir tal cual. Salí lleno de porquería y oliendo a suciedad infinita. Me agarré un taxi porque no pude alcanzar al autobús. El taxi me costó más de lo que ese día me gané trabajando las 12 horas, lavando platos. Y ahí me presento, hecho una porquería con el DVD de Buscando a Nemo. Y el tipo esperándome ya debajo del estadio porque estaba diciendo, si no viene, me voy.
Will SMITH EN BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD.
Más o menos llego, le digo, Tom, esto es un regalo para su hija. ¿Pero dónde que llegue tarde? No, no, sube. Me sube a las oficinas, me empieza a hablar así hay cursos, tal está este, el nivel 3. ¿Y puedo ir como oyente? Sí. Digo, mira, yo no sé hablar mucho inglés, pero quiero acabar hablando inglés. Entonces sería bueno para mi inglés y será bueno observar. A mí no me acredites nada. Yo hay los 25 de toda Oceanía y Rubén por ahí al fondo. ¿Puedo? El tipo me dio pena, vergüenza. Venga, va, vente. El primer día del curso se juntan todos de Australia, Samoa, Tonga, Fiji, Nueva Zelanda. Se juntan en el estadio. El nivel 3 eran 25, más Rubén, 1 españolito por ahí, yo al fondo. Ese día estaba perplejo, alucinando. Estos entrenadores profesionales, los profesores. Es el que entrena a Oakland Blues. Yo estaba alucinando. Acaba el primer día, nos lleva a tomar unas cervezas y a comer unas pizzas. Cuando llevaba yo dos cervezas de este tamaño en el cuerpo, me acerqué de nuevo al tipo buscando a Nemo y le llamaba Sean Boderway. Quiero hacer una petición. El tipo yo creo que todavía me tiene en su inconsciente. Todavía sueña conmigo, ¿Sabes? ¿Por pesado qué quieres ahora? Mira, déjame hacer el curso como el resto. ¿A qué te refieres? Que no quiero ser oyente. Quiero hacer el curso como los 25. Quiero luchar por acreditarme y pasar el nivel 3. Es decir, no quiero solamente estar observador, quiero luchar para ver si soy capaz de sacar ese nivel, que es el más alto que hay en Nueva Zelanda. Y el tipo me mira, mándame todas tus acreditaciones, mándame tu currículum, tus historias y voy a pensarlo. Se lo mando y tengo que validarlo con la Unión. Lo valida. Yo había trabajado en la Federación Española con equipos nacionales, diferentes selecciones españolas. Daba como cierto peso. Me llama y me OK, me han dicho que sí. Solo una condición, para poder sacarte el nivel 3 necesitas un equipo al que entrenar. Si consigues un equipo al que entrenar durante todo el año, porque necesito ir a verte, observarte varias veces, evaluar 50 competencias, mandar trabajos. Y le OK, vale, vale, perfecto. Busco un curso.
¿Y el curso costaba?
¿El curso costaba? Sí, para los invitados. A mí me costó. A mí me costó. Yo lo fui pagando. Yo pedí que si lo podía ir pagando mes a mes. Él me dijo que no había ningún problema. Yo ahí le iba pagando, iba juntando mi dinerito para pagarle el curso.
Y ese dinero salía del refrigerador, de los lavos.
De lavar los platos. De lavar los platos.
¿Y te apretaste más?
Me apreté más.
¿Cómo hiciste?
