Cómo superar tus propios límites | Millán Ludeña | TEDxPUCE

Millán Ludeña ran 240 km across the Sahara, 160 km through Patagonia, and 100 km in Antarctica to understand his limits. He distinguishes between real challenges that terrify you and mere activities, and shares what he learned about fear, planning, and resilience from extreme heat, extreme cold, and running 4,000 meters underground.
Questions this video answers
240 kilometers
100 kilometers
−89 degrees Celsius (as the lowest temperature recorded on Earth)
About −30 degrees Celsius
Approximately 6,280 meters (he refers to Chimborazo at ~6,268–6,280 m in the talk)
Chapters
Hola, muchísimas gracias. En realidad vengo a compartirles una historia que uno no la elige, pero la vida te embarca en eso. Y este viaje arrancó acá cuando tenía 8 años y vi un grafiti en mi barrio, allá en Guayaquil, y rayaba y decía si el reto no te hace temblar las piernas, quizás no es lo suficientemente grande para ti. Yo en ese momento ni lo entendí. Ocho años, nueve años. Pero el punto era. Y me quedé pensando, si una cosa es reto, otra cosa es actividad. Reto tiene que hacerte temblar las piernas, tiene que sonar absurdo, tiene que ser una idiotez hacerlo. Debes ir a comentarle a tu familia, a tu novia, a quien sea. Y te dicen, eso es imposible, no se puede hacer. Esa es la principal diferencia entre reto y actividad. Y a mí me ocurrió eso. Yo que estaba en Guayaquil, había regresado a estudiar y me cambié a Quito por un tema de trabajo, habrán sido hace unos cuatro años. Me cambio a Quito y yo conozco en Quito lo que creo que es en donde se basa la belleza del Ecuador. Montañas, nevados, páramos, lagos, lagunas, una maravilla entera. Y yo que venía corriendo un kilómetro, un kilómetro y medio en Guayaquil, chuta. Llego a Quito y me embarco y me doy cuenta que puedo correr más tiempo y más distancia, básicamente porque estaba entretenido. Y pasas con la boca abierta viendo y corriendo y no sé qué cosa. Y resuelvo embarcarme en una carrera que había acá, una en Mojando, acá en Imbabura, que tenía categorías diez, veinte, cincuenta y ochenta kilómetros. Entonces, bueno, si ya estoy corriendo cinco kilómetros, diez, puede ser un reto interesante. Voy a escribirme. Y el man me mira, 10 y 20 están llenos, 50 y 80 si quieres. Y le digo, dame 50 pues entonces. Y me da 50, porque según yo 50 es menos que 80, pero también es 10 veces más lo que venía corriendo. Y me embarco en este relajo, 15 horas corriendo, sufriendo. La sufrí infernalmente. La acabo. Y me quedo con una duda. Si. Mi duda era si las personas realmente evolucionamos cuando enfrentamos a nuestros miedos. Y esa duda me estuvo martillando y martillando y martillando. Seis meses después estaba embarcado en la Patagonia Argentina, una carrera de 160 kilómetros. Mi cálculo fue bastante alegre. Bueno, si ya corriste 50, esto es como hacer unas tres vueltas y una yapa de 10, no más. Ese fue mi cálculo. Me inscribí, compré el pasaje y me embarqué en la Patagonia. 58 horas me demoré, la pude acabar, pero mi duda quedó resuelta. Las personas sí evolucionamos cuando enfrentamos a nuestros miedos. Y ya cuando agarras confianza en ese tipo de cosas. Una tarde buscando cosas importantes, como si habrá bajado el precio del concierto de Bruno Mans o el vestido de la Kardashian o lo que sea. Yo puse la carrera más difícil en el mundo, no para hacerla solamente por sapo y para ver qué pasaba. Y esto me embarca al desierto del Sahara a pretender correr 240 kilómetros en el lugar más caliente del planeta. Es la carrera considerada la más difícil en el mundo por Nat Geo. Chuta. Y dije, mira, yo no soy un corredor a tiempo completo, intento compartir esto con mi trabajo, con mi familia y demás. Pero si en 29 años ningún ecuatoriano la