A first-person account by Millan Ludena about extreme endurance expeditions. Ludena describes a traumatic Antarctic running episode where extreme cold produced near-freezing, painful breathing and he self-administered an oily analgesic injection to warm a leg; much of the challenge was psychological — keeping his mind active to avoid stupor. He contrasts the Sahara (physically most extreme) with Antarctica (mentally most extreme), explains the danger of gradually falling unconscious in the cold, and says he recorded questions for nine months which he used to stay mentally occupied (running "more than 15 hours" in his head).
Questions this video answers
Nine months.
More than 15 hours.
Chapters
En mi país habíamos hecho entre las mil reuniones previas, una discusión sobre qué pasaría si tengo alguna complicación en la pierna, ¿Qué hubiese pasado? Y alguien dice en esa reunión que se inyecte y que se inyecte el analgésico más fuerte que encontremos. Y alguien y tiene que ser en una solución aceitosa, no de agua aceitosa, porque si es agua, cuando se le inyecte de pronto es un tubo de hielo, entonces tiene que ser aceite. Y todos, o al menos quienes nos hemos inyectado un analgésico en una solución aceitosa, ya sabemos de qué estamos hablando. Duele. Yo levanté la mano y oye, oye, yo nunca me he inyectado. Y dice el médico, pues será la primera vez, porque si no te mueres. Es duro. Solo que ahí estaba en Ecuador y dije OK, listo, lo voy a hacer. Cuando estaba en la Antártida, me pegué la jeringa en el pecho antes de salir a correr con una cinta, pensando en nunca utilizarlo. Llegó el momento. De repente me costaba mucho respirar porque me estaba congelando. Estaba yendo más lento de lo que debería y me estaba congelando y cada vez era más difícil, hasta que digo tengo que salir de acá. Saco la jeringa y la inyecto. Como bien pude, como bien pude, seguramente mal. Y gracias a Dios funcionó. La pierna izquierda se calentó. El problema es que el resto del cuerpo estaba congelado. Y yo literalmente era un pedazo de carne congelado. Yo no sabía que respirar. Duele. Cuando tú respiras, la caja torácica se expande y luego se contrae. Cuando estás congelado, eso duele. Veo al frente, no había nadie, veo atrás tampoco. Y hasta aquí llegué. Acá el desafío fue más mental, más psíquico, más estar en un sitio en donde tienes un silencio brutalmente grande, donde realmente escuché mucho tiempo mi corazón. Era una pelea conmigo mismo. Yo recuerdo haber regresado del Sahara y empezar terapia porque estuve mucho tiempo corriendo con miedo. ¿Por qué? Porque cuando corres en la Antártida, en cierto ritmo, vas con un cierto nivel de cansancio y por lo tanto un cierto nivel de temperatura en tu cuerpo. Si empiezas a bajar el ritmo, empiezas a congelarte y entras en un círculo vicioso espantoso. Porque entre más congelado, más lento vas. Si vas más lento, más congelado. Entonces yo sabía que no tenía que bajar el ritmo, yo sabía que tenía que mantener casi un ritmo perfecto. Y era en cierta forma en un estado de conciencia alterado de ir corriendo más de 15 horas en mi cabeza. No pares, Villan, no pares, Vi Yang. Yo sabía que mi cerebro no se podía, entre comillas, apagar. Entonces iba multiplicando en la Antártida. Imagínate ir corriendo en la Antártida e ir multiplicando. Y me iba haciendo este tipo de preguntas. ¿Quién recuerda aquí el número de teléfono de su casa cuando éramos pequeños, o quién recuerda a la segunda persona que besó en la vida? Segunda. Entonces ese tipo de preguntas para echarle cabeza y ahí voy, ahí voy, ahí voy. Era complejísimo. En realidad lo que estaba haciendo era mantener mi mente ocupada para que no se apague. El frío es mucho más peligroso que el calor. En el frío tú no te das cuenta que te vas acercando a la muerte y que el calor sí estás activo. Acá no, acá te vas adormeciendo y eventualmente te duermes. La diferencia es que ya no te levantas. Entonces mi consigna de vida era que no apagues el cerebro. Entonces iba pensando y escuchando una serie de reflexiones. Grabé durante nueve meses todas las preguntas que me haría cuando tenga tiempo. Ahí las contesté algunos. Ahí fui contestando algunos. Es impresionante. Entonces respondiéndote sí, con el Sahara. Con el Sahara físicamente es lo más extremo y con la Antártida mentalmente fue lo más extremo.