Y me fui a una habitación diferente a la que yo estaba en la casa para poder compensar eso. Claro. Y entonces me pongo a buscar y de nuevo esa tarde llego a mi casa como loco. Me puse a buscar clubes cerca de mi casa. Hay que entrenar clubes, clubes. Y aparece uno. Al día siguiente agarro autobús, otro autobús, llego a la cancha. Hola, soy Rubén y quiero entrenar. Así imaginé, con mi inglés arcaico por completo. Se me queda mirando el tipo que había por ahí. ¿Pero tú quién eres? No, me llamo Rubén y quiero entrenar. Pero ¿De qué juegas? Que no quiero entrenar de jugador, que quiero entrenar a algún equipo. ¿Qué puedo hacer? Espera, espera, que voy a llamar al director de rugby del club. Los clubes de rugby en Nueva Zelanda tienen como una sede social de madera muy bonita, donde toman sus cervecitas, todo lleno de jerseys colgados, muy tradicional. Y aparece un tipo de unos cincuenta y tantos años, viene y me hola, hola, soy Rubén. Quiero entrenar, pero ¿De qué juegas? Otra vez. Que no, que quiero entrar, entrenador. Me ¿Pero tú de dónde eres? Yo a España. ¿Y qué haces aquí? Digo, pues tratar de aprender inglés, rugby, vivir mi experiencia. ¿Que? ¿OK, pero estás solo? Sí. ¿Y no tienes ni amigos? Los que voy haciendo mientras que lavo platos. Pero ven, te enseña el club. Me mete en el club, empiezo a ver camisetas de los All Blacks colgadas por todas las paredes de los años sesenta, setenta. Digo ostras, que de jerseys de los All Blacks. ¿Y me dice Sí, sí, es que no sabes en qué club estás? Cuando dijo eso, yo sospeché que algo mal estaba de yo no conocer dónde me había metido. ¿Disculpe, pero no estás en el club que más All Blacks ha generado en toda la historia de Nueva Zelanda? Cuando mi hijo eso, yo me quería tierra, trágame. Pero después me ¿Tampoco sabes quién soy yo? Y ahí ya sí que salir corriendo Millán diciendo obviamente es el primero que me aparecía en Google. Y digo no, pues no soy Brian Williams. Jugué más de 100 partidos con los All Blacks, una leyenda en Nueva Zelanda. ¿Había entrenado también a Samoan, Copas del.
Mundo en fútbol, el equivalente a quién?
Pues sería ahora mismo de moda un Ancelotti. Alguien de ese nivel me saca un libro, me lo firma de él y tal y cual. Y me mira, vente después del verano, porque empezaba el verano ahora, y veo si te puedo dar algún equipo. Pasa el verano, me ofrece un equipo al que entrenar. ¿Me voy otra vez al Sean Borderweld buscando a Nemo y que? Ya tengo un equipo al que entrenar. Por favor, dame la oportunidad de hacer el nivel 3. Te juro que no te vas a arrepentir de la decisión. Es más, sé que mi nacionalidad es española, pero es que la nacionalidad no te da ni te quita las competencias. Déjame que te demuestre lo que puedo llegar a lograr. Te juro que me voy a esforzar más de lo que ninguno de los otros 25 compañeros lo va a hacer. Me dio la oportunidad de hacer el curso. Y ahí, semanita tras semanita, yo acababa mi semana, salía a trabajar, me llevaba mis deberes, mi vida era lavar plato de seis a seis. Los martes y jueves me iba a entrenar al club. Lunes, miércoles y viernes me quedaba estudiando mi curso. Sábado jugar con el partido con el equipo, el partido a la semana. Domingo mi paseo con mi Starbucks y por la tarde estudiar. Y eso, así se convirtió mi vida.
¿Qué se siente cuando sabes que tienes un norte y sobre todo que estás ejecutando el norte?
Claridad, satisfacción, esperanza. Ilusión. Ilusión. Yo me conozco muchas veces por cómo camino, cuando voy por la calle, hay veces que voy caminando, muchas veces voy a a mediana velocidad, sin intención y demás. Cuando de repente tengo una idea en la cabeza, o sé que estoy viviendo el propósito, sé que estoy consiguiendo cosas, es que mi ritmo va, voy a una velocidad.
¿Caminas más rápido?
Mucho más rápido, y cada pisa es mucho más fuerte. Y creo que cuando tengo N erguido y la fisiología cambia por completo, y a veces ya me empecé a dar cuenta en esos momentos de que mi manera de caminar, que parece una estupidez, para mí es un termómetro de qué tanta claridad o no tengo, de qué tanto propósito tengo o no tengo, de qué tanto entusiasmo tengo.
¿Y cómo caminabas esas semanas?