había acabado, a mí me gustaría ser el primero. Y me embarco en esta aventura, intentar correr en esto. 9 meses de entrenamiento, 5 pares de zapatos gastados, sacaba tiempo debajo de la piedra y me iba Guayaquil a correr al mediodía. A mí no me gusta el vallenato y me ponía el vallenato ahí a correr al mediodía. Calentaba agua, me la llevaba. Porque tú en el desierto no es que tomas agua para refrescarte, pues tomas agua para hidratarte, es otra cosa. Entonces no tomaba agua helada, tomaba agua caliente. Y bueno, al final del día quiero compartirles el primer resumen mío que básicamente nosotros tenemos que enfocarnos en meta. Si hoy no se levantaron ustedes con algo en la cabeza que está muy claramente identificado, están perdiendo el tiempo. Y eso les pudo haber pasado la semana pasada y el mes pasado. Si no tienen algo en la cabeza, están perdiendo el tiempo. Si la respuesta hoy llegué al trabajo porque estoy esperando que me paguen fin de mes para ir a pagar deudas, están perdiendo el tiempo. Plantéense en algo que tengan en la cabeza, que si lo tienen, intenten agarrar algo. No les garantizo que lo van a cumplir, pero sí les garantizo que al menos le van a dar sentido a su vida. Y eso pasó conmigo. Yo estuve siete meses intentando entrenar para esto porque me estaba metiendo al Sahara, 1200 corredores, 48 países, y había un ecuatoriano ahí que no tenía idea en dónde estaba metido, pero según yo iba a acabar la carrera más difícil en el mundo. Y bueno, y me embarco. Fíjense en lo que pasó. Eso ni. Bueno, les voy relatando porque yo estuve ahí. ¿La puedes repetir para hacerla más rápido? No importa, igual aquí estamos en confianza. Vamos, vamos, vamos, Ecuador. Bueno, vas y te motivas solito, ¿No? Vamos. Una hora después sobre Luna. Entonces he vuelto a apoyarme en los metatarsos sobre las ampollas para dejarlos descansar a los talones. Y así, así pasaré creo que el resto del día. Y así pasé el resto del día. Por más que uno se plantee que esto empieza, que todo lo que tú quieras, que vamos a Ecuador, que el mundo perfecto, que ya lo hice en Excel y lo hice en pago, la vida real es otra cosa. Y en una hora me dio un par de cachetadas y me dijeron, no, mijito, tú estás en el Sahara, estás en calor, estás a 48 grados, a 50 grados, y a sufrir se ha dicho, porque son seis días y debes correr 240 kilómetros. Esos eran los primeros 40 kilómetros míos. Y yo esa noche veo por primera vez una persona que casi muere al frente mío. Él es Pablo, compañera. Tuvieron que colocarle 5 sueros para mantenerlo vivo. Se había deshidratado tanto que ya no había vuelta atrás. Cinco sueros, imagínense, para tenerlo vivo. ¿Qué pasó con Pablo? ¿Y qué reflexión quiero compartirles? Pablo estaba en el mismo lugar que yo, aguantando el mismo calor que yo, sufriendo con la arena, como yo. Y tenía la misma botella de agua que yo. Le habían dado lo mismo. Sin embargo, Pablo fue más conservador y voy a utilizar la menor cantidad de mis recursos para seguir en carrera. ¿Qué ocurrió al final? Pablo se quedó con la botella llena y al borde de la muerte. Y es exactamente lo que nos puede pasar a nosotros. Nosotros tenemos una botella de sueños, de recursos, de capacidades, de inteligencia, de motivación, de apoyo. Cada uno tiene su propia botella. Cuidado. Cuidado. Por pasarnos un modelo de pretextos, pasamos inventándonos cualquier cosa con tal de no abrir esa botella. Cuidado. Nos agarra la muerte. Porque no sé si se han dado cuenta, pero aquí nadie sabe cuándo se va a morir. Cuidado. Nos agarra la muerte con la botella de nuestros recursos completamente llena o usada, muy poquito. Y eso le pasó a Pablo. Ustedes tienen que tomar retos, no actividades, retos. Enfocarse en un proyecto y trabajarlo como ustedes solamente lo pueden hacer. Eso