A first-person transcript from Millan Ludena describing his experience running an extremely challenging ultramarathon in Patagonia (referred to as “la montaña más salvaje de América”). He narrates physical and mental struggle across multiple days and nights — sleep management (2-hour naps), rain-soaked gear, progressively heavier backpack — and persistent incremental progress (breaking tasks into metres/steps). He reports finishing ~160 kilometers ("100 millas") in about 58 hours, despite having been able to run only 4 km six months earlier. The piece emphasizes psychological lessons: facing fear, problem‑framing vs. excuses, and expanding one’s comfort zone through challenge.
Questions this video answers
160 kilómetros ("100 millas").
About 58 hours (speaker says appear 58 horas después).
Mentions 15–18 kilos earlier, then notes it reached about 20 kilos after getting soaked ("La mochila pesaba 18 kilos, 15 kilos, ahora ya pesaba 20 kilos").
4 kilómetros (the speaker says six months earlier he ran 4 km).
Set a 2‑hour alarm, hydrate, eat what was needed, get in the sleeping bag and sleep for ~2 hours.
Chapters
Y de repente empieza a oscurecer y yo empiezo a cansarme más. A lo que ya estaba cansado y me daba sueño y me daba sueño y solo recordaba no pares, no pares mi yang, no pares, no pares hasta que veo esa fogata. Siguiente paso, me había dicho, cuando llegues al campamento al que haya, tu cuerpo llegará a un estado en el que dice se acabó esto. Y por lo tanto te quedan más o menos cinco minutos en el que realmente vas a perder el sentido y te vas a dormir. En cinco minutos no es tiempo para que empieces a saludar a todo el mundo. En cinco minutos pones la alarma de dos horas, te hidratas lo más que puedes, tomas lo que tienes que tomar, te metes en el sleeping y te duermes. Llegué y eso fue lo que hice, me cambié y bl. Dormido. Dos horas más tarde me estoy levantando y por alguna razón me sentía bien y decía voy a mi siguiente día. Y efectivamente llegó el siguiente día. Llega la segunda noche y de repente empieza a llover y yo estaba muy cansado, realmente quise botarme mil veces, solo que no encontraba la forma de salir y solo avanzaba y avanzaba y avanzaba y avanzaba. Y el único objetivo que yo me planteaba en la vida al principio era OK, corre un kilómetro, luego era OK, corre 500 metros, OK, da 100 pasos, OK, solamente llega hasta el 50, OK, solo da el siguiente paso. Es que no importa el punto, solo no pares, solo mantente intentándolo, solo no pares. Y eso venía haciendo yo. Segunda noche, me duermo, ya saqué todo de la maleta y me dormí como bien pude y el error fue que al despertar todo estaba empapado. Pero y si La mochila pesaba 18 kilos, 15 kilos, ahora ya pesaba 20 kilos. Era mucho más complicado y más por frustración mía, Yo no vuelvo a pasar una noche más en esta montaña. Y eso fue con lo que logro terminar esta carrera con mi consigna en yo no me detengo hasta cruzar esa meta. Cuatro de la mañana llego al pueblito, obviamente no había nadie esperándome, yo venía medio rebotando, saco mi banderita, yo estaba mucha gente en la llegada, saco mi banderita y todo, fíjate, habían unos ecuatorianos que la habían corrido, que ya habían llegado, estaban en la esquina conversando, tomando algo, y de repente ven que aparezco por ahí yo de la nada, 58 horas después, y. Y empiezan a correr hacia mí. Y yo vengo tan cansado que al final barrio es barrio. Y yo ¿Me robaron?
Fue lo primero que se me ocurrió. Yo hice que mi banderita. Venían cuatro personas corriéndose a mí y me robaron. Y no, la verdad que no me robaron, eran amigos míos que me estaban abrazando y levantando y todo por Getty. Me dio la impresión que no estaba.
Yo en el radar de que iba a llegar.
Entonces alguien entra en conciencia y me esperen que no ha cruzado la meta, déjenlo cruzar. Y efectivamente llego y cruzo la meta. Y la verdad que fue maravilloso.
160 kilómetros, una completa locura. Les estoy hablando de 100 millas. Una persona que hace 6 meses corría 4 kilómetros. Y ahí fue cuando dije espérate un ratito. Al parecer, si te permites intentarlo sin mayores objeciones, de pronto la vida es mucho más posibilitadora de la que pensamos. De pronto nuestra propia capacidad es mucho más grande a la que hoy estamos utilizando. Eso lo aprendí en la Patagonia. Y aunque la Patagonia sea un lugar precioso, creo que el principal aprendizaje con el que me quedé fue. Las personas crecemos solo cuando enfrentamos a nuestros miedos. Crecemos en el desafío, en la penumbra, en la incertidumbre. Cuando te estás preguntando ¿Cómo lo resuelvo? Allí estás en tu máximo esplendor cognitivo. Allí es cuando realmente estás pensando. Porque el cerebro solo resuelve problemas, no resuelve pretextos. Y si no me crees, revisa la última vez que te quejaste y cuéntame qué pasó. No pasó nada. Cuando lo pones en una lógica de problema, tienes toda la capacidad para resolverlo. Cuando yo estaba en la Patagonia dije ¿Cómo le hago para salir de aquí? Que no es lo mismo que me duelen las piernas, son dos cosas diferentes. Ahí lo entendí. Y claro, en la Patagonia argentina me di cuenta que efectivamente las personas sólo evolucionamos, solo crecemos desde nuestra incomodidad. Algunos llaman salir de la zona de confort. Yo no lo comparto tanto. Yo creo que en realidad estamos ampliando la zona de confort. No es que me salgo. No es que me salgo de mi psiquis, me mantengo en mi psiquis, solo que ahora la condición con la que me siento cómodo ahora es mucho más grande, por lo tanto tengo más posibilidades en la vida, por lo tanto tengo más opciones para elegir.