Imagínate, iba con entusiasmo, como digo, pecho, palomo, mentón para arriba. Claro, ibas a matar, pero a muerte. Una energía totalmente diferente. Y es que desde esa energía somos capaces de construir cosas totalmente distintas, mucho más potentes, mucha más creencia en ti mismo. Y esa creencia se contagia en el resto. Siempre digo que los comportamientos tienden a imitarse. Los comportamientos tienden a derramarse por los equipos. Somos sistémicos, totalmente imposible, como dicen por ahí, impactamos aunque sea en nuestro metro cuadrado de influencia. Y es que se derraman por los equipos. Tu comportamiento, como tú hagas, aunque sea a tu pareja, a tu familia, a tu equipo más cercano, los vas a impactar. Se imita. Tu comportamiento se imita. Entonces mi energía era por todo lo alto. Por todo lo alto. Terminé después de los 15 meses acreditándome con el nivel 3 de entrenador profesional. Pasé todas las competencias, pasé todos los exámenes, pasé todo y me dieron mi certificado. Regresé a España y ahí es cuando ya me dieron mi primer contrato a tiempo parcial en la Federación Española de Rugby y a medio tiempo también con mi club de toda la vida, francés, pero ya entrando al primer equipo. Y poco a poco empezaron a funcionar bien las cosas y en la federación empezaron a darme más responsabilidades, hasta que lleve varias selecciones nacionales de hombres y de mujeres, y llevar la co dirección deportiva de la federación, que es como lo más alto. Y después de ahí me dio una oferta de México, a la cual postuló para ella me ofrece. Yo regresé a España, había regresado de Nueva Zelanda, con la certificación, con todo, ya acabé, me fui a España. Cuando me dieron la parcialidad, los trabajos, trabajo ya a tiempo completo. En España ya vivía realmente de mi sueño real. Estoy entrenando, estoy viviendo el rugby, mi día es rugby todo el día. Y. Y de ahí brinco a México con la posibilidad de trabajar y venir aquí a llevar diferentes proyectos, entre otros entrenar a la selección mexicana de rugby. Y en medio surge algo que también me cambia la vida, que es meses antes de irme de España, yo estaba en la Asociación Española con la dirección deportiva. Sé que me voy a ir a México en septiembre me iba. Y esto era como a principios de año. Dije, tengo que hacer algo y usar el rugby como un vehículo educativo. ¿Cómo puedo usar esta que es mi pasión para que sirva a la sociedad? Dije, ahí está. Vamos a hacer tres proyectos. Uno para meter el rugby en la cárcel, otro para meter el rugby y ayudar a niños con poca capacidad económica, y otro para meter el rugby en entornos con niños un poquito con discapacidad mental y demás. Primera actividad que hago, vamos a la cárcel, meto el rugby, los presos encantados de jugar rugby. Yo pensaba, estos tipos algo mal han hecho, pero qué bien me han caído. Así que fui otra vez, hablar con el rector, oye, puedo ir otro día, pero esta vez no quiero hablar de rugby, quiero darles una charla. Yo recién llevaba Desde el año 2006 más o menos, capacitándome en temas de coaching, PNL, inteligencia emocional, liderazgo. Quiero hacerles algo que les ayude. Me dan la opción de ir para allá. Llego a la cárcel, auditorio lleno y hostia, sí que están interesados en su desarrollo personal. Después me espérate, es que es la única vez en el que al pabellón de hombres y al pabellón de mujeres les dejan estar juntos cuando hay actividades socioculturales. Qué cabrones estos han venido a ligar, no, han venido a escuchar a mí y a su desarrollo personal. Así que bueno, funcionó la charla y al salir me pasó algo muy curioso. Salgo y me dice una muchas gracias Rubén y tal. No, no, gracias a ustedes, gracias de verdad. La tipa como muy insistente, se alza un poquito la manga y me muestra una cicatriz que estaba todavía fresca. Esa mujer se había