es retos. No estamos hablando de actividades. Y bueno, al siguiente día, Y bueno, sigues una tormenta de arena, No te des por vencido, ni aun vencido. Continuemos en esta aventura. Y vamos paso a paso, No importa si ya no estás corriendo, pero no pares, no paras, como en la vida, no pares, sigue. Y ahí vamos. Y que hay arena, no pares. Y que hay mucho sol, no pares. Y sigamos caminando. Ampollas, sigamos. Y se complicaron. Yo pensé que me iban a salir en el día 3, me salieron en el día 1, pero sigamos, vamos. Día 2 avanzando. Estos son mis pies, ya me los habían curado. Tuvieron que cortarme la piel en los dos pies con un bisturí para sacar sangre. Y yo esa noche no podía caminar. Y ahí llevaba 80 kilómetros de recorrido. Faltaban 160 kilómetros, recién llevaba 80. Y el problema es que no podía caminar y estaba muerto de miedo, como en la vida. Sí tenía la meta clara, pero ya me había cambiado el plan. Y no importa cuántas veces cambiemos el plan, siempre y cuando la meta esté muy clara y sigamos avanzando. Y bueno, al siguiente día me lo encuentro a Luis, y Luis me enseña una lección de vida, que fue yo quejándome por las ampollas que en algún momento se me iban a curar, pero a Luis no le iban a salir dos brazos nuevos. Y allí es cuando ustedes tienen que pensar si realmente estamos reclamandole mucho más a la vida que lo que realmente le estamos aportando. Reclamamos por todo. Reclamamos porque la selección no clasificó, por el tráfico, por el gobierno, por la empresa, por el examen de química. Reclamamos que pasemos reclama y reclama y reclama. Y no nos cuestionemos nunca si realmente algo estamos aportándole a la vida. ¿Saben por qué? Porque la valentía tiene una característica única. Si no la usan, se acaba. Hoy ustedes son más cobardes o más valientes que ayer, dependiendo lo que hayan hecho ayer. Hoy son más valientes y más cobardes que hace un año, dependiendo lo que hicieron el año pasado. Pero si el año pasado estuvieron perdiendo el tiempo con un modelo de excusas seguramente hoy son más cobardes que hace un año. Y si no eres valiente, eres cobarde. Y si eres cobarde, estás muerto de miedo. Y si tienes miedo, no vas a dar el paso, por lo tanto no vas a hacer nunca un reto. ¿Saben por qué? Porque el modelo de excusas es el modelo perfecto. Fíjense, no hago nada, no fracaso porque nunca lo intento. Y me creo la mamá de Tatzán y paso criticando todo. Critico cómo manejar las políticas públicas en el Ecuador, critico cómo una empresa debería ser para ganar más mercado, critico cómo el técnico tuvo que haber parado la selección. Critico todo y sabemos todo. Y viene un man y te pregunta, oye, y ya que lo sabes, hazlo. No, es que esto, esto. Pero si no tuviera esto, fijo que lo hago. Es un modelo perfecto, no haces nada, no fracasas y te crees la mamá de Tanzán. Impresionante. Y Luis nos estaba enseñando en ese momento que cuidado, estamos reclamándole más de la vida de lo que realmente estamos aportando. Y bueno, último día. Ahí me ven sucio completamente porque no me bañé en una semana. Ampollas, 6 kilos, menos ojeras, mal comido, mal hidratado, mal dormido. Pero ahí estaba yo, avanzando tranquilo porque esa ese día había sido el peor día de mi vida. Yo cometí un error brutal. Y el desierto es implacable, no te permite errores. Yo me equivoqué y puse mi ración de proteína en el bolsillo de mi ración de alcohol para calentar el agua. Entonces ¿Qué pasó? Ese alcohol se mezcló con la proteína, me tomé un trago y me supo a gasolina. Entonces dije, chuta, es el sol, insolación, algún relajo por allí. Y estuve pendejeando ahí cinco tragos más hasta que dije, no, no, aguántate un ratito. Me doy cuenta del error y cuando uno comete el error, tiene que remendarlo. Puede regresar a ver a cualquier lado, pero la