En el Sahara entendí que 'imposible' era solo una palabra.

A first-person account by Millán Ludena of running an ultradistance multi-stage race in the Sahara Desert, describing severe physical pain (ampoules, fainting), psychological doubts and external criticism, and the decision to persist—culminating in finishing ~240 km and reframing “impossible” as ‘just a word’. The piece emphasizes resilience, representation of Ecuador, and learning through extreme endurance.
Chapters
Y esta carrera ponen como varias banderitas de los países que participan ese año. Y yo listo para abandonar la carrera, veo la banderita de mi país y me loco, créetela, créetela, porque si no te la crees tú, no te la cree nadie. Y me declaro seleccionado nacional de atletismo del Ecuador. Y seguramente es ilegal, a mí nadie me nombró eso, solo que en mi cabeza yo estaba representando a mi país. Entonces yo en ese momento digo voy a correr la carrera más difícil en el mundo y la voy a terminar. Y empiezo esta carrera, salen corriendo y yo también salgo corriendo. Efectivamente, en mi cabeza dije OK, todo este entrenamiento de reventarme los pies, esta carrera dura seis etapas más una adicional que es para UNICEF. Si llego al tercer día y las ampollas salen en el día 3, yo de aquí salgo porque salgo día uno, ya estaba con ampollas, recién llevaba 50 kilómetros, faltaban 200 kilómetros, una locura. Y en lugar de enfocarme en todo lo que faltaba, dije me voy a enfocar en lo que ya puedo. Segundo día, salgo a correr, llego al campamento, la diferencia es que llegué con 7 ampollas, ampollas de verdad. Llego al campamento y me acuerdo y le dije a un médico joven, córtame los pies, como en las películas, así córtame los pies. El tipo me no te voy a cortar los pies, lo que sí voy a hacer es cortarte la piel porque no puedes ni caminar. Efectivamente, yo no estaba en un quirófano, estaba en el desierto, me acosté, hizo lo que tenía que hacer, levantó este pedazo de piel, la sacó, lo empapeló, mis dedos quedaron empapelados y todo y me levántate y ándate a la esquina porque viene más gente golpeada. Yo me levanto, intento caminar y me doy cuenta que no podía caminar. Y sentí literalmente como el mundo se me vino encima. Y todas las voces que me dijeron en mi país llegaron a mi cabeza. Eso es imposible. ¿Quién te has creído tú anda bajándote de esa nube, ¿Que no entiendes que es la carrera más difícil en el mundo? Y un pocotón de cosas feas que me las dijeron a mí, te las han dicho a ti y te las seguirán diciendo cada vez que estés intentando algo que valga la pena. Y luego la pregunta posibilitadora que me hice es ¿Y quién me lo va a decir? Y la respuesta alguien que nunca ha ido al Sahara. Y ahí fue cuando espérate un ratito, o sea que me estoy avergonzando de una futura crítica de alguien que ni siquiera ha pisado el Sahara, ni pretende pisarlo. Y ahí digo, claro, uno fracasa cuando lo está intentando, uno se cae cuando lo está intentando, y uno lo intenta cuando es kilómetros más valiente que esta persona que está criticando, opinando todo desde redes, quizás al mismo tiempo opinando sobre todo y haciendo nada cuando el mundo debería. Y deberíamos aplaudirnos a quienes estamos intentándolo. Porque realmente intentarlo significa tener la capacidad de irme al futuro y saber que sí lo puedo hacer, que sí lo puedo hacer realidad. Entonces, no, yo no me voto del desierto. Agarré mi mochila y estoy en el desierto el tercer día. No voy a parar hasta llegar a la meta. Y ya que soy epiléptico, me desmayo en el desierto. Si me tengo que desmayar para hacerlo. Épico, dije yo. Y entonces empecé a correr brutalmente y logro terminar el tercer día. Cuarto día, quinto día. Llego al sexto día, último día de la carrera, ya se imaginan, golpeadísimo. La organización me detiene y me dice Millán, te vamos a hacer dos preguntas. Yo para ese momento pregúntame lo que quieras. Y me dice ¿Cómo te llamas y de qué país eres? ¿Qué nivel de cansancio debo tener para que te pregunten eso? No sé cuánto me demoré en contestar. Mi nombre es Millán Ludeña y soy del Ecuador. Y me bien, estás consciente. Y como estás consciente, tienes que entender que has corrido 240 kilómetros en el lugar más caliente del planeta. Te faltan 10. Y estos 10 córrelos para agradecerle a quien tengas que agradecer. Y esos 10 kilómetros fueron los 10 kilómetros más emocionantes de toda mi vida, porque me estaba acercando a ser posible, algo que fácilmente yo le llamé durante quizás nueve meses, un imposible. Y allí entendí que imposible es solo. Solo una palabra.