intentado quitar la vida un par de semanas antes. Y me gracias, porque lo que he sido capaz de imaginar aquí, con lo que nos has explicado, me ayuda a entender cómo podría ser mi vida fuera de estos muros si alguna vez salgo. Y eso me ha llenado ilusión, me ha llenado esperanza. Cuando dicen eso, yo no supe ni qué responder gracias a ti. Y lo peor de todas esas que me siquiera había hecho contacto visual con esta persona. Había tanta gente, unas 150, 200 personas, yo no me había parado a mirar a los ojos cómo una persona que ni siquiera ha sido capaz de verla. La has transmitido tanto como para dar un brinco cuántico en su capacidad de imaginar su vida y su esperanza más allá de estos muros. Y ahí dije, tengo que usar el poder de la palabra, el poder las ideas, el poder del conocimiento que he aprendido de otros y ponerlo en voz para ayudar a la gente a través de esto. Y a partir de ahí es cuando llego a México, empiezo a tratar de arrancar una carrera a la par que iba haciendo entrenadores de diferentes selecciones mexicanas de rugby, dando conferencias a todos los amigos que yo tenía por ahí, que sabía que estaban bien posicionados en empresas o que tenían empresas, porque el Rubí es amateur totalmente. En México, muchos de los jugadores de la selección tenían sus propias compañías, aunque fueran con tres empleados. Max, ¿Puedo dar una charla gratis en tu empresa? Oye, Pepito, ¿Puedo dar una charla gratis en tu empresa? Yo que vengo del deporte alto rendimiento, Entrena, entrena, entrena, entrena. Se trata de dar. Entrénate y cuando estés preparado, quizá te saldrá alguna oportunidad en las grandes ligas. Esto fue 2012. Y así, dando, dando, dando, dando a todo lo que se movía. Era como oportunidad a mí eso, ponerme con el proyector en mi casa y decirme aquí sin red, la mejor manera es el directo. Y si sale mal, tú sabrás cómo lo sabes, adelante, puedes agarrar tablas. Entonces me dediqué a hacer dos cosas de manera paralela. Y en 2016 ya me llaman de un buró speaker, que yo ni sabía lo que era, para una conferencia, en este caso era Parax en Acapulco, lo que para mí fue dar un salto a lo que llamo las grandes ligas. Y dije, ostras. Y fue como un mundo para mí que entró en mi vida nuevo y de nuevo dar entrena, entrena. Daba poquitas conferencias en aquel momento, daba como seis por año, una cosa así. Y este año, si Dios quiere, que creo que la semana que viene es la última acabo con 61 conferencias en ese camino que empezó con casi nada ahora, y gracias a los burós como nuestros amigos de Alenament y con Adrián, que nos ayudan a impulsar nuestra carrera. Speaker Y lo tuve simultáneando los dos roles, entrenar a la selección mexicana y llevar la labor de speaker, tema de equipos y demás durante todo este tiempo hasta este momento.
¿Y en la selección Mexicana cómo te fue?
Pues mira, pasamos de estar 76 del ranking mundial, la World Rugby, que es como la FIFA del mundo del rugby, tiene más o menos registrados de manera oficial, es decir, que cumplan con ciertos requisitos de número de jugadores, hombres, mujeres. Hay unas características que tienes que cumplir para estar en el mapa, por decirlo así, como avalado por la World Rugby. Habrá unos ciento veinte, ciento treinta equipos que estén más o menos en ese rol. México En 2012, cuando yo llego a México, eran 76 del mundo. De hecho, me acuerdo la primera sesión que tuve con ellos, ellos no me conocían, yo no les conocía a ellos tampoco. Estos son más o menos los 40 que podrían llegar, los 40 enteros todos al Comité Olímpico. Primera sesión con ellos, no fuimos a la cancha, me los subo en el Comité Olímpico al auditorio, les pongo una slide, y en la slide le pongo el K, lo que dicen que es la montaña más difícil escalar, según algunos expertos por ahí.
Estoy de acuerdo, y les puse el.