mejor forma es remendar el error. Y a mí me tocó agarrar el batido y botarlo. Y boté un medio tarro de agua que no tenía y la comida equivalente a una hora y media. ¿Entonces te quedas en una Y qué haces? ¿Avanzas más rápido para recuperarte adelante o avanzas más lento para gastar menos energía? Yo resolví avanzar más lento. Dos horas después había un alemán allá, unos 50 metros adelante, se desploma con los vasos rotos, sangrando. El tipo estaba revolcándose ahí. Arena, sangre. Era como Juegos del Hambre, más o menos. Yo estaba ahí inconsciente, sin saber qué hacer, temblando. Un man muriéndose ahí. En la misma semana, dos veces. Imagínate. Entonces tú y chuta. Hasta que llega un alemán, agarra una bengala, la dispara, llega un helicóptero al que vieron por ahí, lo agarran, alemán y se lo llevan. Yo nunca más lo vi al alemán. Pero ese día, ese momento, agarré la mochila, la boté en la arena y me senté a llorar. Porque esto que había sido una carrera de aventura se había convertido en realidad en un juego de supervivencia. ¿Y saben qué pasó ahí? Llegó una francesa, me dio la mano y me acompañó un kilómetro de caminar hasta recuperar mensaje Por más jodidos que estemos en la vida, siempre habrá una mano que nos va a levantar. Y ojalá ustedes tengan la oportunidad y yo de más veces en la vida dar la mano que recibir la mano para levantar. Y bueno, eso ocurrió. Miren estos 20 metros finales. Los más bacanes de mi vida y los más eternos de mi vida. Lo logramos. Sí se hace un año. Gracias. Hace un año, chicos, esto habría sido imposible. Todo el mundo me dijo que era una locura. Pero con trabajo, con esfuerzo, realmente enfocado, las cosas extraordinarias se pueden hacer. Y bueno, y te sientes Rambo, pues, en ese momento. Y dices, bueno, si ya corrí en el lugar más caliente de la Tierra, bueno, intentémoslo en el más frío. Y me embarco en este relajo, intentar meterme en la Antártida. Como saben, y ya se dieron cuenta, yo soy mono. Y yo no había vivido un invierno de verdad. Yo no había pasado, o sea, no había pisado nieve, no había pasado un invierno de verdad. Y mi concepto de frío era el aire acondicionado. ¿Cómo ese man pretende meterse al sitio más frío de la Tierra? Allí hay el 90% del hielo del mundo. Ahí se ha registrado la temperatura más baja de la historia de la humanidad, menos 89 grados centígrados. Y yo quería correr allí 100 kilómetros sin parar, sin parar, más o menos a menos 30 grados. Una locura completa. La pregunta inmediata ¿Cómo lo vamos a hacer si tú no conoces el frío? Vas a tener que entender el frío. Y nos metimos a intentar resolverlo. Y se nos ocurrió meternos en una fábrica de hielo. Y esa vaina abría a las 7 de la mañana, yo a las 5 de la mañana estaba metido ahí. Ya 5 de la mañana habíamos puesto una caminadora. Y ahí me metí a correr, a acompañar al agua, que se haga hielo. Y ahí iba entendiendo el frío, sufriendo, pero entendiendo, entendiendo, entendiendo. Yo vivo acá en Quito, en el piso 11. Saqué la cama, la sala, abrí las ventanas y dormía todos los meses sin medias, solo en pantaloneta, sin camiseta, sobre el edredón. Y ahí. Y me levantaba de madrugada, con frío, pero ahí me las aguantaba. Llovía en Quito, salía correr, me daba gripe, vitamina C, te recuperas. Y así pasaba durante meses. Dejé de bañarme con agua caliente, solo con agua fría, porque tenía que entender el frío. Yo no me estaba yendo a Tulcán, pues, o sea, me estaba yendo a la Antártida. Ya me estaba yendo a la Antártida. ¿Y saben qué pasa, chicos? Nosotros somos definitivamente la principal fábrica de sueños, pero también somos la máquina más destructora de sueños. Hoy les ha de haber pasado en la mañana, están acostados viendo al techo todavía y chuta, quiero acabar esta vaina con un rendimiento de tanto. Quiero