Míllan Ludena ofrece una reflexión personal sobre el fracaso: explica que aunque tememos fracasar, esos momentos son temporales y valiosos porque dejan aprendizajes que nos hacen mejores. Usa ejemplos cotidianos (perder empleo, rupturas, proyectos que no funcionan) y comparte que ha vivido fracasos recientes y conversado con amigos, concluyendo que el fracaso pasa y permite crecer.
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Estaba pensando sobre el fracaso cómo es parte constante de nuestra vida y cómo le tememos tanto, o sea, sí es obvio que no queremos fracasar y por eso cuando llegan estos momentos no tan bonitos nos golpea tanto y de pronto si nos diéramos la oportunidad de entenderlos como parte del camino y saber que después de eso viene algo mejor, de pronto ya no golpea tanto haber perdido el empleo, terminar con tu pareja, que algo no haya salido bien en el trabajo, que un proyecto no salió como te hubiese gustado o está tomando mucho más tiempo al que pensabas o quizás ese emprendimiento que siempre lo quisiste hacer y cuando por fin te atreviste te das cuenta que no funcionó tan bien como lo pensaste, puede sonar como que dices chuta, no vale la pena y el hecho es que si vale la pena porque cada fracaso viene acompañado de varios aprendizajes y lo que los aprendizajes hacen o nos dan es la oportunidad de ser mejores cada vez. Se trata de eso, de no permitir que nos condenemos con el fracaso sino que lo utilicemos como un mecanismo de aprendizaje. Ahora estoy acá trepado reflexionando sobre eso porque últimamente he tenido varios fracasos personales y también he conversado con muchos amigos y amigas que también están viviendo algo parecido y creo que la conclusión es esa, es temporal y como es temporal, va a pasar y como va a pasar, cuando pase seré mejor.