K y arriba les puse como una bandera. Esa bandera implica pasarle 76 del mundo a estar dentro del top 50 en menos de 4 años, algo que nadie había logrado en aquel momento. Entonces me viene mucho a la cabeza en aquel momento una frase que le escuché mucho a Chesco Spar, un entrenador de handball del FC Barcelona, campeón de Europa. Él repite mucho que dirigir es hablar a la cabeza, pero liderar es hablar al corazón. Y las dos son necesarias. Dirigir es dar estructura, orden en el camino, y hablar al corazón es motivar. Pero cuando tú tienes un equipo motivado, con poca dirección, es como un pollo sin cabeza, se mueve con mucha energía hasta que se cae. Cuando es un equipo con mucha dirección y poco entusiasmo, cuando hay un muro, se va a estampar y se va a dar media vuelta, no va a querer seguir peleando. Entonces, dirigir, liderar, hablar a la cabeza, hablar al corazón, para mí son dos ingredientes muy fuertes que tenemos que dar los equipos. Y es lo que traté de hacer cuando les puse esa imagen del K cuando les hice soñar estar en el 40, en el 50 del mundo en menos de cuatro años. Y tres años y medio más tarde aquella charla, estos chicos en un estadio de la UNAM logran ganar por primera vez en toda la historia del rugby mexicano el campeonato del Rugby Americas North, pasando entre toda la historia del 76 del mundo a llegar a estar en el 42 del planeta tierra en su mejor momento, que ha sido yo creo que uno de los mayores avances que ningún país ha tenido en toda la historia del rugby mundial. Yo creo que esa será como la capacidad de crecer más rápido en menos tiempo que posiblemente haya en la historia del rugby. Estos chicos lo consiguen, creo, porque pensaron en esa imagen del K y se entusiasmaron con una idea, la vieron con claridad, como tú decías, ¿Quién eres cuando tienes las cosas claras? Creo que el talento estaba, pero faltaba detonar esa imagen mental aspiracional y colectiva que apunta hacia un mismo lugar. Y eso lo cambia de verdad lo cambia a nivel de equipos, cambia por completo todo.
Impresionante. Quiero entender cómo en tu experiencia el rugby se asemeja a la vida.
Pues te podría dar muchísimas analogías, pero para mí hay una que es vital. En el rugby siempre hay que ir hacia adelante.
En el rugby en particular, en el.
Rugby siempre hay que ir hacia adelante. Como en la gran mayoría de los deportes colectivos, tu meta suele estar adelante. Lo curioso del rugby es que tus compañeros nunca pueden estar delante tuya. En el rugby solamente se puede pasar hacia atrás la pelota, con lo cual tú vas hacia adelante, pero tu equipo siempre va a estar detrás de ti. Por eso quien tiene la pelota asume el liderazgo de qué hacer con ella, pero ya podrás hacer lo que tú quieras, sea buena la decisión, sea mala la decisión, tu equipo que está atrás no va a juzgar si fue buena, fue mala, lo que va a hacer es ayudarte a que la decisión que tomaste sea la mejor posible o transformarla en la mejor posible. Y si vas al suelo, son los primeros que van a venir a ayudarte. Y tú que vas al suelo, igual que la vida muchas veces te pone madrazos, te tira, te empuja, te hace daño, no te queda otra más que levantarte porque tu meta sigue estando siempre ahí y siempre vas a tener a un montón de gente detrás tuya. Otra cosa es que tú quieras usarlos o no, pero siempre van a estar. El caso de mi hermano mi hermano estuvo detrás de mí y yo me dejé ayudar por él. Porque muchas veces que no nos dejamos ayudar, hay muchas veces que no queremos ver que hay gente que nos quiere echar la mano. ¿Pero cuánta gente hay por detrás que te quiere ayudar? ¿Cuánta gente que te quiere tender la mano? Y no los usamos, a veces por ego, a veces por pena. Pero el rubí es para mí una metáfora muy bonita y muy parecida a la vida. Te caes y te levantas, ni madre, no queda de otra. Te levantas con dolor, te levantas, tomas aire, tomas agua y sigues. Y a lo mejor cambias de estrategia y a lo mejor cambias de caminito para llegar a tu objetivo. Y siempre detrás tendrás a tu equipo. Siempre tenemos a más gente de la que imaginamos. Increíble.
Solo está claro seguir avanzando, no queda de otra.