hacer una maestría en esta universidad, quiero aprender, quiero aplicar a esta empresa, quiero emp. Emprender el propio negocio. Y siguiendo acostado, viendo al techo, empezamos no, pero soy chiquito, No, pero no hablo inglés, No, pero soy chiro, No, pero ni sé que relajo. Y así pasamos, creando sueños, matando sueños, creando sueños, matando sueños. Eso nos puede agarrar la vida entera. Insisto, como no sabemos cuándo nos vamos a morir, cuidado, nos morimos sin hacer nada. Porque el problema no es morirse. El problema es que la muerte nos llegue sin haber hecho nada en realidad. Agarren ese proyecto que tienen en mente y están haciendo malabares y medio para desbaratarlos. Agárrenlo e inténtenlo hacer. Yo estaba ahí, miren el iglú. Ahí estaba en la Antártida, menos 8 grados, ya concentrado, final. Porque apenas iba a abrir esa puerta, me tocaba correr 100 kilómetros seguidos. ¿Por qué? Porque no había forma de parar. Se me brincaron dos. No había forma de parar porque ahí me tocaba correr a mí. Me tocó correr dos veces, parar dos veces. Una por el zapato, otra por el talón ahí, pero seguía corriendo. 16 horas me demoré. Este es un lugar mágico. Imagínense, hay seis meses día, seis meses noche. Impresionante el cuerpo ya yo Me quedé ahí cuatro días. En el tercer día empiezas a alocarte. Comes 6.000 calorías por día. 6.000 calorías POR DÍA para no bajar de peso. Una locura. Eso en fritas es como 15 fritas, imagínense. Por día. Por día. Por día, para no perder peso. Imagínense la cantidad de frío que hay ahí. Ahí como se dan cuenta, no hay hora, porque todos los usos hora de Dios llegan a ese punto. Entonces aquí la hora de Sydney, la de Colombia, la de Argentina, los que sean, no importa porque no pasa el tiempo. Es impresionante. Nosotros como ecuatorianos entendemos que el sol sale por el este y termina acá. Acá aparecía allí. Miren esa foto, es a la una y media de la mañana. Loquísimo. Así, cuatro días corriendo como loco. Dieciséis horas me demoré. Bajé seis kilos de peso. Para las mujeres, ojo, esto es una dieta maravillosa. Yo en 16 horas perdí 6 kilos. Ustedes se pueden tomar un selfie en la mañana, corren un selfie en la tarde, resultados inmediatos. Aquí no hay polvos mágicos ni nada. En realidad son 16 horas corriendo a menos 30 grados. Y bueno, acabo esta carrera y afortunadamente logro meterme una, convertirme en el primer ecuatoriano en acabar esto. Y dos, meterme en un grupo de 14 personas en el mundo que hemos sido capaces de correr más de 100 kilómetros en el lugar más caliente y más frío de la tierra. ¿Cómo se puede hacer esto? Con planificación. Una vez que tienen el reto, se sientan a planificar. Tengo que hacer esto, esto, esto y esto. Chévere que tengan un reto grande, pero si no mueven un dedo, no va a pasar nada. Enfoque y luego planifican. Y bueno, claro, como ya la cabeza empieza a moverse y dices, si ya corres en el lugar más caliente y ya corriste en el más frío, ¿Qué te parece hacer esto? ¿Le pueden poner play a esto? Es difícil que las personas entiendan qué me motiva. ¿Quién se atrevería a correr 240 kilómetros durante una semana a 50 grados en el lugar más caliente del planeta, el desierto del Sahara, o correr 100 kilómetros en el más frío con temperaturas que llegan hasta menos 30 grados en la Antártida? Como seres humanos buscamos descubrir qué es lo que nos detiene en la vida. Y mi motivación viene de entender cuáles son mis límites y decidir qué hacer con ellos para alcanzar nuevas metas y evolucionar como persona. Con disciplina, perseverancia y determinación, he resuelto embarcarme en el desafío de conectar los puntos más extremos en el planeta. Y para esto, descenderé cerca de 4.000 metros en el lugar más profundo de la Tierra, en Sudáfrica. Y desde allí correré hacia