
Fragmento de una charla en la que Millán Ludeña explica el concepto japonés de ikigai (razón de ser) como la intersección de cuatro elementos: lo que amas, en lo que eres bueno, lo que el mundo necesita y por lo que te pagarán. Reflexiona sobre las tensiones entre pasión y trabajo, la búsqueda de propósito a lo largo de la vida y la importancia de la sostenibilidad económica para que el propósito sea viable.
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Y tienes pasión y trabajo. Incluso el trabajo se ve la parte fea, la parte arrugada. La pasión es inmaculada, es pura, implacable y todo. Y un grupo de personas piensan que estas dos cosas nunca se mezclan. Agua y aceite. Este es mi trabajo, pero no hago lo que me apasiona. ¿Por qué? Porque efectivamente tengo que resolver los temas en el trabajo. Y hay otro grupo que incluso lo mezclan. Tienen la fortuna en mi trabajo es lo que me apasiona. Y aún así, en ese caso, que suena perfecto, sientes que no estás en plenitud y no te llena. ¿Por qué? Deben haber algunos elementos que no estamos tomando en cuenta que haga que esto, la pasión y el trabajo, tenga sentido. Dicen los japoneses que todos llegamos a la Tierra con un ikigai. Iki vida, razón de ser. Básicamente llegamos a la tierra con un propósito como tal. Y lo definen en cuatro aristas. La lo que amas, haz lo que amas. En mi caso, hacer aventuras, estar explorando cosas, pero sobre todo visualizar los límites como una oportunidad para empujarlos un poquito más allá. La segunda, en lo que eres bueno. Sí, definir y aceptar en qué eres bueno y en qué no tan bueno. En mi caso, a mí me encanta el fútbol, pero no soy tan bueno. Pero sí soy bueno contando historias. He sido como una especie de storyteller desde pequeño. Y claro, estas aventuras me permiten generar insumos para poder compartir historias de vida, reflexiones, pensamientos, anécdotas y demás. El tercero, lo que el mundo necesita. ¿Cómo desde la esquina de mis talentos estoy cambiando el mundo? Sí, porque todos estamos en la misma casa y cada uno tiene que aportar su pedacito, al menos en lo que yo creo que al mundo le está haciendo falta. Y cuarto, por lo que deben pagarme. Este elemento le da la sostenibilidad al tema. Al final del día, si me preguntas, yo podría pasar hablando eternamente, incluso gratis. La pregunta es ¿Cómo vas a vivir? Por eso este elemento es importante. Y en nuestro caso, utilizamos aliados corporativos o personales que nos permiten extender cada vez más este mensaje. Nos hemos planteado que esta historia inspiracional de vida pueda llegar a millones de personas con el único objetivo de que nos hagamos dueños de nuestra propia vida y nos motivemos a crear nuestra propia historia. Ahí está tu ikigai. Y la pregunta inmediata ¿Qué tan cerca o qué tan lejos estás de esto? Y aún así, suena paradójico, el tema. Por una parte piensas que tienes toda la vida para buscar ese equilibrio entre estos cuatro pedazos, entre lo que te gusta, en lo que eres bueno, en cómo le aportas al planeta y por lo que te van a pagar. Una especie de mantra o de una plenitud que vamos a buscar en nuestra vida. Pero por otra parte sientes que es tan grande todo esto que aunque tengas toda la vida no lo vas a conseguir. Pues se llama el propósito de vida. Algo que tú defines, lo vas a ir definiendo en el camino por descubrimiento básicamente, y vas a aunque yo sé que no lo voy a conseguir, estoy dispuesto a dedicarme a esto y intentarlo hasta el último día de mi vida. Es loquísimo, pero creo que esa plenitud que pasamos repitiendo se da justo en ese momento.