Es esa, es llegar a tu meta. Lo importante es entender para qué quieres llegar ahí, cuál es tu motivo de llegar ahí, por qué quieres llegar. La meta es la meta. ¿Qué sentido le das tú a la meta? Y sobre todo a nivel colectivo, ¿Qué sentido le damos como equipo a llegar a la meta? Tú como entrenador no puedes, esto es lo que vamos a lograr. Y por esto yo no creo que los líderes tengamos que dar todas las soluciones ni las mejores soluciones. ¿Pero qué pasa Millán? Que a veces por ego y a veces por amor queremos darle todo al equipo ya hecho. Y yo creo que esa no es la respuesta. Lo que sí que creo es en los líderes que ayudan a que todas las voces del equipo hablen, que todas las voces del equipo se pongan sobre la mesa, las opiniones, las dudas, los planes y co crear entre todos ese propósito, Co crear entre todos esa idea mental. Porque cuando haces esto, involucras a tu gente. Es que no hay nadie que quiera llegar a un lugar donde no se haya involucrado. Es como me han obligado a llegar ahí. No, no, o me involucro o no voy. Entonces creo que los líderes tenemos que empezar a cambiar un poco la idea de esto es así, esto es así. No, tú no estás ahí para eso, tú estás para facilitar entornos donde las voces puedan hablar, donde la gente se sienta segura para poder conversar. El famoso concepto de vulnerabilidad que habla todo el mundo. Ahora es fundamental que tengamos la capacidad entre todos sentirnos seguros psicológicamente para poder hablar, para poder opinar. Porque es que no hablar es también hablar, pero hablar en contra del equipo, porque no te estás permitiendo poner tu idea de manera coordinada con el resto de tus compañeros. Y eso también es hablar, pero hablar en contra del equipo, no hablar a favor del equipo.
¿Y en el rugby hay capitán? Hay capitán.
De hecho es súper bonito lo que te ha contado, porque el capitán es como una figura en el rugby. Es una figura muy emblemática, Muy emblemática. De hecho es el único o la única que se puede dirigir al árbitro. Tú verás que en muchos deportes al árbitro, el pobrecito mío, la árbitra, sufre incluso violencia física, aparte verbal, que eso no te quiero ni contar. En el rugby la única persona que se puede dirigir es el capitán o la capitana, y además lo hacen siempre tratándolo de usted. Y el árbitro es con la única persona con la que le da el mensaje. Capitán Millán, por favor, dígale a sus jugadores que en esta parte del juego están haciendo tal que a la siguiente posiblemente esa tarjeta amarilla. Y el capitán asume Normalmente el árbitro capitanes, vengan, Llama a los dos capitanes, habla con los dos y los capitanes reparten el mensaje a su equipo, pero nadie debe hablar al capitán. Y por respeto. Así se hace. El Rubí tiene cosas muy curiosas. Hay una cosa que se llama el tercer tiempo, que es cuando acaba el partido, se juegan los dos tiempos en la cancha, ahí se pegan y todo. Y el tercer tiempo es algo que no está escrito en ningún lugar, en ninguna parte del planeta, pero lo hacen todos los lugares del niños, adultos, hombres, mujeres, amateur, profesional. Y qué es el tercer tiempo. Después del partido, el equipo local invita siempre al equipo visitante a unas buenas chelas frías, unas buenas cervecitas, unos buenos tacos, un buen asado y ojo, aquí viene lo más impactante. Siempre lo hacen invitando también a los árbitros e invitando a los entrenadores. ¿Te imaginas algún deporte, otro deporte donde después de un partido a nivel profesional, top, top, top, te invite al equipo local, al equipo visitante, invite a los entrenadores, inviten a los árbitros y convivan? Pues eso sucede en el rugby y ahí se generan relaciones de por vida. Es muy bonito. Es muy potente. Es muy potente porque eso hacen de los niños. Yo entrenaba niños de 5 o 6 años y ahí van, juegan, acaban el partidito, traen de la manita a uno de los rivales y ahí están las mamás haciendo los hot dogs y el refresco o el jugo y se lo dan al niño para que el niño lo reparta al rival. Desde pequeños estos valores creo que nos forjan como seres humanos.
Y está increíble porque realmente separas esa competencia, pasas a ser un juego y todo bien, todo.