la superficie. Volaré 22 horas hacia mi tierra ecuatoriana para enfrentar al ascenso del volcán chimborazo y sus 6.268 metros, el punto de la Tierra más cercano al sol. Y todo esto con la esperanza de convertirme en el primer atleta ecuatoriano que realice un nuevo récord Guinness. Mi equipo técnico me acompañará durante todo el camino para asegurarse de que mi cuerpo esté en la capacidad de resistir los cambios extremos de temperatura y demandas físicas en cada lugar. Muchas cosas pueden salir mal. Me deshidrataré en la mina. ¿Cómo reaccionará mi cuerpo y mente ante las extremas experiencias de natura? ¿Lo podré hacer? ¿Y qué creen? Bueno, se me acabó el tiempo. La verdad que no puedo contarles qué pasó. No, en serio. Entonces. En realidad quería agradecerles porque la verdad que se me acabó el tiempo. Pero rápidamente, resumiéndoles. Y nos metimos en un maillot con entrenar. Estuvimos sufriendo allí. Me desmayé 15 minutos la primera vez, porque imagínate, 40 grados de temperatura, 80% de humedad relativa. Esta es la mina. Dos horas y media corriendo a 4000 metros. ¿Quienes recuerdan aquí a los chilenos que quedaron atrapados en el 2010? Todos ellos quedaron a 700 metros. Nosotros tuvimos que bajar casi seis veces más. Cuatro mil y pico de metros. Una locura eterna. Calor, no hay circulación de aire, hay ratas abajo. Súper complicado, pero lo conseguimos. Conseguimos el récord Guinness al medio maratón más rápido en el sitio más profundo del planeta. Eso nos llevó inmediatamente al Chimborazo. Estuvimos en el Chimborazo para intentar hacer el nuevo enfoque. Yo ya estaba muerto, así que toda mi confianza, completamente en mi equipo, en mi equipo de trabajo. Tuve bronquitis. Se me complicó el tema respiratorio. No podía respirar. Se me habían tapado los bronquios. Era más complicado. Imagínense subir sin poder respirar. Cuando llegamos al campamento, la Cruz Roja dijo deben suspender esto, o sea, no hay otra forma. Lo evaluamos con nuestro equipo, revisamos cuáles son las posibilidades, cuáles no. Hicimos una oración a Dios, hicimos una oración a la montaña y subimos esto a los 6050 metros. Resolví no continuar porque ya estaba roto, ya había perdido gran parte del peso, la memoria y todo estaba muy, muy agotado. Él es Esteban Mena, orgullosamente ecuatoriano y es la persona más joven en la Tierra que ha coronado el Everest sin oxígeno. Él lo hizo cuando tenía 19 años, hoy tiene 27. Y Esteban me mira, me queda claro que físicamente estás en la mierda, pero quiero ver, quiero ver si psicológicamente estás consciente que en 40 minutos más estaremos en la cima. Y cuando me dijo 40 minutos, se me pasó todo el esfuerzo que habíamos hecho todo ese año. ¿Y sabes qué? Y lo único que alcancé a contestarle si faltan 40 minutos, pues vamos. Y efectivamente, llegamos a la cumbre del Chimborazo, a 6.280 m. Y 71 horas atrás habíamos estado en el sitio más profundo de la Tierra. Muchísimas gracias, chicos. Yo solamente quiero demostrarles que las cosas extraordinarias sí se pueden hacer. Ustedes están en una edad maravillosa para plantearse comer el mundo, pero van a tener que trabajar y trabajar bastante, porque estas cosas no son gratis. Solo les quiero dejar una pregunta final, nada más. Todos aquí tenemos límites, y ante esos límites hay dos opciones. La primera, acostumbramos nuestra vida a esos límites y no va a pasar mayor cosa. Vamos a tener una vida de actividades y no de retos. Y la segunda, entendemos que nuestra vida es efímera, que no sabemos cuándo se nos va a acabar y más nos vale que empecemos a vivirla. Y vivirla significa que tomemos retos, esos que exactamente están en su cabeza ahora mismo. Al final del día, cada uno decide qué hacer con sus límites. Muchísimas gracias por haberme escuchado.