¿Y al final el deporte, en este caso el rugby, es una excusa para celebrar después junto contra quién he podido jugar? Porque sin rival no hay partido. Sin rival no hay partido. Es más, sin rival no puedes mejorar. Eso lo pongo mucho en conferencias, se los digo a ellos, agradecer a la competencia. Me quedan así con ojo, diciendo ¿Este hombre dónde ha salido? Es que sin ellos no seríais lo bueno que sois hoy. Porque ellos van a querer hacer cosas diferentes para ser mejor que tú. ¿Y tú cómo lo vas a ver ahora? ¿Cómo lo hago yo? Eso va a hacer que te exprimas, eso va a hacer que rindas más. Eso va a hacer que llegues a un límite que sin competencia no llegarías.
¿Qué no te gusta del rugby?
¿Que no me gusta? No me gusta o no me gustaría que el profesionalismo. El rugby es un deporte que es tardío en entrar en el mundo profesional. Habrás visto la película Invictus, Nelson Mandela, año 95, Copa del Mundo usa el deporte como un aliado para construir el tejido social de gente de color y gente de no color. A partir de ese año 95 empieza a ser profesional el rugby. Previo a esto tú tenías a selecciones jugando Copas del Mundo, donde el tipo que iba a la Copa del Mundo era bombero, o es empresario o es publicista y está todo el día trabajando. Por las noches se va al gimnasio o entrena con su club y va a jugar con su selección. Algunas selecciones incluso pagaban los jugadores por la playera de juego. Pasamos de esto a ser profesional. Es muy nuevo profesionalmente el rugby. Lo que no me gusta o no me gustaría es que el profesionalismo acapare y opaque toda la parte tan preciosa que tiene de valores, el rumbo, la propia esencia. Eso es lo único que me da miedo.
¿Y crees que podría pasar?
Creo que hay riesgo de que pase. Creo que hay riesgo de que pase porque el meter dinero de por medio tiene cosas muy buenas que es decir, tú ya no eres bombero, tú haces ocho horas rubí. Fisiológicamente, físicamente, los cuerpos han cambiado. Estudiar los cuerpos de los años ochenta noventa con parcial, ahora son otra cosa. Gente de metro noventa y cinco, ciento veinte kilos, porcentaje muy pequeñito de grasa, una potencia enorme. Ya no eres tan ancho, ahora eres mucho más ancho. Ahora los jugadores son más pesados en todas las posiciones. El rugby es muy inclusivo. El rugby permite que los jugadores grandes, bajitos, altos, los flaquitos, todos tienen una cabida. Necesitas jugadores fuertes para el combate, para el desplazamiento físico, gente muy alta para ganar el balón en el aire, gente más chiquita, más aguililla, que se ve por los ahuequitos, que tiene más control de balón, más juego al pie. Si todos los 15 jugadores los pones juntos en una sola persona, sería como el prototipo.
Es una metáfora increíble de trabajo en equipo, incluso corporativo.
Todos. Es que mira, yo siempre les pongo el ejemplo, el scrum es muy conocido, a lo mejor no por el nombre, pero es cuando se ponen 8 contra 8, empujarse. Entonces tú dices a 8 de un equipo contra 8, estos 8 pueden llegar a pesar cerca de 1000 kilos. Entre los 8 juntos, 900 y pico kilos contra 900 y pico kilos, se genera una cantidad de potencia a nivel de energía brutal, pero brutal. Y son ocho contra ocho. Y esos son los físicamente más grandotes, más fuertes, son los que tienen el cuello así. Ahí se empujan, porque quien más empuje gana la pelota. Es una manera de conquistar el balón, es una disputa por el balón, se ponen, meten la pelota y el equipo que más empuja es el equipo que gana la pelota. Es una manera que puedes ganar el balón. Ahí tienes que hablar de coordinación, de comunicación, de posición, hablar de fuerza, hay muchos conceptos ahí. Y cuando ganan la pelota, ¿Quién se la dan a los otros siete que están fuera, que son más finitos, más ágiles, más potentes en la explosividad, más manejo de balón, más rápido? Entonces fíjate qué metáfora. Suelen marcar try, anotación, los que son más finitos, los más rápidos, pero si no ganan la pelota los otros, estos no marcan. Entonces la pelota cuando alguien la apoya en el piso, la han apoyado 30 manos, no solamente dos. Esa es la metáfora del trabajo en equipo, y es que es más probable que tu equipo alcance el éxito sin ti, a que tú alcances el éxito sin tu propio equipo. Y eso es brillante para los jugadores, entender que si yo no brillo, hay muchos que si yo no brillo, tú no vas a brillar es una clase de jugadores que se da en el día a día en las empresas. Si yo no brillo, yo evito que tú brilles y otros no, si yo no brillo, tú si brillas, yo te ayudo a que tú brilles más porque si tú brillas más el equipo va a brillar más y no hay nadie más importante que el propio equipo y es el concepto de generosidad, dar siempre a tu equipo más de lo que tu equipo está esperando de ti. Abandonar tu ego y abrazar el eco, abandonar el yo yo, yo, el mi mi y abrazar el nosotros. Creo que esa parte es muy relevante en los equipos de alto rendimiento que están constituidos normalmente por gente generosa y gente humilde que no se pone tanto el ego a brillar porque entonces eclipsas a todo el equipo.
Qué maravilla. Oye Rubén, para terminar, ¿Qué pregunta es la que siempre te habría gustado hacerte?
Qué pregunta la que más me hubiera gustado hacerme Muchas veces no sé si era una pregunta o no, pero me gustaría preguntarme, aunque suena un poco retórico, qué es lo que me preguntaría mi yo niño y qué es lo que me preguntaría mi yo, mi yo del mañana, mi yo este que estés a punto de vivir la última hora del último día de tu vida. ¿Lo que me gustaría preguntarme y todavía creo que es algo que me inquieta es qué me preguntaría ese Rubén viviendo a la última hora el último día de su vida o qué me diría, o el muchachillo que fui, ostras, qué has logrado, qué te has dejado por vivir? ¿Qué recomendación me diría aquel que ya ha vivido bueno Rubén, no te dejes por hacer esto o qué pregunta me haría, Quizás sea la pregunta que me haría, ¿Qué pregunta me haría ese yo que está viviendo sus últimos momentos de su vida y qué recomendaciones me daría?
Loco, muchísimas gracias por tu tiempo, por tu energía, te agradezco. Me encantó como planteaste la metáfora de vida con el juego y lo comparto plenamente Y más que eso, fíjate, al final es un equipo formado por individuos, individuos que cada uno tiene que trabajar su propio empoderamiento, si no, no hay forma.
Cada cual tiene que poner lo mejor de sí, pero al servicio del equipo, porque si no lo pones al servicio del equipo, como dice un amigo mío, Álvaro Merino, el talento o es colectivo o no es talento, es decir, el talento se pone al servicio del equipo, o no lo llames talento, llámalo ego. Todo lo que tenemos no sirve de nada si no es para ponerlo al servicio de algo más. Y como aprendí una anécdota muy bonita, en el año por ahí 2010-2012, nos ayudó mucho la Escuela de Guerra del ejército español. Vinieron dos tenientes coroneles de la Escuela de Guerra, ayudarnos a la Federación Española, el equipo mayor, a la selección española. Estuvieron una temporada y pico trabajando con el staff, con los jugadores, un trabajo brillante. Fue el momento en el que la selección alcanzó su mejor ranking mundial. En aquel momento fue 18 del mundo. Y fue todo gracias a este componente mental. Profesores que están dando clases a gente que se va a la guerra. Imagínate gente que ha estado en campos de minas, dos tenientes coroneles, uno estrategia, otro sobre tema de liderazgo y tal. Y un año capacitándonos con ellos, aprendí un montón de ellos. Pero la parte esta de ellos lo llamaban servir al cubo. Y lo que decía antes, servir al equipo, servir a la meta, servir al país. Que una empresa pueda servir al equipo, servir a la meta, servir a tu organización. Y creo que el servir es la clave de los equipos.
Y nos da claro el propósito, la identidad propia.
Absolutamente.
Del por qué estoy haciendo lo que.
De que con mi talento tiene sentido cuando lo combino hacia el resto, cómo tiene sentido exactamente.
Chéverísimo. Gracias, loco.
Un placer enorme. Mian.










